Lunes, 17 de agosto de 2026
SOCIEDAD

El velo en Europa: ¿símbolo de diversidad o forma de opresión?

El velo no es solo una prenda, sino el epicentro de un debate sobre libertad y control. Mientras algunas lo ven como símbolo de opresión, otras lo reivindican como elección. En el fondo, la pregunta clave sigue siendo: ¿quién decide? El sociólogo Zakariae Cheddadi aborda la cuestión para defender que "el quid de la cuestión es generar confianza para que toda mujer musulmana se sienta libre y empoderada para afirmarse en el espacio público, ya sea llevando hiyab o denunciando la imposición".

Zakariae Cheddadi Zakariae Cheddadi 28 de marzo de 2025
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Cheddadi aboga por un debate sobre el velo islámico que vaya más allá de la islamofobia y la religiosidad. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Cheddadi aboga por un debate sobre el velo islámico que vaya más allá de la islamofobia y la religiosidad. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto

Últimamente, el islam se está convirtiendo en una preocupación para los europeos. Las diferentes encuestas de opinión, certificadas por los resultados electorales, dan cuenta de esta cuestión. Al igual que los judíos fueron el chivo expiatorio para Europa, hoy en día los musulmanes parecen ocupar todos los temores y ansiedades de mucha población contraria a la multiculturalidad. Uno de estos recientes temores es el del uso del velo en las escuelas en España. A raíz de una manifestación convocada por el Sindicato de Estudiantes, muchas mujeres de origen musulmán protestaron frente a un instituto de Parla (Madrid) debido a las restricciones que había impuesto este centro al uso del hiyab en el interior del mismo.

"Al igual que los judíos fueron el chivo expiatorio para Europa, hoy en día los musulmanes parecen ocupar todos los temores y ansiedades de mucha población contraria a la multiculturalidad"
Esta cuestión rápidamente ha escalado a los medios de comunicación, convirtiendo nuevamente el velo islámico en un debate público. Consiguiendo enfrentar dos diferentes posiciones polarizadas: la de aquellos que defienden la prohibición del velo bajo la convicción de que el islam es una religión machista y la de aquellos que sostienen que esta normativa es racista e islamófoba. Bien, frente a estas posiciones tan polarizadas, cuya aportación al debate público no puede ser más que incendiario, resulta fundamental establecer un debate más riguroso sobre la sociología del uso del velo.

Esta sociología debería empezar por separar diferentes casuísticas respecto al uso del velo. Parece que al entorno mediático no le interesa la matización, pero esta es imprescindible si queremos comprender profundamente cualquier cuestión social. Ni los unos están completamente equivocados, ni tampoco los otros están absolutamente en lo cierto.

Para entender la complejidad de lo que se habla cuando se habla del velo islámico, solamente hay que acudir a autoras como Fatima Mernissi o Najat El Hachmi. Leyendo a estas autoras, nadie puede proseguir con las simplezas como que el islam es intrínsecamente machista o misógino o que el velo es la única oportunidad que tienen las mujeres musulmanas para empoderarse en el espacio público. Por ejemplo, Mernissi, gran estudiosa del islam y del Corán, llega a la conclusión en El harén político: el profeta y las mujeres de que el uso social del velo islámico, lejos de revelar una obligación (fard) religiosa para las mujeres, esconde una realidad patriarcal impuesta culturalmente por los hombres. Por tanto, lo relevante aquí no está en discutir si el islam es machista o no, sino, en todo caso, desvelar teológicamente aquello que se reviste como religioso cuando es una cuestión cultural.

Como digo, frente al maniqueísmo que se pretende instaurar en la agenda pública sobre el islam, resulta muy importante aplicar cierta dosis de pensamiento crítico. Así con todo, frente a la insidiosa pregunta de si el uso del velo islámico es machista y va en contra de la dignidad del derecho de las mujeres, cabe mencionar cuatro lecturas necesarias sobre la cuestión.

