Miércoles, 5 de agosto de 2026
INVESTIGACIÓN SOCIAL

¿Prejuicios rentistas? 3.200 conversaciones de WhatsApp revelan la discriminación en el acceso al alquiler para minorías chinas

Investigadores españoles revelan cómo el origen y la afinidad cultural influyen en las oportunidades de acceder a una vivienda. Aunque la discriminación detectada hacia la población china "es moderada", los autores advierten que supone más que una simple molestia: una desigualdad que se acumula y alarga el proceso de búsqueda para quienes la padecen.

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Trabajador de origen chino en un restaurante en Madrid. | Unsplash / Jose A. Gallego Vázquez
Trabajador de origen chino en un restaurante en Madrid. | Unsplash / Jose A. Gallego Vázquez
El móvil vibra. Dos mensajes de WhatsApp llegan al mismo propietario con pocos minutos de diferencia. Mismo interés, misma situación laboral, misma edad, distintos nombres: "Antonio García" y "Wei Chen". ¿Quién de los dos verá el piso? En un estudio recientemente publicado en la revista académica Social Forces, hemos analizado las respuestas a 3.200 mensajes de WhatsApp enviados a propietarios de pisos en Madrid, para entender mejor la magnitud y los mecanismos implicados en la discriminación en el acceso al alquiler para la población de origen chino.

"Las ciencias sociales han documentado la discriminación en los mercados del alquiler para algunas de las minorías étnicas más numerosas, pero no para la china"
Las ciencias sociales han documentado la discriminación en los mercados del alquiler para algunas de las minorías étnicas más numerosas en las principales ciudades de los países occidentales. Sin embargo, sabemos muy poco sobre las minorías con menos
peso demográfico. Este es el caso de la minoría china: una de las comunidades menos estudiadas, a pesar de ser una de las que más rápido crece en Europa y, particularmente, en España, donde se calcula que ya residen aproximadamente un cuarto de millón de inmigrantes nacidos en China.

Por qué ahora: oferta y demanda se conocen en WhatsApp

Hoy en día, en ciudades como Madrid, el mercado del alquiler es fundamentalmente digital y está dominado por propietarios particulares (más del 90% de los alquileres). Propietarios y buscadores de vivienda se encuentran primero en grandes portales en línea; después, el primer contacto suele ser vía WhatsApp.

En este primer mensaje, el arrendador puede ver la foto del potencial inquilino, su nombre y una breve descripción de su estado en el perfil de la aplicación. Suficiente para condicionar un juicio instantáneo sobre la idoneidad del candidato, y también una oportunidad única para los investigadores interesados en comprender cómo funciona la discriminación.

Qué hizo el estudio (sin tecnicismos)

Entre enero y abril de 2021, enviamos 1.600 parejas de mensajes de WhatsApp casi idénticos a otros tantos propietarios particulares que anunciaban sus pisos en el portal Idealista dentro del área metropolitana de Madrid. En cada pareja de mensajes incluimos un solicitante con nombre nativo español ("Antonio García") y otro de origen chino, cuyo perfil variamos introduciendo dos tipos de señales:
  • Señales de asimilación cultural. La mitad de las veces, el solicitante de origen chino usaba un nombre completamente chino ("Wei Chen") y una línea de estado en caracteres chinos ("不到黄河心不死"); la otra mitad, usaba un nombre de pila español seguido del mismo apellido chino ("Manuel Chen") y un estado que mezclaba caracteres chinos con la palabra "Madrid" en alfabeto latino ("去Madrid吧!"). Partimos de la suposición de que la mayoría de propietarios interpretaría estas dos últimas señales como indicio de integración cultural, probablemente como pertenecientes a un joven nacido y criados en Madrid de progenitores chinos.
 
  • Señales de calidad del inquilino. Además, en la mitad de los mensajes, nuestros buscadores de vivienda aportaban otras dos señales simultáneas: 1) indicaban, bien tener un contrato indefinido, bien su disposición a aportar aval bancario; y 2) aclaraban que ellos serían los únicos inquilinos del piso. Con estas dos señales simultáneas pretendíamos comprobar hasta qué punto la discriminación que encontrásemos podría explicarse por las dudas de los propietarios sobre la capacidad financiera de potenciales inquilinos de origen chino. 

Nuestros candidatos tienen cara

El uso de WhatsApp nos permitió, además, incorporar fotografías de los solicitantes, algo inédito —hasta donde sabemos— en la literatura sobre discriminación en el mercado del alquiler. Utilizamos, para ello, dos fotografías generadas por inteligencia artificial (IA), una para el candidato de origen español y otra para el de origen chino (la misma foto, independientemente de su nivel de integración cultural). Estas fotos fueron cuidadosamente validadas para asegurarnos de que fuesen comparables en otras dimensiones —a saber, atractivo físico, edad, simpatía, competencia y confianza— que podrían también influir en las respuestas de los propietarios (véase Figura 1).
 

