Domingo, 16 de agosto de 2026
FUTURO DE LA IGLESIA

Cónclave: lo que se puede saber (y lo que no)

El politólogo David Ricardo González analiza quiénes son los cardenales que, a partir de este miércoles, elegirán al sucesor del Papa Francisco. Con 133 electores de 71 países, será un cónclave más diverso y menos eurocéntrico que nunca. ¿Qué posturas defienden los papables? ¿El peso creciente de los "cardenales periféricos" ahondará en la renovación de la Iglesia?

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Los cardenales durante los ritos del funeral del Papa Francisco, el pasado 26 de abril. | marco iacobucci / Zuma Press / ContactoPhoto
Los cardenales durante los ritos del funeral del Papa Francisco, el pasado 26 de abril. | marco iacobucci / Zuma Press / ContactoPhoto
El cónclave no es tanto un procedimiento para elegir a un nuevo pontífice como para descartar al resto de purpurados. A partir del próximo 7 de mayo, los cardenales electores se recluirán en la Capilla Sixtina hasta ungir al próximo obispo de la Diócesis de Roma, que es a la vez líder espiritual de 1.400 millones de católicos repartidos a lo largo de todos los continentes, y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, la única teocracia electiva del mundo.

"Uno de los bloques más identificables de este cónclave será precisamente el de los cardenales periféricos, vital en la renovación de la Iglesia —menos europea y eurocéntrica— iniciada durante el pontificado de Francisco"
En realidad, el cónclave ya ha comenzado, no formalmente, pero sí a través de las Congregaciones Generales, fundamentales para decantar al próximo sucesor de san Pedro. Las Congregaciones Generales son reuniones en las que los cardenales —tanto electores como no electores— discuten libremente sobre el estado actual de la Iglesia católica, el contexto internacional y el perfil de Papa más idóneo para enfrentarse a los retos tanto internos (abusos a menores, mala gestión de las finanzas, conflictos entre sectores) como los que son exógenos a la institución (crecimiento de otras religiones, cuestiones geopolíticas y divisiones sociales).

Este año la primera Congregación tuvo lugar el 22 abril, apenas un día después de la muerte de Francisco, lo que provocó una protesta pública de Joseph Zen, cardenal emérito de Hong Kong, pues empezar tan pronto los parlamentos entre cardenales privilegia a aquellos que ya se encontraban en Roma, bien sea por cercanía geográfica —los europeos— o porque pertenecen a la Curia —el Gobierno de la Iglesia—.

Aunque Zen fue la voz más activa en contra de acelerar el proceso de elección del próximo, es probable que se hayan sentido igualmente agraviados los llamados cardenales periféricos, que provienen de territorios tan alejados de Roma como Tonga o Timor Oriental. Si bien parecen simples deslices de protocolo, estas primeras diferencias son elementales para la conformación de bloques. De hecho, uno de los bloques más identificables de este cónclave será precisamente el de los cardenales periféricos, vital en la renovación de la Iglesia —menos europea y eurocéntrica— iniciada durante el pontificado de Francisco.

Los números

El Colegio Cardenalicio está compuesto por 252 miembros, de los cuales 135 tienen derecho a voto al no superar los ochenta años de edad. Sin embargo, el número quedará reducido este cónclave a 133 electores debido a que el valenciano Antonio Cañizares y el keniano John Njue anunciaron su renuncia voluntaria a participar debido a motivos de salud. El cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid, tiene derecho a participar por muy pocos días, pues cumple esa edad el 16 de mayo, y va a ser el mayor de los purpurados con derecho a voto.

Este será el cónclave más numeroso y diverso de la historia, con cardenales que provienen de setenta y un países distintos. A continuación, se muestran gráficos con la composición del cónclave según diversos criterios.
 
 
 
 

El procedimiento jurídico y político

La sucesión del sumo pontífice está regulada por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis que, en términos terrenales, es algo así como la constitución política del Estado de la Ciudad del Vaticano. La actual Constitución Apostólica fue promulgada en 1996 por Juan Pablo II y pulida levemente por Benedicto XVI a través de dos motu proprio (reformas): De aliquibus mutationibus in normis de electione Romani Pontificis (2007) y Normas nonnullas (2013).

