Domingo, 16 de agosto de 2026
GEOESTRATEGIA

El dosier marroquí: la prueba geopolítica de España ante Trump

Alberto Bueno, experto en geoestrategia y profesor de Ciencia Política en la Universidad de Granada, analiza cómo el acercamiento entre Marruecos y Estados Unidos, especialmente bajo la Administración Trump, representa un desafío estratégico para España. Bueno, con una sólida trayectoria en estudios de seguridad internacional, destaca las implicaciones de este giro diplomático en la política exterior española y en la estabilidad regional.

Alberto Bueno Alberto Bueno 4 de junio de 2025
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Reunión entre Albares y su homólogo de Cooperación africana y marroquíes en el extranjero, Nasser Bourita. | Alberto Ortega / Europa Press / ContactoPhoto
Reunión entre Albares y su homólogo de Cooperación africana y marroquíes en el extranjero, Nasser Bourita. | Alberto Ortega / Europa Press / ContactoPhoto
Las relaciones entre España y Marruecos son sin lugar a dudas las más delicadas del mapa diplomático español. Se trata de un vínculo marcado por la interdependencia comercial, cultural y política, pero también por la desconfianza y el riesgo estructural. En este contexto ya de por sí complejo, la Administración Trump ha introducido una nueva capa de incertidumbre. Si bien las relaciones entre Madrid y Washington han atravesado tensiones en el pasado, lo que se está configurando actualmente va más allá de un simple malentendido coyuntural: se trata de un deterioro estructural, agravado por una combinación de desacuerdos estratégicos, divergencias ideológicas y una pérdida de confianza transatlántica. Por tanto, la política de la Casa Blanca puede afectar, más que nunca, la posición de España en la región. 

El desafío para España es mayúsculo. Su relación con Marruecos puede verse decisivamente mediada por unos EE. UU. que privilegian sus vínculos con Rabat, capital que hace un destacado trabajo de lobby en Washington. Mientras la relación España-EE.UU. pasa por un momento grave. Los desacuerdos se extienden a múltiples frentes: por supuesto, la cuestión del compromiso y gasto en defensa; el acercamiento estratégico de España a China —incluyendo una postura más equidistante en el Indo-Pacífico y la negativa a participar en ejercicios navales en el Estrecho de Taiwán—, que muestra la falta de cohesión en el lado transatlántico y europeo; la política arancelaria de Trump, que afecta directamente a sectores exportadores españoles; a nivel interno, el Gobierno español ha utilizado su oposición a Trump como herramienta de diferenciación ideológica, lo que ha añadido un componente personalista.

"Marruecos aspira a convertirse en potencia regional y a ocupar el vacío dejado por el progresivo repliegue occidental"
Todo ello en un contexto global en el que las relaciones transatlánticas están profundamente erosionadas. El aviso de una retirada de escenarios europeos y del Mediterráneo es claro, y la región del Sahel y el Magreb —cuestión esta de la que se debate menos, sorprendentemente— no está entre las prioridades de seguridad de Washington. En este tablero, Marruecos aspira a convertirse en potencia regional y a ocupar el vacío dejado por el progresivo repliegue occidental. Este impulso, que podría beneficiar la estabilidad regional, plantea sin embargo serios riesgos desde la perspectiva española.


Señal inequívoca del valor estratégico que Estados Unidos otorga a Marruecos fue la decisión durante la Administración Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Ahora, desde think tanks en el entorno MAGA sitúan la designación del Frente Polisario como organización terrorista el próximo paso político a dar. Además, la promesa de apertura de un consulado estadounidense en Dajla y la participación en ejercicios militares conjuntos en territorio saharaui marcan el camino. Lo relevante es que, por su parte, la decisión no consensuada del Gobierno español de respaldar el (desconocido) "plan marroquí" para el Sáhara respalda tácitamente la decisión de Trump durante su primer mandato. 

"La decisión no consensuada del Gobierno español de respaldar el (desconocido) plan marroquí para el Sáhara respalda tácitamente la decisión de Trump"
España se quedó sin baza que jugar a cambio de estabilidad, sí, pero sin haber recuperado la aduana en Ceuta y Melilla, intactas las posiciones territoriales revisionistas sobre estas ciudades, los peñones o incluso aguas próximas al archipiélago canario, y con el recuerdo de la acción híbrida de mayo de 2021 —la armamentización de migrantes como forma de presión— presente. Esto sitúa a España en una posición incómoda. Y, por supuesto, hay más asuntos delicados: la carrera armamentística Argelia-Marruecos, el narcotráfico, la energía o la competencia comercial en áreas como la agricultura.


