El pasado lunes, el Gobierno de España felicitó a Claudia Sheinbaum por su elección como presidenta de México y le deseó mucho éxito. En un comunicado oficial, Madrid expresó su confianza en que se profundicen “aún más las relaciones políticas entre los dos gobiernos, así como las relaciones económicas y culturales y los lazos fraternales y humanos” en beneficio de los dos pueblos.
Aunque en España gobierna el Partido Socialista, cuya visión en teoría es afín a la de López Obrador, y el presidente de México es además descendiente de españoles, la relación entre Ciudad de México y Madrid ha sido agria, y ha estado marcada en los últimos años por episodios controvertidos que han afectado los vínculos diplomáticos entre ambos países. Uno de los momentos más críticos se produjo en 2019, cuando el presidente mexicano solicitó formalmente al rey Felipe VI de España y al Papa Francisco que se disculparan por los abusos cometidos durante la conquista de México hace 500 años. Esta petición fue vista por muchos en España como una injerencia en asuntos históricos que ya habían sido debatidos ampliamente y considerados resueltos en el ámbito de las relaciones bilaterales. La solicitud fue rechazada con firmeza y generó una respuesta de indignación y sorpresa por parte de varios sectores de las sociedades española y mexicana, quienes consideraron el gesto innecesario.
Si bien la insistencia de López Obrador en el asunto parece haber sido una táctica política para fortalecer su narrativa nacionalista y populista, todo indica que su postura buscaba complacer a su esposa, la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller. La pareja del presidente ha tenido desde tiempo atrás la obsesión sobre la necesidad de un perdón histórico, tema que incluso abordo en su tesis doctoral. Cuando, el presidente dio a conocer el envío de la carta al Rey Felipe VI, lo hizo en un video acompañado por su esposa. Y ella compartió en las horas siguientes noticias sobre la disculpa ofrecida por el Reino Unido a países caribeños tras la Segunda Guerra Mundial, la de Japón a presos canadienses en el mismo conflicto, y la de Francia a Argelia por crímenes cometidos a mediados del siglo XX.
Otro punto álgido en la diplomacia entre México y España bajo la administración de AMLO fue la declaración de una "pausa" en las relaciones diplomáticas en febrero de 2022. Sin proporcionar detalles, López Obrador mencionó que esta pausa, una fórmula que no existe en el argot diplomático, era necesaria para "dar tiempo para respetarnos". Dicha actitud fue recibida con desconcierto y crítica, tanto en México como en España, ya que el presidente mexicano nunca especificó los motivos para esta “pausa”, sea lo que fuere que significara, ni ofreció un plan para distender la relación.
Estas actitudes, consistentes con el comportamiento irresponsable que ha tenido el presidente López Obrador en otros temas de política exterior, han generado tensión en la cooperación bilateral entre México y España.
Con la llegada de Claudia Sheinbaum al poder, todo parece indicar que, si bien no habrá un cambio radical en materia de política exterior, sí habrá algunas modificaciones en las formas y, sobre todo, menos exabruptos desde Palacio Nacional y menos sorpresas para la Cancillería mexicana, que durante el actual gobierno ha tenido que acostumbrarse a apagar fuegos encendidos desde el púlpito presidencial.
Claudia Sheinbaum tiene una estrecha relación con España y la comunidad española en México, siendo que su actual pareja y su exesposo son de origen español, y que ella fue educada en la escuela Manuel Bartolomé Cossío, fundada por un refugiado español en México. Y si bien esto no garantiza, como se vio con López Obrador, que haya una voluntad de estrechar relaciones con Madrid, si se suma al hecho de que no habrá una pareja presidencial con la obsesión de que España ofrezca disculpas a México. Adicionalmente, quien se perfila como futuro ministro de Relaciones Exteriores, el Dr. Juan Ramón de la Fuente, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México y ex Embajador de México ante la Organización de las Naciones Unidas, no parece ser alguien que desee prolongar esta tensión entre países hermanos, que no tendrá ningún beneficio real para México.
Sin embargo, como todo en el futuro gobierno de Sheinbaum, aún estamos por conocerlo, pues hasta ahora su escaso distanciamiento del proyecto de López Obrador hace difícil distinguir las posiciones propias de la futura presidenta de la segunda mayor economía de América Latina.