Martes, 28 de julio de 2026
IGLESIA Y PODER

¿Qué dicen del Papa León XIV sus primeros viajes apostólicos?

El Papa León ha elegido Mónaco como su primera visita y el analista político especializado en la Iglesia católica David Ricardo F. González Ruiz siguió al pontífice en este viaje. Entre guiños a la doctrina social, elogios al Estado católico y una "excesiva prudencia" ante la desigualdad, el recorrido de León deja una primera imagen nítida del nuevo papa, que todavía está en busca de un perfil propio.

David Ricardo F. González Ruiz David Ricardo F. González Ruiz 10 de abril de 2026
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El Papa León XIV junto a la familia real de Mónaco. | Ettore Ferrari / Zuma Press / ContactoPhoto
El Papa León XIV junto a la familia real de Mónaco. | Ettore Ferrari / Zuma Press / ContactoPhoto

Las primeras veces son una marca indeleble. Incluso a casi un año de su muerte, Francisco continúa siendo recordado como el "Papa de Lampedusa". Su elección de esta isla, marcada por el drama migratorio, como primer viaje apostólico fue una de las estampas más potentes de su pontificado. León, en cambio, ha optado por no tomar riesgos con un territorio claramente afín a la Santa Sede por dos motivos elementales: tanto el Vaticano como Mónaco son microestados y monarquías, pero, más relevante que eso, el Principado es un Estado con el catolicismo como religión oficial en su constitución, aunque con libertad de culto.

Es verdad que el sucesor de Pedro visitó Turquía y Líbano el año pasado, pero esa visita se considera un compromiso adquirido previamente por Francisco. Por tanto, pasada la Pascua de Resurrección y a menos de una semana de iniciar su largo periplo por África, merece la pena realizar una lectura de los gestos, símbolos y silencios de la visita del romano pontífice a Mónaco.

¿Bendecir a un paraíso fiscal?

Sin duda, el elemento más cuestionable de Mónaco es su modelo fiscal altamente regresivo. El diminuto Estado es un imán de fortunas —prófugos fiscales de otros países— debido a que no grava la renta, el patrimonio, las ganancias de capital, el impuesto a la propiedad ni la herencia. La exención aplica solo a residentes, por lo que, paradójicamente, la mano de obra barata que trabaja en el Principado —hostelería, servicios— es la única contribuyente al cargar con un IVA del 20% que, para un multimillonario, no significa nada en términos proporcionales.

"En Mónaco no existe la pobreza simplemente porque la estructura está diseñada para seleccionar previamente a los habitantes del Principado"
Para obtener la residencia, algunos bancos solicitan contar con un patrimonio mínimo de entre 500.000 y 2 millones de euros, además de alquilar y comprar una propiedad en el territorio y tener un salario anual de 300.000 euros. En Mónaco no existe la pobreza simplemente porque la estructura está diseñada para seleccionar previamente a los habitantes del Principado. El precio de la vivienda funciona como un mecanismo de exclusión automático para que nadie que no cumpla estos requisitos se instale en el microestado.

Más allá de lo disonante de estos datos con la "nueva Doctrina Social de la Iglesia" que busca impulsar León XIV, en 2024 el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI/FATF) incluyó a Mónaco en la denominada Lista Gris por sospechas relativas a lavado de dinero y financiamiento del terrorismo. Si bien Mónaco ya cumple con los estándares de la OCDE sobre transparencia fiscal y por ello salió de la Lista Negra en 2009, el lavado de activos puede seguir teniendo un origen sucio: que sea visible no implica que haya sido generado lícitamente.



Cuando se observan las diferencias de PIB per cápita entre los países que serán visitados por el Papa a lo largo de 2026, los contrastes son abismales. Mientras Camerún reporta apenas 1.830 dólares anuales, la cifra de Mónaco llega a los 288.000, muy por encima incluso de los 35.300 dólares de España.

En apenas unas semanas, el máximo líder de la Iglesia católica habrá pisado dos países con una diferencia de PIB per cápita en la que Mónaco supera en 157 veces el de Camerún. Eso habla de la universalidad de la institución, pero también de la excesiva prudencia de León al tratar la desigualdad durante su visita a Mónaco.

"El Papa fue deliberadamente cauteloso para evitar herir sensibilidades al hablar de la pobreza y la desigualdad durante su visita a los príncipes"
El Papa fue deliberadamente cauteloso para evitar herir sensibilidades al hablar de la pobreza y la desigualdad durante su visita a los príncipes. Las referencias en todo momento fueron muy cuidadas, al estilo equilibrista que León ha mostrado en su primer año de pontificado.

