La intervención pública en el desarrollo de la inteligencia artificial debe orientarse a asegurar la complementariedad y no la sustitución de la personas en el mercado laboral.
El pasado nueve de abril la Comisión Europea hizo pública su nueva política industrial para la inteligencia artificial (IA) basada en cinco pilares (infraestructuras; aumento del acceso a grandes volúmenes de datos de alta calidad; desarrollo de algoritmos y fomento de la adopción de la IA en sectores estratégicos; refuerzo de las capacidades; y el talento y simplificación regulatoria). Con la todavía inconcreción tanto del origen de los fondos disponibles como por la forma en la que se sustanciará la colaboración público-privada en plano meramente operativo,
parece un paso en la dirección correcta.
"¿Tiene sentido focalizarse en la generación de agentes de IA aplicados a sectores productivos concretos, frente a la investigación y desarrollo de la IA generativa, esa que en breve desbancará al intelecto humano como la materia pensante más avanzada de la que tenemos constancia que haya pisado el planeta Tierra?"
La estrategia de la Comisión va encaminada a facilitar el uso de la IA en las cadenas de producción a través de lo que se conoce como agentes de IA.
Todo indica que no tiene como objetivo principal el desarrollo de la IA generativa europea, esa que tantos titulares nos ofrece, ya sea por los innegables logros en la comprensión, interpretación y generación de contenidos a través de nuestros escritos, fotografías o simplemente peticiones
ad-hoc, como por las ingentes cantidades de dinero destinadas en su desarrollo.
Más allá de los detalles concretos del plan, de las cantidades económicas anunciadas a día de hoy —el fondo de 20.000 millones de euros previstos espera complementarse hasta alcanzar los 200.000 millones, una vez se incorpore el capital privado— o del tamaño, forma de operación y origen de los recursos empleados en las gigafactorías de IA a construir (centros de computación con al menos 100.000 chips de última generación), ¿tiene sentido focalizarse en la generación de agentes de IA aplicados a sectores productivos concretos, frente a la investigación y desarrollo de la IA generativa, esa que en breve desbancará al intelecto humano como la materia pensante más avanzada de la que tenemos constancia que haya pisado el planeta Tierra? ¿Qué hay detrás de todas esas megainversiones en la IA generativa de las grandes tecnológicas para que no sea de interés replicarlas?
Sísifo y el desarrollo de la IA generativa
Como se anticipaba, la IA generativa es un tipo de IA diseñada para crear contenido, especialmente texto e imágenes. En vez de dedicarse a predecir o clasificar, como hace la IA convencional, genera nuevos contenidos a partir de los datos de entrenamiento. Dentro del concepto de IA generativa se incluyen los
modelos grandes del lenguaje (
LLM,
Large Language Model), especializados en entender y generar lenguaje natural.
Las grandes compañías tecnológicas se han embarcado en una carrera sin fin en la búsqueda del perfeccionamiento de la IA generativa y los LLM. Ayer eran capaces de hacerte un resumen de un texto o generar una imagen a partir de una descripción, hoy de localizar la tienda donde poder comprar ese objeto que has identificado y señalado de una fotografía y mañana captar la ironía o tu estado de ánimo para ofrecerte la mejor recomendación para tu tiempo de ocio.
"¿Es socialmente asumible y responde al interés general que las administraciones públicas destinen parte de sus exiguos presupuestos al desarrollo de la IA generativa?"
Además de necesitar cantidades enormes de datos de entrenamiento, acudiendo a datos creados artificialmente por otras IA cuando ya no tienen más datos disponibles (conocidos como
datos sintéticos),
entrenar uno de estos modelos requiere meses de uso intensivo de recursos computacionales cuyo coste solo pueden afrontar las grandes compañías privadas. Así, casi el 90% de los modelos más destacados lanzados al mercado en 2024 tenían como origen la industria, frente al 60% en 2023. Según algunos indicadores,
la necesidad de cómputo se duplica cada cinco meses, los conjuntos de datos cada ocho y el consumo de energía anualmente. Sin embargo, esos incrementos no se ven refrendados en la mejora de los modelos. Los diferenciales de rendimiento se estrechan cada vez más. Así, según pruebas estandarizadas, la diferencia de puntuación entre los modelos mejor clasificados y aquellos que ocupan el décimo puesto, se redujo del 11.9% al 5.4% en un solo año. En la actualidad, las diferencias entre los dos primeros es tan solo del cero 0.7%, con una buena noticia para los desarrolladores del
software de código abierto.
