Martes, 28 de julio de 2026
GEOPOLÍTICA EUROPEA

Hacia una mala paz en Ucrania

Con la guerra estancada, Ucrania pierde iniciativa militar frente a Rusia y encara el riesgo de una paz impuesta por Trump. Para Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat, catedrático emérito de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, el futuro del país dependerá del difícil equilibrio entre la presión de EE. UU., las exigencias rusas y su capacidad de disuasión. ¿Se reunirán Putin y Zelenski el jueves en Turquía?

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Vladimir Putin propuso una reunión con Volodímir Zelenski en Turquía para avanzar las conversaciones de paz. | Sofya Sandurskaya / Zuma Press / ContactoPhoto
Vladimir Putin propuso una reunión con Volodímir Zelenski en Turquía para avanzar las conversaciones de paz. | Sofya Sandurskaya / Zuma Press / ContactoPhoto
A estas alturas, tras algo más de tres años de guerra, parece claro que Ucrania ha perdido la iniciativa militar, está a la defensiva y le resulta cada vez más oneroso mantener un durísimo esfuerzo bélico de desgaste interminable. Es cada vez mayor la asimetría militar entre Rusia y Ucrania desde el punto de vista cuantitativo, de ahí que ante el deseo del presidente de EE. UU., Donald Trump, de terminar este conflicto cuanto antes (sin importar el precio para Ucrania), al ser de lejos el primer proveedor de armas al país agredido el escenario de una guerra prolongada se esté reduciendo. La economía de guerra rusa permite mantener a Vladímir Putin el esfuerzo bélico sin grandes dificultades mientras que, en cambio, Ucrania ya no está en condiciones de prolongarlo sine die.

"Puesto que Ucrania no va a poder revertir el curso militar de la guerra ni recuperar el 20% del territorio ocupado, cuanto más se prolongue la guerra peor para sus intereses"
No deja de ser sorprendente que algunos califiquen a Ucrania de "belicista" porque no hace más que defenderse de una agresión imperialista y es crucial que, al menos, conserve el 80% del país libre de la ocupación rusa. Desde la presidencia de Trump ya no cuadra afirmar que el apoyo occidental a Ucrania es una guerra proxy (por delegación) toda vez que aquel ha abandonado tal eventual estrategia de acoso a Rusia. Puesto que, a efectos prácticos, Ucrania no va a poder revertir el curso militar de la guerra ni recuperar el 20% del territorio ocupado, cuanto más se prolongue la guerra peor para sus intereses, ya que Rusia no cesa de avanzar, aunque sea despacio y con graves pérdidas humanas y materiales que puede asumir.

No tiene ni futuro ni posibilidades para Ucrania mantener una guerra indefinida que ya ha provocado un terrible coste humano (250.000 muertos y 800.000 heridos entre los dos contendientes y en proporciones muy similares) y una destrucción de infraestructuras y viviendas enorme (un billón de dólares), según The Wall Street Journal.

Trump ha dejado ya algunas cosas claras:
 
  1. Ucrania no formará parte de la OTAN.

  2. EE. UU. en ningún caso enviarán tropas a Ucrania.

  3. Ucrania no podrá recuperar el 20% del territorio ocupado por Rusia —lo cual no le supone al presidente estadounidense el menor problema—.

  4. Los principales esfuerzos para la reconstrucción deberán recaer en la Unión Europea (UE), siendo muy improbable que se recurra a los 300.000 millones de dólares de activos rusos congelados en Europa.

Trump sabe que Rusia no tiene ni intención ni posibilidades de atacar frontalmente a los países de la OTAN —cuestión aparte son las guerras híbridas de tipo cibernético—, tanto es así que es probable que reduzca la presencia de tropas de EE. UU. en la UE, puesto que su principal interés ahora es el escenario asiático y la confrontación con China. Tras el bochornoso y humillante varapalo a Volodímir Zelenski en la encerrona en la Casa Blanca de Trump y J.D. Vance, está claro que el presidente ucraniano no tenía más alternativa que plegarse. Ahora bien, Trump ha hecho grandes concesiones a Rusia, pero Vladímir Putin de momento no ha hecho ninguna mínimamente apreciable, a la vez que aquel afirma que Ucrania ya puede darse por satisfecha si consigue salvar como Estado independiente al 80% del territorio. Por tanto, Trump apoya la continuidad del Estado ucraniano, pero asume que amputado. 