Durante su mensaje en el balcón del Palacio del Príncipe, asomó una tímida invitación a los presentes a "reflexionar sobre su privilegiado lugar en el mundo" y a reconocer que la riqueza del Principado se sustenta en "una mayoría de ciudadanos procedentes de otras naciones del mundo que contribuyen a su bienestar", en referencia a los trabajadores de servicios que no son ciudadanos ni residentes del territorio. De la misma forma, invitó a los monegascos a "no perseguir bienes pasajeros que con frecuencia se desvanecen".

En un tono más severo y de magisterio, advirtió que "Jesús sacude las configuraciones injustas del poder, esas estructuras de pecado que crean abismos entre pobres y ricos, entre los privilegiados y los descartados". Hablar de los "descartados" no es neutral, pues no es un término oficial de la Iglesia, sino un adjetivo popularizado por Francisco para hablar de la exclusión y las periferias.

Durante su homilía en la Catedral de Nuestra Señora Inmaculada, recordó que en Mónaco existen "diferencias socioeconómicas" pero que "en la Iglesia, tal variedad nunca debe convertirse en ocasión de división en clases sociales". Es decir, todo enmarcado dentro del discurso oficial de la llamada opción preferencial por los pobres, sin ninguna crítica audaz a la acumulación de la riqueza y a la opresión social al estilo jesuita de su predecesor, Francisco.

De forma estratégica, usó palabras de Benedicto XVI (Caritas in Veritate) para cuestionar: "¿Es el modelo económico y social actual verdaderamente justo y está marcado por la solidaridad? ¿Posee una ética de la responsabilidad que sirve y va más allá del mero intercambio de valores monetarios, de las ganancias como un bien en sí mismo?". Citar al pontífice alemán —impecable teológicamente y estimado como ortodoxo en Doctrina— fue la manera de León de evitar pronunciar él mismo un cuestionamiento de la utilidad de los bienes materiales.

Tal vez donde el Papa se mostró más valeroso fue durante su homilía en la única eucaristía que celebró a lo largo del viaje. Es comprensible, pues el Evangelio le permitió ser más duro conservando un sentido pastoral y sin señalar destinatarios claros. Durante la misa, condenó el "cálculo político basado en el miedo", a quienes tienen el "deseo de aferrarse al poder" y "las maquinaciones ocultas de autoridades poderosas que están dispuestas a matar sin escrúpulos".

En realidad, estas condenas pueden leerse más en el contexto de las masacres y desplazamientos de cristianos que Israel está cometiendo en el Líbano, pero la crítica al ejercicio del poder bien pudo haber resonado en el soberano Alberto II, quien estaba presente en primera fila. Ese tipo de ambigüedad para evitar aludir es característico de los papas como máximos "embajadores" de la Iglesia católica y la Santa Sede, pero en León ha sido un rasgo todavía más marcado.

"Un auténtico paraíso terrenal como Mónaco, diseñado para el disfrute de unos pocos, se convierte en mera escenografía de cartón piedra cuando se analizan sus estructuras sociales"
Sin duda, las líneas con más carácter propio fueron en donde llamó a "la liberación de la idolatría del poder y del dinero" en tanto "una liberación del poder entendido como dominación, de la riqueza convertida en codicia, de la vanidad disfrazada de belleza". Un auténtico paraíso terrenal como Mónaco, diseñado para el disfrute de unos pocos, se convierte en mera escenografía de cartón piedra cuando se analizan sus estructuras sociales bajo esta lectura del Evangelio propuesta por León.

Paradójicamente, tal vez el guiño más contundente no vino de las homilías del sumo pontífice, sino del regalo que les hizo a los príncipes. Se trató de un mosaico de San Francisco de Asís elaborado en los talleres del Vaticano. El Papa recordó a los soberanos que el santo italiano creció rodeado de lujos, pero decidió el abandono radical de los placeres mundanos para entregarse enteramente al servicio de los pobres. Se cumplió el refrán popular de una imagen que dice más que mil palabras.

El elefante en la habitación: la democracia en Mónaco

Otro elemento cuestionable de la elección del Principado como primera visita es la inexistente democracia en Mónaco. Teóricamente, el país es una monarquía constitucional, pero en la práctica el príncipe Alberto II tiene facultades ejecutivas que no existen en otras monarquías parlamentarias europeas.

