En el contexto de
la escalada en Oriente Próximo, la UE ha comprometido su credibilidad moral y política al no adoptar una posición coherente y decidida en relación a su capacidad para contener la escalada militar, proteger los derechos humanos y abrir canales de diálogo con todos los actores implicados. A su vez, está en juego su peso geopolítico y su habilidad para articular una red de aliados que vaya más allá de Occidente y que incluya a países como los del Consejo General del Golfo (GCC), que garantice tanto la entrega de ayuda humanitaria como el respaldo político necesario para mediar de manera eficaz y prosperar en la construcción de la paz.
Bruselas no puede limitarse a gestionar flujos migratorios o enviar paquetes de ayuda. Ahora más que nunca, debe demostrar que puede coordinar esfuerzos con Riad, Abu Dabi y Doha, y con el resto de los países del GCC, así como con Jordania, Egipto, Líbano, Siria y Turquía para
levantar un frente unido capaz de frenar la deriva expansionista del Gobierno de extrema derecha israelí, así como las ambiciones regionales y nucleares de Irán. Sentar las bases de una paz duradera que incluya un Estado Palestino viable y reconocido, en el marco de la
solución de dos estados, es esencial para la seguridad de Europa, así como para la estabilidad y la prosperidad de Oriente Próximo.
"Sentar las bases de una paz duradera que incluya un Estado Palestino viable y reconocido es esencial para la seguridad de Europa, así como para la estabilidad y la prosperidad de Oriente Próximo"
En línea con las
Political Guidelines 2024–2029 de la presidenta Ursula von der Leyen, la Comisión trabaja en una "Estrategia más amplia y completa para Oriente Medio" que incluye un programa plurianual de asistencia a la Autoridad Palestina (AP) por valor de 5.000 millones de euros, el refuerzo del Instrumento Europeo de Vecindad y la inclusión de cláusulas de derechos humanos en futuros acuerdos de libre comercio. Esta orientación es esencial, ya que
traduce los principios políticos en compromisos financieros y legales concretos, asegurando que la ayuda vaya acompañada de salvaguardas de derechos humanos, los cuales deben cumplirse sin fisuras.
A esto se debe
añadir la presión fiscal a la que está sometida la Autoridad Palestina, ya que Israel confisca parte de su recaudación tributaria. En los últimos meses, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, decidió retener noventa millones de dólares adicionales de los ingresos fiscales palestinos y transferirlos a familias israelíes supuestamente afectadas por ataques terroristas palestinos, según informó el medio israelí TV7 Israel News y confirmó el propio ministro a través de su cuenta de X. Esta medida complica seriamente el funcionamiento de la AP impidiendo el pago regular a sus funcionarios y dificultando su propia viabilidad institucional.
División interna en Bruselas
La urgencia de cohesión y liderazgo quedó en entredicho en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada el 15 de julio en Bruselas. La alta representante (AR), Kaja Kallas, admitió que, pese a "señales positivas" (más convoyes de ayuda humanitaria y la reapertura de puntos logísticos en Gaza), "claramente no es suficiente, porque la situación sigue siendo insostenible" y recordó que las sanciones contra Israel "siguen sobre la mesa" si no hay mejoras tangibles. Pero la falta de consenso entre los Veintisiete impidió activar las cláusulas de suspensión del Acuerdo UE-Israel por violaciones de derechos humanos, posibilidad recogida en el artículo 2 del mismo.
"El inmovilismo erosiona la autoridad moral de la Unión y confirma la urgencia de superar sus divisiones internas y definir una estrategia unificada"
La AR anunció un acuerdo con el Gobierno de Israel para aumentar la ayuda humanitaria a Gaza, sin embargo, no se ha difundido su contenido y, además, contradice la postura oficial; esta señala que en ningún caso debe ser la Gaza Humanitarian Foundation quien gestione estas ayudas. Mientras tanto,
continúan muriendo civiles en centros de distribución humanitaria, además de por hambruna y los continuados bombardeos. Este inmovilismo erosiona la autoridad moral de la Unión y confirma la urgencia de "superar sus divisiones internas y definir una estrategia unificada", tal y como advertí en
Agenda Pública en mi artículo
"La urgencia de una nueva estrategia de la UE en Oriente Próximo": sin una voz común, el bloque seguiría jugando un papel marginal en un escenario que exige unidad de acción.
