Martes, 28 de julio de 2026
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La convergencia regional en España necesita crecimiento y resiliencia

La economista Eva Valle centra su atención en el desarrollo económico de las comunidades autónomas. Desvelando que "existen diferencias importantes en renta per cápita", aclara cuáles han sido las economías regionales que mejor han rendido en lo que va de siglo y termina reclamando una batería de reformas estructurales que promueva una "adaptación continua al entorno global y tecnológico".

Eva Valle Eva Valle 5 de febrero de 2026
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El distrito financiero de Madrid, conocido como 'las cuatro torres', visto desde la estación de Chamartín. | Alberto Gardin / Zuma Press / ContactoPhoto
El distrito financiero de Madrid, conocido como 'las cuatro torres', visto desde la estación de Chamartín. | Alberto Gardin / Zuma Press / ContactoPhoto
En un período de unos seis meses —desde el pasado diciembre— se celebran en España elecciones en cuatro comunidades autónomas tan diferentes como Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. En este contexto, transcurridos ya veinticinco años del siglo XXI, resulta de interés analizar si existen disparidades en renta per cápita entre las regiones españolas y cómo han evolucionado estas en el tiempo.

La persistencia de diferencias en la renta per cápita entre regiones de un mismo país, incluidas las economías más desarrolladas, es un asunto de creciente relevancia para la política económica, en un contexto de fuerte incertidumbre y de tensiones políticas y sociales al alza.

"Aunque la globalización ha generado notables mejoras en el bienestar, estos beneficios no se han distribuido de forma homogénea ni entre países ni entre sus regiones"
Aunque la globalización, impulsada por los avances tecnológicos y especialmente por la revolución digital, ha generado notables mejoras en el bienestar en los últimos años gracias al aumento de los intercambios y a la especialización internacional —ampliando así el tamaño del PIB mundial—, estos beneficios no se han distribuido de forma homogénea ni entre países ni entre sus regiones. Ello se debe, entre otros factores, a la diferente especialización sectorial de cada una de las regiones.

A pesar de los beneficios agregados indiscutibles, esta realidad plantea un serio desafío para los responsables políticos, que observan con preocupación cómo las disparidades pueden amenazar la estabilidad política e incluso pueden impulsar a determinados sectores a cuestionar los beneficios del proceso de globalización. Por ello, resulta esencial comprender el alcance y los factores que explican las diferencias —si estas existen— con el fin de diseñar políticas que contribuyan a reducirlas y que garanticen que todas las regiones puedan aprovechar el aumento del bienestar derivado de la intensificación de los intercambios globales y de la interconexión.

Veamos, pues, cómo ha evolucionado, en los últimos veinticinco años, la renta per cápita de España y de sus regiones y si se ha producido cierta convergencia entre ellas.

¿Ha convergido España con Europa o nos han adelantado los países del este?

Miremos en primer lugar a España como si esta fuera una "región" dentro de la Unión Europea. A primera vista, nuestra renta per cápita no ha convergido en los años transcurridos desde el año 2000 hasta la actualidad; de hecho, se encuentra hoy algo más lejos de la media que entonces. Sin embargo, si profundizamos en los datos, observamos que ello se debe fundamentalmente a la incorporación a la UE de los países del este de Europa y a su rápida convergencia.

Para tener una imagen más precisa, podemos, grosso modo, dividir la Unión Europea en tres grandes bloques: el centro, la periferia y el este. En el este, países como la República Checa, Hungría o Polonia, están creciendo mucho más rápido que el resto del continente y, por tanto, convergiendo rápidamente. En el centro, países como Francia o Alemania muestran, al menos desde 2015 y de forma muy clara tras la pandemia, tasas de crecimiento muy modestas y, en todo caso, inferiores a las de los países de la periferia de Europa (con la notable excepción de Italia), que hicieron reformas profundas en sus economías para superar la Gran Recesión.

"España, una vez superada la pandemia, está manteniendo o recuperando posiciones frente a los países del centro de la Unión Europea, tras haber registrado un comportamiento muy volátil"
Es el caso de España: una vez superada la pandemia, está manteniendo o recuperando posiciones frente a los países del centro de la Unión Europea, tras haber registrado un comportamiento muy volátil en la mayor parte del periodo analizado. Es decir, aunque en las épocas de expansión hemos reducido las diferencias, en las de crisis (la financiera y la pandemia) perdemos todo el terreno ganado. Visto en veinticinco años, nuestra convergencia con Alemania es muy pequeña, aunque es mayor frente a Francia e Italia; sin embargo, los países del este acortan distancia muy rápidamente. Por ello, frente a la Unión Europea hemos perdido cinco puntos en el periodo y, sin embargo, hemos ganado siete frente a la zona euro.

Radiografía de la desigualdad: ¿son las regiones españolas más dispares que las europeas?

En este contexto, veamos ahora qué ha sucedido dentro de España. ¿Hay diferencias notables entre regiones? En ese caso, ¿cómo han evolucionado en lo que va de siglo?

La primera conclusión, fruto de analizar la contabilidad regional de España, es que existen diferencias importantes en renta per cápita entre regiones españolas. Ahora bien, si comparamos esas diferencias con las que tienen entre sí las regiones de otros países avanzados, las nuestras son menores. Así, atendiendo al coeficiente de dispersión, los países nórdicos y los Países Bajos tienen menos disparidad regional que España; una disparidad similar a la nuestra la encontramos en Francia o Alemania; y mucha más en países como Italia, Polonia, Grecia o el Reino Unido y, fuera de Europa, en Estados Unidos, México o Brasil.

