La Unión Europea debe continuar en la senda trazada, impulsar el Pacto Verde y completar el mercado único. Debe demostrar su determinación y actuar con unidad ante la posible llegada de una nueva administración estadounidense hostil, que podría sacudir los cimientos de la cooperación transatlántica y el orden mundial. Pero también debe resistir si China intenta dividir el frente común europeo.
Para ello, la UE debe actuar con decisión dentro del marco de competencias que le otorgan los tratados y ser mucho más contundente frente a cualquier intento de socavar políticamente a Europa y fragmentarla.
"La UE debe actuar con decisión dentro del marco de competencias que le otorgan los tratados y ser mucho más contundente frente a cualquier intento de socavar políticamente a Europa y fragmentarla"
En las próximas semanas se verá hasta qué punto la nueva Comisión Von der Leyen II está preparada para esta tarea y qué grado de determinación tiene para hacer frente a las presiones tanto de los Estados miembros como del exterior. Debe dejar claro si cree que Europa sigue siendo capaz de mantenerse con credibilidad entre Estados Unidos y China. Sin embargo, si los acontecimientos recientes sirven de referencia, el panorama no es alentador. Europa, y en particular la UE, han sido empujadas a una posición defensiva ante ataques desde múltiples frentes, incluidos el nuevo presidente de EE. UU., la industria, los líderes de opinión e incluso los partidos extremistas europeos.
Una Comisión con vocación política no puede limitarse a observar. Debe responder a las declaraciones infundadas de líderes que atacan directamente su posición, autoridad y reputación. La UE debe reaccionar con eficacia, en línea con los valores del Tratado, frente a cualquier amenaza al Estado de derecho, ya que este es la base sobre la que se sustenta la cooperación en todas las demás áreas políticas de la UE.
Las autoridades deben ser prudentes, pero no pueden desaparecer del debate público.
La inacción puede interpretarse como aceptación tácita (lo cual es perjudicial) o como debilidad (aún peor). Lo ocurrido en las últimas semanas recuerda los meses previos al referéndum del Brexit, cuando el entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, prohibió a su equipo defender públicamente las políticas de la UE, permitiendo que las mentiras más flagrantes sobre la Unión se propagaran sin respuesta en el Reino Unido.
"La Comisión ha hecho poco por aplicar la DSA y explicarla de manera efectiva. Mientras tanto, la manipulación de contenidos y cuentas en redes sociales se ha convertido en la norma"
La necesidad de una actitud más proactiva es especialmente relevante en el caso de la
Ley de Servicios Digitales (DSA). Aprobada en 2023, la Comisión ha hecho poco por aplicarla y explicarla de manera efectiva. Mientras tanto, la manipulación de contenidos y cuentas en redes sociales se ha convertido en la norma, utilizada para promover intereses políticos y comerciales, además de para difundir desinformación. Se ataca la moderación de contenidos con el argumento de la
censura, cuando en realidad son los algoritmos de las plataformas los que manipulan la información de manera opaca pero constante.
Esto va en contra de los objetivos fundamentales de la DSA
El trabajo preliminar de la nueva Comisión fue trazado por los informes
Letta y
Draghi, que insisten en completar el mercado único y en aplicar mejor las normas ya vigentes.
Con demasiada frecuencia, el mercado único y la competitividad europea se han sacrificado en favor de intereses locales de los Estados miembros. Como resultado, el mercado único se ha debilitado y la competencia en precios ha disminuido, como se ha visto en el sector financiero.
"Los Estados miembros permiten activamente que las empresas mantengan prácticas poco competitivas, lo que al final no beneficia a nadie"
Los Estados miembros permiten activamente que las empresas mantengan prácticas poco competitivas, lo que al final no beneficia a nadie. La Comisión debe responder con mayor contundencia en los
triálogos (negociaciones legislativas tripartitas entre las instituciones europeas) y, si estas malas prácticas persisten, debería retirar las propuestas legislativas o ser más estricta en su aplicación. No debe temer llevar a los Estados miembros incumplidores ante el Tribunal de Justicia de la UE.
Las empresas también deben asumir su responsabilidad y aprovechar plenamente las libertades que les otorga el mercado único. Sin embargo, muchas no lo hacen. Un ejemplo es Euronext, la bolsa paneuropea, que no ha utilizado la licencia única para crear una plataforma de negociación verdaderamente integrada en la UE. En su lugar, opera con siete licencias distintas en los siete países donde tiene presencia, con siete estructuras de supervisión diferentes. Esto va en contra del espíritu de la Unión de los Mercados de Capitales.
Por el contrario, la obsesión actual por reducir la carga regulatoria en un 25% no debe generar falsas expectativas. Los observadores de Bruselas recordarán muchos intentos similares, desde los ejercicios SLIM de 1996 hasta las pausas regulatorias de McGreevy en 2005-2006 o la agenda de
mejor regulación de Frans Timmermans bajo la Comisión Juncker.
Aunque estos planes son elogiables, sería más eficaz abordar las causas de la complejidad regulatoria —el proceso de toma de decisiones— en lugar de limitarse a tratar los síntomas.
En particular, en relación con algunos aspectos del Paquete de Simplificación Ómnibus (cuyo lanzamiento está previsto para febrero), da la impresión de que la Comisión no tiene clara su ambición verde. Podría debilitar los estándares justo en el momento en que deberían reforzarse y renunciar así al liderazgo global en la fijación de estándares sostenibles.
"En relación con algunos aspectos del Paquete de Simplificación Ómnibus, da la impresión de que la Comisión no tiene clara su ambición verde"
Este riesgo es evidente en el caso de la Directiva sobre Diligencia Debida en Sostenibilidad Corporativa (CSDDD) y la Directiva sobre Información Corporativa en Materia de Sostenibilidad (CSRD). Algunos grupos empresariales ya han manifestado su preocupación, como el C3D francés. Se han difundido exageraciones sobre el alcance de la CSDDD, pese a que sus obligaciones iniciales solo afectarán a un número reducido de grandes grupos corporativos.
Todos estos ejemplos pueden parecer aislados, pero cuentan una misma historia: la de una UE que da muestras de debilidad y que no parece dispuesta a defender su papel ni sus responsabilidades. Por eso, la Comisión debe fijar objetivos claros para los próximos cinco años y atenerse rigurosamente al acervo comunitario y a sus obligaciones en virtud de los tratados.
Ceder ante presiones infundadas —internas o externas— solo generará incertidumbre y proyectará una imagen de fragilidad. La Comisión debe cumplir lo acordado y liderar con el ejemplo, demostrando su fortaleza y determinación.