Los modelos de peso abierto también están acortando distancias con los modelos cerrados, reduciendo la diferencia de rendimiento, en un solo año y para algunos puntos de referencia, del ocho por ciento a tan solo el uno 0.7%. Pese a tratarse de un entorno cada vez más competitivo y concurrido, la financiación no desfallece. Amazon, Apple, Microsoft, Alphabet, Meta, Nvidia y Tesla gastarán conjuntamente 276.250 millones de euros en nuevos centros de datos este año.
Pero eso no es todo. Esos abrumadores datos se complementan con el enorme dinamismo que caracteriza a las tecnologías que rodean a la IA.
La eficiencia energética ha mejorado un 40% anual. A nivel hardware, cuando estábamos ya convencidos que las tarjetas NVIDIA eran el componente esencial, y casi el único con el que contar, surgen otros fabricantes especializados en la inferencia, dejando aquellas para las tareas a acometer en el proceso de entrenamiento.
Descrito el contexto,
¿disponen los Gobiernos de financiación, agilidad en los procesos de puesta en marcha de este tipo de proyectos o simplemente de mecanismos para rentabilizar las inversiones que quedan obsoletas en breve espacio de tiempo para competir con el sector privado?, ¿es socialmente asumible y responde al interés general que las administraciones públicas destinen parte de sus exiguos presupuestos al desarrollo de la IA generativa, restándolo de otras partidas que puedan generar mayores beneficios sociales?, ¿cuáles serían los objetivos de los Gobiernos si desarrollasen su propia IA generativa? Para responder a esas preguntas debemos profundizar en lo que buscan esas grandes compañías privadas y los inversores que las sustentan.
El último intento por construir un internet cerrado: robber barons del siglo XXI
No cabe duda de que todos estos gigantescos esfuerzos realizados por las tecnológicas están orientados a posicionarse como el interfaz estándar del usuario en internet, convirtiéndose así en la única puerta de entrada para el resto de actividades que se pueden desarrollar en el ciberespacio. Ya estés buscando información generalista, realizando la compra semanal, reservando tus vacaciones o contratando la reposición del material de tu oficina,
lo que pretenden es que todas esas interacciones se realicen a través de su aplicación, que dispondrá de los correspondientes conectores para habilitar la conexión con los
back-offices correspondientes.
Aspiran a convertirse en el Gran (y único) Centro Comercial desde donde todos los productos y servicios pueden ser adquiridos.
"Nada nuevo bajo el sol: se trata de capturar al usuario, conocer y monetizar sus comportamientos, construyendo mercados con barreras infranqueables que impidan la competencia, la innovación y el progreso colectivo"
Un movimiento que se repite cada cierto tiempo. Por nombrar solo algunos, en épocas recientes, el
metaverso de Meta, la iniciativa
Free Basics de esa misma compañía o cualquiera de los impulsos para acabar con la
neutralidad de la red prometiendo navegación gratis solo a ciertos (sus) servicios. Algo más lejano en el tiempo, la estrategia de comercialización del navegador Explorer por Microsoft. En suma,
se trata de dar por finiquitada la filosofía original de internet: la colaboración altruista de millares de personas que construyen productos de un valor superior al que pueda crear cualquier corporación pública o privada.