El derecho internacional, eje imprescindible de la acción exterior de la UE
El mes pasado presenté en el Parlamento Europeo, junto a otros dos eurodiputados, el informe
Expert Legal Opinion on the Implications for the European Union of the July 2024 International Court of Justice Advisory Opinion. En virtud del derecho internacional, este documento
ratifica la ilegalidad de la ocupación israelí de territorios palestinos, subraya la urgencia de revisar el Acuerdo UE-Israel, insta a prohibir las importaciones procedentes de los asentamientos y urge a condicionar la cooperación científica y financiera a Israel. El incumplimiento de estas medidas por parte de la UE implicaría una vulneración de sus obligaciones internacionales, dado que el ordenamiento jurídico de la Unión consagra el compromiso, tanto de la UE como de sus Estados miembros, de respetar y aplicar el derecho internacional.
"Los países del Consejo General del Golfo y Europa consolidan una alianza basada en una visión compartida sobre la configuración de la nueva geopolítica mundial"
Para responder a estas crisis,
la UE debe tejer una alianza de cooperación en distintos ámbitos como el político, social, comercial y económico con países como los del Golfo. Ya en octubre de 2024 se celebró el primer Summit UE-GCC para "promover la seguridad y prosperidad globales". En los últimos días, la Comisión Europea y la AR acogieron con satisfacción la decisión del Consejo de autorizar el inicio de negociaciones con los seis países del CCG (Arabia Saudí, Emiratos, Catar, Baréin, Omán y Kuwait) para la firma de Acuerdos de Asociación Estratégica (SPAs) bilaterales.
En paralelo,
los países del GCC buscan consolidar nuevas alianzas estratégicas. El pasado 27 de mayo de 2025 se celebró en Kuala Lumpur la cumbre ASEAN-GCC-China, que reafirmó el interés mutuo por fortalecer la cooperación regional y estratégica. Esta misma semana, la Unión Europea celebró la cumbre UE-China, en la que se reunieron el presidente de la República Popular China, Xi Jinping; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; la AR, Kaja Kallas, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. Cabe recordar que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó por tercera vez el país el pasado mes de abril, en medio de la
guerra arancelaria impulsada por la Administración Trump, reforzando así el interés europeo por este acercamiento estratégico. Estas iniciativas evidencian cómo los países del GCC y Europa consolidan una alianza basada en una visión compartida sobre la configuración de la nueva geopolítica mundial.
El liderazgo del Golfo
Los seis miembros del GCC se han erigido en actores decisivos. Disponen de fondos soberanos para la reconstrucción posconflicto en Gaza y Líbano; mantienen canales diplomáticos tanto con Teherán, como evidenció el acuerdo Riad-Teherán de marzo de 2023, como con Tel Aviv; y ejercen un poder de facto en foros energéticos como OPEP+ y el G20. Arabia Saudí y Catar anunciaron su decisión de saldar la deuda de Siria con el Banco Mundial. Esta medida se enmarca en los
esfuerzos regionales por reincorporar gradualmente a Siria a la escena internacional, tras años de aislamiento diplomático y financiero. Por su parte, Abu Dabi logró el levantamiento temporal de los bloqueos en el estrecho de Bab al-Mandeb. Asimismo, Catar ha desempeñado un papel fundamental como facilitador en la última ronda de negociaciones para el cese al fuego en Gaza, lo que pone de manifiesto la creciente eficacia de estos actores como mediadores regionales.
"La colaboración verde fortalece la resiliencia energética de Europa y reduce su vulnerabilidad a crisis geopolíticas del gas"
Lejos de ceñirse al rol de mediadores regionales,
los países del GCC han demostrado su capacidad para ampliar sus límites geográficos y acoger negociaciones de paz en conflictos europeos y africanos, incluyendo las conversaciones entre Rusia y Ucrania en Arabia Saudí, así como la firma de la Declaración de Principios entre la República Democrática del Congo y el grupo armado M23 en Catar.
En el plano energético,
Arabia Saudí y Emiratos han acelerado proyectos de hidrógeno verde y energía solar en Europa, consolidando su rol como proveedores de energía limpia frente a la dependencia de gas ruso. Este nuevo perfil de colaboración verde fortalece la resiliencia energética de Europa y reduce su vulnerabilidad a crisis geopolíticas del gas.
En este contexto,
la UE debe demostrar que sus valores no se evaporan ante la complejidad geopolítica. Asumir un papel activo y apoyarse en alianzas estratégicas con otras regiones es esencial para recuperar la credibilidad y el papel de liderazgo mundial, basado en el cumplimiento de sus propios principios de justicia y paz.