Primero, en términos sociales, el velo, como cualquier atuendo religioso, puede adoptar múltiples símbolos y significados. Para muchas personas puede ser el símbolo de la opresión machista, pero para otras puede significar el valor y la valentía de practicar la religiosidad en un contexto contrario al islam. Todas las interpretaciones son posibles. Ahora bien, es cierto que el velo no es indiferente a las lógicas sociales en las que participan los hombres y las mujeres de origen musulmán. Desgraciadamente, el uso del velo no puede estar al margen de la realidad de muchas mujeres musulmanas que, en su afán de no llevarlo, se ven obligadas a raíz de múltiples presiones familiares. Esta expresión del control social, la mayor parte de las veces ejercido por la figura del varón (padre o hermano) en el hogar, no permite que el debate sobre el velo sea simplemente un debate de islamofobia, ya que el velo, desafortunadamente, no solo representa una voluntad individual de la mujer a la hora de ejercer su libertad de culto. Si esto fuera así, está claro que la pregunta forma parte de un odio cada vez más generalizado al islam. Sin embargo, el debate no se resuelve de esta manera, puesto que en los propios países musulmanes existe una ingente cantidad de movimientos sociales que promueven otra visión respecto al hiyab. En este punto, no creo que nadie se atrevería a decir que los propios musulmanes son antimusulmanes, solamente por pedir que las mujeres puedan decidir libremente portarlo o no.

"Habiendo expuesto lo anterior, la solución nunca puede ser la prohibición. Ni mucho menos arrogarse el derecho a hablar en nombre de las mujeres musulmanas sobre si el velo es machista o no"
Segundo, habiendo expuesto lo anterior, la solución nunca puede ser la prohibición. Ni mucho menos arrogarse el derecho a hablar en nombre de las mujeres musulmanas sobre si el velo es machista o no. Frente a la cuestión social del velo y de la connotación machista que pueda tener, hay muchas mujeres musulmanas que defienden hacer uso del velo. Estas insisten en que el velo forma parte de su vida personal. Afirman que la decisión les pertenece y que están cumpliendo con una praxis religiosa fundamental para ellas.

Por tanto, en un Estado de derecho resulta también fundamental garantizar que estas mujeres no sufran discriminación por haber decidido llevar el velo. Si el principio de la no coacción se basa en la elección personal, ¿Por qué se debería dudar de la subjetividad de estas mujeres musulmanas? Se insistirá en que bajo presión social nunca resulta fácil denunciar la posible coacción del velo. Sin embargo, las mujeres musulmanas adultas son, eso, adultas y no se pueden menospreciar sus decisiones personales. El temor a la coacción del velo, el cual existe en muchos casos, no puede suponer barrer con los derechos de las mujeres que defienden el uso libre del hiyab. Lo contrario supone, paradójicamente, vulnerar un derecho defendiendo otro supuesto derecho.

Tercero, la desacreditación de la crítica al uso social del velo tampoco es procedente, puesto que, siendo conscientes de la posibilidad de que muchas familias impongan el velo a sus hijas, el grito al cielo puede ser una llamada de atención de la situación en la que viven algunas mujeres musulmanas. El problema, nuevamente, consiste en que no se puede vulnerar el derecho de mujeres que lleven velo simplemente porque existe la posibilidad de que otras mujeres lo lleven por coacción. En este sentido, la agencia personal debe estar por encima de cualquier decisión política, ya que, de lo contrario, se podría acabar en un régimen que vulnere los derechos de las personas a nivel privado. Si la voluntad es asistir a las mujeres que lleven el velo por coacción, lo mejor que se puede hacer es darles voz, escucharlas y, en absoluto, ningunearlas bajo el pretexto de atacar al islam como religión. En suma, el quid de la cuestión es generar confianza para que toda mujer musulmana se sienta libre y empoderada para afirmarse en el espacio público, ya sea llevando hiyab o denunciando la imposición.

"No creo que sea positivo prohibir, máxime en una sociedad que todavía tiene evidentes problemas de cohesión social en términos de multiculturalidad"
Por último, está la cuestión de la prohibición y sus efectos. No creo que sea positivo prohibir, máxime en una sociedad que todavía tiene evidentes problemas de cohesión social en términos de multiculturalidad. Si ya de por sí resulta muy compleja la integración socioeducativa de los inmigrantes (con respecto a resultados educativos y de segregación escolar), la voluntad de prohibir el velo no ayuda nada para incentivar el diálogo intercultural en las escuelas. Limitar el derecho a la educación en condiciones óptimas, no puede ir en consonancia con el objetivo de que el sistema educativo incentive la integración social. Más bien, puede suponer un estresor más desafiante todavía a la voluntad de que las personas inmigrantes puedan acceder a la educación y, al mismo tiempo, encuentren un camino para la comunicación intercultural en la sociedad. En definitiva, barreras como estas solo pueden alimentar la distancia sociocultural y la incomunicación cultural. Munición evidente para los extremismos religiosos, cuyas proclamas se verían legitimadas por las comunidades musulmanas.

Zakariae Cheddadi
Zakariae Cheddadi
Doctor en Sociología por la Universidad del País Vasco
Mis líneas de investigación se centran en comportamiento político, extrema derecha y sociología de las migraciones.
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