Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Cohesionar, reactivar y recoser Catalunya. Los tres retos del 'president' Illa

Un fracaso del 'Govern' Illa tendría consecuencias impredecibles: podría provocar un nuevo aumento claro de una insatisfacción política y consolidar un desencanto democrático que no para de crecer con dos resultados posibles: o un retorno a la radicalización y la polarización nacionalista o un refuerzo de aquellas opciones situadas en la extrema derecha que se harían fuertes en un momento de desconcierto, apatía y desinterés.

Mario Ríos Fernández Mario Ríos Fernández 8 de agosto de 2024
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Salvador Illa es investido como nuevo president de la Generalitat de Catalunya. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Salvador Illa es investido como nuevo president de la Generalitat de Catalunya. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
El procés ha acabado definitivamente. Salvador Illa es el nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya. Después de la convulsión ocasionada por la aparición de Puigdemont de antes del pleno, el socialista se ha hecho con la presidencia de la Generalitat gracias a los votos de los 42 diputados socialistas, los 20 de ERC y los 6 de los Comunes, rompiendo con 14 años en los que la presidencia siempre había recaído en un líder independentista desde Mas en 2010 hasta Aragonès en 2021. La elección de Salvador Illa confirma el final de etapa política que vive Catalunya desde hace 3 años. Tal y como analizábamos con Xavier Calafat en estas mismas páginas hace tan solo unes semanas, la sociedad catalana mostraba tanto en su comportamiento electoral como en sus preferencias e intereses políticos, económicos y sociales un cambio de chip y dejar de lado los últimos 15 años de procés. Con la presidencia de Illa, se entra en un post proceso en el que las prioridades de los catalanes y las catalanas parecen haber cambiado de signo y en los que Catalunya necesita una sacudida.

"Los contrarios a la independencia son cada vez más y cada vez existe más distancia entre los partidarios y estos: el NO supera en 13 puntos al SI (53% vs. 40%). El autonomismo parece haber recuperado el prestigio"


El pacto de investidura entre socialistas, republicanos y comunes es un acuerdo cimentado en el catalanismo popular. Un movimiento que siempre ha sido el gran vector de cambio y transformación en Catalunya y que actúa como elemento aglutinador de las tres formaciones progresistas. Además, es la única mayoría viable y reúne la transversalidad en lo territorial necesaria para satisfacer la posición mediana del electorado catalán actual: más autogobierno sin independencia. Una posición que comparten los votantes socialistas, comunes y una buena parte del independentismo que podríamos llamar pragmático que lidera una ERC cada vez más diferenciada de Junts. Es esto lo que explica el nacimiento de una nueva mayoría transversal en el eje nacional en Catalunya: la última fue hace 15 años durante los gobiernos del tripartito. Lo más importante sin embargo es lo siguiente: el nacimiento de esta mayoría se sitúa en un nuevo contexto político e inaugura una nueva época con la misión de encauzar las demandas cambiantes de la sociedad catalana. Pero si está mayoría política ha sido posible es por el giro que se ha producido en los últimos tiempos en la opinión pública catalana.

De hecho, las encuestas periódicas que realiza el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), reflejan unas dinámicas sociales y políticas claramente diferenciadas de las del procés. La sociedad catalana muestra dos grandes tendencias de cambio que se han consolidado desde 2021. La primera tendencia confirma que las preferencias territoriales han cambiado mucho en los últimos años. Los contrarios a la independencia son cada vez más y cada vez existe más distancia entre los partidarios y estos: el NO supera en 13 puntos al SI (53% vs. 40%). El autonomismo parece haber recuperado el prestigio perdido en los años de confrontación territorial y se sitúa como primera preferencia de modelo territorial después del fuerte descenso del estado independiente, que en los últimos 10 años ha perdido más de 15 puntos entre la ciudadanía catalana. Si acudimos a la serie de datos demoscópicos del ICPS, que realiza un estudio anual desde 1991, vemos como en los últimos años, aquellos que deseaban que el procés acabará con la independencia de Catalunya han ido a la baja mientras los que preferían que acabase con un nuevo acuerdo de autogobierno crecían en la misma proporción. No obstante, algunas cosas no cambian: la mayoría de catalanes y catalanas quiere decidir su futuro político mediante una consulta y la insatisfacción con el nivel de autogobierno sigue siendo considerable. 

El otro gran cambio producido es el de la vuelta de la agenda material. Los problemas relacionados con las cuestiones materiales como la vivienda, la sanidad, el paro y la precariedad laboral o el funcionamiento de la economía han ascendido en los últimos años dejando las preocupaciones por las relaciones entre Catalunya y el Estado en un segundo plano. No obstante, cabe advertir que la insatisfacción política sigue destacando como el principal problema para los catalanes y catalanas y que cuestiones como la inmigración o la seguridad ciudadana van claramente al alza en los últimos tiempos. Además, los catalanes y catalanas quieren que la Generalitat se ocupe principalmente de reducir las desigualdades sociales, impulsar el crecimiento económico y garantizar el orden y la seguridad. Las relaciones Catalunya-Espanya cierran la lista de temas prioritarios para el próximo Govern. Algo diferente a lo que la ciudadanía catalana pedía en anteriores comicios. 

