"El momento del mundo es el 12 de octubre y lo primero que hablan es del Nuevo Mundo. El mundo es hermoso. Nueva hermosura de la que habla el mundo moderno y lo habla España porque le toca, bien por su destino histórico, bien porque los hados lo mandaron así o porque la historia lo condujo de esa manera. Lo cierto es que es nuestro día, cualquiera que sea su nombre. Llamadle si queréis la fiesta de la raza, 'ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda', llamadle si queréis fiesta de la Hispanidad. Para mí, en cualquier caso, es la fiesta del género humano".
Con estas palabras, el senador socialista José Diosdado Prat comenzaba su discurso desde la tribuna de la Cámara Alta durante el debate parlamentario que tuvo lugar el 16 de septiembre de 1987 sobre el proyecto de ley que estableció definitivamente el 12 de octubre como fiesta nacional. Las palabras de Prat, de un profundo y noble humanismo, eran la expresión clara de una visión global y ecuménica del sentido de la hispanidad, que también manifestaba el sentimiento fraterno y universal que han inspirado las relaciones de España con las naciones latinoamericanas desde la llegada de la democracia.
Durante la Guerra Civil, José Prat formó parte del gabinete del presidente Juan Negrín y tras finalizar el conflicto, permaneció, como tantos otros exiliados de la época, en Colombia hasta 1976. Es fácil pensar, y cito tan sólo varios ejemplos, en el gran periodista Andrés García de la Varga y Gómez de la Serna, más conocido como Corpus Varga, exiliado en Perú; o también en el filósofo José Gaos, el novelista y periodista Ramón J. Sender, o el poeta y editor Manuel Altolaguirre, transterrados en México. La particularidad de Prat es que, además de ser un gran tribuno, escribió numerosos artículos dedicados a la política nacional e internacional, así como al desarrollo y estudio de la cultura hispánica en la Universidad Nacional o en periódicos como El Tiempo.
Fue un hombre que comprendió muy bien el sentido moderno de América, su relación con España. Su legado nos llega hasta hoy.
"Con Prat se despliega el pensamiento político que permitirá entender cómo han sido las relaciones diplomáticas de España con los países iberoamericanos"
Durante su exilio, Prat llegó a ser Presidente del PSOE histórico y tras la muerte de Franco, regresó a España para ser senador desde 1979 hasta 1994, año en el que falleció. Con Prat se despliega el pensamiento político que permitirá entender cómo han sido las relaciones diplomáticas de España con los países iberoamericanos, entendidos desde la fraternidad entre pueblos hermanos e iguales, unidos por una historia común y el respeto de sus respectivas soberanías.
Prat supo entender desde su posición de exiliado y retornado, desde su mirada periodística y también política y desde el escaño del Senado, que España era una plataforma privilegiada para unir dos versiones del mundo. Al Este, la Europa de las democracias liberales tras el fin de la II Guerra Mundial, la Europa que había comprendido que el pacto entre las fuerzas del trabajo y las fuerzas del capital eran indispensables para mantener la paz y el progreso en el continente. En definitiva, la Europa de la energía, el carbón y el mercado común donde convergían la socialdemocracia y la democracia cristiana. Al Oeste, al otro lado del Atlántico, se extendía otra visión del mundo, con la existencia de múltiples y plurales energías, étnicas, sociales, culturales, económicas y políticas que participaban de una historia común, atravesada por los procesos de descolonización, diversas revoluciones e independencias que alimentaron la explosión de una soberanía popular cristalizada en eso que hoy llamamos América Latina, tan convulsa como decisiva en el devenir del mundo contemporáneo. Y efectivamente, como decía Prat, el momento del mundo o, al menos, uno de ellos, fue el 12 de octubre.
"Este ejercicio de equilibrio, de resignificaciones, de respeto a la soberanía popular y nacional de cada país, de sus procesos de elección, responde a lo que el ministro Albares ha llamado una política exterior con identidad propia"
La celebración del día de la Hispanidad abre la oportunidad para verificar que España ha desempeñado en Iberoamérica un proyecto que pasa por reconocer la diversidad de América Latina y sus democracias desde nuestra propia concepción de la democracia liberal plasmada en la Constitución de 1978. Este ejercicio de equilibrio, de resignificaciones, de respeto a la soberanía popular y nacional de cada país, de sus procesos de elección, responde a lo que el ministro Albares ha llamado una política exterior con identidad propia. En este sentido, conviene examinar tres episodios ocurridos a lo largo del último año.
