Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

¿Puede haber descarbonización con crecimiento económico?

El debate sobre si es posible lograr la descarbonización sin frenar el crecimiento ha sido intenso durante décadas. La evidencia reciente muestra que muchos países han logrado reducir sus emisiones sin sacrificar el progreso económico. Pedro Fresco, exdirector general de Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana, aborda un tema que va a ser central este año en Agenda Pública.

Pedro Fresco Pedro Fresco 2 de enero de 2025
Añadir AgendaPública en Google
Avión visto desde el Delta de Llobregat. | Marc Asensio Clupes / Zuma Press / ContactoPhoto
Avión visto desde el Delta de Llobregat. | Marc Asensio Clupes / Zuma Press / ContactoPhoto
Durante décadas ha existido un apasionado debate en círculos del ambientalismo y el ecologismo sobre si era posible crecer económicamente y reducir los impactos ambientales o si, por el contrario, para reducir estos impactos era necesario frenar el crecimiento económico o incluso decrecer.

Este debate se ha trasladado igualmente al campo de la descarbonización, donde bajo el mismo análisis hay quien piensa que solo el freno al crecimiento podrá llevar a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).


Quizá al lector le resulte un debate ajeno, pero en ciertos sectores es un debate terriblemente enconado que apela a las convicciones más profundas de mucha gente. Esto lo ha convertido en algo identitario e irracional, lo que ha llevado a la producción de dogmas, argumentarios cargados de cherry picking y medias verdades y, en definitiva, enormes cantidades de falacias y posicionamientos doctrinales. 

"No hay ninguna razón física ni conceptual por la que el crecimiento económico y las emisiones de GEI estén fatalmente correlacionadas"
Para empezar, vayamos a lo básico: no hay ninguna razón física ni conceptual por la que el crecimiento económico y las emisiones de GEI estén fatalmente correlacionadas. El PIB mide el valor de todos los bienes y servicios que produce un país, pero el valor de estos no tiene ningún tipo de relación predeterminada con las emisiones que se han producido para fabricar el bien u ofrecer el servicio. Podemos ver multitud de productos en el mercado con menores huellas de carbono que otros y con mucho más valor. Con los servicios sucede lo mismo: su coste no correlaciona con las emisiones provocadas por el servicio. No existe tal cosa como una teoría valor-emisiones.


Obviamente, los costes energéticos y los procesos necesarios para la creación de un bien se imputan al precio de un producto, pero existen distintas fuentes de energía con impactos ambientales distintos y distintos procesos productivos con eficiencias energéticas distintas. Una tonelada de aluminio fabricada en Islandia con su mix eléctrico 100% renovable tiene una huella de carbono mucho menor que esa misma tonelada fabricada en Polonia con su mix basado en el carbón. Y, además, el coste eléctrico es más bajo en Islandia. 

Sin embargo, hay una realidad histórica incuestionable. Desde los inicios de la industrialización, el aumento de PIB ha llevado parejo un aumento de emisiones de GEI. El aumento del PIB se ha basado en un mayor consumo de energía y, como esta energía era origen fósil, su combustión produce emisiones de CO₂. Además, la población humana ha crecido desde mil millones de personas en 1800 hasta los más de 8.000 millones actuales, y, por tanto, se multiplicaron las necesidades que cubrir y consecuentemente el uso de combustibles fósiles. Este crecimiento poblacional ha sido uno de los impulsores del aumento de emisiones, aunque no el principal.

Esto ha sido así hasta día de hoy, la cuestión es ¿puede dejar de ser así? Y la respuesta es rotundamente . Y no solo porque ahora tengamos otras fuentes de energía no emisoras o porque conceptualmente no haya ninguna limitación para ello, sino porque ya está pasando en muchos lugares del planeta.

"Desde hace algunos lustros, muchos países desarrollados están reduciendo emisiones y, a la vez, aumentado su PIB. El Reino Unido ha reducido sus emisiones casi a la mitad desde 1990, mientras su PIB ha aumentado un 80%"
Desde hace algunos lustros, muchos países desarrollados están reduciendo emisiones y, a la vez, aumentado su PIB. Un caso paradigmático de esto es el Reino Unido, que ha reducido sus emisiones casi a la mitad desde 1990, mientras su PIB ha aumentado un 80%, pero es algo común a casi todo Occidente.

