Lunes, 17 de agosto de 2026
GEOPOLÍTICA

Irán y Hezbolá, los grandes perdedores en Venezuela

El nuevo escenario político en Venezuela ha dejado a debilitados a socios estratégicos del chavismo como Irán y Hezbolá, que han tejido, junto a Caracas, una "extensa red vinculada al crimen transnacional". Esta pérdida de influencia es descrita por el analista geopolítico Jorge Opalinski como "un golpe que deja al régimen chavista aislado de uno de sus principales aliados extrarregionales".

Jorge Opalinski Rimer Jorge Opalinski Rimer 20 de enero de 2026
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El expresidente de Irán, Ebrahim Raisi, visitó Venezuela acompañado por el entonces presidente Nicolás Maduro. | Presidencia de Irán / Zuma Press / ContactoPhoto
El expresidente de Irán, Ebrahim Raisi, visitó Venezuela acompañado por el entonces presidente Nicolás Maduro. | Presidencia de Irán / Zuma Press / ContactoPhoto
Tras la extracción de Nicolás Maduro por parte de los Estados Unidos el pasado 3 de enero, se ha iniciado un reequilibrio de poder sin precedentes en la geopolítica internacional. El éxito táctico de Washington y la apertura de un escenario estratégico favorable en el hemisferio occidental suponen una pérdida significativa de influencia para actores extrahemisféricos, particularmente para la República Islámica de Irán en las Américas.

Trasfondo y lógica estratégica Caracas-Teherán

Las elecciones presidenciales celebradas en Venezuela en 1998 dieron la victoria a Hugo Chávez, marcando el inicio de una profunda transformación tanto de la política interna como de la política exterior del país. Más allá de la tradicional variable energética, vinculada a la dependencia del petróleo —cuyo principal mercado siguió siendo Estados Unidos hasta 2013—, Caracas adoptó una estrategia de soft-balancing (equilibrio suave) frente a Washington.

Este concepto hace referencia a acciones coordinadas por parte de un Estado o de una coalición de Estados destinadas a obstaculizar los objetivos de una potencia competidora mediante medios no militares, como el enredo diplomático, la creación de contrapesos regionales o la cooperación estratégica selectiva. En el caso venezolano, el soft-balancing estuvo fuertemente condicionado por el giro ideológico introducido por la llamada Revolución Bolivariana, que asumió un marcado discurso antiimperialista dirigido principalmente contra Estados Unidos. Este enfoque llevó a Caracas a buscar socios extrarregionales que compartieran dicha animadversión, entre ellos la República Islámica de Irán.

"Durante la presidencia de Nicolás Maduro, las relaciones entre Caracas y Teherán se articularon en torno a la necesidad compartida de sortear las sanciones impuestas por Occidente"
Durante la presidencia de Nicolás Maduro —caracterizada por el deterioro institucional, la erosión de las normas democráticas y reiteradas vulneraciones de derechos humanos—, las relaciones entre Caracas y Teherán se articularon en torno a la necesidad compartida de sortear el peso de las sanciones económicas impuestas por Occidente, especialmente por Estados Unidos. Ambos regímenes, percibidos como actores desestabilizadores del sistema internacional y responsables de graves prácticas represivas contra sus respectivas poblaciones, desarrollaron mecanismos paralelos de cooperación económica, logística y de seguridad.


Como resultado, Venezuela e Irán tejieron una extensa red vinculada al crimen transnacional, facilitando incluso la operatividad de organizaciones yihadistas como Hezbolá en el continente americano. Estos vínculos constituyen hoy uno de los ejes centrales de la querella por narcoterrorismo presentada contra el depuesto dictador Nicolás Maduro —vigente desde 2020— ante la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York.

La trama de Mahan Air y los clanes vinculados a Hezbolá

Entre los casos más relevantes que exponen los vínculos de seguridad y coordinación entre la Venezuela chavista y la República Islámica de Irán destaca el de la aerolínea comercial iraní Mahan Air en las Américas. En 2021, uno de sus aviones Boeing 747 fue retenido en el aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires.

La aeronave habría sido transferida ese mismo año a la empresa EMTRASUR, para ser operada por la aerolínea estatal venezolana CONVIASA. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha mantenido durante años sanciones contra Mahan Air, asignándole además como facilitadora de operaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC), por sus siglas en inglés).

"El esquema operativo de Mahan Air habría facilitado durante décadas el traslado de individuos vinculados a Hezbolá a lo largo de América Latina"
El esquema operativo de Mahan Air habría facilitado durante décadas el traslado de individuos vinculados a Hezbolá a lo largo de América Latina. Para sus operaciones fuera de Oriente Próximo, la organización yihadista se apoyó en su Organización de Seguridad Externa (ESO), también conocida como Unidad 910, cuyas actividades fueron ampliamente documentadas por el fallecido fiscal argentino Alberto Nisman.


Paralelamente, Hezbolá desarrolló extensas redes de cooperación con cárteles del narcotráfico en Colombia. A través de la operación conjunta entre Estados Unidos y Colombia conocida como Operación Titán (2008-2014), se revelaron los vínculos con el cartel "La Oficina" de Medellín. Estas conexiones se vieron reforzadas por el comercio transfronterizo y el movimiento de capitales a través de la porosa frontera colombo-venezolana, encabezados por los hermanos Saleh y Kassem Mohamed, quienes huyeron a Venezuela en 2012 tras ser señalados por la OFAC como financiadores del terrorismo. Posteriormente, ambos se establecieron en Maracaibo junto a otros clanes libaneses prominentes, estrechamente vinculados a la burocracia venezolana. Entre ellos destaca el clan Nassereddine, liderado por Ghazi y su hermano mayor Abdalah, originarios del Líbano, quienes se asentaron en la isla de Margarita, al este de Venezuela (véase imagen).
 

Ubicación de los clanes familiares con vínculos con Hezbolá en Venezuela. En rojo, clanes Nassereddine en Margarita; Saleh en Maracaibo y Rada en Valencia; en amarillo, clanes colombianos.


La relevancia del clan Nassereddine radica especialmente en el papel desempeñado por Ghazi Nassereddine en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela. Desde su puesto en la embajada venezolana en Damasco, facilitó reuniones entre altos cargos del régimen chavista —como el entonces ministro del Interior y vicepresidente Tarek El Aissami y el exjefe de contrainteligencia militar Hugo Carvajal— y representantes de Hezbolá.

El acierto estratégico de Washington

Al asestar un golpe que deja al régimen chavista aislado de uno de sus principales aliados extrarregionales, Teherán, Washington logra cortar, en primera instancia, la capacidad de la República Islámica de proyectar poder en las Américas. Esta proyección constituía una amenaza directa para la seguridad hemisférica de Estados Unidos, que pasa ahora a ocupar un lugar central en su estrategia de seguridad nacional y en el diseño de su política exterior.
Jorge Opalinski Rimer
Jorge Opalinski Rimer
Doctorando en Universidad Pontificia de Comillas y analista geopolítico
Analista geopolítico especializado en conflictos armados, tensiones étnicas, contraterrorismo y cooperación en seguridad internacional. Cuenta con experiencia de análisis en medios de comunicación y actualmente está doctorándose en la Universidad Pontificia de Comillas.
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