Miércoles, 29 de julio de 2026
RELACIONES INTERNACIONALES

Diplomacia sin ansiedad: por qué el rey viajó a Pekín

El viaje de Felipe VI a China ocurrió en un contexto en el que "Europa depende económicamente de China y estratégicamente de Estados Unidos". Según Gabriel Reyes Leguen y Bernardo Navazo, de Geopolitical Insights, España busca "margen de maniobra" sin romper con Estados Unidos, combinando "cooperación con respeto al derecho internacional y a los compromisos europeos". Estar en la mesa es clave: "quedarse fuera garantiza perder".

Gabriel Reyes LeguenBernardo Navazo
Gabriel Reyes Leguen, Bernardo Navazo 18 de noviembre de 2025
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Encuentro de Felipe VI con el presidente Xi Jinping en Pekín. | Casa Real
Encuentro de Felipe VI con el presidente Xi Jinping en Pekín. | Casa Real
El viaje de Felipe VI a China se ha cerrado con un resultado previsible en los titulares y menos evidente en sus implicaciones. Más allá del ruido —acusaciones al Gobierno de oportunismo político, sospechas de alineamiento con Pekín, advertencias sobre la reacción de Washington— la visita deja algo más profundo: Europa ha perdido certezas automáticas, China se ha vuelto inevitable en la ecuación global y Estados Unidos se aleja de su papel de garante incuestionado. España, situada entre esos dos vectores, no tiene el lujo de decidir solo sobre principios sin asumir costes estratégicos.

"En la próxima década se juega la posición europea en sectores críticos y China es un actor imprescindible y desafiante que con el que se debe negociar el acceso a estos sectores sin generar dependencias"
Ese debate no es abstracto. Afecta a empleo, industria y capacidad de decisión. En la próxima década se juega la posición europea en sectores críticos y China es un actor imprescindible —aunque desafiante— en esa transformación. Europa necesita acceso industrial y tecnológico sin generar nuevas dependencias. De ahí el objetivo de reducir riesgos: cooperación cuando conviene, protección cuando toca y reglas firmes para evitar vulnerabilidades. El acceso sigue siendo importante, pero bajo condiciones claras como lo son el valor añadido en Europa, la reciprocidad en contratación pública y unas garantías de seguridad. Europa puede abrir la puerta a inversión china, sí, pero debe hacerlo con cerradura propia.

Europa, entre Estados Unidos y China

Porque China no es un espacio opcional. Ahí se decide una parte esencial de las cadenas de valor globales —baterías, renovables, vehículos eléctricos, minerales críticos— y se fijan estándares industriales que condicionarán la competitividad en los próximos diez años. No es teoría: China es ya el principal socio comercial de España fuera de la UE, y la inversión china en Europa creció un 47% en 2024, hasta los 10.000 millones de euros. Esa centralidad obliga a reconocer algo incómodo: Europa depende económicamente de China y estratégicamente de Estados Unidos. Cooperar con Pekín es inevitable, pero hacerlo sin equilibrio sería tan imprudente como confiar indefinidamente en un paraguas estadounidense que ya no es automático.

"Estados Unidos sigue siendo un aliado esencial, si bien la relación ha dejado de funcionar por inercia, no hay una ruptura, pero sí un desplazamiento histórico"
Por eso el objetivo no es sustituir una dependencia por otra, sino evitar quedar atrapados entre ambas. Estados Unidos sigue siendo un aliado esencial, si bien la relación ha dejado de funcionar por inercia. Washington prioriza Asia, refuerza su política industrial y trata la seguridad como un espacio crecientemente transaccional. No hay ruptura abrupta (esperemos), pero sí un desplazamiento histórico y una gestión activa del Atlántico. Europa responde porque la alternativa —quedarse quieta— ya ha demostrado sus costes. El equilibrio es incómodo, pero es la forma en que el continente intenta no quedar expuesto en un mundo más inestable.


