Fracaso de la derecha radical: Austria apuesta por la coalición proeuropeísta
Austria tendrá un nuevo Gobierno tripartito de perfil moderado y europeísta, casi seis meses después de las elecciones. El experto en geoestrategia Adam Casals analiza su impacto internacional, así como sus efectos en la economía y la democracia europea.
Los líderes del nuevo Gobierno austriaco: el canciller del Partido Popular Austríaco, Christian Stocker (centro); el presidente del Partido Socialdemócrata, Andreas Babler (izquierda); y la líder del partido NEOS, Beate Meinl-Reisinger (derecha). | Georges Schneider / Xinhua News / ContactoPhoto
El 8 de febrero, Swissinfoinformaba de que "numerosos líderes de la extrema derecha europea, con Viktor Orban y Marine Le Pen a la cabeza, reclamaban en Madrid un 'giro de 180 grados' en la política europea [...] Bajo el lema Make Europe Great Again los líderes del grupo parlamentario Patriotas por Europa se reunían en un hotel cerca del aeropuerto".
Al lado del líder de Vox, Santiago Abascal, se encontraban "el holandés Geert Wilders, el portugués André Ventura, el polaco Krzysztof Bosak, el checo Petr Macinka, la griega Afroditi Latinopoulou y el estonio Martín Helme", explicóOnda Cero. También estaba, en lugar destacado, el líder del FPÖ austríaco en Bruselas, Harald Vilimsky. Desde Viena, Die Pressedestacaría las críticas contra la Unión Europea por parte de Patriots.eu, junto a sus apocalípticos vaticinios respecto al supuesto "plan de convertir a Europa en un megaestado", con las consecuencias "catastróficas" que ello conllevaría. El jefe del partido ultra, Herbert Kickl, fue uno de los grandes ausentes en España. El medio conservador lo justificaría debido a las "dificultades en las negociaciones" para formar Gobierno en Austria.
El 6 de enero, Agenda Pública había informado puntualmente de la "caída de la primera pieza del nuevo dominó geopolítico", coincidiendo con la toma de posesión del presidente Donald Trump en los Estados Unidos. De forma inesperada, se rompían las negociaciones para formar un gobierno moderado, y el Partido Popular austríaco (ÖVP) aceptaba entablar negociaciones con un radicalizado FPÖ, que había ganado los comicios y ostentaría la Cancillería federal por primera vez en la historia de la República. Los suizos titularían "¡Somos el futuro!", clamor "exultante de la extrema derecha europea reunida en Madrid". Sin embargo, poco después Austria demostraría que son muchos los futuros alternativos y posibles.
"155 días después de las elecciones generales —un largo interludio, récord en democracia—, un nuevo Gobierno tripartito liderado por el Canciller Christian Stocker (ÖVP), en coalición con los socialdemócratas del SPÖ y los liberales de NEOS, tomaba posesión"
El lunes 3 de marzo, 155 días después de las elecciones generales —un largo interludio, récord en democracia—, un nuevo Gobierno tripartito liderado por el Canciller Christian Stocker (ÖVP), en coalición con los socialdemócratas del SPÖ y los liberales de NEOS, tomaba posesión en la sala de la emperatriz Maria Theresia, en el ala del antiguo Palacio Imperial del Hofburg en la que se ubica la Presidencia de la República. "Las cosas buenas llegan a quienes saben esperar. Al menos esa es mi esperanza", dijo el presidente Alexander Van der Bellen a los congregados, incluidos los nuevos ministros y secretarios de Estado que tomaban posesión de sus cargos.
El día después, el progresista Der Standard daba la bienvenida al nuevo Gobierno recordando que "Austria sigue en recesión. Las esperanzas de una recuperación se están desvaneciendo cada vez más y la crisis de la industria ha empeorado. La recesión más larga desde los tiempos de la posguerra durará probablemente tres años". En efecto, el país transalpino lleva en recesión desde el segundo trimestre de 2023, mientras las cifras de parados siguen subiendo.
