La Unión Europea tiene la responsabilidad histórica de continuar ayudando a Ucrania en su guerra de liberación ante la injusta e ilegal invasión rusa. Más aún si EE. UU. disminuye su asistencia militar. Ahí van seis argumentos, o más bien notas, producto de una reciente visita a Kiev.
1.— Por solidaridad democrática. Los ucranianos y las ucranianas salieron a las calles a finales de 2013 para exigir a su Gobierno iniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea. Por esto, Putin lo atacó. Primero en 2014, con la ocupación de Crimea y enviando fuerzas paramilitares al este del país, y después
en 2022, con la invasión a gran escala. Ucrania lleva once años en guerra porque un régimen imperialista no acepta la voluntad popular de la ciudadanía. Cualquier demócrata debería sentir el deber moral de ayudar a Ucrania solamente con este motivo.
Decir que fue Kiev quien empezó la guerra, como dijo Trump, o argumentar que Putin reaccionó a un supuesto expansionismo occidental, es ignorar adrede la pregunta que todo demócrata debería hacerse:
¿qué futuro quieren los ucranianos y las ucranianas para su país? Quieren un futuro en democracia, con seguridad y prosperidad, y lo quieren hacer como miembros de la UE —y, por ello, son atacados—.
2.— Lo que de verdad preocupa a Putin. El cuento del expansionismo occidental
es una trampa para que parte de nuestra opinión pública cuestione la legitimidad de la causa ucraniana. Un argumento difundido por las campañas de desinformación del Kremlin que es acogido en ciertos espacios ideológicos, también en España. Además de tapar la cuestión sobre la voluntad popular del pueblo ucraniano, esta teoría también pretende esconder lo que más teme Putin: ¿qué quieren los rusos?
"Lo que más le importa a Putin es continuar en el poder, aunque tenga que cometer atrocidades y mandar a sus soldados a morir lejos de casa"
A Putin lo que le quita el sueño no es un trozo de tierra. Lo que de verdad le preocupa es él mismo, su régimen y (especialmente) sus negocios. La mayor amenaza a su oligarquía no es una potencia externa, es su propio pueblo. Putin quiere evitar a toda costa que Ucrania se convierta en una democracia robusta, con una economía dinámica dentro de la UE, porque ello podría tener un efecto contagio entre la ciudadanía rusa. Como a todos los autócratas, lo que más le importa a Putin es continuar en el poder, aunque tenga que cometer atrocidades y mandar a sus soldados a morir lejos de casa.
3.— Proteger el bienestar europeo. En las últimas décadas, los países miembros de la UE hemos conseguido las mayores cuotas de bienestar de la historia, proporcionando a nuestras sociedades educación, salud y pensiones, entre muchos otros servicios públicos. Organizar el Estado del bienestar ha sido posible gracias a que
nuestras economías han sido dinámicas, han creado empleos y riqueza y hemos podido redistribuirla a través de impuestos.
Nada de ello hubiera sido igual sin la situación de paz y seguridad de la que hemos disfrutado.
Del rumbo que tome la guerra en Ucrania dependerá la seguridad de toda Europa. En el caso de que el Kremlin salga reforzado e impune por sus actos y Ucrania débil y dividida, quienes estaremos inseguros seremos todos y todas las europeas y, con ello, serán más difíciles de sostener nuestras democracias y nuestros Estados del bienestar.
4.— ¿Es la diplomacia una opción? En la última década, el Kremlin ha roto múltiples acuerdos diplomáticos, incluidos los procesos Minsk I y Minsk II. Aun así, aunque no puedan confiar en los rusos,
el Gobierno ucraniano sabe que la ansiada paz llegará gracias a la diplomacia. Pero hoy Ucrania no tiene una posición negociadora favorable.
Ahora mismo, una salida diplomática favorecería a Rusia. Lograría concesiones territoriales, muy probablemente Ucrania se quedaría sin la garantía de seguridad de la OTAN y habría impunidad para los agresores. El ejército ruso tendría la ocasión de rearmarse y reorganizarse. Mientras tanto, con toda seguridad, surgirían profundas divisiones políticas dentro de Ucrania.