El magnate americano creía que sería fácil acabar con esta guerra (alardeó al afirmar que la concluiría en veinticuatro horas), pero ha tropezado con un Putin correoso que hace ver que está abierto a la negociación, pero no da pasos reales. Por tanto, las prisas de Trump fueron un inesperado regalo para Putin y las ofertas de aquel de permitir la vuelta de Rusia a todos los foros internacionales y a levantar progresivamente las sanciones ha reforzado la convicción rusa de que se pueden arrancar todavía más concesiones, lo que demuestra la errónea estrategia negociadora de EE. UU. Todo el equipo de Trump en este ámbito ha resultado muy negativo: Pete Hegseth, el secretario de Defensa, dejó claro antes de empezar a conversar con Rusia que Ucrania no podrá ingresar en la OTAN; Tulsi Gabbard, jefa de la inteligencia, admira a Putin y prácticamente ha afirmado que la OTAN dio una señal errónea a Zelenski y Keith Kellog, enviado especial, fue notoriamente incompetente como mediador, de ahí que la única excepción ha sido el secretario de Estado Marco Rubio, un republicano clásico. 

"Resulta chocante el diferente rasero de Trump al criticar a un aliado y alabar a un rival"
EE. UU., con Trump de regreso en Washington, se negaron a condenar la invasión rusa en la ONU, con lo que dejaban de ser un aliado de Ucrania para convertirse en el mejor de los casos en mero país intermediario. Resulta chocante el diferente rasero de Trump al criticar a un aliado (acusó a Zelenski de "dictador", término que jamás le ha aplicado a Putin, y de querer provocar la tercera guerra mundial) y alabar a un rival (en 2016 consideró que Putin había hecho "un trabajo increíble" —tras ocupar Crimea— y negó que Rusia hubiera interferido en las elecciones de EE. UU. en 2016). 

Afirmar que Zelenski es un dictador (Trump) o un nazi (Putin) es el mundo al revés. Trump fue un golpista en 2021 y Putin lleva veinticinco años en el poder con elecciones completamente fraudulentas. Solo ahora, al ver que Putin no cesa de bombardear, Trump ha rectificado parcialmente, sobre todo tras el acuerdo de los recursos minerales que puede contribuir a reforzar la seguridad de Ucrania. 

Una vez más se constata la debilidad estructural de la UE que no está en condiciones de poder suplir a EE. UU. en lo militar, entre otros factores porque sigue siendo una suma un tanto incoherente de veintisiete Estados nacionales que le dificultan ser un actor geopolítico internacional con capacidad de liderazgo y mediación fuertes. La Cumbre de París, auspiciada por el presidente Emmanuel Macron, apenas tuvo efectos y, por lo demás, ni Francia ni el Reino Unido —las dos principales potencias militares europeas— tienen tropas suficientes para, en su caso, interponerse en Ucrania. Más bien, sorprende un tanto que la UE no haya elaborado su propio plan de negociación, dado que tiene capacidades no menores de presión económica.

"Para hacer imposible este proyecto neoimperial de Putin la principal garantía que tiene Ucrania es la de su ejército"
El acuerdo entre EE. UU. y Ucrania sobre la explotación de minerales y tierras raras ha sido menos gravoso que el plan inicial de Trump, sobre todo porque será de administración conjunta, no representará una devolución de la ayuda militar recibida hasta ahora y deja claro que la titularidad de tales recursos es ucraniana. Este acuerdo puede operar como relativo elemento de garantía, porque EE. UU. no querrán ver en peligro este negocio si las hostilidades se reiniciaran tras un eventual armisticio.

Sigue sin quedar claro cómo habría que garantizar un alto el fuego definitivo en el frente y aquí la UE podría intentar presionar más a EE. UU. para que estos sean más exigentes al respecto, toda vez que en esto Ucrania se juega su supervivencia. Si estas garantías no son muy sólidas la tentación rusa de reiniciar la guerra tras un armisticio temporal sería alta, pues, el proyecto putinista de ocupar toda Ucrania o al menos arrebatar Odesa y dejar lo que quede de ese país como Estado fallido y sin salida al mar no está archivado.

