La localidad murciana de Torre-Pacheco se ha convertido, en cuestión de horas, en el último campo de batalla de la extrema derecha. Lo que pudo haber sido un acto de solidaridad legítimo, convocado por el Ayuntamiento para condenar una agresión, fue pervertido por un grupo de radicales que lo usó como pretexto para sembrar el odio y la violencia. Los incidentes que se han vivido no son un simple estallido espontáneo, sino el resultado directo de una estrategia sistemática de odio, alimentada por discursos que deshumanizan a la población inmigrante y la señalan como el origen de absolutamente todos los males.
La ultraderecha ha demostrado, una vez más, una peligrosa capacidad para movilizar a sus nuevos escuadristas para transformar el dolor de una comunidad en un pretexto para justificar la violencia. Tras la concentración, los grupos de ultras iniciaron una auténtica cacería de jóvenes de aspecto magrebí por las calles, profiriendo insultos y amenazas que ya se han normalizado en ciertos ambientes: "hijos de puta", "moros de mierda" e "iros a vuestro puto país". La impunidad con la que operan estos grupos, que se sienten envalentonados por la legitimación política del discurso anti-inmigratorio, es una de las grandes lecciones de esta crisis. Aunque la presencia policial se reforzó, no pudo evitar que las agresiones sucedieran y se sucedieran, sumiendo a la localidad en un estado de desconcierto y miedo.
"La conexión entre el discurso político de la extrema derecha y la violencia callejera es un hecho ya innegable"
La conexión entre el discurso político de la extrema derecha y la violencia callejera es un hecho ya innegable. Mientras los ultras perseguían a los jóvenes, el partido Vox, capitalizando políticamente la situación, evitó condenar los actos de violencia, optando por una justificación perversa: "ya advertimos de que los españoles se iban a cansar". Esta declaración no solo elude la responsabilidad moral del tercer partido político español, sino que ampara la violencia como una respuesta comprensible al malestar social, en vez de condenarla como lo que es: un delito de odio. La narrativa de Vox, que presenta a los inmigrantes como una amenaza a la seguridad y la identidad nacional, crea un ambiente especialmente propicio para que los actos de violencia xenófoba se multipliquen.
Esta violencia, además, ha atraído incluso a figuras y organizaciones de fuera del municipio, como la empresa Desokupa de Daniel Esteve, que ha anunciado su intención de desplegar a sus grupos para "poner orden". Esta intervención externa demuestra que los incidentes de Torre-Pacheco no son un problema local, sino la manifestación de un fenómeno nacional en el que la extrema derecha busca sembrar el caos y el enfrentamiento. La presencia de vehículos procedentes de Madrid, Cádiz y Toledo, pone de manifiesto que estamos ante un problema artificialmente amplificado y confirma que estamos ante un proyecto coordinado a nivel estatal, no ante la indignación espontánea de unos cuantos habitantes de la localidad murciana.
Lo que sucede en Torre-Pacheco produce una alarmante resonancia histórica. La "caza del inmigrante", organizada y promovida desde plataformas digitales, recuerda a los pogromos que los nazis y otros movimientos fascistas utilizaban para incitar a la violencia popular contra diferentes minorías, especialmente de ascendencia judía, un colectivo que fue deshumanizado como untermensch (infrahombres y subhumanos). Tal y como ha sucedido ahora en el municipio murciano. Al igual que en aquellos episodios, la violencia actual se disfraza de "justicia popular" o de "autodefensa" para legitimar el ataque contra un colectivo. Esta peligrosa estrategia, ya vista en el Reino Unido el verano pasado, donde el discurso antiinmigrante de la extrema derecha se tradujo en enfrentamientos violentos en las calles, evidencia que la retórica de odio tiene consecuencias tangibles y devastadoras. Tras aquellos disturbios, el gobierno británico, liderado por Keir Starmer, anunció la creación de un Programa Nacional contra la Violencia y el Desorden para coordinar una respuesta firme de la policía, demostrando que este tipo de violencia requiere una respuesta contundente desde las instituciones. Aunque unos meses después endureció la política migratoria, en un intento de reducir el principal combustible que alimenta los depósitos electorales de Nigel Farage y su nuevo partido
Reform UK.
"Los datos oficiales del Ministerio del Interior alemán para 2024 señalan un aumento récord de simpatizantes ultras y ataques violentos asociados"
El caso de Torre-Pacheco no es un fenómeno aislado. En Alemania, por ejemplo, los datos oficiales del Ministerio del Interior alemán para 2024 señalan un aumento récord de simpatizantes ultras y ataques violentos asociados. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, ha calificado de "aterradora" la cifra de más de 50.000 personas identificadas como extremistas de derecha, un 23% más que el año anterior. Este alarmante crecimiento, que se ha duplicado en los últimos diez años y que Dobrindt relaciona directamente con el auge de partidos como Alternativa para Alemania, demuestra que la violencia asociada a la ultraderecha es una amenaza real y creciente en todo el continente. Parece que la intención del canciller Mertz, que como Starmer también apostó por endurecer la política de inmigración y asilo, no está dando el resultado esperado. Y es que imitar el ideario de la extrema derecha solo sirve para legitimarlo y aumentar su caudal de votos.
En Torre-Pacheco, hemos visto distintos tipos de respuesta política a unos hechos tan preocupantes. Por un lado, el discurso de la sociedad civil, representado por la Asociación de Trabajadores Marroquíes en España (ATIM), que ha articulado un mensaje de convivencia y de rechazo a la colectivización de la culpa, en un intento de desescalar el conflicto. Por otro, la respuesta institucional del alcalde, centrada en la demanda de más recursos y seguridad, que refuerza el papel del Estado como garante del monopolio de la fuerza. Sin embargo, la reacción de Vox evidencia una estrategia política conscientemente orquestada: capitalizar el malestar social y la inseguridad ciudadana para obtener rédito electoral, utilizando el dolor de la comunidad como aliciente para su discurso de odio y deshumanización del diferente.
"En Torre-Pacheco, al igual que en otros puntos de Europa, el debate sobre la seguridad y la inmigración se traslada de la agenda política institucional a las calles"
Este escenario nos sitúa ante un desafío fundamental para las democracias liberales. En Torre-Pacheco, al igual que en otros puntos de Europa, el debate sobre la seguridad y la inmigración se traslada de la agenda política institucional a las calles, alimentado por un populismo que instrumentaliza la excepcionalidad para redefinir el espacio público. El futuro de la convivencia, más allá de la coyuntura, dependerá de la capacidad de las instituciones para gestionar de forma efectiva estas crisis, pero también de la fortaleza de la sociedad civil para resistir la tentación del chivo expiatorio y, sobre todo, para negar que la violencia pueda llegar a ser nunca en democracia un instrumento político legítimo.
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025).
Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas.
Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral.
Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.