Ese esfuerzo requiere capacidades, no discursos. Europa avanza —aún de forma insuficiente— con herramientas como el Fondo Europeo de Defensa, el filtrado y selección de inversiones, la Ley de Chips, IRIS² o la nueva herramienta anticoerción. Y avanza también a través de proyectos tangibles: la inversión de 4.100 millones de CATL y Stellantis para una fábrica de baterías en Zaragoza muestra que cooperación y autonomía no son incompatibles cuando las reglas son claras. No es autosuficiencia; es ganar tiempo mientras Europa refuerza industria, energía y tecnología. Para un país como España —potencia media, expuesta y dependiente del mercado único— ese tiempo importa.

China plantea riesgos industriales, tecnológicos, de seguridad y geopolíticos que nadie debería minimizar. La UE endurece controles de subsidios, limita adquisiciones sensibles, protege la I+D estratégica y refuerza instrumentos contra la coerción económica. En mayo de 2025 amplió el marco de supervisión para cubrir IA, telecomunicaciones y datos. Pero el entramado sigue siendo desigual. Europa no solo necesita blindarse: debe aprender a usar el mercado como poder, y hacerlo mientras gestiona una incomodidad real. Cooperar con China implica tratar con un régimen cuyo modelo político está lejos del europeo. El dilema está ahí: no se trata de admirar ni legitimar a Pekín, sino de defender valores sin renunciar a capacidad de decisión.

La visita de Felipe VI a China

España se mueve en ese marco. Y lo hace con continuidad institucional. La última visita de Estado de Xi a España, en 2018, se preparó bajo un Ejecutivo del Partido Popular y culminó bajo el siguiente; señal de que Madrid ha mantenido una línea estable de interlocución con Pekín más allá de ciclos políticos. Y no es una rareza española: Alemania y Francia han hecho lo mismo en los últimos años. Hablar con China no es una excentricidad nacional, sino parte de la normalidad diplomática europea.

"En Pekín, Felipe VI subrayó la importancia de combinar cooperación con respeto al derecho internacional y a los compromisos europeos"
El viaje del rey se inscribe en este contexto: diálogo sin concesiones, apertura regulada y defensa de los intereses europeos. En Pekín, Felipe VI subrayó la importancia de combinar cooperación con respeto al derecho internacional y a los compromisos europeos. No fue retórica protocolaria: fue una forma de marcar límites mientras se mantiene abierto el canal político. La ausencia, en cambio, no protege nada; solo deja la silla libre a otros.


En este marco, la Corona aporta continuidad institucional y credibilidad. No sustituye al Gobierno ni busca protagonismo, sencillamente acompaña donde corresponde, representando al Estado más allá de ciclos partidistas. Esa estabilidad —tan discutida dentro y tan valorada fuera— es un activo estratégico. No convierte a la monarquía en actor geopolítico autónomo, pero sí evita que la política exterior fluctúe al ritmo del calendario interno.

España no busca refugio en China ni ruptura con Estados Unidos. Busca margen de maniobra, porque no puede permitirse un juego de bloques: depende del mercado europeo, de tecnología global y de acceso abierto a mercados. Ni la lealtad atlántica exige silencio, ni la interlocución con China implica inclinación. España no va a diseñar el orden internacional, pero sí puede evitar que otros lo definan completamente en su nombre.

Felipe VI viajó porque eso hacen los países que no delegan su futuro. En un mundo que avanza hacia mayor competencia y menos certezas, la política exterior no consiste en elegir trincheras, sino en preservar espacio para decidir. Estar, escuchar y negociar no es debilidad: es preparación para un entorno más duro.

El viaje del rey no fue gesto ni concesión. Fue un recordatorio de una regla básica: sentarse en la mesa no garantiza ganar; quedarse fuera garantiza perder.
Gabriel Reyes Leguen
Gabriel Reyes Leguen
Director adjunto de Geopolitical Insights, investigador asociado en el CIDOB y profesor en el IE School of Politics, Economics and Global Affairs
Analista geopolítico con una amplia trayectoria en estrategia internacional. Ha trabajado para el Gobierno de España y Naciones Unidas. En la actualidad es director adjunto de Geopolitical Insights y profesor en el IE School of Politics, Economics and Global Affairs.
Bernardo Navazo
Bernardo Navazo
Director de Geopolitical Insights
Analista de riesgo geopolítico y director de Geopolitical Insights. Fue asesor en Presidencia del Gobierno de España (2018-2020) en tecnología y geopolítica.
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