La reciente desaparición del profesor Joseph S. Nye (19 de enero de 1937 - 6 de mayo de 2025), cuyo prestigio está vinculado al concepto de
soft power en las relaciones internacionales,
nos priva de un testigo privilegiado de la vida internacional desde hace casi medio siglo. Pero nos queda su legado, presente también en un artículo póstumo, que firma con su amigo y colaborador Robert O. Keoane. Lo publica la revista
Foreign Affairs en su número de julio-agosto de 2025 bajo el título de
"The End of the Long American Century. Trump and the Sources of US Power".
A punto de cumplir 87 años, a principios de 2024, Nye publicó
A Life in the American Century (Polity Press).
En esa existencia se hizo realidad un proverbio chino que el autor cita en el libro: tuvo la fortuna de vivir tiempos interesantes. Sus confesiones personales recogen un destacado influjo en su carácter: el de su madre, Else, una secretaria que, acaso modelada por su trabajo, tenía un carácter introvertido, estoico y perseverante, en contraste con el del padre, Joseph, un extrovertido corredor de bolsa.
Por eso, Joseph S. Nye poseía un temperamento reflexivo, muy adecuado para un buen profesor, que desarrolló en él una visión crítica de la historia y la política. Nye apenas tenía cuatro años cuando Henry Luce, editor de
Time y
Life, proclamó en febrero de 1941 el comienzo de un siglo americano, aunque todavía faltaban unos meses para que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial. Se iniciaba así un cambio de época que el joven Joseph, viviría muy de cerca en sus años de estudiante en Princeton. Eran los tiempos de la guerra fría y de los excesos delirantes del macartismo.
Pese a todo, Estados Unidos tenía un firme liderazgo: el del presidente Eisenhower, muy distinto en su presidencia de aquel general del desembarco de Normandía. Nye valora el mérito de que no se dejó atrapar por conflictos en Oriente Medio e Indochina, aunque sus sucesores no aprendieron de su experiencia.
"Las relaciones internacionales están marcadas no solo por la presencia de actores estatales, sino también por las organizaciones internacionales, las grandes corporaciones o las ONG"
Pero el mundo estaba cambiando en los años de la posguerra. Por un lado, se iniciaría un proceso de distensión ante la destrucción mutua asegurada que suponían las armas nucleares y por otro, la era de la descolonización desplegaba una constelación de nuevos estados en la escena internacional. Este aluvión de acontecimientos llevó a reflexionar a Nye sobre la creciente interdependencia entre los estados.
El poder militar no era ni único ni suficiente.
En este contexto se publicó
Poder e interdependencia (1977), obra conjunta de Joseph S. Nye y Robert O. Keoahone. En ella
se cuestiona ese realismo simplista que reduce la política internacional a una competición de poder militar entre estados soberanos. Los autores subrayaban, además, que las relaciones internacionales están marcadas no solo por la presencia de actores estatales, sino también por las organizaciones internacionales, las grandes corporaciones o las ONG. Los factores sociales, económicos y políticos contribuyen a favorecer la interdependencia. De ahí la importancia del concepto de
soft power que Nye desarrolló años después, y como él mismo cuenta en su último libro, escribió sus reflexiones sobre la mesa de la cocina de su casa.
Las últimas presidencias estadounidenses
Finalizada la guerra fría, Nye hizo un elogio del
soft power en
La naturaleza cambiante del poder americano (1990). Hay quien piensa que Nye tenía una visión kantiana del mundo y, si bien es verdad que el profesor Nye había estudiado en profundidad al filósofo prusiano, no es menos cierto que no descartaba por completo el uso del
hard power. Debería ser un complemento del
soft power, y no al contrario.
Una gran potencia como Estados Unidos debería ejercer una atracción derivada de su cultura, valores y políticas. El siglo americano perduraría medio siglo después de su formulación por Henry Luce, pero tendría que hacerlo por medio del
soft power.
"La Administración Obama pareció valorar el 'soft power', aunque Nye criticó su falta de acción decisiva en algunos momentos, que también sirvieron para cuestionar el liderazgo estadounidense"
La presidencia de George W. Bush no lo entendió así y pensó en que podía transformar la geopolítica de Oriente Medio por la fuerza militar. Descuidó el
soft power y con ello quedó deteriorada la imagen internacional de Estados Unidos. Por el contrario, la Administración Obama pareció valorar el
soft power, aunque Nye criticó su falta de acción decisiva en algunos momentos, que también sirvieron para cuestionar el liderazgo estadounidense.
Pese a todo, Nye seguía sosteniendo en 2015 que el siglo americano no había finalizado. Si seguía cultivando el
soft power, seguiría teniendo mayor peso internacional que sus rivales chinos y rusos. Con todo, Nye, que
durante la presidencia de Biden echó de menos un equilibrio entre los poderes duros y blando, comprobó previamente que con Trump se imponía una política más errática y menos cooperativa en la que el soft power quedaba seriamente dañado. Se diría que el habitual optimismo de Nye empezó a decaer ante la polarización de la sociedad y la política norteamericanas. Esto disgustaba a un analista que no pretendía ser ni "halcón" ni "paloma". Prefería ser un "búho" prudente, equilibrado y sabio.
El papel de China
Joseph S. Nye diría hoy que el siglo americano no puede darse por concluido, pero se encuentra amenazado no tanto por sus adversarios exteriores, sino por la situación interna de Estados Unidos. Para Nye, el eslogan MAGA (
Make America Great Again) responde a una narrativa equivocada del pasado. Se parte del convencimiento de que el país está en declive, pero Nye, con experiencia académica y política intensas durante casi medio siglo, no compartía esta opinión, pues una política de autodestrucción del
soft power solo puede debilitar la posición estadounidense en la escena internacional.
"En la visita de Nye a China en 2007, el presidente Hu Jintao le consultó sobre la importancia del 'soft power' y le aseguró que debería estar entre los objetivos de su política exterior"
En el artículo póstumo de
Foreign Affairs sale relucir aquella conocida cita de Maquiavelo, en la que el príncipe prefiere ser más temido que amado. En cambio,
Nye y Keohane aseguran que sería preferible ser a la vez temido y amado. Ciertamente no es la opción de Trump ni de Putin. En cambio, la China de Xi Jiping, pese a la naturaleza de su régimen, está optando por desplegar un cierto
soft power. Nye recordó en cierta ocasión que, en su visita a China en 2007, el presidente Hu Jintao le consultó sobre la importancia del
soft power y le aseguró que debería estar entre los objetivos de su política exterior.
El citado artículo es
un certero diagnóstico sobre la Administración Trump. Resalta su miopía derivada de la obsesión por el espectro del globalismo, común a otros políticos populistas, y por la renuncia al fomento en el exterior de la democracia y los derechos humanos. Solo se despliega un
hard power basado en relaciones comerciales asimétricas y en la imposición de sanciones. Según Nye y Kehoane, esto erosiona el liderazgo internacional de Estados Unidos. En vez de hacer a América más grande otra vez, "es una apuesta por la debilidad".