Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

No solo hay que prevenirse frente a Trump, sino frente a algunas de las causas de Trump

"Las causas que han devuelto a Trump a la Casa Blanca, son las cuatro revoluciones y las resistencias a algunas de ellas: la tecnológica, la geopolítica, la de la mujer y la lucha contra el cambio climático", así sintetiza Andrés Ortega la victoria de Trump. Para el experto, "hay paralelismos, en la victoria de Trump, con un centro (desaparecido) y una izquierda en el conjunto de Europa (veremos si España vuelve a ser una excepción) a los que les faltan discurso y políticas sobre la desigualdad, la tecnología y la inmigración".

Andrés Ortega Andrés Ortega 22 de noviembre de 2024
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Para Andrés Ortega, Trump II resultará tan imprevisible como Trump I, solo que de una manera diferente. | Unsplash / Tim Gouw
Para Andrés Ortega, Trump II resultará tan imprevisible como Trump I, solo que de una manera diferente. | Unsplash / Tim Gouw
No hay que minusvalorar las consecuencias de la victoria de Trump, que pueden ser muy graves. Sus primeros nombramientos no auguran nada bueno. Algunas cosas de su primer mandato pervivieron en el de Biden. A su vez, Trump no logró deshacer el Obamacare, el seguro de sanidad, pero sí otras medidas de esa Administración. Aunque Trump II resultará tan imprevisible como Trump I, solo que de una manera diferente. 

"Las causas que han devuelto a Trump a la Casa Blanca, son las cuatro revoluciones y las resistencias a algunas de ellas: la tecnológica, la geopolítica, la de la mujer y la lucha contra el cambio climático"
Sea como sea, al menos a priori, las causas que han devuelto a Trump a la Casa Blanca resultan preocupantes. La causa principal son las cuatro revoluciones en marcha desde hace unos años e interrelacionadas, y las resistencias a algunas de ellas: la tecnológica, la geopolítica con el auge de Asia —especialmente China, y la emancipación de los terceros—; la de la mujer, y la lucha contra el cambio climático. Junto a otro factor, no revolucionario: la desigualdad —o desigualdades— en varios terrenos. Todo ello, junto a otros factores, especialmente la inflación, ha generado frustración y desasosiego en una buena parte de la ciudadanía. Un desasosiego que tiene tintes estadounidenses, pero que también encontramos en Europa y el resto del mundo occidental, porque compartimos buena parte de estas causas.

Estas causas seguirán porque el populismo trumpista, que sobrevivirá al magnate —un condenado llegado a presidente—. Trump no tiene la receta mágica ni para detener las revoluciones ni para resolver los problemas que las acompañan, pese a su seguridad en sí mismo. Tampoco parece tenerla gran parte del centro o de la izquierda en Occidente. Menos aún cuando los electores en las democracias liberales no están dispuestos a asumir los costes necesarios. Esas causas seguirán ahí. 

La Cuarta Revolución Industrial está en marcha desde hace algún tiempo. Se desarrolla con las nuevas tecnologías, con esta fase de la globalización que ha supuesto una desindustrialización de las economías avanzadas, y mayores desigualdades, reforzada por el impacto reciente de la inflación. Sin embargo, en la actualidad el mayor factor de desigualdad es la educación superior, en EE. UU., y cada vez más en Europa. Los que tienen educación superior son los que más han apoyado a los demócratas. 

"La tecnología es ambivalente. Pese a los avances que supone en muchos terrenos, ha vaciado ya una parte de las clases medias y trabajadoras, que sostenían la democracia liberal"
Vemos, además, cómo los grandes empresarios de la tecnología, los señores feudales de estos tiempos —con Elon Musk a la cabeza y con un pie en la nueva Administración— apoyan a Trump para que les defienda, les conceda pingües contratos y no les regule. La tecnología es ambivalente. Pese a los avances que supone en muchos terrenos, ha vaciado ya una parte de las clases medias y trabajadoras, que sostenían la democracia liberal, ahuecando el centro, generando una clase de desclasados, y debilitando la democracia. No es que la democracia se tambalee, es que se va apagando entre la indiferencia de tantos. 

El proteccionismo y el mercantilismo, en curso, que Trump quiere impulsar con aún más fuerza que Biden, no resolverá la situación, sino que la puede agravar. Si la nueva presidencia Trump preocupa es, sobre todo, porque, con aranceles brutales y otras medidas, puede generar una inflación generalizada en el mundo. Que se añade al riesgo de una crisis general de la deuda en los países que han metido tantas inyecciones financieras en los sistemas en los últimos años. La perspectiva lleva a un menor crecimiento económico, y mayor inestabilidad política, incluso para Trump, que se puede ver pillado en su propio juego.

