La diversidad religiosa hace de España más España y más mundo. No solo no hay conflictividad, sino cooperación interreligiosa y una gran labor de integración social a favor de los más vulnerables.
La gestión española de la diversidad religiosa durante el siglo XXI es la historia de un éxito y la sociedad civil la ha acogido y asumido con interés y pluralismo.
Pero los lamentables
intentos de cacerías de migrantes que han revuelto la localidad murciana de Torre-Pacheco a mediados de julio han creado alarma ante una posible extensión de violencia política que acompañe al ascenso de la ultraderecha. Esos ataques suceden a la llamada que el 7 de julio hizo VOX a expulsar ilegalmente de España a ocho millones de personas de origen internacional. La cobertura ideológica que impulsa a esas criminalizaciones y violencias usa una mezcla en la que intervienen factores nacionalistas, racistas, clasistas y religiosos. Los altercados en Torre-Pacheco, protagonizados en su mayoría por bandas ultraderechistas procedentes de otros lugares de España, han coincidido también con el incendio presuntamente intencionado de una mezquita en la localidad de Piera ―municipio de Barcelona―, la madrugada del 12 de julio.
"El nacionalismo ultraderechista pretende hacer del supremacismo cristiano y el monoconfesionalismo uno de sus elementos básicos, aunque sus seguidores estén lejos de la práctica religiosa"
El acoso organizado contra la población de origen inmigrante pivota sobre cuatro factores. Respecto a los tres primeros, de modo constante, los estudios científicos han demostrado exhaustivamente que
el incremento de población extranjera en los países europeos no aumenta la delincuencia, no intensifica el desempleo ni aumenta la presión asistencial sobre el estado de bienestar ―no se compite por recursos, sino que, por el contrario, los inmigrantes contribuyen muy positivamente a su financiación―. El cuarto factor remite a cuestiones identitarias, principalmente asociadas a la religión, con el argumento de que adulteran la cultura nacional que se considera cristiana.
El nacionalismo ultraderechista pretende hacer del supremacismo cristiano y el monoconfesionalismo uno de sus elementos básicos, aunque sus seguidores estén lejos de la práctica religiosa y, en realidad, no sean personas religiosas. Su supremacismo es un cristianismo ideológico, desclesializado y extremadamente politizado.
Es meramente un pragmatismo cristiano para dar cobertura sacral al nacionalismo y autoritarismo. Putin es el caso paradigmático.
Una cooperación activa y pacificadora
La afirmación de que las confesiones no cristianas minan la cultura de España es falsa desde todos los puntos de vista. La diversidad religiosa se ha desarrollado sanamente, la cooperación entre religiones es activa y pacificadora, las religiones ayudan a la integración social y solidaridad con las personas vulnerables, y hay una positiva contribución a la riqueza cultural de España.
La pluralidad religiosa ha ido desarrollándose pacífica y positivamente a lo largo de todo el siglo XXI. Actualmente hay 7.700 centros de culto de religiones no católicas en España, entre los cuales hay más de 1.700 mezquitas, 181 templos budistas y el resto son casi todos iglesias de las distintas denominaciones cristianas.
Alrededor de esos lugares de culto está aproximadamente el 6% de personas (mayores de edad) en España que pertenecen a religiones minoritarias (si incluimos a menores puede superar el 10%).
"Actualmente hay 7.700 centros de culto de religiones no católicas en España, entre los cuales hay más de 1.700 mezquitas, 181 templos budistas y el resto son iglesias cristianas"
La relación entre las religiones en España está presidida por una activa cooperación.
Quizás el mayor momento de tensión se produjo en los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004, pero hubo una inquebrantable declaración de condena conjuntamente hecha por todas las religiones. Representantes de los católicos, musulmanes y ortodoxos rezaron juntos en la Estación de Atocha. Se solidarizaron sin matices con todas las víctimas, apoyaron a las autoridades públicas, condenaron el terrorismo, llamaron a la unidad y la paz, y rechazaron cualquier criminalización o discriminación por motivos religiosos.
Esta unidad interreligiosa contra la violencia ha seguido persistiendo y profundizándose ante cualquier problema en el que hubiera un componente religioso y se ha repetido la solidaridad de la Iglesia católica ante el incendio de la mezquita de Piera. Las autoridades islámicas han colaborado con las instituciones públicas para desactivar el reclutamiento de los grupúsculos fundamentalistas, y las iglesias ―de modo particular la Iglesia católica en el caso de los entramados del Yunque― han rechazado hasta el momento el extremismo que pretenda hacer uso de una cobertura religiosa.
