Carlos Moedas ha logrado lo que parecía imposible: conquistar la alcaldía de Lisboa con una propuesta moderada en una ciudad históricamente socialista. Excomisario europeo de Investigación, Ciencia e Innovación, Moedas ha sabido combinar su experiencia internacional con una gestión municipal centrada en lo concreto y lo cotidiano. "Gobierno pensando en las personas, no en mi partido", afirma, reivindicando una política sin trincheras ideológicas, pragmática y abierta al diálogo.
Su proyecto para Lisboa apuesta por la sostenibilidad, la innovación tecnológica y la inclusión social. Ha impulsado medidas como el transporte público gratuito, las cooperativas de vivienda y acuerdos con supermercados para ofrecer aparcamiento nocturno a los vecinos. Su visión urbana parte de una paradoja: "Una ciudad es una disonancia entre lo macro del sueño y lo micro de la basura". Por eso defiende que la lucha contra el cambio climático solo será eficaz si los ciudadanos "sienten que también ahorran".
Moedas se declara profundamente europeísta, pero crítico con una UE que ha perdido ambición. Reivindica una agenda atlántica de ciencia y tecnología en la que España y Portugal deben desempeñar un papel clave. "La humildad es esencial", dice, "pero también lo es tener visión". Le preocupan los populismos, tanto de derechas como de izquierdas: "Me inquietan igual Le Pen y Mélenchon". Su estilo conciliador, alejado del ruido polarizador, busca construir consensos y resultados. "Siento que aún necesito cuatro años más para terminar el trabajo", concluye.
Moedas durante la conversación. Foto: Agenda Pública / Ana Brígida
¿Cómo puede ganar un alcalde de centroderecha en una ciudad que siempre ha votado socialista?
En mi vida política, porque yo hasta los 40 años nunca había estado en la política, mi posicionamiento ha sido un poco por encima de los partidos. Tengo, obviamente, un partido que es el principal partido de centro-centroderecha en Portugal, pero tengo muchos votantes que son de centroizquierda, porque al final la política ha cambiado mucho y los políticos no han cambiado con la política. La política tiene que ser hecha con las personas, pero que las personas se sientan parte de las decisiones. Cuando me presenté sabía que el Partido Socialista había perdido la conexión con las personas, que había una falta de gestión de la ambición de los lisboetas para la ciudad que querían tener y que la gente sentía que la ciudad estaba muy parada.
"Es necesario que la gente sienta que eres genuino. Mi misión es contra los extremos"
Siempre les he dicho a los lisboetas que yo tomaría las decisiones a partir de lo que yo pienso y no pensando en mi partido. En ocasiones, en la Asamblea Municipal, mi partido ha votado contra mí. Es necesario que la gente sienta que eres genuino. Recibo mucha caña de los dos lados, de un centroderecha más conservador y de un centroizquierda más ideológico. Y al final mi misión es un poco contra los extremos.
¿Cómo afronta el alcalde Lisboa los grandes retos de las ciudades?
Las ciudades hoy, efectivamente, son un poco el centro de todo. Los países han perdido fuerza y las ciudades están más fuertes. Por ejemplo, cuando Donald Trump quería salir del acuerdo del clima, si las ciudades americanas querían mantenerse, daba un poco igual que el país saliera del acuerdo. Las ciudades son el 2% del planeta en la geografía, pero son más de 50% de la población. Entonces, las ciudades son laboratorios de experiencia del mundo. Y hoy esos laboratorios son la máquina de producción del mundo, porque en las ciudades encuentras la innovación, la creatividad. Y la innovación, la creatividad son la máquina que produce los empleos; no es la industria antigua, no son los gobiernos, sino que es la capacidad que tienes de innovar. Una ciudad es siempre una disonancia cognitiva entre lo macro del sueño y lo micro de la basura. Como alcalde tienes que conseguir conectar estos dos disonantes cognitivos.