Con una consecuencia que ya notamos en nuestras sociedades, lo que podemos llamar el proteccionismo humano, es decir, el rechazo de una inmigración, sin embargo, necesaria; con muros para no dejar entrar cuando han caído casi todos los erigidos para no dejar salir, como el de Berlín hace treinta y cinco años. Ahora bien, aunque eliminó algunas de las medidas de Trump I, Biden reforzó las dirigidas contra el asilo de inmigrantes que hubieran entrado de forma ilegal. Estas entradas se han reducido drásticamente en el mandato del demócrata. Trump pretende actuar sobre las entradas, y expulsar a millones de inmigrantes indocumentados.

En cuanto a la lucha contra el cambio climático, Trump, negacionista, plantea no ya un frenazo sino una marcha atrás, una contrarrevolución. Pero Europa misma está frenando, porque sus dirigentes se han percatado de que estaban imponiendo costes no asumibles, por una parte, de la población ya castigada. De ahí surgieron los chalecos amarillos en Francia. 

"Mayor será el coste de hacer demasiado poco en términos climáticos"

Ahora bien, mayor será el coste de hacer demasiado poco en términos climáticos, como estamos viendo un día sí y otro también. Un inciso: pese a su negacionismo del factor humano en el clima y su defensa de la extracción de petróleo y gas en EE. UU. por todos los medios, durante el primer mandato de Trump su país quemó mucho menos carbón y la venta de coches híbridos y totalmente eléctricos se disparó. 

Esta vez Trump llega con más fuerza, experiencia, más equipo, y una oposición debilitada, al menos para los primeros dos años, (hasta las elecciones al Congreso a medio mandato). ¿Y un plan? Ya no se puede decir ni que Trump I fuera un paréntesis, ni que ahora el trumpismo vaya a serlo. De hecho, nos debimos interrogar más entonces por qué y cómo después de Obama llegó un personaje como Trump. De momento, parece que el paréntesis ha sido el presidente demócrata Biden. 

Las mujeres, más de la cuales se han pasado a Trump, protagonizan otra revolución frente a la cual ha surgido una nueva resistencia entre varones jóvenes y adultos. Una revolución que se aprecia hasta en China, con mucha mujer joven privilegiando su carrera profesional sobre la familiar y no queriendo tener hijos. ¿Realmente quiere plantear Trump una contrarrevolución también en este terreno?

Sus nombramientos en el Tribunal Supremo iban en este sentido, y consiguieron un retroceso en el derecho al aborto. Pero, consciente del daño causado entre el electorado femenino, en su campaña Trump disimuló la cuestión. El pasado cinco de noviembre, diez estados votaron en referéndums sobre la cuestión. En siete de ellos se aprobaron medidas para garantizar el derecho al aborto, mientras que en tres no se alcanzó el apoyo necesario para promulgarlas.  


"Hay paralelismos, en la victoria de Trump, con un centro (desaparecido) y una izquierda en el conjunto de Europa (veremos si España vuelve a ser una excepción) a los que les faltan discurso y políticas sobre la desigualdad, la tecnología y la inmigración"
Trump ha ganado, política, geográfica y socialmente, en una victoria sin paliativos. Más gracias a los votos que han perdido los demócratas que a los que ha ganado él mismo, con un aumento entre jóvenes, latinos, negros varones, e incluso mujeres. En 2020, Biden obtuvo unos ochenta y un millones de votos frente a setenta y cuatro millones de Trump. En 2024, se calcula que Trump ha sumado unos setenta y nueve millones de votos, superando los setenta y seis millones de sufragios estimados para la vicepresidenta Kamala Harris, candidata apresurada, y de perfil poco definido en un país no preparado para una mujer y negra en la presidencia. Además, los demócratas hace años que habían desatendido sus apoyos tradicionales, que les ha robado Trump, y la reacción que supuso Biden a este respecto no permeó a tiempo. Hay paralelismos, en esto y en todo, con un centro (desaparecido) y una izquierda en el conjunto de Europa (veremos si España vuelve a ser una excepción) a los que les faltan discurso y políticas sobre la desigualdad, la tecnología y la inmigración.

En cuanto a la geopolítica, el insólito intento de frenar el desarrollo tecnológico y económico de China lo puso en marcha Trump y lo agravó Biden. Puede ir a más con más proteccionismo y mercantilismo. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial en muchos ámbitos, desde luego el militar. Más no por ello se podrá volver a un mundo dominado por Occidente, aunque Occidente siga dominado por Estados Unidos. Puede que la victoria de Trump no sea el fin del mundo, como apunta Aaron Glantz. Pero sí marca el fin de un mundo, el fin de los espejismos que generó el fin de la Guerra Fría y lo que siguió. Este fin se encuentra detrás del mencionado desasosiego general.  

Nadie tiene una brújula. Vivimos en lo que Gordon Brown, Michael Spence y Mohamed El-Erian han llamado una permacrisis, una crisis permanente. Estamos en una transformación, en un cambio a un nuevo mundo para el que no estamos preparados —claro, que nunca lo hemos estado—, que precede a Trump y que proseguirá tras él. No solo hay que prevenirse frente a Trump, que no es de los nuestros, sino frente a algunas de las causas de Trump, que sí lo son. 
Andrés Ortega
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.
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