Resultados: el origen y la asimilación pesan más que el fenotipo en el primer contacto

De nuestro estudio emergen tres resultados principales. El primero es que los solicitantes con nombre completamente chino tuvieron alrededor de un 11% menos de probabilidad de recibir una respuesta positiva que los solicitantes nativos en esta primera fase de búsqueda de vivienda (véase Figura 2).



Segundo, las señales de integración cultural redujeron la discriminación drásticamente. Cuando el solicitante con fenotipo chino usaba un nombre de pila español y un estado con alfabeto mixto (chino y latino), la penalización observada cayó alrededor de un 66%.

Tercero, añadir información sobre la estabilidad financiera de los candidatos no redujo la discriminación contra los solicitantes de origen chino (véase Figura 3). Este hallazgo sugiere la existencia de una discriminación basada en preferencias y sesgos implícitos (llamada discriminación por gustos en la literatura) mucho más que una discriminación por falta de información sobre el candidato (llamada discriminación estadística). 

Dos buenas noticias 

La discriminación en el acceso al alquiler estimada en este estudio es baja. Investigaciones precedentes han hallado una discriminación de magnitud muy superior para otras minorías, especialmente para buscadores de vivienda con nombres árabes en Europa (incluida España) y para solicitantes afroamericanos en Estados Unidos. La magnitud de esas discriminaciones llega a cuadriplicar la discriminación detectada en nuestro estudio para la minoría china.
 
La segunda buena noticia es que la discriminación observada se debe principalmente a la distancia cultural (real o percibida por los caseros) y no a la apariencia racial. Esto, a su vez, sugiere que la vía de integración socioeconómica —al menos en lo referido al acceso al alquiler— no está bloqueada entre generaciones para la minoría china. En términos prácticos, el uso de nombres españoles parece aumentar de forma significativa la probabilidad de acceder al mercado de alquiler para españoles de origen chino.

"Si tienes un 11% menos de probabilidad de obtener una respuesta positiva tras un primer contacto, tu búsqueda de piso se alarga y es más costosa en horas invertidas y salud"
Con todo, una tasa de discriminación del 11% supone más que una pequeña molestia para quien la sufre. Si tienes un
11% menos de probabilidad de obtener una respuesta positiva tras un primer contacto, tu búsqueda de piso se alarga; esto se traducen en mayores costes (más horas perdidas, más tiempo en desplazamientos, más estrés) y mayor riesgo de conformarte con un piso por debajo de tus posibilidades. Estas pequeñas fricciones acumuladas pueden acabar determinando en qué barrio vives, a qué colegio llevas a tus hijos, cuánto tardas en llegar al trabajo, qué servicios sociales están a mano, etc. Con el tiempo, la suma de pequeñas exclusiones en miles de casos desemboca en oportunidades vitales desiguales, mientras la ciudad se va silenciosamente segregando.
 
Además, hay que tener en cuenta que probablemente solo observemos la punta del iceberg. Este experimento se ha centrado solo en la primera fase del proceso de acceso a la vivienda (fase de contacto). En etapas posteriores —visitas, revisión de documentación, negociación del contrato— pueden intervenir otros juicios subjetivos que generen comportamiento discriminatorio y que, desgraciadamente, no podemos observar fácilmente. Esto implica que nuestras estimaciones probablemente sean estimaciones a la baja del trato desigual real. 

Nuestra sociedad ya es culturalmente diversa, pese a quien le pese. Ahora nos interesa a todos que sea además meritocrática (para no desperdiciar recursos) e inclusiva (para reducir el riesgo de fractura social). Reducir la discriminación es una cuestión de interés general.

Financiación. Esta investigación ha contado con financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN/AEI/10.13039/501100011033/), en el marco del proyecto "Nuevas Fronteras en la Investigación sobre Discriminación Étnico-Racial en el Empleo" (PID2020-119558GB-I00); y del European Research Council (ERC), como parte del proyecto SEGUE, ERC Starting Grant (101039455).
Javier G. Polavieja
Javier G. Polavieja
Doctor en Sociología por la Universidad de Oxford, Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Director del Laboratorio sobre la Discriminación y la Desigualdad
El laboratorio sobre la Discriminación y la Desigualdad, "D-Lab", fue recientemente incorporado al Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. Entre 2016 y 2018, fue Investigador Principal del experimento GEMM en España y de su experimento auxiliar, el experimento CAT-H.
Javier San Millán
Javier San Millán
Investigador en la Universidad TU Delft
Investigador en la Universidad Técnica de Delft (Países Bajos). Sus investigaciones analizan cómo la desigualdad económica se traduce en el espacio urbano en forma de segregación residencial entre la población de más y menos recursos, utilizando generalmente microdatos administrativos.
Toni Gamundí
Toni Gamundí
Investigador en el D-Lab del CSIC
Es politólogo y sociólogo. Investigador social en el Discrimination & Inequality Lab (D-Lab) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su trabajo combina ciencia social computacional y métodos experimentales para estudiar el discurso de odio en línea, la discriminación etnico-racial en los mercados de trabajo y vivienda, y las actitudes hacia la inmigración y el Estado del Bienestar.
Participación