"Estoy totalmente en contra del tope de los alquileres privados porque atenta contra el derecho a la propiedad"
En los retos como el clima las ciudades pueden ser un ejemplo. Europa habla del clima como algo cuasigaláctico. Los gobiernos nacionales lo hacen de forma vaga. Cuando empecé como alcalde quería transportes públicos gratuitos. Quiero que la gente vea que la lucha contra el cambio climático puede ser, al mismo tiempo, dinero en su bolsillo y lucha contra el cambio climático. Hoy tenemos el doble de usuarios que antes. Eso quiere decir que el doble de gente ha dejado el coche. Y hoy he hecho algo muy interesante, con la cadena de supermercados Lidl. Por la noche nos dejan gestionar su
parking y, entre las ocho de la tarde y la mañana siguiente, se ofrecen plazas de aparcamiento gratis a los residentes. La lucha por la sostenibilidad tiene que ser gradual y que la gente sienta que es parte y que gana algo con esto.
En vivienda hemos hecho cooperativas, que era una idea casi comunista; damos el terreno y la gente construye. Yo no tengo problema con que sea una idea comunista si es una buena idea. Pero estoy totalmente en contra del tope de los alquileres privados porque atenta contra el primer principio de la democracia: el derecho a la propiedad. Tú no puedes exigir a los privados algo que tú no haces. Nosotros teníamos muchos pisos vacíos que estaban abandonados. Tenemos que actuar primero nosotros, no obligar a los privados.
"Tenemos que recibir a las personas con dignidad, pero no podemos aceptar una migración que considera que las mujeres son inferiores"
Hoy también tenemos retos como la inmigración, que es un tema europeo. Tenemos que recibir a las personas con dignidad y que haya también una aceptación de nuestros valores. Tú no puedes aceptar una migración que considera que las mujeres son inferiores.
¿Tienen las ciudades los instrumentos necesarios para resolver estos problemas?
No tenemos instrumentos en retos como la inmigración, la seguridad, porque es competencia del Gobierno nacional. Y Europa financia mucho más a los gobiernos que a las ciudades, aunque el Ayuntamiento de Lisboa ha invertido 560 millones en vivienda que provienen de la UE. Europa ganaría mucho más si se relacionara más con las ciudades que con los países. Un primer ministro no quiere un presidente de la Comisión Europea muy fuerte porque es su competencia, pero a un alcalde le encanta ir a ver al presidente de la Comisión Europea y que sea muy fuerte.
Marc López Plana atiende al alcalde lisboeta.
Usted ha sido comisario de la Unión Europea. ¿Cómo se hace el tránsito de ser comisario, que es quizá la cosa más alejada que tiene hoy un ciudadano, a ser alcalde?
Son dos formas de política muy diferentes. Soy el primer comisario que ha sido comisario y después alcalde. Ha habido alcaldes que han sido comisarios. Fui comisario de Ciencia y tenía una relación muy fuerte con las universidades, con los institutos de ciencia. Soy mejor alcalde por haber sido comisario, porque al final entiendo mejor los problemas de Europa. Tengo mis conexiones. Te doy dos ejemplos que han sido cruciales para Lisboa. Cuando llegué, sabía que Europa estaba escogiendo las ciudades que iban a ser Misión de Sostenibilidad para el 2030: se iba a seleccionar a cien ciudades para llegar a la neutralidad de carbono en 2030 en vez de 2050. Y lo hemos conseguido, porque al final conozco bien el sistema. También somos capital europea de la innovación con un proyecto increíble, Unicorn Factory Lisboa
o la fábrica de unicornios. Hoy tenemos quince empresas unicornio con oficinas en Lisboa, empresas que han creado mucho empleo. Estoy hablando de Cloudflare, que vale como de 70.000 millones y que tiene 1.000 personas en Lisboa, u otras empresas de esta dimensión.
"Soy mejor alcalde por haber sido comisario, porque al final entiendo mejor los problemas de Europa"
Yo traía un lenguaje que a lo mejor era un lenguaje aún muy de la Unión Europea, pero hoy la gente sabe que he añadido valor porque otro alcalde nunca hubiera pensado en el centro de innovación. He hecho muchas cosas en la vida, y hasta los 40 años nunca había trabajado en el público. He tenido la suerte de empezar más por los ámbitos nacional e internacional y traer ese conocimiento a lo local. Eso ha sido muy bueno.
