Lo que sigue es una conversación con el excanciller del Perú, Javier González-Olaechea Franco, quien ejerció el cargo entre 2023 y 2024. A lo largo de su carrera, ha destacado como diplomático, asesor en políticas públicas y académico altamente destacado y ampliamente respetado en los campos de la Ciencia Política y los estudios de Relaciones Internacionales.
Durante su gestión como ministro de Relaciones Exteriores, se distinguió por su conocimiento de Venezuela y por su preocupación por la difícil situación del pueblo venezolano. A la luz de los acontecimientos recientes en Caracas, me puse en contacto con él para conversar sobre ese tema y sobre otros asuntos: el papel de España en Venezuela, las relaciones entre los Estados Unidos y el Perú en el contexto actual, sus expectativas para el futuro de la política exterior peruana y su visión más amplia del año que comienza.
En primer lugar, ¿cuál es su reacción ante la destitución de Nicolás Maduro del poder, ahora que enfrenta un juicio en los Estados Unidos?
La de siempre. Cuando una persona es acusada de múltiples delitos debe enfrentar un juicio que sea justo, veraz, documentado y con todas las garantías del debido proceso, incluyendo el derecho a la defensa.
Se dice que usted, cuando era ministro de Relaciones Exteriores, antes de asistir a la sesión extraordinaria de la Organización de los Estados Americanos (OEA) tras el fraude del señor Maduro en las elecciones venezolanas de 2024, ya tenía una declaración con los dieciocho votos que aseguraban que fuera aprobada. ¿Es cierto?
La verdad siempre tiene que saberse e imponerse. Ante el irrefutable fraude del régimen Maduro, varios cancilleres convocados nos pusimos de acuerdo en un texto de declaración de mínimos democráticos. Horas antes de la sesión extraordinaria obtuvimos los dieciocho votos necesarios —lo que se llama consenso— para que fuera aprobada esa misma tarde, y minutos antes del inicio de la sesión, el presidente de la sesión pidió vernos a todos los firmantes.
"Ante el irrefutable fraude del régimen Maduro, varios cancilleres convocados nos pusimos de acuerdo en un texto de declaración de mínimos democráticos"
Lo recibimos en una sala contigua y nos leyó la carta del representante de uno de los dieciocho países que abandonaba el consenso si no retirábamos un acápite sustantivo: la verificación independiente de los votos. No fue ni siquiera el mismo representante. Los presentes estábamos atónitos y desconcertados, y la discusión fue directa y cruda. No faltaron términos de duro calibre y una amenaza. Mientras discutíamos, intenté encontrar el voto decimoctavo en la sala de sesiones y me fue imposible. Tras dos horas me retiré de la reunión y escasos minutos después, acabó. El presidente de la sesión cumplió su amenaza en contra del estatuto que rige las sesiones.
Ya sentado en la silla Perú y observando la consumación del descaro, sentí una enorme frustración; como se dice en mi tierra, pensé "que nos habían sembrado el voto decimoctavo y jalado la alfombra" minutos antes para impedir nuestro objetivo acorde a los fundamentos democráticos constitutivos de la OEA.
Cuando usted era ministro de Relaciones Exteriores del Perú, líderes en todo el mundo prestaron atención cuando usted criticó públicamente al régimen de Nicolás Maduro en la OEA. Con la salida de Maduro del cargo, ¿se siente ahora de algún modo reivindicado?
Los reivindicados son la verdad, el pueblo venezolano y todos sus líderes que lucharon y que obtuvieron una irrefutable victoria.
Pensar o sentir lo sucedido recientemente como una reivindicación personal sería una ofensa a todos los venezolanos que aspiran a la libertad y que aún luchan por ella. Lo que sí es objetivo es que el Perú fue el primer país del mundo en reconocer al señor [Edmundo] González Urrutia como el presidente electo de Venezuela. Con el tiempo, otros países se fueron sumando.
Usted conoce a figuras clave de la oposición democrática venezolana y mantiene contacto con muchos referentes destacados de la política exterior en la región y más allá. Según lo que escucha en esas conversaciones, ¿cuándo cree que se podría ver una transición a la democracia en Venezuela?
