Martes, 28 de julio de 2026
EUROPA ANTE TRUMP

La posición del PP será determinante para la democracia liberal: hay algunos buenos síntomas

Anna López, doctora en Ciencia Política y periodista, examina la relación entre PP y Vox en el contexto del segundo mandato de Trump y la erosión de la democracia liberal. Su análisis aborda la paradoja entre la mutua dependencia y la competencia entre ambos partidos, así como el papel de los conservadores en la defensa de las instituciones democráticas.

Anna López Ortega Anna López Ortega 10 de marzo de 2025
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Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, recibe a Santiago Abascal, líder de Vox en el Congreso de los Diputados durante su ronda de investidura. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, recibe a Santiago Abascal, líder de Vox en el Congreso de los Diputados durante su ronda de investidura. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Son tan solo once escuetas líneas, pero las Anotaciones FAES 49 - Brazos en alto que el pasado del 24 de febrero publicó en su web la fundación dirigida por José María Aznar destila un acendrado veneno a dosis de una pureza tal que, sin duda, causaría la muerte del incauto al que se le ocurriera ingerir el tósigo sin un antídoto a mano. El destinatario de las Anotaciones 49 —un tipo documental, por definición, de carácter breve e informal— no es otro que (el partido de) Santiago Abascal, quien participó en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de Washington solo seis días antes de que FAES publicara su invectiva —un término más apropiado para definir ese conciso "escrito acre y violento contra alguien o algo"—.

Para aquilatar correctamente la acritud de aquellas líneas, es necesario cotejarla con una nota de prensa —un estilo de carácter más estructurado— que la formación de Abascal publicó en su web el mismo día que la nota de FAES y que encabezaba un titular construido como un dardo igual de envenenado dirigido con saña a su principal competidor en el flanco derecho: VOX refuerza sus alianzas internacionales en la CPAC de Washington mientras el PP se alinea con Bildu en Rentería aludiendo así al voto afirmativo de los populares para impedir que el partido de extrema derecha celebrara una mesa informativa en dicha localidad guipuzcoana—.

"Está claro que ser acusado por tu enemigo más íntimo de connivencia con la marca 'abertzale' es algo que ha escocido —y mucho— en el espacio conservador mayoritario en España"
Existen, sin embargo, diferencias estilísticas entre ambos textos: unos hacen uso de una ironía no exenta de mordacidad —la alusión de FAES a "la quinta columna del Putin club" es antológica—, mientras los otros se muestran más partidarios del machete en la boca y el hacha de guerra. Está claro que ser acusado por tu enemigo más íntimo de connivencia con la marca abertzale, la misma que la derecha española solo lee como sinónimo de terrorismo, es algo que ha escocido —y mucho— en el espacio conservador mayoritario en España, que ha hecho de ello un arma periódicamente arrojadiza contra el enemigo izquierdista. Ya saben, los de la antiEspaña de toda la vida.

El caso es que, desde la irrupción institucional de Vox en diciembre de 2018, el "centro liberal reformista" del que se reclama heraldo FAES anda algo desnortado y bastante confuso, sin saber muy bien qué hacerse con el competidor pertinaz y resiliente que le ha salido a su derecha como una molesta protuberancia. Unas veces se prodigan en compadreos, resaltando las concomitancias mutuas, mientras otras se distancian displicentemente, haciendo muecas de repulsión si hace falta. Hay ocasiones en que firman acuerdos de paz —y pactos de gobierno autonómico— para después declararse la guerra rompiéndolos. Pero es una guerra de similor, impostada y algo fingida, porque la realpolitik impone que ambos se necesiten, si es que aspiran algún día a gobernar este país de todos los demonios, como lo llamaba Gil de Biedma. 

Tampoco es algo novedoso ni llamativo: sucede igual en el espectro ideológico de la izquierda, donde el PSOE solo gobernó en solitario durante 2018, después de la moción de censura, hasta que no pudo sacar adelante unos nuevos presupuestos. Pero existen diferencias de matiz entre ambos casos. Una es que el poder es la mejor argamasa, porque ayuda a cimentar el bloque y lima asperezas. Otra es que —después de 2016, cuando estuvieron a punto de lograrlo— la expectativa de que la izquierda de la izquierda culmine el sorpasso al PSOE es evanescente ya. Algo que no sucede al otro lado del Rubicón ideológico, porque, aunque remotas, las posibilidades de que Vox adelante al PP todavía pueden ser reales. Tan reales que, para conseguirlo algún día, rompieron incluso pactos de gobierno autonómicos en su momento, perdiendo así músculo financiero y peso institucional. No sería el primer país europeo en el que eso sucediera: ahí están Francia o Italia, donde republicanos y democristianos han sido borrados del horizonte electoral por sus versiones más extremas.