En estos meses, he comentado con frecuencia a mis clientes que un país como Austria es el ejemplo paradigmático del efecto que la geopolítica puede tener en las economías nacionales. Viena está a unos 1.000 km de Kiev. Ante una situación de conflicto internacional y los efectos de una creciente política de bloques, su política de neutralidad, junto a las salvaguardias que suponen la pertenencia a la UE y a la eurozona, no la han salvado de los vaivenes derivados de la anterior dependencia energética de Rusia en el marco actual. Asimismo, el alcance de las sanciones y la inflación han afectado notablemente a un sector comercial y financiero notablemente expuestos en Europa del Este, en Ucrania, en la misma Rusia y en Asia central. Der Standard lo llamaría un "tiempo de grandes retos".
Riesgos para la economía y para la seguridad nacional
En el marco de un evento invernal en la Academia Política de la ÖVP, personas próximas a la dirección del partido confirmaban los temores que, en su momento, habían expresado sectores industriales y financieros, así como determinadas confederaciones de empresarios, en torno a la figura del nuevo líder socialdemócrata, Andreas Babler. Originario de la Baja Austria, Babler había sido alcalde de una localidad de unos veinte mil habitantes.
En 2023, recién nombrado secretario general del SPÖ, Babler afirmaría en el programa televisivo de Corinna Milborn que se consideraba "marxista". Desde ese momento, sectores conservadores lo acusarían de querer imponer un viraje ideológico hacia la izquierda populista.
La crisis económica, la inestabilidad geopolítica y la necesidad de reducción del déficit público, afirmaban las fuentes consultadas, aconsejarían un Gobierno de derechas.
En tiempos de la coalición entre ÖVP y FPÖ liderada por el canciller Sebastian Kurz (ÖVP), la derecha populista había hecho lo posible para moderar sus postulados, apelando incluso a un electorado centrista descontento. Fueron los tiempos en los que Norbert Hofer (FPÖ) estuvo a punto de ganarle las elecciones a Alexander Van der Bellen, en su día próximo a los Verdes, para ocupar la Presidencia de la República. Sin embargo, en 2025 no serían fáciles las negociaciones con un Herbert Kickl que contaba con destacados apoyos exteriores y se sentía ganador. Pronto empezarían las filtraciones a la prensa respecto a los protocoles de las reuniones, que arrojaban las pretensiones del FPÖ.
"La crisis económica, la inestabilidad geopolítica y la necesidad de reducción del déficit público, afirmaban las fuentes consultadas, aconsejarían un Gobierno de derechas"
El 4 de febrero, Der Standard recogía en portada algunas de las supuestas "alocadas pretensiones del FPÖ" en las negociaciones y en el programa electoral: "solo [enseñanza en] alemán en las universidades y en los trabajos académicos; bono de cocina para las mujeres [que se queden en casa]; posibilidad de condena penal para niños a partir de los doce años; retribución por las medidas [en tiempos de] pandemia; salida de Austria [a día de hoy, Viena es la tercera capital del Sistema de Naciones Unidas] de la Organización Mundial de la Salud (OMS); ninguna atención sanitaria para solicitantes de asilo; [preferencia] por la legislación de emergencia y las iniciativas populares, así como iniciativas populares [referéndums] sobre temas populistas; acabar con el voto por correo; destruir la [corporación pública de radiotelevisión] ORF; despedir a los redactores [no deseados] del ORF; acabar con las excesivas [disposiciones] legislativas relativas a la incitación [al odio]; [activar] un servicio de delatores contra maestros no deseados de izquierdas; subvenciones para medios de comunicación de extrema derecha en detrimento de los medios críticos; […] bloqueo completo de la UE, incluidas las [medidas de] financiación para startups tecnológicas; prohibición de molinos de viento [turbinas eólicas]; cancelación de las políticas climáticas; salida de la política exterior y de seguridad de la UE; renuncia al [sistema de escudo de defensa conjunto europeo] Sky Shield [al que también pertenece la neutral Suiza]; [renovada tensión con Italia por] el Tirol del Sur (nacionalidad austríaca para los ciudadanos del Tirol del Sur); salida de Austria del Programa de la OTAN de Asociación para la Paz (Partnership for Peace); [mayor coordinación] en política exterior con Hungría, Eslovaquia y Rusia (levantamiento de sanciones)". A continuación, el periódico se preguntaba si un partido democrático, fiel al Estado de derecho, de orientación occidental, como el popular ÖVP, podría comulgar, aunque fuere parcialmente, con dichos supuestos.