Lo cierto es que he tratado con los líderes venezolanos más visibles y sí mantengo relaciones con personalidades de muchas partes.
La transición acabará cuando rija una nueva constitución producto de urnas limpias y las autoridades sean elegidas o designadas, según cada caso, conforme a esa nueva carta magna.
¿Qué papel —si es que ve alguno— cree que debería desempeñar España en lo que suceda a continuación en Venezuela?
Dadas las diferencias sustantivas entre los principales actores políticos españoles y que en España se celebrarán elecciones generales, no puedo aventurarme a decir si cumplirá o no un papel y qué papel.
Por lo pronto, la Unión Europea —de la que forma parte España— no reconoce al actual Gobierno de Caracas.
En este momento, con la Unión Europea (UE) a punto de alcanzar su tan esperado acuerdo con el Mercado Común del Sur (Mercosur) —aunque todavía enfrenta algunos desafíos para la finalización de dicho acuerdo—, ¿cómo ve usted las relaciones de la UE con América Latina de manera más amplia, más allá de Mercosur?
Las relaciones de la UE con América Latina son formales y acotadas por cuanto cada bloque refleja internamente una gran asimetría económica e ideológica.
"Lo único que se puede impulsar es el ingreso de un país latinoamericano en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)"
Por ahora, considero que lo único que se puede impulsar es el ingreso de un país latinoamericano en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El Perú ingresará a esta importante organización en menos de dos años y será un gran, asertivo y adicional salto que los peruanos daremos.
Más de 1,5 millones de venezolanos viven en el Perú tras haber huido de su país en los últimos años. ¿Qué cree que significan los acontecimientos recientes para el país? ¿Y piensa que algunos venezolanos optarán por regresar a su país de origen?
Hemos acogido —y subrayo el término distinto de recibido, por cuanto a todos los venezolanos en el Perú les asisten los mismos derechos que los peruanos, salvo votar— a una cifra estimada que coincide con la de su pregunta. Estoy convencido de que muchos optarán por volver cuando se den las plenas condiciones a las que me he referido.
En las próximas elecciones presidenciales en el Perú, ¿qué prioridades de política exterior le gustaría que impulsara quien resulte elegido? ¿Tiene algún candidato que prefiere y aconseja?
El próximo Gobierno podría mejorar nuestra imagen en el exterior, fortalecer un multilateralismo proactivo y resolutivo. También expandir su presencia diplomática y consular en más regiones y países, promover más y mejor las inversiones y el comercio vía nuevos tratados de libre comercio. Por otro lado, está diversificar nuestra matriz armamentística, fortalecer el apoyo a los peruanos que viven en el exterior, promover más y mejor nuestra cultura y gastronomía, y mantener buenas relaciones con quienes deseen lo mismo con nosotros, principalmente.
Sobre los candidatos a la presidencia no me he manifestado. Tengo claro lo que nos conviene a la gran mayoría de los peruanos.
¿Cómo evalúa en este momento las relaciones entre los Estados Unidos y el Perú?
Mejoran con el Perú por cuanto con los Estados Unidos de Norteamérica se mantiene una comunidad de valores que cumplirá pronto 250 años. Washington entiende que somos un bastión político y económico muy importante
en Sudamérica y en el Pacífico, y los peruanos lo valoramos, así como nuestras relaciones con otros grandes actores geopolíticos y geoeconómicos.
Para cerrar, apenas llevamos dos meses de 2026 y ya han ocurrido muchas cosas, por decir lo menos. ¿Qué acontecimientos geopolíticos está siguiendo de cerca para el resto del año?
Recientemente han ocurrido cosas buenas y otras que hubiera preferido que no sucedieran.
Sigo, en la medida de lo posible, lo más importante de lo que sucede en el mundo y pienso si son oportunidades o desafíos para el Perú.
Es esta observación activa en la que me encuentro aprecio profundos y exponenciales cambios propios de la naciente era disruptiva.