"¿Cuáles son los principales retos que tiene por delante un Govern de la Generalitat liderado por Illa?"


Estas son las coordenadas en las que se ubica la opinión pública catalana y que dibujan un triple reto para el Govern de Illa: la tríada problemas sociales, económicos y territoriales, por este orden, es la que parece guiar las preferencias ciudadanas hacia el futuro gobierno pero ¿cuáles son los principales retos que tiene por delante un Govern de la Generalitat liderado por Illa? El objetivo fundamental del nuevo ejecutivo es triple: cohesionar socialmente el país, impulsar una reactivación económica de este y recoser nacionalmente la sociedad catalana. Vayamos punto a punto. 

La sociedad catalana tiene una serie de desafíos sociales de gran envergadura que minan su cohesión social. El primero de ellos es la pobreza: una cuarta parte de los catalanes y las catalanas se encuentran en riesgo de exclusión social. Estamos hablando de más de 2 millones de personas siendo especialmente acusado esto entre menores y población de origen migrante. De hecho, casi el 50% de las personas de origen y un 33% de los menores de 16 años se encuentran en situación de vulnerabilidad social. Unas cifras que llevan varios años cronificada después de bajar en el inicio de la recuperación económica post crisis de 2008. También se ha producido en los últimos tiempos un aumento de la privación material severa, que es del 8,9% y cabe destacar que más de 4 de cada 10 catalanes y catalanas aseguran no llegar a final de mes. 

Una de las causas principales del empeoramiento de las condiciones materiales de la población es el encarecimiento de la vivienda. Contrasta los buenos números del empleo en Catalunya con la caída del poder adquisitivo. También se ha visto muy afectada por la inflación experimentada en los últimos años pero especialmente por la subida del precio de la vivienda, ya sea a nivel de compra o alquiler. Precisamente, el alquiler medio ha subido en Barcelona, el Área Metropolitana y los efectos ya se notan en la primera y segunda corona metropolitana. Pero no es tan solo Barcelona, lo mismo sucede en Girona o Tarragona. Al igual que en el resto de España, la vivienda es uno de los grandes problemas en Catalunya y algo que está minando la cohesión social de amplias capas de la población.

Paralelamente a esta realidad, Catalunya ha experimentado un aumento de la población en los últimos años hasta alcanzar los 8 millones de personas, de los cuales más de 1,65 millones son de origen migrante: el 20% de la población catalana. De hecho, actualmente, el 42% de los ciudadanos de Catalunya entre 20 y 39 años son nacidos en el extranjero. El reto para integrar a estos segmentos sociales que han hecho aumentar en un 32% la población en Catalunya desde 1988 es mayúsculo. La administración tiene que ser proactiva a muchos niveles para mantener la cohesión social del país y que Catalunya pueda seguir siendo una sociedad mestiza como lo ha sido a lo largo de todo el S. XX. De hecho, una mala gestión migratoria en este sentido será gasolina para unas derechas radicales en crecimiento en toda Catalunya.

"El funcionamiento de la sanidad y la educación pública catalana en los últimos años ha generado mucho malestar entre usuarios y profesionales de ambos ámbitos"


Para ello, es importante que la economía catalana vuelva a ser una de las locomotoras del Estado. Aunque las cifras macroeconómicas en Catalunya son muy positivas, el país tiene el reto de ser puntero en los sectores en los que se dirime el futuro dinamismo económico. La necesidad de un despliegue de las energías renovables, en que Catalunya está a la cola de España, y de iniciar la transición ecológica y la descarbonización de la economía catalana mediante la apuesta por una industrialización verde que vuelva a situar a Catalunya como locomotora del crecimiento económico y productivo, son también dos de las asignaturas pendientes del nuevo ejecutivo. Por lo tanto, en un momento en el que en Europa se apuesta por la producción industrial propia, Catalunya debe atraer inversiones que permitan un aumento de su sector industrial, especialmente en dos aspectos: el de la industria del automóvil y el de los procesos industriales y productivos vinculados a la transición ecológica. Catalunya debe convertirse en una potencia a nivel de energías renovables y dejar de depender del resto del Estado en su producción. Pero para que la economía funcione esta también tiene que ser inclusiva y la mejor manera de hacerlo posible es reforzando los servicios públicos. El funcionamiento de la sanidad y la educación pública catalana en los últimos años ha generado mucho malestar entre usuarios y profesionales de ambos ámbitos. Es necesario que el nuevo gobierno de un impulso inversor a la sanidad y a la educación reduciendo las listas de espera, mejorando la cartera de servicios y ampliando las horas lectivas en la educación pública. Unos servicios públicos eficientes son la mejor garantía de cohesión social de un país. 

