

"¿Cómo pudo entonces un aparente tapado lograr el mayor número de votos que haya recibido jamás un candidato presidencial en la historia de la democracia portuguesa?"Esa reticencia quizá se entiende a la luz de la caída en desgracia de Seguro dentro del liderazgo socialista. Su etapa estuvo marcada por una oposición tenue a las duras medidas de austeridad aplicadas por el Gobierno de derechas durante el periodo de la troika, y por una postura firme frente a las críticas internas que crecían en el grupo parlamentario. En ese contexto, Costa le infligió una victoria aplastante con una agenda de izquierdas más reformista. Además, Seguro era percibido en gran medida como un dirigente poco carismático, sin una agenda política nítida, sin tirón movilizador y con rasgos de liderazgo discutidos.
"Ventura y su partido, Chega, no han dejado de crecer desde que entraron en el Parlamento en 2019. Hoy, con 60 de los 230 diputados, son la segunda fuerza parlamentaria"Esto nos lleva a considerar no solo quién es Seguro, sino quién no es. Siguiendo un patrón que vemos con frecuencia en las elecciones presidenciales francesas, muchos votantes pudieron optar por Seguro en la segunda vuelta como forma de rechazar al candidato de derecha radical populista André Ventura. Ventura y su partido, Chega, no han dejado de crecer desde que entraron en el Parlamento en 2019. Hoy, con 60 de los 230 diputados, son la segunda fuerza parlamentaria. Aunque Ventura difícilmente esperaba ganar estas elecciones, subrayó la relevancia de haber obtenido una mayor cuota de voto que la AD en las últimas legislativas, además de aumentar su apoyo respecto a la primera vuelta. Al proclamarse nuevo líder de la derecha, apunta ahora a la jefatura del Gobierno.

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