Si bien es cierto que en este tiempo se han dado algunos procesos de deslocalización industrial, por lo que mucha gente se ha escudado en que en el fondo lo que estaba sucediendo era una deslocalización de los procesos más emisores a terceros países, quedándose los países desarrollados la parte de la cadena de valor más lucrativa y menos emisora.


No obstante, si analizamos las emisiones de CO₂ basadas en el consumo del país, en las que se imputa al país las emisiones de los productos importados, vemos algo similar. Con esta métrica, las emisiones de esos países también bajan, algo menos, pero siguen a la baja. En el caso del Reino Unido ya no sería casi el 50%, pero sí el 30%. Esta métrica corrige esta deslocalización de emisiones y, aun así, se observa este desacoplamiento total entre emisiones y PIB.  
 

Es muy ilustrativo analizar la evolución del PIB y de las emisiones basadas en el consumo desde 2008. A partir de 2008 el proceso globalizador se ha ido ralentizando y eso se puede comprobar analizando cuánto representa la suma de las importaciones y exportaciones en el PIB mundial.

En la época de la globalización (1980-2008), que es donde se produjeron las principales deslocalizaciones, esta métrica pasó del 30% al 55% aproximadamente. Desde 2008, ha permanecido plana en aproximadamente en el 55%.


"Si analizamos si ha habido desacoplamiento absoluto entre el crecimiento del PIB y las emisiones imputadas desde 2008, encontramos 40 países donde esto ha sucedido"
Pues bien, si analizamos si ha habido desacoplamiento absoluto entre el crecimiento del PIB y las emisiones imputadas desde 2008, encontramos 40 países donde esto ha sucedido. Entre estos países están casi todos los países de Europa, Canadá y EE. UU., Australia y Nueva Zelanda, y algunos otros países como Costa Rica, Jamaica, Sudáfrica o Uzbekistán. Aparte de estos, hay muchos más países donde esto también parece estar sucediendo, pero no cumplen el criterio de este análisis por el año de partida, porque han sufrido una crisis económica o por falta de datos. Y en muchos más este desacoplamiento todavía es parcial, pero siguen el camino para que se convierta en total en poco tiempo.

Esto es una evidencia indiscutible de que se puede crecer económicamente y emitir menos GEI, pero es cierto que aún no está teniendo efectos a nivel agregado mundial. Eso sí, muchos indicadores muestran que se empezará a observar en breve. El lector estará familiarizado con la expresión doblar la curva, que se usaba mucho durante la pandemia, y recordamos cómo la evolución de ciertos parámetros nos indicaba que la curva se iba a doblar en pocos días. En el caso de las emisiones es similar, hay muchos datos que nos indican que, en pocos años, quizá en no más de un par, veremos que las emisiones mundiales se reducen mientras sigue creciendo el PIB. Los indicios son numerosos: la intensidad de carbono (lo que tenemos que emitir para generar una unidad de PIB) lleva descendiendo desde los años 70, igual que lo han hecho las emisiones por unidad de energía. 
 

Pero los indicios más claros se ven desde 2011, desde entonces observamos que las emisiones por unidad de energía están decreciendo y, sobre todo, que las emisiones mundiales per cápita se están reduciendo, con algún altibajo, pero esa es la tendencia de la última década. Todas estas dinámicas, junto a los procesos de crecimiento en la instalación de renovables y en la electrificación, sobre todo en China, nos hacen prever ese desacoplamiento absoluto de emisiones y PIB a nivel mundial en algún momento de esta década.

Las evidencias ya son lo suficientemente amplias para entender que puede existir crecimiento económico mientras se reducen las emisiones. Eso no garantiza que se vayan a cumplir los objetivos climáticos, ni mucho menos, pero sí nos dice que ciertos enfoques son dogmáticos y errados, y que la descarbonización de la economía es un objetivo alcanzable. Hay barreras económicas, políticas e institucionales sobre las que hay que trabajar intensamente, pero lo que no hay es una barrera técnica para que esto suceda. A estas alturas, quien defienda eso sencillamente es que está negando la evidencia. 

Entidad colaboradora:
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
Participación