En este sentido, el sistema de financiación singular para Catalunya pactado entre PSC y ERC y también apoyado por los Comunes parece una buena piedra angular para poder disponer de recursos económicos y financieros para reactivar el autogobierno y modernizar las estructuras institucionales de la Generalitat. La recaudación impositiva y la nueva capacidad normativa adquirida permitirá a la Generalitat de Catalunya, en el caso de que finalmente se apruebe, disponer de más margen de actuación para invertir en aquellos sectores económicos y productivos en los que el país pueda ser competitivo.

"Que la situación esté desinflamada y normalizada no implica que la raíz del conflicto se haya solucionado. El final del procés que esta investidura certifica no significa que el conflicto se haya resuelto"


Por último, Illa tiene la difícil misión de volver a tejer consensos en la cuestión territorial. A nadie se le escapa que la política de normalización institucional, política y social impulsada por Pedro Sánchez ha servido para rebajar la tensión existente, la polarización entre bloques nacionales y que ha permitido un cambio en las preferencias y demandas de la sociedad catalana que ahora viran más hacia el pacto. Sin embargo, que la situación esté desinflamada y normalizada no implica que la raíz del conflicto se haya solucionado. El final del 
procés que esta investidura certifica no significa que el conflicto se haya resuelto.

Los catalanes y las catalanas son el único pueblo del Estado que se rige por una norma de autogobierno no votada por ellos mismos después del recorte que el Tribunal Constitucional emitió en 2010 contra el
Estatuto de Autonomía. Además, la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas quiere más poder y autogobierno para Catalunya, tal y como hemos comentado anteriormente, demanda que incluso los votantes socialistas apoyan de manera nítida. Tampoco podemos olvidar que un 75% de los catalanes creen que Catalunya debe votar su futuro político y decidir qué relación quiere tener con España.

Estos nuevos consensos deben girar en torno a tres cuestiones tal y como señalan los acuerdos de investidura que socialistas y republicanos han suscrito: necesidad de un reconocimiento nacional diferenciado para Catalunya, una redistribución del poder político entre el Estado y la Generalitat que beneficie a esta última, y una apuesta por una financiación singular para la Generalitat. Este programa territorial es el que ha unido al catalanismo popular en una mayoría parlamentaria favorable a la investidura de Illa. La consecución de ello conduciría a una mejora clara del autogobierno catalán. El futuro gobierno de Illa deberá tenerlo en cuenta si quiere reconciliar definitivamente a los catalanes y catalanes y recoser las fracturas del
procés.

El 12 de mayo, la ciudadanía catalana decidió darle la oportunidad a otras mayorías políticas que ya no se cimentaran en la adhesión nacional, sino que fueran transversales obligando a los diferentes actores políticos a llegar a una serie de acuerdos que reflejasen gran parte de las demandes y preocupaciones existentes. 

"Salvador Illa plantea una tercera transformación de Catalunya basada en la unión de todos los catalanes y catalanas y en el servicio a estos con una mejora de los servicios públicos"


Estos retos han sido señalados por el president Illa en su discurso de investidura: una tercera transformación de Catalunya basada en la unión de todos los catalanes y catalanas y en el servicio a estos con una mejora de los servicios públicos. El president Illa ha defendido hacerlo mediante pactos de progreso centrados en un programa amplio y transversal que permita a Catalunya un impulso del autogobierno, que tiene que ser efectivo, una mejora e inversión en políticas sociales y servicios públicos para cohesionar la sociedad y recuperar el dinamismo económico en Catalunya mediante la industrialización verde. La cuestión ahora no es la identificación de estos retos sino si será posible realizar dicha transformación en los términos que Illa la plantea.


De la consecución de este triple objetivo y por lo tanto de la ejecución de dicha transformación dependerá el futuro de Catalunya en un mundo convulso y en transformación. En un momento de cambio de paradigma económico, político, social e internacional. Catalunya siempre ha sido referente a la hora de avanzar dinámicas económicas, sociales y políticas y de liderar cambios estructurales tanto hacia dentro como hacia fuera. El ensimismamiento de los últimos años, derivado de la pugna alrededor de la cuestión independentista y de la división del país en bloques nacionales antagónicos, ha dejado a Catalunya fuera de juego en múltiples campos y ha hecho que pierda el liderazgo tanto a nivel estatal como europeo en campos como el económico, el productivo o el cultural. Orientar la acción del ejecutivo catalán a fortalecer el papel de Catalunya en España, Europa y el mundo recuperaría uno de los objetivos más importantes del catalanismo político. 

"Un fracaso del Govern Illa tendría consecuencias impredecibles"


Sin embargo, un fracaso del
Govern Illa, tendría consecuencias impredecibles: podría provocar un nuevo aumento claro de una insatisfacción política y consolidar un desencanto democrático que no para de crecer con dos resultados posibles: o un retorno a la radicalización y la polarización nacionalista o un refuerzo de aquellas opciones situadas en la extrema derecha que se harían fuertes en un momento de desconcierto, apatía y desinterés. Cohesionar, reactivar y recoser: estas tres acciones determinaran el éxito del Govern y el futuro de Catalunya.
Mario Ríos Fernández
Mario Ríos Fernández
Analista político y profesor de la Universitat de Girona
Politólogo y analista político experto en comportamiento electoral. Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional.
Participación