Ese espíritu que ha ofrecido resultados que incluso hoy en día nos sorprenden: así se desbancó a instituciones que determinaban el conocimiento colectivo (Wikipedia y las enciclopedias), o se desarrollaron programas informáticos de forma colaborativa y que hicieron palidecer al más reputado departamento de innovación, consolidándose como el software por defecto de los servidores de internet y punto de inicio del sistema operativo móvil (Linux). Todo sin olvidar la revolución pendiente de la impresión 3D, capaz de reinventar las cadenas de suministro y reparación de componentes de casi cualquier objeto, contribuyendo significativamente a la lucha contra la crisis climática, siempre claro que se permita su despliegue, ya que nunca debe uno olvidarse de la propiedad intelectual y la obsolescencia programada.
Por concretar, cuando Tim Berners-Lee diseñó la
World Wide Web (
WWW) posibilitó que cualquiera pudiera compartir información con cualquier otro a partir de un nodo de la red, sin pedir permiso ni pagar una tarifa a los agentes centrales.
La WWW abrió la puerta a crear una nueva e inmensa oportunidad económica a todo aquel que pudiera conectarse a internet. La historia nos enseña que
el camino a la centralización es perjudicial para la inmensa mayoría, tanto económicamente como en lo referente a la innovación. Económicamente, porque las mega corporaciones sin competidores ni favorecen el interés de los consumidores ni el de la economía en general. En innovación, porque esas corporaciones utilizan todos los medios a su alcance para impedir que surjan tecnologías que puedan poner en peligro su posición en el mercado (y todo ello sin entrar a valorar teorías contrastadas que indican que la propia inercia funcional y organizativa de las grandes corporaciones asfixia la creación de productos y servicios disruptivos). Ya nos lo puso de manifiesto Mark Zuckerberg cuando reconoció que "es mejor comprar que competir".
Nada nuevo bajo el sol: se trata de
capturar al usuario, conocer y monetizar sus comportamientos, construyendo mercados con barreras infranqueables que impidan la competencia, la innovación y el progreso colectivo.
La influencia de la IA en el mercado laboral
Pero, si ese es el grave riesgo que se corre,
¿por qué la Comisión no intenta desarrollar su propio modelo de IA generativa? A la imposibilidad material (económica y operativamente) de dar respuesta a las ingentes inversiones, hay que unirle que
el otro frente que abre la IA (los agentes de IA) es quizá más preocupante. Si la IA generativa que intenta construir el interfaz de usuario estándar puede ser embridada vía regulación sin necesidad de malgastar los recursos con los que cuenta la hacienda pública,
los agentes de IA en el mercado de trabajo pueden tener efectos socialmente devastadores.
"El paso no planificado a una sociedad donde el trabajo no sea el núcleo central en torno al cual gira toda nuestra actividad puede suponer el colapso"
Las altas barreras que se construyan para consolidar la posición predominante en el mercado se pueden eliminar, o al menos soslayar, impidiendo la monetización del comportamiento de los usuarios, evitando la consolidación vertical de las corporaciones o invirtiendo en estándares que tienen ya cierto recorrido: la
ISO/IEC 42001 como norma internacional para la gestión de sistemas de inteligencia artificial (IA), las iniciativas que puedan impulsar el comité europeo de estandarización de la IA, así como el
OpenEuroLLM, un desarrollo con total apertura de la información, tanto en el corpus empleado como en la metodología utilizada.
Sin embargo,
la integración de la IA a través de los agentes de IA en los procesos productivos puede hacerse de manera que el trabajo humano sea sustituido o que lo complemente. Y eso ofrece riesgos más relevantes que la captura del usuario en una aplicación. La necesidad de "ganarse el pan con el sudor de la frente" ha moldeado las sociedades a lo largo de la historia de tal forma que
el paso no planificado a una sociedad donde el trabajo no sea el núcleo central en torno al cual gira toda nuestra actividad puede suponer el colapso, cuando no la irrupción de problemas o conflictos sociales por la simple ociosidad. El sueño de la razón de la
renta básica universal puede producir monstruos.
