Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Torre-Pacheco: entre las urgencias del debate mediático y la necesidad de reflexión

Los graves incidentes en Torre-Pacheco evidencian una "psicosis colectiva" de odio y temor hacia los inmigrantes, alimentada por el discurso ultra y la inacción política. Zackariae Cheddadi urge a superar la dicotomía entre "racistas y fascistas" y defensores acríticos de la inmigración, y a construir un punto intermedio basado en la "generosidad en la acogida" y la "firmeza" ante la delincuencia para proteger la cohesión social.

Zakariae Cheddadi Zakariae Cheddadi 15 de julio de 2025
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Agentes de Policía Local y Guardia Civil durante los altercados en Torre-Pacheco. | Martín C. / Europa Press / ContactoPhoto
Agentes de Policía Local y Guardia Civil durante los altercados en Torre-Pacheco. | Martín C. / Europa Press / ContactoPhoto
Los graves incidentes ocurridos en Torre-Pacheco (Murcia) y Alcalá de Henares (Madrid) exigen una reflexión profunda, aún ausente del debate público. En ambos casos se manifiesta una preocupante combinación de odio y temor hacia las personas inmigrantes. Se trata de una forma de psicosis colectiva que, mediante una deshumanización extrema, convierte a los inmigrantes en los perfectos malos.

Desgraciadamente, el discurso de que los inmigrantes vienen a robar, a aprovecharse de las ayudas sociales y a instaurar una cultura y una religión bárbara ha calado socialmente. Injustamente, la inmigración que ocupa los puestos de trabajo más precarizados, aquellos que, por otra parte, son abandonados siempre por la población autóctona, nunca se motiva como elemento definitorio de la inmigración presente en España. 

Este tipo de narrativas, hoy predominantes en muchos países occidentales, no pueden neutralizarse con la consabida frase —recurrente en ciertos sectores políticos— de que "quienes rechazan a los inmigrantes son simplemente racistas y fascistas". Si aceptamos que muchas personas sienten miedo ante la inmigración, la respuesta no debe pasar por incendiar aún más los ánimos con discursos polarizadores, sino por ofrecer soluciones pedagógicas que ayuden a disipar ese temor.

"La política migratoria debe ser capaz de conciliar dos principios que, a menudo, parecen incompatibles: por un lado, la generosidad y universalidad en la acogida; y por otro, la severidad y la firmeza frente a los elementos disfuncionales de ciertos procesos migratorios"
Es cierto que muchos de quienes en estos días han salido a las calles de Torre-Pacheco a "cazar inmigrantes" lo hacen desde posiciones abiertamente racistas y fascistas. Pero también lo es que estos grupúsculos, alentados de forma implícita por el discurso ultra de formaciones como Vox, se nutren de la inacción política en materia migratoria. Ya no basta con reducir el debate a una dicotomía simplista entre defensores y detractores de la inmigración. La realidad es mucho más compleja. Por desgracia, discursos tan nauseabundos como los de Rocío de Meer o Jorge Buxadé encuentran eco en la realidad cotidiana de muchos barrios en nuestro país.

Sin ánimo alguno de justificar los conatos de violencia, ya sean verbales o físicos, contra las personas inmigrantes, es imprescindible subrayar que esta expresión de pánico moral —concepto acuñado por el sociólogo británico Stanley Cohen— no surge de la nada. Se alimenta de la situación de deterioro que viven muchas zonas urbanas en España. En un contexto marcado por la desinformación, el discurso del odio y las noticias falsas promovidas por la extrema derecha, el racismo se propaga con rapidez. Pero no es el único factor en juego: también influyen fenómenos reales de inseguridad, incivismo y malestar social, en ocasiones protagonizados por una minoría de inmigrantes que no muestra voluntad de integrarse ni de convivir pacíficamente. Así, pues, la combinación es perfecta para que acabe explotando, como ha sucedido en los últimos días. 

En este sentido, como cualquier fenómeno social y político, la inmigración es, en buena medida, lo que decidimos hacer con ella. Puede ser una oportunidad o un problema, dependiendo del enfoque político que se adopte. Resulta urgente reconocer que algo está fallando cuando la inmigración se asocia, en el imaginario colectivo, con el incivismo, el crimen o la violencia sexual. Esa percepción no surge en el vacío: responde, al menos en parte, a una falta de respuesta institucional por parte de las autoridades políticas. Podemos seguir achacándolo todo al discurso del odio en redes sociales, y quedarnos de brazos cruzados. Pero si queremos proteger a la inmensa mayoría de personas inmigrantes —que trabajan, contribuyen y desean convivir—, es imprescindible aplicar con firmeza la ley frente a quienes delinquen o vulneran gravemente las normas del país de acogida. Lo contrario solo puede conducirnos a la expansión del prejuicio racial y el odio a todas las personas inmigrantes. 

"Si queremos proteger a la inmensa mayoría de personas inmigrantes —que trabajan, contribuyen y desean convivir—, es imprescindible aplicar con firmeza la ley frente a quienes delinquen o vulneran gravemente las normas del país de acogida"
La política migratoria debe ser capaz de conciliar dos principios que, a menudo, parecen incompatibles en el discurso público de nuestros representantes: por un lado, la generosidad y universalidad en la acogida; y por otro, la severidad y la firmeza frente a los elementos disfuncionales de ciertos procesos migratorios. Frente a los relatos catastrofistas y apocalípticos, y frente a las narrativas que idealizan acríticamente la inmigración, percibiéndola como impecable, urge construir un punto intermedio que sea capaz de velar por el bien público, que es la convivencia y la cohesión social. Ese punto intermedio debe girar en torno a la universalidad de derechos, pero también severidad en contra de lo que se muestra disfuncional en la inmigración. 

En definitiva, huelga insistir en que la inmigración extranjera en España es un activo fundamental de muchos bienes públicos de los que disfrutan todos los españoles. Ahora bien, como cualquier fenómeno, este debe ser cuidado, ofreciendo garantías políticas para que no se convierta en un posible problema social. O, al menos, no permita que surjan discursos peligrosos como los de Vox, proponiendo la escalofriante idea de expulsar a ocho millones de inmigrantes. En este sentido, España está todavía a tiempo de tomar decisiones para que ello no suceda. El problema está en la voluntad política, la cual, lejos de afrontar los proyectos de país, se encuentra absolutamente enfangada en debates estériles sobre los dimes y diretes de los representantes políticos que se sientan en el Congreso de los Diputados.
Zakariae Cheddadi
Zakariae Cheddadi
Doctor en Sociología por la Universidad del País Vasco
Mis líneas de investigación se centran en comportamiento político, extrema derecha y sociología de las migraciones.
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