Esto fue evidente durante la visita del Papa, a la que Agenda Pública tuvo acceso como medio acreditado. El ministro de Estado —equivalente a un primer ministro en una monarquía parlamentaria— fue invisible. No pronunció ningún discurso, no recibió palabras del pontífice: todo giró en torno a Alberto II y su estirpe.

Una de las facultades que diferencian al príncipe de otros monarcas europeos es el poder exclusivo para iniciar legislación, lo que convierte al Consejo Nacional en un apéndice a la espera de los proyectos del soberano. Además, sin sanción del príncipe, ninguna ley entra en vigor, algo que fue especialmente visible el año pasado, cuando Alberto II bloqueó la ley de despenalización del aborto que había sido aprobada con diecinueve votos a favor y dos en contra por la Asamblea monegasca.

El ministro de Estado es una figura también única en su tipo. La jefatura de Gobierno es ocupada tradicionalmente por un ciudadano francés, una condición que no ayuda a despejar las dudas que recaen sobre Mónaco por ser simplemente un "protectorado moderno" de Francia. El presidente de la República propone una terna de altos funcionarios al príncipe, quien elige discrecionalmente. El actual ministro de Estado, Christophe Mirmand, curiosamente nació en Constantina, en la otrora Argelia francesa.

"Si la separación de poderes es ornamental en lo legislativo y lo ejecutivo, en el judicial simplemente es nula, pues el príncipe también es el máximo administrador de la justicia"
Quienes sirven al Príncipe como ministros de Estado están subordinados a él constitucionalmente, pues no tienen poder ejecutivo independiente al no haber sido electos por la población; es decir, no tienen mandato del pueblo. Una demostración de que la soberanía última recae en el Príncipe es que este puede vetar decisiones y políticas del propio gobierno nombrado por él. Si la separación de poderes es ornamental en lo legislativo y lo ejecutivo, en el judicial simplemente es nula, pues el príncipe también es el máximo administrador de la justicia, que simplemente delega su derecho a los tribunales para que la ejerzan en su nombre.

El Parlamento actualmente es unipartidista. Los veinticuatro escaños del Consejo Nacional de Mónaco están ocupados por la Unión Nacional Monegasca tras haber obtenido el 90% de los votos en las elecciones de 2023, sin asientos para la oposición.



Los miembros del Consejo son elegidos por ciudadanos monegascos mayores de dieciocho años. La problemática recae en que solo el 24% de los residentes de Mónaco son ciudadanos. Para obtener la nacionalidad es necesario haber nacido de padres monegascos; llevar veinte años de matrimonio con un ciudadano o solicitar la naturalización al príncipe luego de diez años de residencia. El resultado es una democracia casi hereditaria y delimitada por el factor nacional-étnico.

En datos duros, a los veinticuatro representantes del Consejo Nacional monocolor los eligieron apenas 4.348 personas de un padrón de 7.594, en un territorio habitado por 29.000 residentes extranjeros y que depende de mano de obra importada desde Italia y Francia, lo que supone una población flotante e invisible en el Principado: más de 50.000 trabajadores fronterizos sostienen la economía de servicios y hostelería sin tener ningún poder de decisión sobre el territorio.

Como remate, el Código Penal prohíbe cualquier crítica pública a la Familia Real, por lo que muy difícilmente podemos hablar de una democracia con libertad política y de expresión.

¿Una legitimación del ultramontanismo?

A pesar de los intentos sutiles del pontífice por recordar a los pobres y especialmente a quienes realizan trabajo en Mónaco sin reconocimiento social ni político —por ejemplo, los jornaleros que son subcontratados durante el Gran Premio de la Fórmula 1—, los mensajes que más difusión tuvieron fueron la celebración de Mónaco como un Estado católico y la defensa de la vida en todas sus etapas.

"El espaldarazo a un Estado católico por el simple hecho de ser católico no fue un accidente, sino una concesión medida del Papa con los sectores integristas de la Iglesia"
En el Palacio de los Grimaldi, el Papa declaró: "Ustedes se encuentran entre los pocos países del mundo que tienen la fe católica como religión de Estado. Esta fe nos sitúa ante la soberanía de Jesús". Rápidamente, esta sentencia se encendió como pólvora en redes sociales debido a que parece una defensa velada del ultramontanismo. Es decir, la soberanía no recaería ni en el pueblo ni en sus representantes políticos, ni siquiera en soberanos, sino en el propio Cristo como rey de las naciones. El espaldarazo a un Estado católico por el simple hecho de ser católico —a pesar de los aspectos cuestionables que han sido puestos de relieve en este artículo— no fue un accidente, sino una concesión medida del Papa con los sectores integristas de la Iglesia.

