

Las primeras veces son una marca indeleble. Incluso a casi un año de su muerte, Francisco continúa siendo recordado como el "Papa de Lampedusa". Su elección de esta isla, marcada por el drama migratorio, como primer viaje apostólico fue una de las estampas más potentes de su pontificado. León, en cambio, ha optado por no tomar riesgos con un territorio claramente afín a la Santa Sede por dos motivos elementales: tanto el Vaticano como Mónaco son microestados y monarquías, pero, más relevante que eso, el Principado es un Estado con el catolicismo como religión oficial en su constitución, aunque con libertad de culto.
Es verdad que el sucesor de Pedro visitó Turquía y Líbano el año pasado, pero esa visita se considera un compromiso adquirido previamente por Francisco. Por tanto, pasada la Pascua de Resurrección y a menos de una semana de iniciar su largo periplo por África, merece la pena realizar una lectura de los gestos, símbolos y silencios de la visita del romano pontífice a Mónaco.
Sin duda, el elemento más cuestionable de Mónaco es su modelo fiscal altamente regresivo. El diminuto Estado es un imán de fortunas —prófugos fiscales de otros países— debido a que no grava la renta, el patrimonio, las ganancias de capital, el impuesto a la propiedad ni la herencia. La exención aplica solo a residentes, por lo que, paradójicamente, la mano de obra barata que trabaja en el Principado —hostelería, servicios— es la única contribuyente al cargar con un IVA del 20% que, para un multimillonario, no significa nada en términos proporcionales.
"En Mónaco no existe la pobreza simplemente porque la estructura está diseñada para seleccionar previamente a los habitantes del Principado"Para obtener la residencia, algunos bancos solicitan contar con un patrimonio mínimo de entre 500.000 y 2 millones de euros, además de alquilar y comprar una propiedad en el territorio y tener un salario anual de 300.000 euros. En Mónaco no existe la pobreza simplemente porque la estructura está diseñada para seleccionar previamente a los habitantes del Principado. El precio de la vivienda funciona como un mecanismo de exclusión automático para que nadie que no cumpla estos requisitos se instale en el microestado.
"El Papa fue deliberadamente cauteloso para evitar herir sensibilidades al hablar de la pobreza y la desigualdad durante su visita a los príncipes"El Papa fue deliberadamente cauteloso para evitar herir sensibilidades al hablar de la pobreza y la desigualdad durante su visita a los príncipes. Las referencias en todo momento fueron muy cuidadas, al estilo equilibrista que León ha mostrado en su primer año de pontificado.
"Un auténtico paraíso terrenal como Mónaco, diseñado para el disfrute de unos pocos, se convierte en mera escenografía de cartón piedra cuando se analizan sus estructuras sociales"Sin duda, las líneas con más carácter propio fueron en donde llamó a "la liberación de la idolatría del poder y del dinero" en tanto "una liberación del poder entendido como dominación, de la riqueza convertida en codicia, de la vanidad disfrazada de belleza". Un auténtico paraíso terrenal como Mónaco, diseñado para el disfrute de unos pocos, se convierte en mera escenografía de cartón piedra cuando se analizan sus estructuras sociales bajo esta lectura del Evangelio propuesta por León.
Otro elemento cuestionable de la elección del Principado como primera visita es la inexistente democracia en Mónaco. Teóricamente, el país es una monarquía constitucional, pero en la práctica el príncipe Alberto II tiene facultades ejecutivas que no existen en otras monarquías parlamentarias europeas.
Esto fue evidente durante la visita del Papa, a la que Agenda Pública tuvo acceso como medio acreditado. El ministro de Estado —equivalente a un primer ministro en una monarquía parlamentaria— fue invisible. No pronunció ningún discurso, no recibió palabras del pontífice: todo giró en torno a Alberto II y su estirpe.
Una de las facultades que diferencian al príncipe de otros monarcas europeos es el poder exclusivo para iniciar legislación, lo que convierte al Consejo Nacional en un apéndice a la espera de los proyectos del soberano. Además, sin sanción del príncipe, ninguna ley entra en vigor, algo que fue especialmente visible el año pasado, cuando Alberto II bloqueó la ley de despenalización del aborto que había sido aprobada con diecinueve votos a favor y dos en contra por la Asamblea monegasca.