El ya delicado dosier marroquí se vuelve aún más difícil de gestionar cuando la potencia garante del orden atlántico puede no estar completamente del lado español, como sí ocurrió en el pasado. El estrecho de Gibraltar es analizado por la
Federal Maritime Commission como un "punto de estrangulamiento" global crítico para las cadenas de suministros estadounidenses, por lo que la zona es vital a sus intereses. Si la política exterior es, en buena medida, la gestión de las ambigüedades, esta situación reduce el margen español para maniobrar en un escenario de máxima prioridad donde necesita preservar simultáneamente la estabilidad en sus aguas y la soberanía en sus costas.

Además, la política exterior española hacia Marruecos transmite señales contradictorias. Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores insiste en el magnífico estado de las relaciones con Marruecos, Defensa piensa en torno a "amenazas no compartidas" y advierte de los riesgos de desestabilización desde el sur. Esta falta de coherencia interna debilita la posición española tanto en Bruselas como en Washington, y dificulta articular una estrategia clara para el Flanco Sur.


"Nuevas crisis migratorias o marítimas no pueden descartarse, sobre todo si Rabat percibe una ventana de oportunidad sin coste estratégico"
El planeamiento español debería considerar escenarios donde, sin un contrapeso estadounidense, Marruecos se sintiese más libre para lanzar acciones unilaterales, como lo fue la ocupación del islote de Perejil en 2002. Aquella crisis, subestimada por una parte de la elite española todavía hoy, rompió sin embargo el statu quo mediante una acción militar. Nuevas crisis migratorias o marítimas no pueden descartarse, sobre todo si Rabat percibe una ventana de oportunidad sin coste estratégico; de hecho, los precedentes mencionados son muy cercanos.


También en la lógica transaccional y de suma cero del trumpismo, la base naval de Rota se convierte en un símbolo particularmente sensible. Para España, representa una muestra tangible de la cooperación con Estados Unidos, además de un activo estratégico esencial también para la Armada. También es fetiche del antiamericanismo español. Así, en dicha lógica, esa base podría convertirse en moneda de cambio: ¿un posible traslado a Marruecos? Aunque improbable a corto plazo, solo su mención alimenta la percepción de inestabilidad y puede utilizarse como herramienta de presión en negociaciones bilaterales. En política interna española, sería una bandera muy potente que agitar. Es decir, políticamente hay fuertes incentivos para usar este o casos parecidos para jugar con posturas radicales.


Por último, la dimensión israelí no debe olvidarse.
Marruecos ha consolidado una estrechísima relación con Israel —y con Estados Unidos a través de ese eje—, mientras que en el caso español están rotas. Este triángulo introduce otro vector de presión diplomática en una geometría cada vez más desfavorable para los intereses españoles.

"La estabilidad de la relación con Marruecos ya no depende exclusivamente de la gestión bilateral: está sujeta a una geometría inestable de alianzas y percepciones que España difícilmente puede moldear a su favor"
Por tanto, el escenario actual plantea una paradoja estratégica para España. Tiene intereses vitales en juego en el Magreb y el Sahel, pero carece del capital político y militar necesario para hacer valer sus posiciones frente a potencias más asertivas. En un contexto de desalineación transatlántica, reequilibrio de poder global y ambiciones regionales desatadas, la estabilidad de la relación con Marruecos ya no depende exclusivamente de la gestión bilateral: está sujeta a una geometría inestable de alianzas y percepciones que España difícilmente puede moldear a su favor. En estas circunstancias, cada movimiento cuenta. Y cada omisión, también.


Sin embargo, también existen oportunidades. La política de Trump de aumentar la producción de petróleo y gas podría reducir los precios de la energía, beneficiando a España, que importa una gran parte de su energía. Además, España podría aprovechar la oportunidad para fortalecer sus relaciones bilaterales con EE.UU. en áreas de interés mutuo, como la seguridad y la cooperación en inteligencia.
Alberto Bueno
Alberto Bueno
Profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración en la UGR
Es profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y miembro del Spanish Research Group on Defence, Armed Forces, and Society (RODAS). También es profesor adjunto en la Universidad de Leipzig (Alemania) y 'non-resident fellow' del UTSYN - Centre for Security and Total Defence (Noruega).
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