¿Qué piensa ahora el excomisario de la Unión Europea? Las últimas elecciones europeas dejaron un panorama en el Parlamento Europeo complicado para mantener la tradicional alianza entre socialdemócratas y cristianodemócratas.
Tengo mucho miedo de los extremos y pienso que los extremos de izquierda y derecha son igualmente malos. Por no hablar de mi país, pero me preocupa tanto Le Pen como Mélenchon. El ejemplo típico es Francia, porque la extrema derecha tiene muchos más años y la extrema izquierda también. Me da mucho miedo que la gente piense que un extremo es mejor que el otro. Mélenchon está destruyendo las instituciones en Francia igual que Le Pen. Y esta idea del Partido Socialista que piensa que la extrema derecha, con Vox, es más peligrosa que la extrema izquierda me asusta. Los extremos son muy malos. No hablo de los votantes. Feijóo dijo el otro día que tenía todo el respeto por los votantes de los extremos. Yo no creo que en nuestros países, España y Portugal, haya tanta gente que crea que esa es la solución, pero están desesperados. La política les da igual, están cansados de los políticos y los políticos no dan las respuestas. Y esos extremos nos están contagiando, consumiendo.
Moedas fue comisario europeo antes de convertirse en alcalde. Foto: Agenda Pública / Ana Brígida
Hablando de extremos, Lisboa es la ciudad europea que más cerca está de Estados Unidos. Y, por lo tanto, tiene este vínculo atlántico. ¿Qué efectos puede tener para Europa la victoria de Donald Trump?
He vivido en Estados Unidos. Algo que los europeos muchas veces no entienden es que el espectro político americano es muy diferente del nuestro. El Partido Demócrata, que yo conocí en su tiempo, era un partido más a la derecha que nuestros partidos de centroderecha. El problema de Donald Trump es que no cree en las instituciones. Y eso para mí es un
no-go. Un político que quiere destruir las instituciones como él quiere, porque obviamente es lo que quiere, es muy peligroso. Lo que me preocupa es ver que en un país que tenía todos los
checks and balances, con instituciones muy fuertes, el presidente esté destruyendo las instituciones de la democracia más importante del mundo.
"El problema de Donald Trump es que no cree en las instituciones. Y eso para mí es un no-go"
Pero, como soy un pragmático, miro siempre si hay una oportunidad. La identifiqué con el proyecto de la capital de la innovación. Hay mucha gente en Estados Unidos que ya no se siente bien ahí. Tengo una capacidad de atraer talento increíble para una ciudad como Lisboa. Lisboa tiene una puerta de entrada de talento americano único y hemos trabajado ese talento. Eso es una oportunidad enorme. La oportunidad que Estados Unidos tuvo en la Segunda Guerra Mundial, porque no tenía muchos científicos antes. Me encanta contar la historia del Institute for Advanced Study, que ha sido la manera de ir a buscar a Einstein y que tenía una característica que era libertad científica. Tenemos una oportunidad hoy en nuestras ciudades y en Lisboa, obviamente, porque que es mi ciudad, de decir: "Venid, hacerlo aquí, tenéis libertad de hacer lo que queráis".
Mi historia como alcalde, estos primeros años, ha sido la de traer a muchas empresas americanas, muchos científicos y darles libertad de hacer. Los unicornios han creado 16.000 puestos de trabajo. Ellos, yo no, ellos. Por cierto, tenemos aquí Oscar Pierre, de Glovo, que tiene una gran operación en Lisboa.
¿Le falta el AVE a Lisboa?
Totalmente. He luchado mucho con Isabel Díaz-Ayuso porque esta conexión Lisboa-Madrid es esencial. No hay justificación para que hoy las dos capitales de dos países de la península Ibérica no tengan una conexión directa.
¿Y estamos cerca de conseguirlo?
Estamos cerca. Estamos cerca porque además nosotros ya tenemos una línea que es de mercancías hasta Badajoz y ahí ya tenemos la conexión. Entonces, tenemos que desarrollar esta línea y el Gobierno español está de acuerdo.
Estuvimos recientemente en Bilbao con el exlehendakari Urkullu y estuvimos hablando de la macrorregión atlántica.
