Europa está quedando rezagada en su desarrollo tecnológico respecto de EE. UU. y China, situando en zona de riesgo su seguridad económica. La prueba del algodón de la relación entre capacidad digital y desarrollo económico está en la jibarización progresiva del PIB europeo frente al de los otros dos gigantes mundiales al mismo ritmo que ha ido aumentando la dependencia tecnológica de la Unión. Las brecha del PIB entre EE. UU. y la UE se ha ampliado entre 2018 y 2023, llegando a duplicarse en términos absolutos, y la economía china pugna ya por realizar el
sorpasso de la europea (Ver figura). Europa no puede permitirse perder otro tren tecnológico: la inteligencia artificial.
"Europa no puede permitirse perder otro tren tecnológico: la inteligencia artificial"
La simultaneidad de la irrupción de DeepSeek con el inicio de la segunda Administración Trump abre un nuevo escenario en el desarrollo de la IA, que exige una reconfiguración de las políticas europeas en este ámbito.
Las instituciones comunitarias deberán actuar sobre el triángulo conformado por regulación, relaciones internacionales y capacidades tecnológicas.
Europa en la soledad regulatoria
Comenzando por el ámbito regulatorio, la UE había proclamado a los cuatro vientos su éxito en ser la
primera área económica en dotarse de una legislación para un desarrollo seguro de la IA.
Todo apunta que el afán de Europa por marcar los estándares regulatorios en la IA no va a tener el éxito que ha tenido en otros ámbitos. Por un lado, los gigantes digitales, lejos de expresar el deseo de extender la aplicación de la Ley IA a otras jurisdicciones como hicieron con el Reglamento de Protección de Datos, se mostraron reticentes a comercializar sus servicios IA en la UE —caso de
Apple y
Meta—. Por el contrario, la esperanza de extender el marco legal europeo a EE. UU. —confiando en una continuidad del
Efecto Bruselas— se vio frustrada por la
anulación por Trump de la orden para una IA segura aprobada por Biden.
Mientras EE. UU. se echa atrás de las intenciones de legislar sobre la IA,
tampoco China parece tener prisa para ello. En octubre de 2024, el ministro de Ciencia y Tecnología subrayó que una eventual legislación sería desplegada de un modo "ordenado". Por su parte, los analistas chinos señalaban a la aparición de DeepSeek para aconsejar prudencia regulatoria en este momento y evitar ahogar la innovación.
"Ante la soledad por la urgencia regulatoria, existe, sin embargo, el riesgo de un brusco movimiento pendular desregulatorio en la inteligencia artificial por parte de la Unión"
Ante la soledad por la urgencia regulatoria, existe, sin embargo, el riesgo de un brusco movimiento pendular desregulatorio en la inteligencia artificial por parte de la Unión. En su
programa de trabajo para 2025, la Comisión Europea ha retirado del flujo de tramitación institucional la Directiva de Responsabilidad de la IA, sorprendiendo al Consejo y al Parlamento. Henna Vikkunenn, la comisaria europea y vicepresidenta responsable de las políticas digitales, ha manifestado también que la
Ley IA entrará dentro del perímetro de la simplificación administrativa que propondrá la Comisión Europea.
El Ejecutivo de Bruselas deberá clarificar cuanto antes sus intenciones regulatorias sobre la IA, pues tan inhibidora de la inversión es la incertidumbre jurídica como la supuesta sobrerregulación actual. También es necesario que esta clarificación se haga de modo convergente con otras normativas.
Como ha demostrado en el caso de DeepSeek, los reguladores han de asegurar los derechos de ciudadanos y consumidores en este ámbito, como la privacidad y uso adecuado de los datos personales. Quizás el papel de la legislación en conducir el desarrollo de la IA vaya a ser menor del previsto, pero su consolidación con otras normativas es necesaria lo antes posible.
Las nuevas alianzas para el desarrollo de una IA responsable
No solo la confianza de la Unión en el poder regulatorio como motor del desarrollo de la IA queda en entredicho en esta nueva era, sino cualquier posibilidad de colaboración transatlántica. Durante la Administración Biden, EE. UU. y la UE habían incluido la inteligencia artificial como uno de los ámbitos de cooperación dentro del
Consejo de Comercio y Tecnología (CCT). La asociación dio lugar a un alineamiento estrecho de posiciones en foros multilaterales —G7, G20, OCDE— que queda ahora en pausa ante la falta de interés del Ejecutivo de Donald Trump por renovar la coalición transatlántica en el ámbito digital, en general, y la actividad del CCT, en particular.
Al igual que en otros ámbitos, EE. UU. parece haber dejado de ser un aliado fiable para la UE en el ámbito de la IA.
"La UE debería ampliar el alcance de las alianzas con las potencias con ideas y valores afines hacia una agenda más ambiciosa"
En el marco de la estrategia de la Brújula Digital, se establecieron partenariados tecnológicos con
Japón,
Corea del Sur e
India que revelarán su utilidad real en el nuevo escenario que se abre en el desarrollo de la IA. Una lista de alianzas a la que habrá que añadir nuevos socios a la luz de los resultados de la Cumbre IA celebrada en París en febrero de 2025 y los firmantes de la declaración final, de la que se autoexcluyó EE. UU. (y Reino Unido). Canadá o México, también damnificados por el estilo transaccional de Trump, son candidatos obvios para explorar una alianza más cercana con Europa.
No obstante, tampoco debe excluirse algún tipo de colaboración con China, aunque sea con mayores precauciones.
La
UE debería ampliar el alcance de las alianzas con las potencias con ideas y valores afines —centradas hasta ahora en intercambio de información, la I+D y el mecanismo de alerta temprana en cadenas de suministro— hacia una agenda más ambiciosa.