En enero, Petra Stuiber había advertido de los riesgos para la economía de esta coalición entre las dos derechas. Kickl prometía un importante alivio fiscal a las empresas, pero todo eso "no compensaba los grandes problemas que la coalición conllevaría para los grandes directivos corporativos de Austria". Por ejemplo, argumentaba la veterana periodista, cuando se quieren paralizar las políticas climáticas, a pesar de las "ingentes sumas" que Voest invirtió en el desarrollo de "acero verde", para "seguir siendo competitiva" en los mercados globales. "Gasolina en vez de electricidad", a pesar del "ejemplo" de multinacionales alemanas de automoción, que mostrarían lo que sucede cuando una empresa "no sabe interpretar las señales de los tiempos" [y acaba perdiendo competitividad respecto a los competidores chinos]. Estar en contra de la UE [y del acceso a los mercados que ofrece] "tampoco sería especialmente bueno para los negocios". Los empresarios "deben ser neutrales políticamente", pero "creer que un partido […] que celebra sus éxitos electorales fomentando el resentimiento, creando y [alimentando el imaginario] de [supuestos] enemigos, podría resolver los principales problemas del país es una actitud peligrosamente miope". En un número especial, Falter publicaría un manifiesto para hacer posible, si acaso, un Gobierno en minoría sin el FPÖ.
"En una economía abierta y dependiente de la exportación, el aislamiento y el daño reputacional pueden mostrar un rápido efecto negativo en los libros de contabilidad"
Pocos días después, Christian Ultschcalificaba a Kickl como un "riesgo para la seguridad [nacional] de Austria". En la página dos del diario, el redactor jefe de Die Presse exigía "líneas rojas más precisas en política europea y exterior". "No basta con un reconocimiento a la membresía en la UE". Las necesidades de desregulación no justificarían "el desmontaje del espacio económico europeo". "En la pugna geopolítica con China y los Estados Unidos, Europa solamente puede sobrevivir si aguanta unida". Solos, "los pequeños estados nacionales europeos estarían perdidos y serían presa fácil". Por otra parte, sería necesario un reconocimiento del "respeto a los acuerdos internacionales" suscritos por el Estado, así como evitar los errores supuestamente cometidos en 2018 alrededor de los Servicios de inteligencia, cuando Kickl era ministro del Interior, y que podrían levantar "sospechas" en otros países. En un momento marcado por la proliferación de atentados islamistas, la colaboración entre servicios de inteligencia de distintos países es esencial.
En definitiva, "en una economía abierta y dependiente de la exportación, el aislamiento y el daño reputacional pueden mostrar un rápido efecto negativo en los libros de contabilidad".
La cultura del compromiso como alternativa a la cultura de la confrontación
Pocas semanas después, en un acto con presencia de destacados políticos de ÖVP y SPÖ, algunos asesores me comentaban que no veían posible el acuerdo con la extrema derecha. Sectores económicos se mostraban escépticos con el nivel de radicalidad de algunas propuestas de Kickl, así como su determinación de aplicarlas. Los analistas de riesgo vivían días de actividad frenética. Como había publicado el propio Ultsch, "siempre hay alternativas, también ahora".
El 12 de Febrero, apenas cuatro días después del encuentro en Madrid, se rompían las negociaciones entre conservadores y populistas. El líder socialdemócrata Babler y la líder liberal, Beate Meinl-Reisinger, habían mostrado previamente su predisposición a volver a la mesa de negociaciones y llegar a nuevos acuerdos con el ÖVP. Esa tarde, el presidente de la República decidió explicar a los ciudadanos en qué consiste la cultura de la negociación europea.