España y Portugal, como dos países soberanos, tenemos mucho que ganar trabajando juntos. Portugal, con lo que llamamos la plataforma oceánica y cuando esté decidido, será responsable de una parte gigantesca del suelo marítimo atlántico. Y también España. Trabajé mucho como comisario a favor de esta relación atlántica, sobre todo en ciencia e innovación; sabiendo que hoy tú ya no vas a tener más antibióticos en tierra, tienes que ir al fondo del mar con las algas, con la fauna, con la flora del fondo de mar, y tienes oportunidades únicas. Esta conexión hoy es la conexión que al final le falta a Europa, porque Europa se quedó un poco cerrada sobre sí misma, con falta de ambición.
"Estamos explotando tierra cuando necesitamos esa tierra, en vez de estar explotando el fondo del mar. Tenemos problemas de agua y no estamos construyendo desaladoras"
Los países europeos tenían una ambición de paz, porque vivíamos en guerras constantes, sobre todo en Francia y Alemania. Los primeros setenta años han sido de una ambición que era la paz, que hoy también tiene sentido por otras razones. No había una ambición de Atlántico. España y Portugal pueden llevar a la Unión Europea una ambición de Atlántico que no hay en el centro de Europa. Y esta ambición de Atlántico tiene la ciencia, tiene la innovación. Como comisario firmé un acuerdo entre Sudáfrica, Brasil y Europa, y otro después con Irlanda y con Estados Unidos, y que tiene que ver con el hecho de que conocemos muy bien la superficie de la Luna y no conocemos la superficie del mar, el
deep sea. Estamos explotando tierra cuando necesitamos esa tierra, en vez de estar explotando el fondo del mar. Tenemos problemas de agua y no estamos construyendo las desaladoras necesarias. En Barcelona tienen un proyecto increíble, por cierto, pero deberíamos tener mucho más para poder utilizar el agua del mar. Portugal y España podemos ser líderes.
Moedas defiende la "ambición atlántica" de España y Portugal. Foto: Agenda Pública / Ana Brígida
¿Cómo se hace compatible ser una ciudad atractiva para terceros, para venir a invertir, para tener a los mejores profesionales, para que haya turismo, con el derecho a quedarse en las ciudades? No es fácil, y todas las grandes ciudades viven esa contradicción. Barcelona la está viviendo y Madrid también la está empezando a vivir con mucha intensidad.
Esa es la pregunta de
one million dollars. La ideología es una mala consejera. En Lisboa el 12% de la población vive en vivienda pública. Para jóvenes profesionales he desarrollado una propuesta: el Ayuntamiento pone un tercio de tu renta, de lo que ganas, para alquiler. Si tienes un amigo en Lisboa que está en dificultad, dile que venga a la alcaldía, porque nosotros pagamos la diferencia del tercio que debería pagar con lo que paga. Si alguien gana 1.000 euros y está pagando 500 de alquiler, el Ayuntamiento le ayuda con 200 euros y él paga 300. Y no tiene límite. Pero hay algo de lo que estoy seguro y es de que esto depende de más oferta privada, de más oferta pública, de ayudar a la gente a pagar el alquiler y de menos ideología. Porque eso de decir que vas a poner un techo a los alquileres es tan tonto, porque tú pones un techo al alquiler y el propietario le va a pedir el dinero por detrás y los alquileres aún subirán más.
¿Cómo se relaciona con las plataformas, es decir, Glovo, Uber o Lime?
En la ciudad de Lisboa había desregulación total de Airbnb y lo que ha pasado es que hay partes de la ciudad que están infestadas de tanto Airbnb. Hemos puesto un límite de 5% en la ciudad y, por cada cien pisos normales, puedes tener cinco de Airbnb. Además, en este momento, no estamos dando licencias porque ya hemos superado este límite. Y ahí, una vez más, es mi personalidad política. No puedo ir ahora a los derechos adquiridos de alguien y decir que ya no los tiene. En relación a Uber
—y creo que Barcelona lo ha intentado, pero la UE no lo ha permitido
— quería limitar las licencias. Tenemos que poner un límite, pero hay un problema europeo que no depende de mí.