En España, solo siete comunidades autónomas tienen una renta per cápita superior a la media. Además, y como medida de dispersión, la renta per cápita de las tres comunidades autónomas que representan el 20% de la población con más renta en 2024 es un 79% superior a la de las tres comunidades autónomas que representan el 20% de la población con menos renta: 43.200 euros per cápita frente a 24.300.



La segunda conclusión, si miramos a la evolución temporal, es que las disparidades se han mantenido bastante estables en estos veinticinco años, aunque con una leve mejora si atendemos al coeficiente de dispersión; esto es consistente con que se hayan producido algunos cambios destacables en las posiciones relativas, sobre todo en la zona intermedia del ranking.

Así, por un lado, vemos que, en el año 2000, la renta de las tres comunidades autónomas que representaban el 20% de la población más rica en España era también un 79% superior a la de las tres que representaban el 20% de la población más pobre.

Si atendemos al coeficiente de dispersión (que permite medir la desigualdad territorial global, no solo en los extremos), vemos que este ha mejorado ligeramente en este cuarto de siglo, pasando del 0,21 al 0,19, por lo que se ha producido cierta convergencia interterritorial.

Ganadores y perdedores: el "efecto capital" de Madrid

Respecto a las posiciones relativas, se han producido cambios relevantes en las posiciones intermedias y tasas de variación muy dispares, como se observa en el gráfico.



Entre las comunidades autónomas más ricas están, ahora y hace dos décadas y media, Madrid y Navarra. Además, desde el año 2000, las comunidades autónomas que más posiciones han ganado han sido Galicia y Extremadura, aunque su renta per cápita se sitúa aún por debajo de la media nacional.

"En estos veinticinco años se constata que algunas regiones han logrado mejorar de forma sostenida su posición relativa, mientras que otras han experimentado retrocesos significativos"
Cabe señalar que, de entre las siete comunidades con una renta per cápita mayor que la media nacional ahora y en 2000 (las mismas siete), solo Madrid, Aragón y el País Vasco, en este orden, han seguido aumentándola a un ritmo superior al de la media nacional. Por lo tanto, bien han ganado posiciones (País Vasco y Aragón), bien han aumentado aún más su distancia (Madrid), convergiendo hacia la media de la zona euro. En el lado contrario, las regiones que más posiciones han perdido han sido Baleares y Canarias, junto con las dos ciudades autónomas.

En definitiva, en estos veinticinco años se constata que algunas regiones han logrado mejorar de forma sostenida su posición relativa, mientras que otras han experimentado retrocesos considerables, en un entorno de leve reducción de la dispersión de la renta per cápita interregional. Si buscamos razones para las diferencias existentes, para la muy leve mejoría de la dispersión y para los cambios relativos observados, atendiendo a las regiones que los protagonizan, podemos aventurar algunas de ellas: efectos de aglomeración, diferencias en la concentración espacial del capital humano, la inversión y la tecnología, especialización sectorial y productiva, capacidad para hacer frente a las crisis, resiliencia ante las crisis o capacidad de adaptación al cambio tecnológico. Es decir, no parece que las conclusiones obtenidas respondan a un problema meramente redistributivo, sino más bien estructural y dinámico.

¿Qué dos recetas económicas son necesarias para evitar la fractura territorial?

Este diagnóstico obliga a diseñar la política económica, tanto a nivel nacional como regional, apoyándose en dos herramientas complementarias. La primera se orienta a reforzar la capacidad de crecimiento y la resiliencia de las regiones: políticas procrecimiento que mantengan mercados abiertos y flexibles, incentiven la diversificación y la inversión productiva, tecnológica y en I+D, aceleren la formación y recualificación de los trabajadores, y faciliten la movilidad geográfica y funcional. En la práctica, esto requiere marcos que eliminen barreras de entrada y barreras a la competencia, reduzcan los costes regulatorios y burocráticos, impulsen las infraestructuras y la conectividad digital, y fomenten clústeres y redes de adopción y transferencia tecnológica. Este conjunto de medidas es coherente con la evidencia de que las diferencias se explican por la estructura y la aglomeración, y con la idea de que la convergencia exige una adaptación continua al entorno global y tecnológico, especialmente en un momento como el actual.

"Son necesarias transferencias e instrumentos de cohesión que amortigüen los costes de ajuste y permitan sostener la inversión social (educación, salud, vivienda)"
La segunda herramienta es de carácter redistributivo. Son necesarias transferencias e instrumentos de cohesión que amortigüen los costes de ajuste y permitan sostener la inversión social (educación, salud, vivienda) mientras maduran las reformas de tipo estructural. Su finalidad es garantizar la igualdad de oportunidades y evitar que los shocks desarticulen el tejido económico y social en regiones más vulnerables, especialmente en momentos de transición. En términos prácticos, esta palanca debe coordinarse con la primera para que el resultado neto sea convergencia real de todas las regiones españolas hacia las rentas de los países más avanzados.

En consecuencia, la reducción de la dispersión y la convergencia con Europa exige combinar políticas que eleven el potencial de crecimiento y la resiliencia regional con mecanismos redistributivos orientados a facilitar la adaptación y no a perpetuar divergencias.
 
Eva Valle
Eva Valle
Exdirectora de la Oficina Económica del presidente del Gobierno
Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad de Zaragoza, es técnico comercial y economista del Estado. Ha sido directora ejecutiva y alterna por España en el Banco Mundial, miembro del Directorio del Fondo Monetario Internacional y ha desempeñado responsabilidades en el Banco de España, el Tesoro Público, la Secretaría de Estado de Energía o la Comisión Nacional de Mercados y Competencia.
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