La actitud política del presidente Sánchez ante el presidente Trump parece responder a intereses y convencimientos nacionales y europeos y a cálculos políticos, pero tiene costes ocultos. Porque no es solo Trump, sino que este es el vértice de un triángulo en el que los otros dos son Israel y Marruecos.
"Si se confirman los augurios demoscópicos para las elecciones de este próximo domingo en Alemania Sánchez se quedará como el gran referente de la izquierda socialista en la Unión Europea y más allá"
Si se confirman los augurios demoscópicos para las elecciones de este próximo domingo en Alemania, con una socialdemocracia debilitada en un país en crisis, Sánchez se quedará como el gran referente de la izquierda socialista en la Unión Europea y más allá. Lo que, con sus duras críticas a Trump, a las que se suman cada vez más dirigentes europeos, le traerá réditos políticos en la propia UE que siempre necesita un referente europeísta de esa ala. De cara al interior, también. Más aún cuando el PP se ha quedado en una situación delicada: necesita a Vox si aspira a gobernar el país, pero Vox se ha alineado totalmente con Trump, lo que no resulta decoroso para los populares.
Sánchez sabe que no tuvo ni podrá tener buena química con Trump, y que desde Washington se le ve como un político que gobierna con comunistas. Pero el presidente del Gobierno español tiene buen cuidado en no tocar la colaboración militar con los EE. UU., para las que las bases en España son, al menos aún, esenciales.
También ha entendido bien que la defensa de los intereses comerciales españoles —hay muchos en juego en materia arancelaria— se hace en Bruselas, donde la Comisión tiene competencia exclusiva. Es decir, que se requiere una respuesta europea. También frente al intento de Trump de dejar a la UE en la mesa de los niños ante las negociaciones de un acuerdo entre Rusia y Ucrania para poner fin a esta guerra, aunque corresponderá en una parte importante a los europeos la eventual gestión de la posible paz. El Gobierno ha estado dividido entre PSOE y Sumar, al menos superficialmente, ante esta guerra, aunque menos ante la paz, que el presidente parece haber comprendido que está al alcance: "Damos la bienvenida a las conversaciones con Rusia, pero no deben acabar con un nuevo cierre en falso". Cautela, pero no rechazo. Tras el encuentro en París entre los líderes de los principales países de la UE, sin ningún "infiltrado" de Moscú, calificó de "prematuro" hablar del posible despliegue de tropas europea en Ucrania, debate que ha generado una mala imagen de división en la UE.
"Israel, también le plantea problemas a España tras la guerra de Gaza y las represiones en Cisjordania"
Hay otros dos elementos que cuentan. Por una parte, la española es una de las economías que más gas y petróleo importa de Rusia, a pesar de las sanciones. Además, es el país de la OTAN a la cola en gasto relativo en defensa, un 1,28% del PIB, pese a un notable aumento. España espera llegar al 2% en cinco años, e impulsar su propia industria de defensa. Esta se está reestructurando seriamente. Un aumento repentino de los gastos españoles llevaría a tener que comprar más a otros aliados, en particular a EE. UU. Es lo que pretende Trump.
El gasto no lo es todo. Un estudio de Rand, el principal
think tank en defensa de EE. UU. ha examinado otros aspectos, como las contribuciones a operaciones militares colectivas, los apoyos logísticos (bases), la preparación y equipamiento de las fuerzas armadas. Llegó a la conclusión de que, tomando estos elementos en cuenta, España se sitúa en una mucho mejor posición. Los sistemas antimisiles Patriot desplegados desde hace una década en Turquía son un ejemplo.
Hay que contar también lo que España ha perdido con las sanciones a Rusia. Según un cálculo de las Naciones Unidas, hasta 10.000 millones de dólares desde 2018.
El segundo vértice, Israel, también le plantea problemas a España tras la guerra de Gaza y las represiones en Cisjordania, desde el cruento ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. La sociedad israelí ha cambiado profundamente en los últimos lustros, y el resultado es Netanyahu. Ante esta derechización de Israel, sumado al reconocimiento de Palestina como Estado por parte de España, esta ha perdido capacidad de interlocución en la zona. Compárese con 1991, cuando, con un Gobierno socialista, la Conferencia de Paz en Oriente Próximo se celebró en Madrid.
"Marruecos se ha convertido en socio destacado de Washington y en pieza esencial para Oriente Medio"
El tercer vértice es Marruecos, cuestión siempre delicada para España. El país norafricano se ha convertido en socio destacado de Washington y en pieza esencial para Oriente Medio. Fue el país que impulsó durante la primera Administración Trump los llamados Acuerdos Abraham, de reconocimiento de Israel por parte de varios países árabes. Los cuales Arabia Saudí estuvo a punto de suscribir, aunque lo frustró, intencionadamente, el ataque de Hamás. Fue Trump el que marcó un giro apoyando las aspiraciones marroquíes sobre el Sahara Occidental, estela que se vieron obligados a seguir a otros países, España incluida. Todo ello cuando las incertidumbres sobre una posible sucesión en Marruecos preocupan en Madrid, pese a la buena relación entre las respectivas familias reales.
Marruecos ha aumentado en importancia estratégica para EE. UU. ¿En detrimento de España? Veremos. El puzle es complicado. Y el caso del primer ministro canadiense Justin Trudeau, que durante la campaña criticó duramente a Trump, y que tras la victoria de este se vio obligado a renunciar a ser candidato, es digno de estudio desde Madrid. Trump y los trumpistas lo registran todo. Son vengativos. No olvidan. No perdonan.
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.