Algunas de las normas más importantes de la Constitución Apostólica son las siguientes:

1. Solo los cardenales menores de ochenta años son electores (art. 33):

"El derecho de elegir al Romano Pontífice corresponde únicamente a los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, con excepción de aquellos que, antes del día de la muerte del sumo pontífice o del día en el cual la Sede Apostólica quede vacante, hayan cumplido ochenta años de edad".

2. Cada día se realizan dos votaciones por la mañana y dos por la tarde, salvo el primer día (art. 63):

"En la tarde del primer día, se tendrá un solo escrutinio; en los días sucesivos, si la elección no ha tenido lugar en el primer escrutinio, se deben realizar dos votaciones tanto en la mañana como en la tarde".

3. El Papa es elegido por una mayoría de dos tercios de los votos válidos emitidos (art. 70):

"Los Escrutadores hacen la suma de todos los votos que cada uno ha obtenido, y si ninguno ha alcanzado al menos los dos tercios de los votos en aquella votación, el Papa no ha sido elegido; en cambio, si resulta que alguno ha obtenido al menos los dos tercios, se tiene por canónicamente válida la elección del Romano Pontífice".

Aunque parezca simple ceremonial, el marco jurídico condiciona el comportamiento de los actores políticos, en este caso, los cardenales electores.

"Si durante este cónclave no emergen con prontitud claros líderes, se corre el riesgo de que la elección se alargue, lo que daría una imagen de división y confusión en el seno de la Iglesia"
Durante el primer día, en la única votación, es prácticamente imposible que algún cardenal reúna los ochenta y nueve votos para ser elegido Papa. Por tanto, esta primera votación sirve más como una fotografía que evidencia tanto la existencia de bloques (tradicionalistas frente a reformistas; periféricos frente a europeos; latinoamericanos, africanos y asiáticos) como su fuerza. Durante este primer día, la estrategia consiste en que cada bloque deje claro a su candidato.

El segundo día es el punto álgido del cónclave, pues se realizan dos votaciones durante la mañana y una por la tarde, además de la comida en la que se negocian apoyos entre bloques. Es aquí cuando inician los vetos y las transferencias de votos. Por ejemplo, los tradicionalistas pueden unir fuerzas con los moderados para bloquear a un cardenal si lo consideran excesivamente reformista. Los que son considerados papables, al observar que van perdiendo apoyos, suelen convertirse en líderes de bloques y negociadores (grandes electores), para transferir los votos que habían agrupado hacia otro candidato que sí es viable.

Los últimos dos cónclaves se resolvieron en apenas dos días: en quinta votación para Bergoglio y cuarta votación para Ratzinger. Esto es porque tanto el argentino como el alemán se convirtieron rápidamente en figuras plebiscitarias: se conformaron bloques a favor o en contra. Si durante este cónclave no emergen con prontitud claros líderes, se corre el riesgo de que la elección se alargue, lo que daría una imagen de división y confusión en el seno de la Iglesia.

Sin haber iniciado el cónclave, algunos papables ya han comenzado a caer de las quinielas. El ejemplo más claro es Parolin, que está sufriendo un excesivo desgaste, acusado por sus pares de protagonismo desmesurado, especialmente durante la resolución del Caso Becciu, en donde Parolin aireó entre los purpurados dos cartas escritas por Francisco en las que el ex pontífice solicitaba expresamente la exclusión de Angelo Becciu del cónclave.

Los papables

Aunque Parolin partía como un claro favorito, el referido Caso Becciu lo mermó severamente, al grado de que medios ultraconservadores italianos difundieron con malicia que el ex secretario de Estado había sufrido un desvanecimiento por subida de tensión, algo desmentido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

"Los denominados papables rara vez suelen convertirse efectivamente en la cabeza de la Iglesia católica. Son perfiles tan visibles y carismáticos que generan animadversión entre sus colegas"
Otro de los purpurados más vapuleados es el filipino Tagle, de quien se filtró no inocentemente un vídeo en donde canta Imagine, de John Lennon, algo que sería una nimiedad si la letra de la canción no anhelara "Imagine there's no heaven… and no religion, too". Más allá de la difusión intencionada de este fragmento, sus pares le recordaron que al frente de Cáritas Internacional tuvo una gestión tan cuestionable que el propio Francisco le tuvo que auditar y destituir.