La relación entre religiones en Europa y España forma una alianza inspirada por el llamado espíritu de Asís. El Encuentro de Asís en 1986, convocado por el Papa Juan Pablo II, inauguró un nuevo marco para comprender el papel de las religiones en la vida pública mundial y las comprometió con la paz, el desarrollo y el progreso.
Un compromiso con los más vulnerables
Por otra parte, un estudio de la Universidad Pontificia Comillas encabezado por el
profesor Sebastián Mora, realizado en 2023 para el
Observatorio del Pluralismo Religioso en España, demuestra que las confesiones minoritarias despliegan una gran red de promoción y atención social (que calculo que, en su conjunto, supera sobradamente los 50.000 programas al año), y el 70% de la financiación de esos programas sociales es de origen privado, sobre todo de aportaciones de sus miembros.
Los destinatarios de sus ayudas no son solamente las personas migrantes, sino en mayor medida las personas que en España sufren exclusión social.
El 55,1% de esa red de las religiones minoritarias realiza su acción social a través de organizaciones propias que despliegan ayudas sociales; otro 26,6%, a través de organizaciones generales, y el 14,6%, con iniciativas de carácter personal de sus miembros. Señalan que los principales valores desde los que se realiza su acción social son la solidaridad (60,9%), el respeto (51,5%), la justicia (40,2%), la compasión (40%) y la importancia de la comunidad (39,1%). Su acción social se centra sobre todo en proyectos de promoción integral de las personas (56,3%) y asistencia social a necesidades básicas (41,7%). Por tanto, las religiones ayudan con valores demócratas, un gran compromiso y muchos recursos a la integración social y solidaridad de las personas vulnerables en general, y también de las migrantes.
Una contribución a la riqueza cultural
Y, finalmente, las religiones hacen una positiva contribución a la riqueza cultural de España, que solo se ve lastrada por las posiciones socioeconómicamente tan precarias que padecen muchos de sus fieles.
Solo una visión falseada de la realidad puede decir que amenaza la españolidad, cuando la mayor contribución de España al mundo ha sido su creación cocultural entre islam, judaísmo y cristianismo, presente en las joyas más preciadas del arte, la música, la literatura, la filosofía, la ciencia o la mística española. Quizás lo que nos fata es una profundización en la españolidad en el siglo XXI y mientras no estemos en posesión de esa identidad, podrá ser fácilmente manipulada por el populismo del nacionalismo supremacista.
Laicidad cooperativa para salvar la Civilización de los Derechos Humanos
"La expansión de la civilización de los derechos humanos desde el final del siglo XX tiene en su corazón la conciliación de la diversificación con una nueva comunión universal"
La expansión de la civilización de los derechos humanos desde el final del siglo XX tiene en su corazón la conciliación de la diversificación con una nueva comunión universal.
Ha habido un afloramiento de la diversidades no solo como un fenómeno de libertades, sino como riqueza de la creatividad y condición humana. Esa diversidad era expresión personal y comunitaria, pero también necesaria para afrontar los nuevos desafíos ante la aventura de la humanidad y los nuevos riesgos que estaba contrayendo la humanidad en campos como la necesaria reflexividad, la incertidumbre, el informacionalismo, la sostenibilidad planetaria, la salud mental, el individualismo utilitario, la democracia participativa o la sociedad de los cuidados.
Para resolver los problemas y aprovechar las oportunidades es necesario el concurso en el discernimiento público y construcción social de
todas las tradiciones sapienciales de la humanidad, las redes ideológicas, las familias étnicas, los movimientos sociales, las comunidades estéticos o las religiones. No se trata de acallar los lenguajes primarios, sino de que participen con toda su diversidad en el diálogo público para que aporten lo mejor de sí mismas desde su singularidad para el bien común.
Descartada cualquier pretensión de dominio o monopolio confesional de las instituciones estatales, las religiones están llamadas a participar en una laicidad cooperativa para generar bienes comunes, lo cual requiere tolerancia, cooperación y un extremo sentido de la libertad. Lo que el
Papa Francisco llamó "la amistad de las diferencias" y "la amistad política" son dinámicas esenciales y complementarias para la resiliencia de la civilización de los derechos humanos frente a la barbarie.
Si no nos dejamos engañar por la manipulación del odio ultraderechista ni los extremismos excluyentes, las religiones podrán hacer una contribución sustancial para la resiliencia de las democracias libres, sociales y culturalmente profundas.
Ya la están haciendo a los más vulnerables y precarios de nuestra sociedad.