Según establece nuestra Constitución,
la potestad de una iniciativa legislativa y de su aprobación la tienen el Gobierno, el Congreso, el Senado, las asambleas de las comunidades autónomas y la ciudadanía con al menos 500.000 firmas acreditadas. Antes de ser aprobadas,
las leyes han de ser debatidas públicamente y contar con personas expertas que expongan todas las aristas que puedan surgir de ellas para evitar daños mayores
a posteriori.
Pues bien, en nuestro país,
la Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, se ha saltado a la torera todo este proceso. Además de impedirse el debate y la participación de todas las partes afectadas, se aprobó de urgencia que un colectivo que no llega al 1% de la población (y que ya contaba con 44 leyes autonómicas para los supuestos derechos reclamados) cuente con un privilegio que es una apisonadora de derechos para el 52% de la población que somos las mujeres (hembras adultas humanas) o para la infancia.
"Esta ley, lejos de acabar con el género y los roles sexuales impuestos, ha hecho ley la opresión y contraviene la ley para la igualdad entre hombres y mujeres"
Bajo el trilerismo y la mentira de ser una norma feminista y progresista, esta ley, lejos de acabar con el género y los roles sexuales impuestos, ha hecho ley la opresión. Por no hablar de que contraviene la poco importante ley para la igualdad entre mujeres y hombres o el Convenio de Estambul.
Peccata minuta. Y así pasa que
hay bomberos que de repente descubren su identidad autopercibida de mujer y piden plaza como bomberas, o que se permite que los maltratadores cambien de "género" (sin cambiar de nombre ni de aspecto), pero siguen ejerciendo violencia de género e ingresando en módulos de mujeres a cumplir su condena. También, en los últimos cuatro años, han aumentado hasta en un 700% los delitos sexuales con penetración cometidos por
mujeres…
La ley trans, que fue la única preocupación y obsesión de la exministra de Igualdad, reafirma la irrelevancia jurídica y administrativa de la categoría "sexo", sustituyéndolo por "identidad sexual". Irene Montero —que también redactó la maravillosa ley del "solo sí es sí" y que ha rebajado condenas a miles de violadores (como los de La Manada) o puesto directamente en la calle a delincuentes sexuales sin pedir ni un perdón a las mujeres afectadas— se jactaba antes de su aprobación de que tenía que hacerse sí o sí porque "las vidas LGTBI, particularmente las vidas trans, ya no pueden esperar más". Debe de ser que el resto de la humanidad, el otro 99%, lo tenemos todo.
Propaganda del contagio social
La doctrina trans se ha expandido tan fácilmente porque
tiene una ideología detrás que es antifeminista y capitalista; vende la felicidad inmediata a las personas que están a disgusto con su cuerpo y su mensaje cala fácilmente porque invoca a los sentimientos, anulando el pensamiento crítico.
"A través de políticas identitarias y de embajadores del lobby trans la maquinaria del negocio transgenerista se ha colado por tierra, mar y aire"
En el caso del
lobby trans la estrategia ha pasado por
anclar políticas identitarias en las agendas de los gobiernos a través de la repetición sistemática de "dar derechos humanos al colectivo más oprimido de todos los tiempos", al tiempo que ocultaban los verdaderos intereses de las industrias que están detrás de los conceptos de identidad de género o identidad sexual. Son las
big farma, la cirugía estética y las tecnológicas. A través de políticas identitarias y de embajadores del
lobby trans la maquinaria del negocio transgenerista se ha colado por tierra, mar y aire.
Esta ley es un fraude social y es maltrato a la infancia. Es vulneración y amparo del mayor escándalo médico y social de la edad contemporánea, ya que
promueve la medicalización, la privación y la vulneración del libre y sano desarrollo físico y de personalidad, especialmente entre menores de edad (cerca del 85% niñas de entre 12 y 17 años se declaran trans de la noche a la mañana) ante el contagio social.
¿Se nos habría ocurrido aprobar una ley que diera la razón a una chica con anorexia y distorsión cognitiva de su cuerpo que hace que sea vea gorda y alentarla a no comer y mutilarse porque, según ella, es un derecho humano y no puede esperar ni un segundo más? ¿Se habría aplaudido y normalizado que las familias que se opusieran a ello fueran tildadas de
anorexofóbicas?
"Se están desempolvando ideas de que existen preferencias femeninas y masculinas que, si son opuestas al sexo con el que se ha nacido es porque entonces eres del género contrario"
En lugar de
ayudar a esta población a responder a la pregunta de por qué creen que son trans, la seducen y manipulan en una etapa de gran vulnerabilidad psicológica. El resultado es el alarmante y desproporcionado aumento de peticiones a las unidades de tratamiento de la identidad de género de varios miles por ciento en pocos años, mayoritariamente en adolescentes y jóvenes neurodivergentes con altas capacidades, trastorno del espectro autista o trastorno de déficit de atención, entre otros; y con una problemática emocional o de salud mental previa, como depresión, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria o trastorno obsesivo-compulsivo, por poner algunos ejemplos. También
hay bastantes casos en los que existen situaciones traumáticas previas, causadas por el
bullying, el abuso sexual o la violencia machista en su entorno familiar o en sus propias parejas.
Las consecuencias, lejos de ser inocuas, están haciendo peligrar la salud física y mental de una generación que el día de mañana pedirá explicaciones. Se está amenazando peligrosamente el sano desarrollo y la salud de niñas y niños. A través de la ideología de la identidad de género se están desempolvando ideas de que existen cosas, gustos, actitudes, preferencias, etcétera, femeninas y masculinas, que, si son opuestas al sexo con el que se ha nacido es porque entonces eres del "género" contrario.
La mordaza y el insulto
Y como no hay mejor manera que acallar disidencias que con la coacción, sucede que
cualquiera que denuncie y alerte a la sociedad de los peligros de esta doctrina misógina y anticientífica, es señalada con el sambenito del "odio a las personas trans", el de
terfas o se le acusa de ser el gatillo que dispara al suicidio de las personas trans. Nada más lejos de la realidad.
"Esta ley no permite la prudencia y la espera y obliga a las familias (por más que sepan que sus hijas e hijos nada tienen que ver con ser trans) a abrazar el transgenerismo"
La única verdad es que esta ley no permite la prudencia y la espera y obliga a las familias (por más que sepan que sus hijas e hijos nada tienen que ver con ser trans) a abrazar el transgenerismo. De no hacerlo,
además de ser tildadas de tránsfobas, pueden perder la patria potestad, dejar de recibir ayudas públicas, enfrentarse a multas por delito de odio e incluso a querellas o denuncias por maltrato o violencia física o psicológica hacia quienes aman.
En este país tenemos que firmar un permiso para que nuestras hijas o hijos vayan de excursión, no se permiten tatuajes o fumar hasta los 18 años de edad, pero las y los menores pueden hormonarse y mutilarse miembros sanos a partir de los 16 años mientras sus madres y padres dan palmadas de alegría.
La ley trans fomenta la desautorización de las familias ante sus descendientes, al tiempo que empodera a terceras partes como las entidades transactivistas a ser su nuevo hogar. Curiosamente estar organizaciones reciben multimillonarias ayudas y subvenciones públicas y privadas. Si no se ve la conexión…