Mientras las luces del
European Pulse Forum se apagan en Barcelona, los datos que quedan sobre la mesa dibujan
una España que ha decidido apoyarse en Bruselas.
European Pulse es una iniciativa impulsada por POLITICO Europe y beBartlet que ha nacido con el objetivo de utilizar los datos de la opinión pública europea como brújula para estructurar los debates al más alto nivel sobre seguridad, energía, movilidad y competitividad. En esta primera encuesta se ha entrevistado a 6.698 personas en seis países de la Unión Europea.
En un 2026 marcado por la incertidumbre global, España no solo es
uno de los países más proeuropeos de la muestra de la encuesta; es también uno de los que más espera de la Unión porque es de los que
menos confían en sus propias fuerzas.
No obstante, bajo esta larga tradición de alineamiento con los valores europeos, reposa
un pesimismo personal que podría ser
la mecha de la próxima crisis de gobernanza en el sur de Europa.
La fortaleza europea y España como punto de apoyo para la autonomía
A pesar de que el concepto de autonomía estratégica nació como un sueño francés, hoy podría decirse que es ya
una convicción transversal en España. En este sentido, un 94,1% de los españoles exige que la UE sea autosuficiente y encabeza el dato entre los seis países de la muestra encuestados por
POLITICO y beBartlet. Para España, la autonomía es
una cuestión de supervivencia energética e industrial.
"El ciudadano español ha entendido que en el tablero de 2026, donde China y EE. UU. juegan con reglas propias, ser pequeño es ser irrelevante"
El apoyo a la creación de "campeones europeos" en el sector energético (96,4%) es casi unánime, aunque no lidera la muestra: Bélgica alcanza el 97%. Esto podría interpretarse como que el ciudadano español ha entendido que en el tablero de 2026, donde China y EE. UU. juegan con reglas propias,
ser pequeño es ser irrelevante.
El factor miedo con el adiós al "sueño americano"
En los últimos meses, si algo ha cambiado en la psique geopolítica española es
la percepción de Washington. Mientras que Polonia sigue mirando al otro lado del Atlántico con una confianza diferencial —el 57,8% de los polacos sigue considerando a EE. UU. un aliado o socio—, España lidera
el bloque de los escépticos.
Frente a la posición polaca, el 67,4% de los españoles clasifica a EE. UU. como competidor o amenaza. Este dato es necesario si se quiere entender por qué España, un país tradicionalmente reticente al gasto militar, ahora abraza la idea de
una fuerza militar europea conjunta (77%). Lejos de abordarse desde una perspectiva belicista, este posicionamiento es
la conclusión lógica de quien se siente más solo en el vecindario sur.
El "Muro de Cristal" del pesimismo personal
Atendiendo a las expectativas personales, el análisis se vuelve amargo para el Gobierno español y para Bruselas. En este campo, España vive
una contradicción que merece la pena destacar: ama a la Unión, pero
no ve futuro claro en su propia casa.
"Para el español medio, la Unión Europea es el escudo contra el desastre, pero no el motor del éxito"
Solo el 39% de los españoles es optimista sobre su futuro personal. Por ejemplo, en Polonia responden con optimismo el 70%. Esta brecha es
una de las más relevantes para la cohesión europea. El este se siente el nuevo motor del continente, pero el sur —con Italia y Francia en el fondo y España aún lejos de Alemania y, sobre todo, de Polonia— vive en
un estado de pesimismo persistente. Para el español medio, la UE es
el escudo contra el desastre, pero no el motor del éxito.
La transición verde no será televisada, será pagada
En la encuesta, cuyo trabajo de campo fue elaborado por Cluster17, España tumba
uno de los grandes mitos de Bruselas: el consenso social sobre el veto a la venta de nuevos coches de gasolina y diésel en 2035. El 59,4% de los españoles se opone a esa medida, pero, al mismo tiempo, el 68,1% apoya
invertir más dinero público en transporte público.
En consecuencia, la sostenibilidad en España parece que solo será aceptada cuando se considere
socialmente justa y tecnológicamente viable. La transición no se rechaza; se rechaza el instrumento cuando se percibe como inaccesible.
La vivienda es el nuevo campo de batalla europeo
Los españoles sitúan la vivienda pública (66,9%) como
la principal prioridad por encima de otras políticas redistributivas. Aunque se trata del vigésimo aviso, este debe interpretarse como
la señal definitiva de que el contrato social europeo se está rompiendo por el ladrillo. Bruselas debe acelerar en la legislación y financiación de soluciones habitacionales, ya que, si la ciudadanía no percibe respuesta alguna, el sentimiento de pertenencia al "estilo de vida europeo" —que hoy es alto (81%)— empezará a erosionarse. En otras palabras,
la gente no puede defender un estilo de vida que no puede permitirse pagar.
El liderazgo de la necesidad
España se acerca al ecuador de 2026 como
uno de los alumnos más aplicados de la clase europea. Sin embargo, es un alumno que estudia
con preocupación, no por ambición ni por una aspiración manifiesta a la mejora conjunta.
"Si esa protección no se traduce en optimismo individual y en una mejora de la calidad de vida tangible, el europeísmo español dejará de ser el pilar de estabilidad que hoy es"
El liderazgo español en Bruselas es hoy
necesario y sólido, pero descansa sobre un equilibrio precario:
entregar soberanía industrial y energética a cambio de protección. Si esa protección no se traduce en optimismo individual y en una mejora de la calidad de vida tangible —vivienda, energía, movilidad—, el europeísmo español dejará de ser
el pilar de estabilidad que hoy es.
El éxito de la Unión en los próximos dos años no se medirá solo por cuántos tratados de defensa firme, sino por
cuántos puntos es capaz de subir el optimismo personal en Madrid, París y Roma. De lo contrario, Polonia seguirá siendo el único país de la muestra que combina
una nota de la UE por encima del aprobado simbólico y un optimismo personal claramente mayoritario.