Muestra de ello es que en su discurso de la Catedral insistió en el tópico, al alentar al Principado por la defensa de "la vida de todo hombre y de toda mujer desde la concepción hasta la muerte natural" y la protección de "la vida en todas sus etapas". Estas palabras tampoco son neutrales, considerando la crisis institucional que propició la negativa del príncipe Alberto II al firmar la ley del aborto aprobada por el Consejo Nacional. Incluso en un país ultramonárquico y de parlamento unipartidista, el veto fue considerado insultante por los asambleístas.

Finalmente, la decisión del Papa de arribar al Helipuerto de Mónaco en lugar del Aeropuerto de Niza fue un reconocimiento a la soberanía del Principado y a su existencia como un Estado verdadero, lejos de la caricatura de un Disneyland del tenis, las carreras de automóviles y las apuestas en el Casino de Montecarlo. Este gesto no fue casual, pues el pontífice invirtió tres horas en un vuelo objetivamente más riesgoso —helicóptero— en comparación con un vuelo convencional entre Fiumicino y Niza de poco más de una hora, trayecto que sí tomaron los periodistas acreditados ante la Santa Sede. Haber aterrizado en territorio francés hubiese deslucido el protagonismo del príncipe Alberto II y puesto en evidencia una realidad: el Principado depende tanto de Francia que ni siquiera se puede acceder a él sin pasar por el país galo.

Las próximas visitas apostólicas

Precisamente este 7 de abril la Santa Sede hizo públicos los logos oficiales de las visitas apostólicas del Papa León a Argelia, Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial y España. Si Mónaco se percibió como una visita semiartificial y sin contacto genuino con los feligreses (más allá del encuentro con jóvenes, en donde al Papa se le vio más distendido y alegre), durante el maratónico viaje por África el Papa tendrá la oportunidad de revelar más de un pontificado que aún no adquiere carácter propio. En el Principado, León lo mismo citó a Benedicto y a Francisco, y tanto defendió a los "descartados" como contentó a integristas con su refrendo a un Estado católico que tiene ilegalizado el aborto.

El terreno está preparado para recibir a León en el que será el momento más exigente —hasta ahora— de su pontificado. Serán cuatro países en diez días, que no superará la hazaña de Juan Pablo II de seis países africanos en once días, pero que buscará mostrar a un pastor vigoroso y cercano con unos pueblos que padecen de problemáticas radicalmente distintas a las de Mónaco y España.

"Se calcula que para mitad de siglo África albergará aproximadamente el 25% de la población católica mundial, con 460 millones de fieles estimados"
En África, el Papa tiene programadas once ciudades, diez discursos, ocho homilías y seis saludos al pueblo. El país más complejo será Camerún, en donde el gobierno está en guerra activa tanto con fuerzas separatistas como con Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). Los otros países padecen de corrupción, autoritarismo, pobreza y desigualdades, pero se encuentran en paz relativa.

Tal como se desarrolló en el primer perfil publicado por Agenda Pública sobre el Papa León XIV en mayo del año pasado, África es un continente clave para el catolicismo por su acelerado crecimiento demográfico y por el éxito que está teniendo la Iglesia romana en su evangelización. Se calcula que para mitad de siglo África albergará aproximadamente el 25% de la población católica mundial, con 460 millones de fieles estimados: es decir, uno de cada cuatro católicos será africano en 2050.

España, que todavía se observa lejana en la agenda, representa otras dificultades y particularidades que merecen ser abordadas en un propio análisis más cercana la fecha. Por ahora, el Papa equilibrista mostrará al mundo si es capaz de ensuciarse los zapatos de lodo tras haber sido convidado por los Grimaldi a uno de los territorios más exclusivos —y excluyentes— del mundo. La visita a Mónaco no fue deslucida ni conmovedora, tal vez un reflejo de la personalidad del Papa.

David Ricardo F. González Ruiz
David Ricardo F. González Ruiz
Máster en Políticas Públicas y Sociales (Barcelona School of Management de la Universitat Pompeu Fabra)
Politólogo por la universidad jesuita de Guadalajara (México) y estudiante del máster en Políticas Públicas y Sociales en la Universitat Pompeu Fabra. Ha sido coordinador adjunto del Encuentro Internacional de Gobierno y Sociedad Civil de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más importante en lengua española, donde gestionó la visita de destacadas figuras políticas e intelectuales. Posee experiencia en relaciones institucionales de alto nivel y una sólida formación jesuita que guía su pensamiento político.
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