Domingo, 16 de agosto de 2026
DEMOCRACIA

Sáhara Occidental: la victoria de Marruecos puede ser una trampa para Mohamed VI

Aunque la UE y Marruecos han acordado esta semana en Bruselas seguir el plan de autonomía, la profesora de Ciencia Política en la Universidad de Granada, Raquel Ojeda, advierte de que esta victoria diplomática puede convertirse en una trampa para Rabat. Su análisis señala la complejidad de implementar una autonomía creíble sin una democratización del régimen y alerta de que el proceso podría reactivar otras tensiones territoriales latentes, como la del Rif, poniendo en riesgo la propia estabilidad de Mohamed VI.

Raquel Ojeda-García Raquel Ojeda-García 31 de enero de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al primer ministro marroquí, Aziz  Akhannouch, en la última reunión de alto nivel (RAN) entre ambos países. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al primer ministro marroquí, Aziz Akhannouch, en la última reunión de alto nivel (RAN) entre ambos países. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El 31 de octubre de 2025 marcó un nuevo punto de inflexión en el conflicto del Sáhara Occidental. Ese día, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 2797, en la que se afirma que "una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí podría ser la solución más factible" para resolver el conflicto. Es una formulación condicional, pero se basa en el plan de autonomía propuesto unilateralmente por Marruecos en 2007.

¿Qué implica el fin del referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui?

Este cambio se produce gracias al apoyo total de EE. UU. a Marruecos. Washington presionó para que se cambiara la redacción de la resolución en este sentido, además de comprometerse con la renovación de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO). No obstante, esta debía centrar sus funciones en ese proceso de negociación y no en la supervisión de la organización de un referéndum, como fue su origen. EE. UU. ya había roto la baraja (vulnerando el derecho de descolonización basado en el principio de autodeterminación) en noviembre de 2020, al final de la primera Administración Trump, cuando reconoció directamente la soberanía de Marruecos sobre el territorio del Sáhara Occidental a cambio de la "normalización" de las relaciones con Israel y la firma de los Acuerdos de Abraham. Frente a la idea de la "victoria" marroquí sobre las reivindicaciones saharauis, surgen dudas sobre cómo construir un territorio autónomo en un contexto no democrático y con un proceso de descentralización política prácticamente inexistente.

"Hay quienes afirman que se ha puesto fin al proceso de autodeterminación del territorio no autónomo del Sáhara Occidental y que, implícitamente, se está reconociendo la soberanía de Marruecos sobre dicho territorio"
El giro fue respaldado por once Estados, entre ellos Francia —que, aunque históricamente ha mantenido una posición favorable a Marruecos, con su apoyo al plan de autonomía en 2007 con Sarkozy en la presidencia, no lo hizo de forma más contundente y expresa hasta 2024—, Reino Unido, Sierra Leona y Japón. Rusia, China y Pakistán se abstuvieron, mientras que Argelia no participó en la votación. Este resultado abre un debate sobre el significado real de la resolución y sus consecuencias políticas y jurídicas. Por un lado, están quienes afirman que se ha puesto fin al proceso de autodeterminación del territorio no autónomo del Sáhara Occidental y que, implícitamente, se está reconociendo la soberanía de Marruecos sobre dicho territorio. Esto significa el quebrantamiento del derecho internacional y es una muestra evidente de los intereses económicos sobre el territorio por su situación geográfica y sus recursos naturales. Es una vía abierta para mantener políticas coloniales, al anexionarse Marruecos un territorio con el beneplácito internacional y legitimar prácticas extractivistas.


Por otro lado, están quienes (como el propio enviado especial del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura) rebajan el grado de alarmismo ante este cambio. Recuerdan que, si bien se ha introducido el plan de autonomía como mecanismo de resolución del conflicto e instan a las partes a negociar en este sentido, esto no supone un reconocimiento formal de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental ni se ha eliminado a este territorio de la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización de la ONU. Ni siquiera se ha dejado de renovar la MINURSO.

