

"Rusia no está colapsada, pero sí tensionada en términos de sostenibilidad económica a medio plazo. A muchos les recuerda los años de la carrera armamentística que terminó con el colapso de la URSS"Rusia, por su parte, ha resistido mejor de lo esperado el impacto de las sanciones occidentales, pero no sin costes. Su economía muestra signos evidentes de agotamiento. La inflación se ha mantenido en niveles elevados durante buena parte de 2024 y 2025, el déficit presupuestario ha crecido al calor del esfuerzo bélico y el gasto en defensa supera ya el seis por ciento del producto interior bruto. A ello se suma la dependencia creciente de ingresos energéticos reorientados hacia Asia con descuentos significativos, así como la escasez de mano de obra derivada de la movilización y de la salida de cientos de miles de ciudadanos. Rusia no está colapsada, pero sí tensionada en términos de sostenibilidad económica a medio plazo. A muchos les recuerda los años de la carrera armamentística que terminó con el colapso de la URSS, o eso quieren pensar.
"No es casual que desde Kiev se haya elevado el tono retórico hasta afirmar recientemente que Rusia habría iniciado la Tercera Guerra Mundial"Este giro ha reforzado objetivamente la posición negociadora de Rusia. Moscú percibe fisuras en el bloque occidental, el occidente colectivo, como le gusta apuntar a Putin, y apuesta por el desgaste prolongado. Ucrania, en cambio, depende cada vez más de la solidaridad europea para sostener su resistencia. No es casual que desde Kiev se haya elevado el tono retórico hasta afirmar recientemente que Rusia habría iniciado la Tercera Guerra Mundial. Más allá de la exageración evidente, el mensaje tiene un destinatario claro, que son las capitales europeas. Se trata de mantener al máximo nivel posible el compromiso político, financiero y militar de la Unión Europea.
"Hoy incluso algunos líderes europeos comienzan a plantear públicamente que quizá no fue acertado cerrar todas las vías de diálogo con Moscú"Sea cual sea el formato final, el mero hecho de que existan canales abiertos de negociación constituye en sí mismo una novedad relevante. Hace un año esos canales eran prácticamente inexistentes. Hoy incluso algunos líderes europeos comienzan a plantear públicamente que quizá no fue acertado cerrar todas las vías de diálogo con Moscú desde el primer momento. La diplomacia no es una concesión moral, pues hablamos de un instrumento de poder. Sin interlocutores no hay capacidad de influencia.

Recibe nuestro análisis diario en tu correo
Recibe una alerta diaria en tu teléfono