"El compromiso ha caído en descrédito". [Como si fuera] "algo para perdedores. 'Compromiso' es otra palabra para referirse a encontrar una solución común"
Van der Bellen habló de nuestros tiempos, en los que "es más difícil llegar a acuerdos" porque "el compromiso ha caído en descrédito". Como si fuera "algo para perdedores. Compromiso es otra palabra para referirse a encontrar una solución común. Porque si cada uno se queda con su propio punto de vista, no habrá solución. El panorama político se está polarizando y personas de diferentes partidos muestran cada vez [opiniones] más irreconciliables entre sí, en lugar de encontrar soluciones conjuntas. No se trata de estar siempre de acuerdo. Pero para llegar a un compromiso hay que aceptar que la opinión de la otra persona es tan importante y válida como la propia".
"El acuerdo es un bien cultural, un tesoro en Austria". En los distintos ámbitos de la vida, "se trata de encontrar el equilibrio a través del compromiso […] Pero si cada uno cree que habla en nombre de los demás, falta humildad hacia la opinión y el punto de vista de otros. Me parece que esto ha sido así en todas estas negociaciones". Esa noche, los comentaristas del ORF contrapondrían la "cultura del compromiso" propia de las democracias representativas centroeuropeas a la "cultura de la confrontación" en otros países. El intento de importar dichos hábitos a Austria habría fracasado, al menos por esta vez.
Finalmente, el presidente exhortó a actuar en pro del interés nacional, afirmando que "aquí se trata del Estado en su conjunto. Se trata de encontrar soluciones comunes para nuestra patria".
La respuesta austríaca: un Gobierno centrista y proeuropeo
Pocos días antes de las elecciones alemanas, los líderes de los partidos, que en enero no habían sido capaces de ponerse de acuerdo, iban juntos a visitar al presidente para comunicarle que finalmente formarían el primer Gobierno tripartito de la historia de Austria. La única novedad era el ahora canciller Stocker —considerado por algunos inicialmente como un líder de transición después de la dimisión del anterior Canciller Karl Nehammer—, quien ha demostrado ser un hábil y paciente negociador.
"Austria ha demostrado que siempre hay alternativas. Su nuevo Gobierno federal será centrista y proeuropeo. Sin que por ello vaya a ser menos patriota que otros"
Con actitud renovada, Babler ha conseguido carteras importantes, como el Ministerio de Finanzas, clave en las discusiones sobre la reducción del déficit, o el de transportes e innovación. Cabe destacar la incorporación en esa cartera del veterano Peter Hanke, que había liderado hasta la fecha resortes económicos, financieros, turísticos y empresariales en la ciudad y región de Viena. Hanke fue uno de los artífices en la consolidación de Viena como "ciudad con la mayor calidad de vida del mundo", invirtiendo asimismo en políticas de accesibilidad que valieron a la ciudad el Access City Award de la Comisión Europea en 2025. Por su parte, Meinl-Reisinger consigue la cartera de exteriores y Europa en el estreno de la formación NEOS en el gobierno federal. Los liberales fueron especialmente explícitos en la exhibición de símbolos europeos durante la campaña y marcarán una agenda proeuropeísta, y a favor de los mercados y la libre competencia.
Las democracias liberales europeas permiten expresar matices y encontrar consensos que muestren el camino hacia la recuperación económica, manteniendo la estabilidad y las ventajas del mercado común. En tiempo de descuento, Austria ha demostrado que siempre hay alternativas. Su nuevo Gobierno federal será centrista y proeuropeo. Sin que por ello vaya a ser menos patriota que otros.
Adam Casals
Experto en geoestrategia y asesor en relaciones internacionales
CEO de Casals' Company. Fue delegado de la Generalitat de Catalunya en Austria y Europa Central. Ha publicado recientemente en 'Vozpopuli', 'El Confidencial', 'La Vanguardia', 'ABC', 'Crónica Global/El Español', 'Medium', 'Ara', 'Blockchain Economía', 'Círculo de Economía y El Món de Demà' y 'Política & Prosa' en España, con 'The European' en Alemania, 'Die Presse' en Austria, 'Delo' en Eslovenia y 'Limes, Rivista Italiana di Geopolitica'. Colabora con la 'Cadena SER'.