El escenario que se le ha abierto al Frente Polisario no es fácil, pese a las recientes sentencias del Tribunal de Justicia de la UE (2024) que anulan los acuerdos de cooperación económica con Marruecos. Tampoco lo es para Marruecos, que ha construido una narrativa de clara victoria basada en una diplomacia persistente y eficaz, pero que ahora debe desarrollar el plan de autonomía para que pueda convertirse en una alternativa creíble y factible.

¿Es viable una autonomía saharaui real sin democracia?

No es la primera vez que se aborda el tema del escaso desarrollo y detalle de este plan de autonomía, que suscita más dudas que objetivos concretos para el diseño de un espacio autónomo en el Estado marroquí. Paradójicamente, el desarrollo de una propuesta más cerrada del plan —a la que está obligada Marruecos— choca con dos elementos que deberían haber contribuido a su puesta en marcha. Uno es la "regionalización avanzada", propuesta en 2010 por Mohamed VI y utilizada como herramienta renovadora y modernizadora tras las revueltas árabes de 2011, hasta ser desarrollada legalmente en 2015. El otro es la democratización del régimen marroquí y la profundización del Estado de derecho. Estas dos asignaturas pendientes (la de una descentralización no solo administrativa sino política, y la de contar con un marco institucional y político democrático) imposibilitan que el plan de autonomía sea un marco realista, creíble y factible.

"La integridad territorial de Marruecos no está solo tensionada por la cuestión del Sáhara Occidental, sino que históricamente ha tenido otros focos de reivindicación"
Las regiones avanzadas marroquíes que cubren lo que Marruecos denomina "provincias del sur" no coinciden geográficamente con el territorio del Sáhara Occidental reconocido por la ONU. Por tanto, habría que hacer una nueva división administrativa (de las regiones y de las provincias marroquíes) coherente con las delimitaciones fronterizas del Sáhara Occidental. Esto repercutiría, además, en la propia vertebración y organización de los partidos políticos en el territorio y en la celebración de elecciones con nuevas circunscripciones. El grado de reconocimiento de competencias de carácter político propuesto por el plan, así como el fin del ejercicio de la tutela sobre la futura asamblea autónoma, la financiación propia y la gestión independiente de los recursos humanos de esa nueva autonomía, van mucho más lejos que el actual modelo de regionalización avanzado. Pero para que esto funcione —para una mejora en la gestión y, sobre todo, para el reconocimiento de un hecho diferencial y el otorgamiento de un amplio grado de descentralización—, el régimen tiene que ser democrático.

El riesgo interno de la autonomía y la independencia del Rif

La integridad territorial de Marruecos no está solo tensionada por la cuestión del Sáhara Occidental, sino que históricamente ha tenido otros focos de reivindicación, especialmente en el norte, de carácter territorial, lingüístico e histórico, como es el caso del Rif. Estos deben ser tenidos en cuenta para iniciar procesos de negociación de otro tipo de descentralización que reconozca, al igual que con las provincias del sur, su autonomía o, incluso, su independencia.

"El plan de autonomía para el Sáhara Occidental aparece menos como una solución inmediata al conflicto que como un desafío estructural para el propio Estado marroquí"
La mayor descentralización y democratización, mecanismos absolutamente necesarios para poner en marcha un plan de autonomía y palanca de arranque actual para la resolución del conflicto territorial, pueden generar consecuencias inesperadas. Un territorio autónomo podría cuestionar el propio régimen marroquí, fracturar la integridad territorial e incluso la identidad nacional. De igual modo, supondría una clara disminución de la capacidad de control del
makhzen sobre todo el territorio y sus redes clientelares.

En este contexto, el plan de autonomía para el Sáhara Occidental aparece menos como una solución inmediata al conflicto que como un desafío estructural para el propio Estado marroquí. Sin una descentralización política efectiva y una democratización real, la autonomía difícilmente podrá convertirse en la vía "realista, creíble y factible" que proclama la resolución 2797.
Raquel Ojeda-García
Raquel Ojeda-García
Profesora titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada (UGR)
Actualmente es profesora del departamento de Ciencia Política y Administración en la UGR y doctora por la misma universidad en Ciencias Políticas y Sociología. Ha sido investigadora invitada en universidades canadienses, europeas y marroquíes y en 'think tanks' como CIDOB, Real Instituto Elcano o Fundación Alternativas.
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