Martes, 28 de julio de 2026
JUSTICIA EN ESPAÑA

¿Por qué elegimos así a los jueces en España?

En España se elige a los jueces mediante oposiciones basadas en la memorización. Juan Antonio Lascuraín, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid, se cuestiona un modelo al que considera “anacrónico” y propone valorar otras habilidades de análisis y argumentación en los procesos de selección. ¿Es posible tener un modelo garantista y valorar otras aptitudes?

Juan Antonio Lascuraín Sánchez Juan Antonio Lascuraín Sánchez 19 de marzo de 2025
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El Rey hace entrega de los despachos a la 73 promoción de la Carrera Judicial. | Kike Rincón / Europa Press / ContactoPhoto
El Rey hace entrega de los despachos a la 73 promoción de la Carrera Judicial. | Kike Rincón / Europa Press / ContactoPhoto

La selección y la formación de las y los jueces es un tema apasionante e ilusionante. Apasionante por lo mucho que nos va en ello como sociedad, en nuestra salud democrática: se trata de las personas a las que encargamos que interpreten y apliquen nuestras reglas de resolución pacífica de conflictos. Ilusionante por lo mucho que, a mi juicio, podemos avanzar en este ámbito. Porque ahora ni estamos eligiendo a los mejores de entre los vocacionados ni los estamos formando como podríamos hacerlo para optimizar la administración de justicia.

Esta es la tesis que comparto en esta entrada: el modo que tenemos de seleccionar y formar a nuestros jueces es manifiestamente mejorable, y el anteproyecto de ley que ha puesto el Gobierno en la mesa para proceder a tal mejora me parece un buen paso, aunque tímido de más, en la dirección correcta. Lo anterior no supone que nuestros jueces no sean buenos, sino solo que pueden ser mejores: que podemos detectar mejor el talento judicial y que podemos dedicar más tiempo y recursos a potenciar ese talento: a la argumentación jurídica, a su aplicación a casos complejos, a su expresión escrita. En esto de las oposiciones a juez no han llegado nuestros años sesenta; no hemos pasado del rodillo ventral, exitoso en su momento, al estilo fosbury.

¿Cuál es el modelo actual?

Lo que resumo a continuación no es una caricatura ni una ensoñación de profesor en las nubes, sino algo que he vivido de cerca a través de numerosos testimonios de mis alumnos.

"Nadie les pedirá que motiven por escrito si Rubiales cometió una agresión sexual, cuál y por qué. Eso sí: les podrán pedir que reciten con rapidez y sin fallo los artículos 178, 178 y 180 del Código Penal"
Pasado un primer test y teniendo en cuenta que la Escuela Judicial no es en la práctica selectiva, la elección de jueces se ventila en dos pruebas orales. Estas son las oposiciones de verdad, que consisten en recitar cinco temas durante una hora, cosa que los candidatos tratan de hacer velozmente y sin vacilación. El programa abarca 328 temas, en su mayoría basados en el contenido de nuestras leyes, como si, al estilo de Fahrenheit 451, los libros y las bases de datos estuvieran en riesgo de desaparecer. Entre los materiales más difundidos entre los opositores, porque imagino que estarán entre los más apreciados por los tribunales de oposición, están los denominados Carperi, por el nombre de la editorial, ya que no se sabe de quién son, quién los redactó. Este anonimato habla ya de la calidad de los textos. Por lo demás, esta editorial es desconocida en el mundo jurídico y de hecho no aparece entre las más de cincuenta editoriales jurídicas de la clasificación SPI (Scholarly Publishers Indicators).

¿Resuelven los candidatos algún caso? No. ¿Les pregunta algo el tribunal? No. ¿Escriben algo? No. No hacen ninguna de las cosas que harán como jueces. No se les evalúa en qué medida tienen el talento que buscamos en un juez: si son buenos intérpretes de los enunciados legales; si son buenos aplicadores del ordenamiento a los conflictos que suscita la vida; si son buenos expositores por escrito de su argumentación. Nadie les pedirá que motiven por escrito si Rubiales cometió una agresión sexual, cuál y por qué. Eso sí: les podrán pedir que reciten con rapidez y sin fallo los artículos 178, 178 y 180 del Código Penal.

Por terminar con la foto. Los candidatos y las candidatas pasan de media más de cinco años con esta abnegada labor de hipermemorización —que hace poco el magistrado Julio Picatoste adjetivaba de "brutal"—, en dedicación exclusiva, sin ingresos y pagando a un preparador. El preparador, por cierto, no es en rigor un formador de jueces (insisto: alguien que enseñe a interpretar, a aplicar, a redactar, a investigar, a interrogar), sino alguien que más allá de resolver las dudas jurídicas que puedan surgir dedica buena parte de su labor a reforzar la disciplina y el ánimo de sus preparandos. Ánimo quebradizo: tarea dura y aburrida, poco tiempo libre, poca vida social, cero ingresos y resultado incierto.

¿Por qué debe reformarse el sistema?