"Si lo que queremos es conseguir una paz justa y duradera, la diplomacia será una opción viable y conveniente cuando Ucrania tenga una mejor posición negociadora"
Este sería el mejor escenario para Putin, para poder volver a atacar dentro de un tiempo, aprovechando la debilidad de su vecino, sus enfrentamientos internos y cumplir su objetivo de ocupar toda Ucrania… o hacerlo a través de un Gobierno títere. Además, en este escenario también quedarían en una situación muy vulnerable países como Georgia, Armenia o Moldavia. Si lo que queremos es conseguir una paz justa y duradera, la diplomacia será una opción viable y conveniente cuando Ucrania tenga una mejor posición negociadora. Esto pasa, en parte, por
empujar la línea del frente lo más cerca de la frontera rusa como sea posible.
5.— Un ojo en Taiwán. En Pekín siguen muy de cerca la guerra de Ucrania. Uno de los motivos es estudiar la respuesta de Occidente al hecho de que una potencia rival anexe por la fuerza territorio de un supuesto aliado occidental. Xi Jinping tiene su propia estrategia respecto a las disputas territoriales de China, no tiene por qué tomar el mismo camino que Putin, menos si ello significa un shock para su economía doméstica.
Pero si EE. UU. o Europa dejan a Ucrania a su suerte, si se impone la errática opción que la Administración Trump ha propuesto en las últimas semanas para llegar a un alto al fuego rápido, con enormes concesiones territoriales y sin garantías de seguridad para Kiev,
Pekín tomará nota: si Washington no cumple su palabra con Kiev, ¿la va a cumplir con Taipéi?
Aunque hoy parezca difícil de creer, la advertencia de la Administración Biden de que China podría atacar Taiwán tan pronto como en 2027 ganará enteros según lo que pase en Ucrania. Según
Bloomberg Economics,
una guerra en Taiwán provocaría una recesión del 10% de la economía global, mucho mayor que el impacto de la guerra de Ucrania o incluso de la pandemia de la covid-19.
6.— Europa en un mundo menos seguro. Pase lo que pase en Ucrania o en Taiwán, la próxima década será más inestable e insegura. Europa conoce bien el peligro de un conflicto mal resuelto. También conocemos cuán devastadoras son las guerras entre Estados, que pensábamos haber dejado atrás. Valores que han sustentado la etapa más pacífica para Europa, como la cooperación, el respeto a las instituciones internacionales o la propia diplomacia, hoy tienen serios detractores que prefieren resolver los conflictos a la fuerza.
"Europa está obligada a dar un gran paso adelante en su defensa común"
Ante esta realidad y la poca fiabilidad de EE. UU., Europa está obligada a dar un gran paso adelante en su defensa común. Un hipotético plan europeo para financiar los esfuerzos necesarios en defensa y la articulación de instituciones comunes, en el marco de la UE y paralelas a la OTAN, serían dos buenas noticias. Además, también para ello tenemos que contar con Ucrania, que a día de hoy tiene el mayor ejército de Europa.
Europeizar nuestra defensa, incluyendo a los ucranianos y las ucranianas aprovechando sus recursos y experiencia, harían de la UE un superpoder más preparado para afrontar las décadas que vienen y, sobre todo, un lugar más seguro para nuestras sociedades.
Este último es el paso más urgente a dar ahora mismo. Juntos, los países europeos forman una alternativa creíble al revisionismo global que quieren imponer Rusia, China y, según qué día, la Administración Trump. La prevalencia de un orden multilateral basado en normas solo lo liderará una Europa unida. Ucrania es la prueba de fuego. Si hoy hacemos un esfuerzo conjunto para incrementar la ayuda a Kiev, con el objetivo de que consiga avances estratégicos en el frente, Zelenski y su equipo, junto a la UE, tendrán una posición negociadora mucho más favorable en unas hipotéticas negociaciones de paz.
Únicamente desde esa posición se podrá lograr una paz justa y duradera, a la vez que apaciguaremos la posibilidad de otro desastre bélico en Asia y construiremos una Europa más segura, para que nuestras democracias y Estados del bienestar puedan prevalecer. No es exagerado decir que el orden del siglo XXI se decidirá en las próximas semanas y que, en gran medida, depende de nosotros, los europeos y las europeas.