La diplomacia digital comunitaria deberá trabajar por extender las relaciones internacionales en esta área, con la Oficina IA europea en el centro, sacando partido de la existencia de la Red Internacional de Oficinas para una IA Responsable. Con la más que probable
disolución o debilitamiento del representante de EE. UU. en la Red, Europa deberá liderar su continuidad e impulsar una reorientación de sus trabajos más allá de los diálogos reglamentarios, con acciones tecnológicas conjuntas, por ejemplo, en el sur global.
La asignatura pendiente de la industria
Pero para poder realizar una revisión de sus alianzas internacionales desde una posición de liderazgo,
Europa requiere de un modelo industrial en esta área del que hoy carece.
Como bien señala en su informe Mario Draghi, la IA presenta una oportunidad para los actores industriales de la UE, pero es también un riesgo dada la débil posición de Europa en este ámbito, sin proveedores tecnológicos fuertes en hardware o software. Solo la
inversión en IA de las cuatro mayores empresas tecnológicas estadounidenses (alrededor de 200.000 millones de euros en 2024) supera todo el presupuesto anual de la UE (170.000 millones de euros al año).
"Solo la inversión en IA de las cuatro mayores empresas tecnológicas estadounidenses (alrededor de 200.000 millones de euros en 2024) supera todo el presupuesto anual de la UE (170.000 millones de euros al año)"
El premio Nobel de Economía en 2024, Daron Acemoglu, ha proporcionado a Europa la receta que ha de seguir el diseño de las políticas europeas para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Según ha expuesto, "
el enfoque europeo de la IA tendrá mucho más éxito mediante la demostración, que no se realiza únicamente mediante la regulación, sino mediante empresas que cumplen las normas y están en la frontera". La Comisión Europea ha diseñado con esta finalidad diversas medidas dentro de su primera gran estrategia del nuevo ciclo legislativo,
Una brújula de competitividad para la UE. La previsión es desplegar una serie de actuaciones durante el segundo semestre de 2025 y el primero de 2026 para dotar al continente de las infraestructuras de computación, de nube y de datos que requiere para desarrollar una estrategia de IA aplicada. Ello incluye la propuesta de
EU Cloud and AI Development Act, con objetivo de movilizar inversiones públicas y privadas destinadas a establecer nuevas
gigafactorías de IA especializadas en el entrenamiento de modelos de gran tamaño. Otra actuación prevista es la implantación de un centro de investigación fundamental en IA, un
CERN de IA que desarrolle casos de uso verticales, en particular para la ciencia.
No obstante, la Unión Europea puede estar quedándose corta en los recursos que prevé movilizar para asegurar su relevancia tecnológica en la inteligencia artificial. La presidenta de la Comisión anunció en la Conferencia de París el objetivo de movilizar 200.000 millones de euros de inversión en IA, partiendo de un fondo público denominado InvestAI financiado con 20.000 millones.
La cantidad puede resultar insuficiente atendiendo a los cálculos de algunos expertos. Por un lado, estiman que son necesarios al menos 120.000 millones para aplicaciones IA y 200.000 millones para las infraestructuras necesarias para soportar su despliegue. De igual modo, señalan que la creación de un CERN IA necesitaría de 100.000 millones adicionales
"La cultura europea de promoción del software abierto debería ser una ventaja a la hora de aprovechar el impulso a este modelo de negocio dentro de la IA que ha supuesto la irrupción de DeepSeek"
Desde el optimismo, se puede confiar que existirán aportaciones adicionales de financiación en los Estados miembros que suplan la carencia de un impulso de financiación centralizado, como
los 109.000 millones de inversión privada en Francia previstos por el presidente Macron. Pero los resultados reales de los anuncios e iniciativas individuales de los Estados miembros acaecidos tras la aprobación de la Ley de Chips europea obliga al escepticismo. Las inversiones finales atraídas por los incentivos públicos para semiconductores en la UE han sido sensiblemente inferiores a las que se han captado en EE. UU. (ver tabla inferior).
El caso de la implementación de la Ley de Chips de la UE demuestra la necesidad de una mayor coordinación de inversiones entre los Estados miembros y establecer objetivos comunes para desarrollar eficazmente políticas digitales, en particular las que necesitan de una amplia movilización de fondos. No se prevé de modo explícito en la
Brújula de la Competitividad un instrumento específico con esta finalidad para impulsar el desarrollo de la IA en la Unión. Un camino para ello sería reforzar esta competencia en el perímetro de funciones de la Oficina IA europea. El valor de la Oficina en este ámbito se mostrará en su capacidad para impulsar proyectos comunes importantes de interés europeo (
IPCEI, Important Projects of Common European Interest) para integrar y maximizar el potencial de las capacidades de la IA en los sectores económicos claves para Europa, y que idealmente deberían abarcar toda la pila tecnológica: chips, centros de datos y aplicaciones software. En este último campo, la cultura europea de promoción del
software abierto debería ser una ventaja a la hora de aprovechar el impulso a este modelo de negocio dentro de la IA que
ha supuesto la irrupción de DeepSeek.
La irrupción del modelo chino ha intensificado la carrera global por la IA, desafiando a la industria y a los gobiernos a adaptarse a un nuevo panorama tecnológico. Para Europa, este nuevo escenario representa tanto una oportunidad como un desafío. La UE debe reforzar su estrategia en IA, fomentando la inversión, la innovación y la cooperación internacional para asegurar su autonomía digital y competitividad —pero sabiendo que debe actuar con rapidez—. La revisión de las políticas regulatorias, el fortalecimiento de alianzas internacionales y la movilización de recursos para la investigación y el desarrollo serán clave para no quedar rezagados en esta nueva era de la IA.