Expondré tres razones básicas a partir del siguiente presupuesto compartido: se trata de seleccionar a las y los mejores (a los que tengan más talento para ejercer las funciones judiciales) y se trata de formarlos (de hacer de ellos buenos jueces: buenos intérpretes, buenos aplicadores, buenos redactores), aprovechando el proceso de selección y sobre todo tras una primera selección.

"El sistema actual no elige necesariamente a los mejores futuros jueces sino a los mejores y más disciplinados memorizadores, cualidad esta que sin duda exige también inteligencia"
La primera razón es que el sistema actual no elige necesariamente a los mejores futuros jueces sino a los mejores y más disciplinados memorizadores, cualidad esta que sin duda exige también inteligencia. Aquí me apoyo también en mi experiencia personal: algunos excelentes alumnos de mi facultad no han superado la selección porque eran muy buenos razonadores y expositores pero no magníficos memorizadores. O porque no soportaron la dureza de los meses, años, de memorización. O porque les pudo el sinsentido del sistema, defecto este al que eran más sensibles precisamente por ser buenos juristas.

La segunda razón para cambiar de modelo es que la prolongada etapa de oposición no forma adecuadamente a los futuros jueces, a pesar de disponer de más de cinco preciosos años de dedicación intensa de estos jóvenes juristas con vocación judicial. Ninguna facultad de Derecho de mundo con un mínimo de prestigio forma a juristas obligándoles a memorizar temas o leyes. Es más, ese exceso de retención es contraproducente, porque nuestro cerebro tiene bytes limitados y porque si los especializas en una cosa, los pierdes para otras. En el cuento de Borges, el extraordinario Funes, el memorioso, "no era capaz de pensar", porque "pensar es olvidar diferencias, generalizar, abstraer".

La tercera razón para el cambio tiene que ver con la igualdad en la selección por razones de índole económica, por mucho que esta crítica deba morigerarse en tiempos recientes. Me anticipo a algunas réplicas. Los jueces no son hijos de jueces, ni los jueces provienen mayoritariamente de familias adineradas. Estos son datos objetivos. Tanto como que el sistema ha venido cerrando las puertas a los jóvenes provenientes de familias más humildes, aquellos que no pueden permitirse cinco años adicionales al grado sin ingresos y con gastos específicos de materiales y preparador.

En fin, expresados en una píldora los defectos del modelo actual: no elige necesariamente a los mejores, no es formativo en la mayor parte del proceso, no es suficientemente igualitario.

¿Hacia dónde debería ir la reforma del sistema?

Por lo pronto hay que invertir los tiempos, como hace por ejemplo el MIR, un sistema de selección de profesionales de una disciplina también exigente y también práctica. Del 5+2 al 2+5: dos años como mucho para preparar la prueba de selección y cinco años de (dura y selectiva) escuela judicial y de prácticas profesionales.

"No se trata de que vayan a la Escuela Judicial los que más saben, sino los que tienen más talento para aprender"
La pregunta es ahora la de cómo acortar la selección, pero hacerla práctica y objetiva. Creo que hay que mantener el test como primer filtro de un notable o sobresaliente conocimiento de lo aprendido en el Grado de Derecho, y que hay que complementarlo con una prueba de un caso práctico que deberá redactarse con tiempo, por escrito y con materiales legislativos. Como se trata de detectar el talento y de no alargar la selección, habría que acotar los temas. Quizás sería bueno que el alumno pueda elegir entre un caso de Derecho Civil y un caso de Derecho Penal.

Y es que no se trata de que vayan a la Escuela Judicial los que más saben, sino los que tienen más talento para aprender. La Escuela debería ser un máster exigente y seriamente selectivo de formación judicial. ¿Qué no podrán aprender jóvenes cualificados con una formación así, con los mejores magistrados y profesores universitarios enseñándoles a (vuelvo a mi trípode) argumentar, aplicar y redactar? El que no supere este severo filtro tendrá siempre un éxito parcial y una experiencia que seguro que valorará el mercado jurídico.

La barrera económica se hará menos alta con el acortamiento del proceso de selección, pero no hará prescindibles ni las becas ni un centro público de preparación del acceso a la Escuela, dependiente del Consejo General del Poder Judicial y garante del buen destino de aquellas.

Ojalá

Ojalá que este debate sobre la selección y formación judicial sea transversal, sea racional, se escape de la polarización partidaria que nos asola. Ojalá que dé lugar al diálogo sereno en pro del bien común que el jefe del Estado alentaba en la pasada Nochebuena. Pensemos entre todos el camino de la reforma y emprendámoslo sin la demora que repele lo urgente.

Creo que dentro de un tiempo, cuando recordemos el sistema de años de memorización y cantos atropellados, nos preguntaremos "¿De verdad que elegíamos así a los jueces en pleno siglo XXI?". Y quizás nos sonrojaremos recordando cómo hemos sido.

Juan Antonio Lascuraín Sánchez
Juan Antonio Lascuraín Sánchez
Catedrático de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid
Fue Letrado del Tribunal Constitucional y consultor en varios despachos. Investigador en la Universidad de Friburgo y con amplia experiencia en gestión académica.
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