Martes, 28 de julio de 2026
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Dos años de Mazón: el laboratorio de Vox en España

Los dos años de Carlos Mazón en la Generalitat Valenciana, en alianza con Vox, perfilan un laboratorio del nuevo PP que asume postulados de la extrema derecha. Anna López, politóloga experta en extrema derecha, analiza cómo esta simbiosis ideológica erosiona el Estado autonómico, los derechos civiles y la calidad democrática en la Comunitat Valenciana, sirviendo de ensayo para un proyecto reaccionario a nivel nacional.

Anna López Ortega Anna López Ortega 28 de mayo de 2025
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Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, llega al ecuador de su mandato. | Rober Solsona / Europa Press / ContactoPhoto
Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, llega al ecuador de su mandato. | Rober Solsona / Europa Press / ContactoPhoto
En política, dos años pueden ser un instante o una eternidad. En el caso del Gobierno de Carlos Mazón en la Generalitat Valenciana, han sido suficientes para perfilar un modelo político que representa mucho más que una alternancia conservadora: simboliza el ensayo general de un proyecto reaccionario, en alianza con la extrema derecha, que pone a prueba los límites del Estado autonómico, los derechos civiles y la calidad democrática. Mazón ha convertido la Comunitat Valenciana en el primer laboratorio institucional del nuevo PP: el que renuncia al centrismo clásico para asumir sin complejos los postulados de Vox.

Uno de los elementos estructurales más definitorios de este Ejecutivo ha sido su fragilidad parlamentaria y la dependencia directa de Vox. El resultado: una agenda cada vez más marcada por los marcos ideológicos de la ultraderecha. En lugar de contener a su socio, el PP valenciano ha amplificado su discurso, otorgándole espacio para introducir retrocesos en materias clave como los derechos LGTBI, la memoria democrática o la política lingüística. El Consell de Mazón no solo ha cedido ideológicamente, ha renunciado a tener un proyecto propio. La desafección comienza a reflejarse en los datos. Según el último barómetro del CIS valenciano (abril de 2025), el 54% de los encuestados considera que el Gobierno autonómico está más preocupado por la confrontación política que por los problemas reales de la ciudadanía.

"El Consell de Mazón no solo ha cedido ideológicamente, ha renunciado a tener un proyecto propio"
El liderazgo de Mazón, lejos de afirmarse, se ha diluido en esta simbiosis ideológica. El presidente valenciano ha adoptado una estrategia de perfil bajo que, en lugar de amortiguar las exigencias ultra, las ha amplificado. Ejemplo de ello son las enmiendas presupuestarias que permiten las pseudoterapias de conversión, las restricciones a la ley trans valenciana o el impulso a medidas antimigratorias con evidente carga simbólica. Todo ello, disfrazado de normalidad institucional, contribuye a desdibujar los consensos democráticos básicos y a convertir lo que antes era impensable en gestionable.

Desde el análisis político y periodístico, la gestión comunicativa del Gobierno Mazón también merece una reflexión. El episodio más elocuente fue la crisis de la DANA, que asoló parte del territorio en octubre de 2024. Aquel momento exigía liderazgo empático, presencia institucional y escucha activa a las víctimas. Mazón optó por la opacidad, la distancia y la desresponsabilización. No recibió a las asociaciones de afectados, minimizó las consecuencias y trató de reconducir la situación con reuniones "discretas", sin contenido político real. Frente a eso, la visita de Pedro Sánchez, meses después, evidenció el contraste entre una actitud defensiva y otra que, al menos, reconocía públicamente el dolor de las víctimas y la necesidad de reparación.

La estrategia política del PP valenciano parece responder más a los intereses de Abascal y al discurso antisanchista de PP y VOX que a un proyecto valenciano con identidad propia. El protagonismo creciente de Vox en la escena autonómica —con portavoces como Llanos o Camarero marcando el ritmo político— refleja una anomalía democrática: un Gobierno que, en nombre de la estabilidad, normaliza la exclusión y la regresión en materia de derechos. No es casual que la Comunitat Valenciana haya sido uno de los primeros territorios en desmantelar políticas de memoria, censurar actividades culturales por razones ideológicas o vetar la bandera arcoíris en edificios institucionales.

Lo que está en juego es el marco institucional sobre el que se ha construido el autogobierno valenciano desde la Transición.

El balance económico, por su parte, tampoco ofrece grandes novedades. Se han continuado proyectos heredados, sin grandes reformas estructurales ni apuestas transformadoras. El relato de gestión eficaz se sostiene más en la propaganda que en los datos, y la escasa autonomía fiscal y financiera sigue condicionando cualquier margen de actuación real. En lugar de reivindicar una financiación justa o un nuevo modelo autonómico, Mazón ha preferido utilizar la Generalitat como altavoz de confrontación con el Gobierno central, reproduciendo las consignas del PP nacional más que atendiendo a los intereses específicos de su ciudadanía.

"Cuando la democracia deja de ser también material —y no solo formal—, pierde su anclaje social, y entonces el autoritarismo encuentra terreno fértil"
¿Qué enseñanzas deja esta primera mitad de legislatura? Que gobernar con la extrema derecha no es gratis. Que las cesiones ideológicas acaban por erosionar el propio espacio político del centro-derecha. Y que, en un contexto de crisis social y polarización creciente, la tentación de competir con los ultras en su terreno puede ser el camino más rápido hacia la irrelevancia electoral o hacia la consolidación de un modelo iliberal de gobernanza. Porque cuando la democracia deja de ser también material —y no solo formal—, pierde su anclaje social, y entonces el autoritarismo encuentra terreno fértil.

Los dos años de Mazón reflejan los dilemas que enfrenta hoy la derecha española: ¿puede sostenerse una alternativa conservadora sin entregarse a la extrema derecha? El caso valenciano muestra que esa línea es cada vez más borrosa. La incorporación de Vox al tablero autonómico ha supuesto no solo una amenaza a los derechos sociales, sino también una erosión de los estándares democráticos básicos.

Más que una presidencia, Mazón ha ejercido una corresponsalía política de las estrategias nacionales del PP y Vox. Ha gobernado con una agenda prestada, sin autonomía política real, en un contexto donde la ciudadanía reclama soluciones concretas a la crisis de vivienda, al deterioro de los servicios públicos o al impacto del cambio climático.

El peligro no es solo político, es institucional: si el laboratorio valenciano se consolida como modelo de gobernanza para el PP en el resto de España, el coste puede ser alto para la democracia liberal. La extrema derecha no solo impone leyes, sino que impone marcos. Y esos marcos, una vez asentados, son difíciles de revertir.
Anna López Ortega
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025). Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas. Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral. Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.
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