Milei en Madrid, la UE y el principio de no injerencia
En plena tensión diplomática entre Argentina y España, el presidente Milei viajaba en junio a Madrid para recibir un premio del Instituto Juan de Mariana y la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid. El presidente ultraderechista era recibido por la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, después de haber participado meses antes en la cumbre de Vox; reunión de la internacional de extrema derecha, que se está configurando en Europa desde hace un año.
"Las palabras de Milei llevaron las relaciones entre España y Argentina a su momento más grave en la historia reciente de ambos países"
La diplomacia española respondió a los ataques de Milei a Pedro Sánchez en Madrid reconociendo las históricas relaciones entre España y Argentina y destacando que las palabras del presidente argentino no habían tenido hasta la fecha precedente similar, que suponían una injerencia en la soberanía española y rompían con todos los usos diplomáticos y con las reglas más elementales de convivencia entre países. Se trata de una defensa férrea de las relaciones con Iberoamérica desde la fraternidad y el respeto mutuo de las instituciones en términos de bilateralidad pero también y, sobre todo, en términos democráticos y europeos. De hecho, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, afirmaba que "el ataque a un Estado miembro es también un ataque al conjunto de la Unión Europea". Las palabras de Milei llevaron las relaciones entre España y Argentina a su momento más grave en la historia reciente de ambos países.
Venezuela y los emisarios de la diplomacia española
La gestión del Ministerio de Exteriores tras las elecciones venezolanas de este año, que desembocó en el exilio del líder opositor Edmundo González Urrutia en España, es otro ejemplo de la efectividad de la diplomacia española en este ámbito. La imagen del candidato conservador en la embajada española de Caracas firmando su destierro en Madrid, despertó la reacción de la derecha española y, particularmente, del Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo.
Esteban González Pons, vicepresidente tercero del Parlamento Europeo, fue el primero en disparar munición de gran calibre, acusando al Gobierno español de ser "cómplice de la dictadura en Venezuela". Mientras, el Presidente del Gobierno recibía con un cálido abrazo a Edmundo González Urrutia a las puertas de La Moncloa.
"La hispanidad se tenía que volver a redefinir en términos democráticos"
La hispanidad se tenía que volver a redefinir en términos democráticos. Y lo hacía a través del papel mediador que a lo largo de los últimos años viene desempeñando, no exento de críticas, el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero. A pesar de la crisis diplomática que el PP trató de despertar con sus declaraciones e intervenciones parlamentarias desde la oposición y la resolución que impulsó en el Parlamento Europeo, conviene recordar que ni el Gobierno español ni el Consejo Europeo o la Comisión han reconocido la victoria de Nicolás Maduro ni, mucho menos aún, la derrota de Edmundo González Urrutia.
México y el perdón histórico
Desde el pasado 1 de octubre, México es presidido por primera vez por una mujer: Claudia Sheinbaum. La candidata del partido Morena es, por derecho propio, la mujer que inicia un nuevo rumbo en el país. Sheinbaum continuará los pasos de su predecesor, López Obrador, en algunos asuntos realmente relevantes y afrontará un horizonte nuevo dando impulso a políticas radicalmente feministas.
"La respuesta del Gobierno fue clara: si el rey de España no puede ir a la toma de posesión, entonces no irá nadie en representación del Estado"
La toma de posesión de Sheinbaum no contó con la presencia de ningún representante del Estado español. La presencia de Felipe VI fue condicionada a la solicitud de un perdón histórico que rescataba el pasado colonial de España en México. La respuesta del Gobierno fue clara: si el rey de España no puede ir a la toma de posesión, entonces no irá nadie en representación del Estado.
¿Supone esta situación una tensión de las relaciones diplomáticas entre ambos países? No lo parece a tenor de las relaciones entre el partido de Sheinbaum, Morena, y el PSOE, que cristalizaban un mes antes con el acuerdo de cooperación que el Secretario de Organización Santos Cerdán firmaba con los dirigentes del partido mexicano.
El futuro de la hispanidad
A los historiadores americanos y españoles les corresponde definir en qué términos se desarrolló el Imperio español y qué lo diferencia de otros imperios a lo largo de la larga y convulsa historia de América. La historia del siglo XX ha producido desagradables analogías entre España y las repúblicas iberoamericanas; la principal fue la terrible ingenuidad de creer que la fuerza resolvía los problemas.
Las relaciones entre España e Iberoamérica deben basarse en el respeto institucional, defendiendo el diálogo, la igualdad entre actores que comparten un pasado común y el respeto de la soberanía nacional de todos los países, incluida la suya propia. A la imagen que alumbró José Diosdado Prat.