"Aunque remotas, las posibilidades de que Vox adelante al PP 'todavía' pueden ser reales"
Eso explica que el espacio de la derecha española se haya convertido en un territorio especialmente cainita. Caníbal, incluso. Porque la antropofagia ritual siempre ha tenido como objetivo apoderarse de la fuerza, el espíritu o el alma del adversario. PP y Vox se necesitan, sí, pero la disputa estriba en saber quién llegará primero en la photo-finish de las próximas elecciones. Ambos contendientes tienen factores a favor: el PP su arraigo institucional y territorial; Vox el viento de cola que sopla en todo el mundo y que favorece las versiones más hoscas y toscas del conservadurismo clásico, con Trump como nuevo comandante en jefe liderando guerras comerciales contra los mismos socios que, hace ochenta años, los Estados Unidos eligieron para hacer frente a la amenaza soviética.

Las cifras son elocuentes y especialmente preocupantes para el PP: según el último sondeo del instituto 40dB, Vox se está quedando con casi uno de cada diez votantes del PP. No solo eso, sino que el de Abascal sigue siendo el partido con el elector más fiel: más del 81%. Son, de hecho, los únicos que mejorarían claramente su resultado de las elecciones de julio de 2023, con una intención de voto ya en el 14,1%. Y eso a pesar de la constante sangría de cargos, los rifirrafes internos y los ceses de sus cabezas más visibles. Pero remar a favor del viento siempre ha sido más fácil. Y los tiempos están cambiando, como decía Bob Dylan, pero esta vez en otra dirección. "Somos el futuro", clamaban, el mes pasado, los líderes de la extrema derecha europea en Madrid. Y los datos no parecen contradecirles: el mismo barómetro constata que la mayoría del 18% de los españoles a quienes el regreso de Trump les genera sentimientos positivos está conformada por varones millenials o de la generación Z.

Tampoco es un problema exclusivo del PP: hasta el independentismo conservador catalán tiene sus propios rituales de apareamiento y canibalismo electoral. El último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) constataba que el 5% de los votantes de Junts se inclinaría ahora por Aliança Catalana, que es ya la segunda opción de voto para el 13% de los simpatizantes del partido de Puigdemont, muy por detrás de ERC (42%) pero más cerca de la CUP (17%). El interés de Puigdemont porque la Generalitat detente las competencias en inmigración es un intento más de cauterizar esa hemorragia interna. 

Conservadores y liberales se enfrentan a un formidable problema llamado Trump. Su primera victoria en 2016 sorprendió a todo el mundo. Hoy, aquella sorpresa ha devenido temor y temblor, con un presidente igual de megalómano, pero que esta vez ha venido con un plan premeditado. Y eso es algo que favorece a la variopinta fauna de extrema derecha que puebla cada vez más los hemiciclos de medio mundo.

"De la respuesta que sepa dar la derecha democrática al reto que tiene delante, no solo depende su futuro: también el de nuestras democracias"
Pero nos equivocaríamos si pensáramos que es un problema exclusivo del PP o de Junts. Bien, al contrario, de la respuesta que sepa dar la derecha democrática al reto que tiene delante, no solo depende su futuro: también el de nuestras democracias. No sé si volveremos a oír hablar de la necesidad de una futura coalición PP y PSOE deutscher stil. Coalición quizás sea, a estas alturas, una palabra demasiado pretenciosa. Pero se acerca el momento en que a los demócratas no les quede más remedio que sentarse a la misma mesa de una misma habitación, si es posible, decorada con pocos jarrones chinos. ¿Saben cuándo fue la última vez en que se negaron a entenderse conservadores y socialdemócratas? Exacto: en la Italia dopoguerra y en la Alemania de los años treinta.  
Anna López Ortega
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025). Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas. Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral. Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.
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