Todavía no existen evidencias sobre cómo se sustanciará el impacto de la IA en el mercado laboral, ya que entre otras cosas, dependerá de los intereses que establezcan la dirección de ese desarrollo. Por citar el último estudio publicado, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo determinó que
hasta el 40% de los empleos podrían verse afectados por la automatización. El cómo se realizará esa automatización nos dirá si esa afectación será de carácter complementario o sustitutorio. A día de hoy, la mayoría de compañías utilizan la IA para automatizar tareas administrativas o analizar datos con mayor precisión o mejorar la atención al cliente.
¿Y mañana? Ahí es donde entra en juego la iniciativa de la Comisión.
Una política industrial para la IA en Europa
Mientras que las infraestructuras de la primera y la segunda revolución industrial estaban concebidas para beneficiar a unos pocos en detrimento de muchos —en un juego de suma cero—, la infraestructura de la tercera y la cuarta revolución industrial debería estar diseñada de tal manera que distribuya mucho más ampliamente el poder económico y favorezca la democratización de la vida económica.
"La infraestructura de la tercera y la cuarta revolución industrial debería estar diseñada de tal manera que distribuya mucho más ampliamente el poder económico y favorezca la democratización de la vida económica"
El habilitar infraestructuras que estén abiertas al sector productivo europeo, que no olvidemos está fuertemente constituido por empresas de tamaño medio y muchas veces de carácter familiar, es
una manera de asegurar el carácter social de la innovación. Si la industria tecnológica buscaría principalmente agentes de IA autónomos,
la actual industria productiva europea se centrará en buscar agentes de IA que complementen y potencien la intervención humana en los procesos de creación de valor. Y afortunadamente, para el desarrollo y aplicación de agentes de IA a la industria europea no hace falta destinar inversiones mil millonarias que utilicen las últimas versiones de las tarjetas más poderosas en el tratamiento de datos.
El reto a abordar estará en conseguir la mayor capilaridad posible de esas infraestructuras para llegar a cuantas más compañías mejor, la disponibilidad de datos sectoriales de calidad y la movilización del talento.
Y complementando las tareas de innovación y desarrollo de los agentes de IA, la siguiente fase debería permitir el despliegue a gran escala de los pilotos de agentes de IA en sistemas que aporten certezas económicas sobre los planes de negocio y no basados como actualmente sucede en complejos pagos por uso que dificultan la proyección de los costes empresariales.
Las infraestructuras del siglo XXI, los centros de datos, deben tener un desarrollo con una perspectiva de universalidad y facilidad de uso similar a las infraestructuras que construyeron el siglo XX, las carreteras. La integración de los agentes de IA en cualquier proceso apoyado por ordenador o utilizado en robots autónomos o integrados en las cadenas de montaje es
un camino sin retorno que debe responder al interés social. La democratización de la IA (y de la tecnología).
En tiempos de geopolítica impredecible,
la autonomía estratégica del modelo europeo debe ser la inspiración de cualquier iniciativa. No (solo) se trata de una internet abierta o cada vez más cerrada y sujeta a los intereses de unos pocos. Ni siquiera de la cuantía y los productos sujetos a los aranceles.
Lo que pretende la nueva administración estadounidense es supeditar a Europa a sus intereses. Se trata de reconfigurar el mundo, dictarnos las normas y limitar nuestra autonomía regulatoria en un sentido amplio (impuestos, protección del consumidor en cuestiones de salud, calidad del producto, bienestar mental, …).
En juego hay algo más que tecnología. Nos jugamos nuestra independencia y modelo cultural. Nuestra soberanía, en suma.
El viejo espíritu estadounidense del lucro empresarial y la expansión territorial se ha manifestado de nuevo. Andrew Jackson y William McKinley llamando de nuevo a nuestras puertas. Movimientos tectónicos que incluso ocupan y preocupan a instituciones milenarias que se ocupan del alma, de ahí el nombre elegido por el nuevo Papa,
León XIV, que en sus propias palabras pretende actualizar la "histórica encíclica
Rerum novarum, [que] afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial; [..] para responder a otra
revolución industrial y al desarrollo de la inteligencia artificial, que traen nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, de la justicia y del trabajo.
¿Ofrecerá Europa una respuesta a la altura del desafío que le plantean?