La definitiva aprobación de la actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) es probablemente el gran legado que nos deja la vicepresidenta Teresa Ribera tras más de seis años al frente del Ministerio para la Transición Ecológica. En este tiempo la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero(GEI) se acerca al 20% respecto a 1990. Una buena dinámica que, no obstante, deberemos incluso acelerar en los próximos seis años y medio si queremos cumplir el objetivo de reducir las emisiones en un 32%. En el nuevo periodo se encuentra el agravante de que la parte más sencilla, el sector eléctrico, ya está en parte importante descarbonizado.
Del nuevo PNIEC se han dicho muchas cosas, entre ellas que es imposible de cumplir. Lo mismo se dijo del PNIEC anterior y, sin embargo,
ya había previsiones claramente desfasadas, como el desarrollo de la energía solar fotovoltaica que el PNIEC de 2019 marcaba en 37 GW. Cifra que alcanzaremos a finales de este año, seis años antes de lo previsto. Esta es una de las causas de la actualización, además de haber pasado por el plan de recuperación y el REPowerEU a causa de la pandemia y la guerra de Ucrania, acontecimientos que han alterado completamente nuestra perspectiva sobre la descarbonización.
"El PNIEC no debe entenderse como un checklist a cumplir en todos los puntos, eso no sucederá, pero sí debería existir cierta coherencia y acompasamiento entre objetivos para que todo cuadre"
El PNIEC no debe entenderse como un checklist a cumplir en todos los puntos, eso no sucederá, pero sí debería existir cierta coherencia y acompasamiento entre objetivos para que todo cuadre. La potencia renovable prevista para 2030 (76 GW de fotovoltaica y 62 GW de eólica) solo será posibles si avanzamos intensamente en la electrificación de los consumos energéticos que hoy son fósiles y también si existe un desarrollo del almacenamiento.
Hay múltiples combinaciones para llegar a esa reducción de GEI del 32% y a una cuota renovable en el sistema eléctrico del 81%, pero una rápida instalación de renovables, de almacenamiento y una aceleración de la electrificación es necesaria en todos los escenarios.
A pesar de no ser imposible, hay cifras que resultan muy difícilmente alcanzables a estas alturas. No me refiero a la cifra de almacenamiento (22,5 GW), considerada imposible hace unos meses por los agoreros y que, en medio del desarrollo exponencial de las baterías que está viviendo el mundo, es menos difícil de lo que parece.
El problema fundamental se encuentra en la eólica, que debería aumentar 30 GW en menos de 7 años, es decir, una instalación de más de 4 GW al año. Existen actualmente unos 10 GW con autorización administrativa que se construirán durante los próximos años, pero restarían otros 20 GW para los que no parece que habrá el tiempo necesario para instalar. Recordemos que el polémico Cluster del Maestrazgo, el proyecto eólico más grande de España, tiene 730 MW, lo que quiere decir que necesitaríamos seis Clusters del Maestrazgo al año para cumplir el PNIEC.
Sin embargo, hay una cifra más difícil todavía de cumplir, que son los 5,5 millones de vehículos eléctricos en carretera para 2030. España tendrá en este unos 500.000 vehículos enchufables en carretera, con lo que faltan 5 millones y no parece que este año las ventas vayan a ir mucho más allá de las 150.000 unidades.
En un país que no llega a vender un millón de vehículos al año de todas las motorizaciones no hay forma de llegar a esa cifra.
"La transición energética en España va bien en cuanto a descarbonización del sistema eléctrico, pero la electrificación del transporte va francamente mal"
La transición energética en España va bien en cuanto a descarbonización del sistema eléctrico, pero la electrificación del transporte va francamente mal. Es un problema general de Europa, donde tenemos unos fabricantes de vehículos aterrorizados frente a una competencia que se los come por no haber sabido ver hace una década la revolución que sucedía en China y en California. En China ya están en cuotas de mercado de vehículos enchufables de más del 50% y todo apunta a que los vehículos de combustión serán una antigualla en aquel país para final de esta década.
El problema es grave y ponerse una venda en los ojos solo lo agravará.
Pero incluso para el contexto europeo la cifra española es inadmisible. Portugal triplica la cuota de mercado de vehículos enchufables de España.
Debemos hacer un replanteamiento general de la política de promoción del vehículo eléctrico en España, empezando por las ayudas, pero abordando todos los flancos sobre recarga, accesibilidad, fiscalidad, etc.
El vehículo eléctrico no es nuestro único problema, más bien es el síntoma de una realidad que debemos enfrentar: no electrificamos. Y si no electrificamos no podremos descarbonizar ni reducir fósiles más allá del poco gas que queda en el sistema eléctrico. Electrificar es la llave de bóveda de la descarbonización y la única manera como aprovecharemos la ventaja competitiva que nos ofrecen las renovables.
"El vehículo eléctrico no es nuestro único problema, más bien es el síntoma de una realidad que debemos enfrentar: no electrificamos"
En mi opinión, ha llegado el momento de tomar medidas contundentes. Si queremos electrificar debemos hacer la electricidad estructuralmente barata.
Más barata que los combustibles fósiles y "estructural" en el sentido de que los ciudadanos y las empresas tengan previsibilidad de que va a seguir siéndolo. Solo así se tomarán las decisiones de inversión necesarias para electrificar movilidad, hogares y fábricas.
El informe Draghi alertaba de lo difícil que le resultará a Europa ser competitiva con estos costes eléctricos y apuntaba sutilmente al sistema marginalista. Tiene razón, pero también aquí debemos actuar en todos los frentes y debemos reducir la fiscalidad y los cargos de la electricidad al mínimo posible.
Debemos sacar los cargos de las antiguas renovables y las cogeneraciones del precio de la electricidad, eliminar impuestos intermedios y llevar el IVA al mínimo posible, redistribuyendo los costes fiscales en otras energías y en otros lugares de la economía. Si la electrificación es nuestra apuesta climática e industrial debemos ser valientes, y cuando eres osado, y aciertas el sentido de la historia, las cosas suelen salir bien.
El PNIEC es un buen plan y apunta en el sentido correcto.
Hay cosas de muy difícil cumplimiento que me temo que acabarán lejos de la realidad de 2030, pero muchas otras son realistas y las disrupciones tecnológicas siempre nos dan sorpresas positivas. Pero lo más importante es entender que el PNIEC apunta al país que debemos ser y al que debemos aspirar. No son números en un papel, es una brújula que nos marca el camino.
Eso sí, cinco años después del primer PNIEC debemos hacer una reflexión sobre lo que ha funcionado y lo que no. Y lo que no ha funcionado, cambiarlo. Tomémonos en serio el PNIEC porque si no nos quedaremos atrás en un mundo que cambia a pasos agigantados entre vientos del este y del oeste.