"Hay partes de la ciudad que están infestadas de tanto Airbnb"
Hemos reducido a la mitad el número de licencias para patinetes y hemos fijado un límite de velocidad de veinte kilómetros por hora. Y al tener un GPS, no los puedes dejar donde quieres. Tienes sitios de aparcamiento y solo puedes dejarlos ahí. Si no, no consigues poner el
off. No soy de prohibir, soy de regular.
¿Cuál es su visión para Lisboa?
Siempre he visto la ciudad como el estado social de proteger a los más vulnerables, y ese es para mí el objetivo central de todo. Es tener un piso y, por eso, hemos invertido más que todas las capitales europeas con este programa europeo. Es tener sanidad. La gente de Lisboa no tenía médico de familia. El Ayuntamiento ha asumido un plan de salud para los mayores de 65 años. Hemos ido a buscar médicos ya retirados y creado clínicas pequeñas con un médico, un enfermero. El mejor efecto ha sido combatir la soledad de muchas personas. La parte social es lo más importante de una ciudad. He vivido en Estados Unidos. Hay mucha innovación, pero también mucha gente tirada en la calle. Después, tienes que tener cultura, innovación. He abierto siete teatros en Lisboa en tres años. Seis pequeñitos, que son teatros de barrio, y uno grande. La cultura genera el diálogo. La cultura es clave en una ciudad.
¿Por qué vuelve a presentarse como candidato? ¿Qué le motiva?
Estoy en mitad del trabajo. Siento que puedo dar más a la ciudad y que aún necesito cuatro años más. Siento, además, que los candidatos que existen en Lisboa son todos muy radicales y yo soy el candidato moderado. Pero lo hago muy humildemente. La humildad, en política, es esencial.
"Los candidatos en Lisboa son muy radicales y yo soy el candidato moderado. Pero lo hago humildemente. La humildad, en política, es esencial"
También lo hago por mis hijos, porque veo que la sociedad está muy polarizada. Es tan fácil ser extremista. Cuando estás en el medio tienes que tener una fuerza muy grande. Al final, la gran parte de la gente está en el medio. La gente quiere tener una vida buena, quiere que sus hijos tengan una vida buena, quiere tener un piso, etc. Y te digo una cosa: en España es peor que en Portugal por lo que veo.
López Plana y Moedas en el Ayuntamiento de la capital portuguesa. Foto: Agenda Pública / Ana Brígida
Es verdad, los portugueses parece que están más tranquilos.
España es un gran país, es un país de gente que hace. Eso tiene también una parte emocional muy fuerte. Portugal es menos mediterráneo y más atlántico. Los portugueses quieren moderación. Y la señal que han dado en estas elecciones ha sido: nos quedamos con este primer ministro, dejen al hombre trabajar y adelante, y después otros vendrán. A veces nosotros en Portugal necesitaríamos un poco más del pragmatismo español, porque los españoles son pragmáticos. Los portugueses son más soñadores y a lo mejor menos pragmáticos. Los españoles, a lo mejor, necesitáis un poco más de este clima de menos lucha y menos grito. Tengo a amigos como Ayuso y
Almeida, que me encantan, pero veo una fricción en España como nunca he visto.
"Tengo a amigos como Ayuso y Almeida, que me encantan, pero veo una fricción en España como nunca he visto"
En Portugal quizá los políticos que hemos tenido han tenido la capacidad de no estar tan apegados al poder. Tanto Costa, que se fue, como Luis Montenegro, en el momento que ha habido una duda, ha convocado elecciones. Hay una manera de ver la política que aquí es diferente. Pero somos dos grandes países y a veces vivimos de espaldas cuando deberíamos estar abrazados con mucha fuerza. He vivido en otros países y mi mujer es francesa, y veo que somos dos países con gran capacidad, pero que nunca hemos sabido vivir en conjunto. Ahora estamos mucho mejor que hace diez o veinte años. Por primera vez después de 500 años el alcalde de Madrid vino a mi toma de posesión. Y eso, para los lisboetas, ha sido como: "Madrid nos respeta, el alcalde está aquí". También espero que Ayuso venga en septiembre a darme un poco de apoyo, porque la vez que la traje a Lisboa, en la calle, era tan conocida como yo porque hay muchos españoles.
Gracias, alcalde.