El ministro de Estado es una figura también única en su tipo. La jefatura de Gobierno es ocupada tradicionalmente por un ciudadano francés, una condición que no ayuda a despejar las dudas que recaen sobre Mónaco por ser simplemente un "protectorado moderno" de Francia. El presidente de la República propone una terna de altos funcionarios al príncipe, quien elige discrecionalmente. El actual ministro de Estado, Christophe Mirmand, curiosamente nació en Constantina, en la otrora Argelia francesa.
"Si la separación de poderes es ornamental en lo legislativo y lo ejecutivo, en el judicial simplemente es nula, pues el príncipe también es el máximo administrador de la justicia"Quienes sirven al Príncipe como ministros de Estado están subordinados a él constitucionalmente, pues no tienen poder ejecutivo independiente al no haber sido electos por la población; es decir, no tienen mandato del pueblo. Una demostración de que la soberanía última recae en el Príncipe es que este puede vetar decisiones y políticas del propio gobierno nombrado por él. Si la separación de poderes es ornamental en lo legislativo y lo ejecutivo, en el judicial simplemente es nula, pues el príncipe también es el máximo administrador de la justicia, que simplemente delega su derecho a los tribunales para que la ejerzan en su nombre.
A pesar de los intentos sutiles del pontífice por recordar a los pobres y especialmente a quienes realizan trabajo en Mónaco sin reconocimiento social ni político —por ejemplo, los jornaleros que son subcontratados durante el Gran Premio de la Fórmula 1—, los mensajes que más difusión tuvieron fueron la celebración de Mónaco como un Estado católico y la defensa de la vida en todas sus etapas.
"El espaldarazo a un Estado católico por el simple hecho de ser católico no fue un accidente, sino una concesión medida del Papa con los sectores integristas de la Iglesia"En el Palacio de los Grimaldi, el Papa declaró: "Ustedes se encuentran entre los pocos países del mundo que tienen la fe católica como religión de Estado. Esta fe nos sitúa ante la soberanía de Jesús". Rápidamente, esta sentencia se encendió como pólvora en redes sociales debido a que parece una defensa velada del ultramontanismo. Es decir, la soberanía no recaería ni en el pueblo ni en sus representantes políticos, ni siquiera en soberanos, sino en el propio Cristo como rey de las naciones. El espaldarazo a un Estado católico por el simple hecho de ser católico —a pesar de los aspectos cuestionables que han sido puestos de relieve en este artículo— no fue un accidente, sino una concesión medida del Papa con los sectores integristas de la Iglesia.
Precisamente este 7 de abril la Santa Sede hizo públicos los logos oficiales de las visitas apostólicas del Papa León a Argelia, Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial y España. Si Mónaco se percibió como una visita semiartificial y sin contacto genuino con los feligreses (más allá del encuentro con jóvenes, en donde al Papa se le vio más distendido y alegre), durante el maratónico viaje por África el Papa tendrá la oportunidad de revelar más de un pontificado que aún no adquiere carácter propio. En el Principado, León lo mismo citó a Benedicto y a Francisco, y tanto defendió a los "descartados" como contentó a integristas con su refrendo a un Estado católico que tiene ilegalizado el aborto.
El terreno está preparado para recibir a León en el que será el momento más exigente —hasta ahora— de su pontificado. Serán cuatro países en diez días, que no superará la hazaña de Juan Pablo II de seis países africanos en once días, pero que buscará mostrar a un pastor vigoroso y cercano con unos pueblos que padecen de problemáticas radicalmente distintas a las de Mónaco y España.
"Se calcula que para mitad de siglo África albergará aproximadamente el 25% de la población católica mundial, con 460 millones de fieles estimados"En África, el Papa tiene programadas once ciudades, diez discursos, ocho homilías y seis saludos al pueblo. El país más complejo será Camerún, en donde el gobierno está en guerra activa tanto con fuerzas separatistas como con Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). Los otros países padecen de corrupción, autoritarismo, pobreza y desigualdades, pero se encuentran en paz relativa.

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