El Ministerio de Economía ha decidido que sea el Consejo de Ministros quien tome la decisión final sobre la oferta pública de adquisición (OPA) que el BBVA ha lanzado para comprar el Banco Sabadell.
Eso da al Gobierno un mes más para estudiar a fondo la operación. No solo contará con los informes del propio ministerio, sino también con la opinión de la
Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que ya ha dado luz verde a la fusión, aunque con condiciones.
Este tipo de decisiones no se pueden tomar a la ligera. Como dicen los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson,
los análisis económicos no deben hacerse aislados de la realidad política y social. Y eso es precisamente lo que está en juego aquí.
"Cuando el sector bancario entra en crisis, las consecuencias pueden ser devastadoras para un país. No solo arruina economías: puede incluso hacer caer gobiernos"
La banca no es un sector cualquiera. Está fuertemente regulada por una razón: es clave para la economía. Y además, no tiene precisamente la mejor reputación. La gran crisis financiera de 2008, las crisis bancarias de los años treinta y las de España en los ochenta y noventa son buenos recordatorios de lo que puede pasar si se baja la guardia.
Cuando el sector bancario entra en crisis, las consecuencias pueden ser devastadoras para un país. No solo arruina economías: puede incluso hacer caer gobiernos. Le ocurrió, por ejemplo, al de José Luis Rodríguez Zapatero.
Por eso,
no se podía entender que una operación tan importante como la fusión entre el segundo y el cuarto banco del país se resolviera solo con un informe técnico, aunque sea de un organismo como la CNMC —la comisión reguladora que vela por la competencia en los mercados y protege al consumidor frente a abusos de poder empresarial—. Ese informe, además, fue aprobado por unanimidad tras nueve horas de debate. Pero existe otro informe, de la ACCO (la Agencia de la Competencia de la Generalitat de Catalunya), que tiene un enfoque muy diferente y advierte de los riesgos de la fusión.
Y mientras tanto, ¿qué opinan los directamente afectados?
Los clientes, a través de asociaciones y organizaciones, han mostrado su rechazo casi unánime. No porque el precio sea bajo o alto, sino porque temen que la fusión limite su capacidad de elegir, sobre todo en servicios como los
créditos para pequeñas y medianas empresas (pymes). Menos competencia significa menos opciones y posiblemente peores condiciones.
"Hay que ir más allá y preguntarse si debilita los equilibrios políticos o refuerza a quienes ya tienen mucho poder"
Además, se da una paradoja importante:
quienes deciden si se acepta la OPA no son los clientes, sino los accionistas del Sabadell. Y muchos de esos accionistas son grandes fondos de inversión, que no tienen relación directa con los servicios del banco. No les preocupa si una pyme consigue o no un préstamo, sino si pueden sacar beneficios de la operación.
Por el contrario,
la mayoría de políticos —y también la opinión pública— parecen contrarios a la fusión. Sin embargo, los grandes actores del sistema financiero han optado por no pronunciarse.
Un silencio que también dice mucho.
Ahora le toca al Gobierno decidir si esta operación se justifica por el interés general. Pero,
¿qué significa eso realmente?
Volvamos a Acemoglu y Robinson. Ellos sostienen que
no basta con evaluar si la operación es rentable o si genera eficiencia económica. Hay que ir más allá y preguntarse si debilita los equilibrios políticos o refuerza a quienes ya tienen mucho poder. Porque una economía sana no solo necesita eficiencia: necesita
contrapesos, diversidad de actores, competencia real.
Aplicar este principio al caso del BBVA y el Sabadell nos lleva a preguntarnos si
el mercado de financiación a pymes —ya de por sí crítico y dominado por pocos bancos— pasará de tener cuatro actores fuertes a solo tres. Y si los otros posibles competidores están lejos en tamaño y presencia,
el resultado sería menos competencia real y más poder para unos pocos. Este sería, pues, un modelo en el que se debilitarían los contrapesos económicos.
También hay un ángulo territorial importante.
En regiones como el Levante español, donde el peso de Sabadell es relevante, esta fusión podría desequilibrar aún más el panorama bancario.
"¿Queremos un sistema financiero más concentrado, con menos competencia y con más poder en manos de unos pocos? ¿O queremos preservar el equilibrio económico y político que sostiene nuestra democracia?"
En resumen,
lo que está en juego no es solo una operación empresarial. Es un modelo de país. ¿Queremos un sistema financiero más concentrado, con menos competencia y con más poder en manos de unos pocos? ¿O queremos preservar el equilibrio económico y político que sostiene nuestra democracia?