Para hacer imposible este proyecto neoimperial de Putin, la principal garantía que tiene Ucrania es la de su ejército —en estos momentos el mejor de Europa— que deberá reforzarse para ser totalmente disuasorio, a la vez que deberá seguir recibiendo armamento occidental. Por tanto, tras un eventual armisticio, Ucrania debe mantener un ejército muy poderoso y los países occidentales deben anunciar que en caso de nueva agresión rusa su apoyo militar a Ucrania se reduplicaría, pues, solo eso podría disuadir a Putin de reiniciar la guerra dado su altísimo coste.

Los objetivos últimos de Ucrania y Rusia no han cambiado, pero no podrán conseguirse al 100%: ni Ucrania cederá formalmente los territorios ocupados en todo o en parte (Crimea, Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia) ni Rusia se retirará de los mismos, de ahí que la línea del frente se convertirá en la frontera fáctica del país partido, al modo de las dos Coreas. Una cosa son las intenciones últimas de Putin (lo que le gustaría) y otra sus capacidades (limitadas): ni ha podido ocupar toda Ucrania, ni derribar a Zelenski y encima ha tenido que asumir el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, un mal desenlace para Rusia. De momento, mantiene sus exigencias maximalistas:
 
  1. Ucrania debe ceder el 100% de las provincias (oblasti) anexadas a Rusia.

  2. Ucrania debe desmilitarizarse.

  3. Ucrania en ningún caso se aceptará la presencia de tropas de interposición de países de la OTAN (está por ver si sería posible el despliegue de cascos azules o de tropas de países neutrales).

  4. Ucrania deberá "desnazificarse", es decir, sustituir a un gobierno nacionalista y soberanista por otro plegado a los intereses rusos.

Pues bien, salvo el punto 3, los otros son innegociables e inviables y es probable que Putin sea consciente de ello. Ucrania no cederá las partes que controla de esas provincias, no se desarmará (desaparecería si lo hiciera) —aunque no ingresará en la OTAN— y elegirá a los gobernantes que libre y democráticamente decida tras la guerra. Aunque Ucrania no podrá recuperar los territorios ocupados, es altamente improbable que pueda aceptar una cesión formal a Rusia, tal vez con la posible excepción de Crimea, tal como ha insinuado Trump.

"No es un buen precedente tener que asumir paz por territorios ocupados por la fuerza, pero no es la primera vez ni será la última"
Los altos al fuego temporales de Putin son una mera ficción propagandística e inútiles para acercar posiciones —salvo para intercambiar prisioneros—, de ahí que la clave sea abrir negociaciones para el cese definitivo y permanente de las operaciones militares y cuanto más tarde en llegarse a un acuerdo así será peor para Ucrania, pues, el tiempo no trabaja a su favor.

Ahora Putin ofrece iniciar negociaciones bilaterales con Ucrania en Turquía, en teoría sin condiciones previas, pero en cuanto Zelenski le ha dicho que antes habría que alcanzar un alto al fuego temporal real, el presidente ruso le ha indicado que eso solo sería posible a posteriori. Todo ello prueba que Rusia, de momento, no parece tener verdaderas intenciones de parar su ofensiva militar, de ahí que Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer y Donald Tusk hayan reafirmado en Kiev su firme compromiso con Ucrania y amenazado a Rusia con sanciones masivas. Con todo, se trata de una vía ya ensayada que ha obtenido escasos resultados disuasorios.

Con casi toda seguridad las bases de un posible acuerdo de paz las van a acabar de establecer Trump y Putin y es posible que un entendimiento sobre la retirada parcial de tropas de EE. UU. en países fronterizos con Rusia y sobre misiles de largo alcance pueda ayudar a consolidar a la Ucrania libre (la del 80%). Es muy difícil que Ucrania pueda impedir tal desenlace —y ni digamos la UE— que no es muy favorable para sus intereses últimos, pero que le permitirá sobrevivir como Estado soberano. No es un buen precedente tener que asumir paz por territorios ocupados por la fuerza, pero no es la primera vez ni será la última en el escenario internacional, en el que a menudo se rompen las normas y esto será así porque Trump no quiere prolongar indefinidamente el esfuerzo bélico y porque la UE es absolutamente incapaz de sustituir a EE. UU. al respecto. La Ucrania libre será neutral, pero a largo plazo ingresará en la UE y Putin no parece oponerse a ello, tan irrelevante le parece el poder militar europeo.
Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat
Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat
Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona
Participación