Es por este motivo que los denominados papables rara vez suelen convertirse efectivamente en la cabeza de la Iglesia católica. Son perfiles tan visibles y carismáticos que generan animadversión entre sus colegas. Un ejemplo claro es el ultraortodoxo Sarah, intransitable prácticamente para la mayoría del Colegio, y únicamente aupado por el ala más radical, tan ruidosa como minoritaria.

Bajo la premisa de que cualquier pronóstico es ocioso debido a las negociaciones de última hora y el posible ungimiento de perfiles desconocidos a lo largo del cónclave, estos son algunos cardenales al menos más mencionados, además de sus posicionamientos respecto a algunas cuestiones clave en los debates:
 

El papel de los grandes electores

¿Qué pasa con la veintena de nombres que se manejan en los medios y en la rumorología vaticana? ¿Son o no papables Sarah, Ranjith, Eijk, Arborelius y Burke?

"Tanto los bloques reformistas como tradicionalistas son plenamente conscientes de que hay nombres impotables para el sector contrario"
Tanto los bloques reformistas como tradicionalistas son plenamente conscientes de que hay nombres impotables para el sector contrario. Por tanto, algunos cardenales abandonan deliberadamente la carrera papal para convertirse en lo que se denomina grandes electores: los negociadores con capacidad de aglutinar votos, establecer vetos y, finalmente, pactar para determinar la elección.

Muchos de los papables, al observar tras la primera votación que no tienen posibilidad, aprovechan sus votos para edificar alianzas. Informaciones periodísticas reportan que Parolin cuenta de momento con cuarenta votos, casi un tercio, lo que le da ya poder de veto. Sin embargo, al hacerse público cómo se van mermando sus apoyos, se ha filtrado que podría negociar con Erdö para construir un gran bloque definitorio de moderados y tradicionalistas.

Otros, desde antes del cónclave, abandonaron cualquier ambición para ejercer orgánicamente el poder de grandes electores al saberse prácticamente descartados para el trono de san Pedro. Es el caso de Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, ampliamente respetado y con capacidad de diálogo entre todas las facciones, pero descartado por su edad (setenta y nueve años). Otro es el del mexicano Carlos Aguiar Retes, el latinoamericano más influyente, aunque con posibilidades muy bajas de ser electo. Estos cardenales se encargan de guiar a los más inexpertos y de establecer negociaciones informales en cafés y cenas privadas para ordenar el sentido de los votos antes del inicio del cónclave. Tanto Aguiar como Omella, gracias a la lengua común, conservan la ventaja de un trato cercano con los cardenales del universo hispanoamericano.

Un último apunte: ¿hay espacio para la sorpresa?

Si durante el segundo día se presenta una situación de impasse, se requerirá de un tercer día de votaciones, en donde todo puede saltar por los aires. En otras palabras, que se elija a algún cardenal que no estaba en ninguna quiniela al no ser candidato claro de algún bloque (Pizzaballa, por ejemplo). Se habla incluso de la posibilidad de que sea electo algún ordenado que no esté dentro de la Capilla Sixtina, algo que no es lo habitual, pero no teórica ni jurídicamente inviable.

"La única certeza es que la Iglesia católica afronta su elección más fragmentada e incierta de la historia moderna"
Francisco fue el Papa de las sorpresas y su último legado fue la composición de un Colegio Cardenalicio absolutamente impredecible. La única certeza es que la Iglesia católica afronta su elección más fragmentada e incierta de la historia moderna. La integración de cardenales de diócesis remotas y la exclusión de obispos tradicionales (Milán, Venecia, París) está demostrando que, tal vez, Francisco está cumpliendo la última de sus voluntades: el diálogo con el diferente.
David Ricardo F. González Ruiz
David Ricardo F. González Ruiz
Máster en Políticas Públicas y Sociales (Barcelona School of Management de la Universitat Pompeu Fabra)
Politólogo por la universidad jesuita de Guadalajara (México) y estudiante del máster en Políticas Públicas y Sociales en la Universitat Pompeu Fabra. Ha sido coordinador adjunto del Encuentro Internacional de Gobierno y Sociedad Civil de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más importante en lengua española, donde gestionó la visita de destacadas figuras políticas e intelectuales. Posee experiencia en relaciones institucionales de alto nivel y una sólida formación jesuita que guía su pensamiento político.
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