Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Catalunya volverá a marcar goles para ese equipo llamado España

Por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, Catalunya contará con un Gobierno no nacionalista. Habrá llegado el momento de contarle al mundo que estamos ante una nueva etapa. Ese relato será bueno y tendrá repercusiones positivas para el conjunto de España.

Adam Casals Adam Casals 30 de julio de 2024
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La Reina Letizia preside la reunión anual de directores del Instituto Cervantes. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
La Reina Letizia preside la reunión anual de directores del Instituto Cervantes. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Recientemente, en el marco de un foro global de inversores organizado en Viena, me hacían la siguiente reflexión: “¿Cómo pudo Pedro Sánchez reconocer a Palestina, teniendo en cuenta la amenaza persistente de independencia de Catalunya?” Mi contertulio era un hombre bien informado, que lee regularmente la prensa internacional. Le indiqué que el independentismo seguirá existiendo, pero que ya no es una amenaza para España. Argumenté que los independentistas pueden seguir haciendo ruido, pero son cada vez más minoritarios, habiendo perdido más de un millón de votos, elección tras elección. Sin embargo, para el estadounidense y su círculo, Catalunya, y por ende el conjunto de España, conllevan un determinado riesgo-país, por la incertidumbre asociada a lo que pueda suceder. Es el famoso “ho tornarem a fer”, al que podemos responder que no lo volverán a hacer, porque a) en realidad nunca lo hicieron —al menos de una forma fehaciente—; ni tuvieron, ni tendrán, las mayorías necesarias ni la legitimidad democrática para hacerlo, y b) porque la pertenencia de España a la UE y a la OTAN son garantes de estabilidad, democracia y Estado de derecho. Consecuencia de los anteriores sería c) no les dejaremos hacerlo.

En el “Sommerloch” o período estival marcado por la disminuida actividad informativa, la prensa europea informa de la agresividad de algunos españoles contra los turistas. Más allá de la gentrificación y la especialización en puestos de trabajo de poco valor añadido, el problema de una Barcelona convertida en Venecia es que quizás al amigo inversor se le ocurriera abrir allí un restaurante, pero nunca una fábrica de microchips. Sin embargo, él mismo frecuenta Nueva York, urbe turística por excelencia, ciudad con multitud de problemas, pero también plaza financiera de primera magnitud. ¿Por qué tenemos la sensación que, sin embargo, Barcelona y otras capitales españolas se acercan a Venecia?

En las satisfactoriamente concluidas negociaciones para formar Govern en Catalunya tomaba protagonismo la exigencia independentista de una mayor financiación por parte del Estado. Se reiteraban las quejas ante la baja inversión por habitante o los bajos porcentajes de ejecución de lo presupuestado desde el Estado. Sin embargo, la gestión de la propia administración autonómica muestra una serie importante de disfunciones, desde la ausencia de previsión en la gestión del agua durante décadas al agujero temporal y económico que supone la inacabada línea 9 del metro de Barcelona, pasando por los malos resultados en educación, el empeoramiento de la atención sanitaria o el poco acierto de la legislación regional en materia de vivienda. Es decir, la Generalitat, con muchas más competencias que otras Comunidades Autónomas, no ha gestionado eficientemente lo que le había sido transferido. A ello se añaden los desmanes al Ejército o a la Casa Real, la insistencia en situarse en un mundo paralelo en el que parecía disruptivo hablar de España en Catalunya. No ha generado precisamente simpatías el tono de las declaraciones de determinados líderes políticos, sus desafíos recurrentes, la ausencia de buenos modales... ¿Podría existir, en ese contexto, una baja motivación por parte de determinados resortes del Estado, a la hora de ejecutar presupuestos en un sitio en el que afirman que cualquier día lo podrían “volver a hacer”?

"Valencia, Sevilla o Málaga han intentado ser contrapeso, pero en ausencia de Barcelona y ante la deslealtad de una determinada clase política catalana, la única opción real de éxito ha seguido siendo Madrid."


Catalunya ha estado demasiados años centrada en mirarse al ombligo, y ha desatendido sus obligaciones respecto al país del que forma parte. Mientras el Gran Madrid lo ha hecho maravillosamente bien en materia de crecimiento y acumulación de riqueza, expandiendo sus capilaridades al conjunto de España, es precisamente la periferia de esas capilaridades la que se ha resentido de la ausencia de contrapesos reales, respecto de la cada vez más grande capital de todos los españoles. “Madrid es España”, pero España es más que Madrid. Paradójicamente, la historia de éxito de una de las metrópolis con más potencial en Europa ha contribuido a la aceleración del vaciamiento de partes de su “hinterland”. Aquello de lo que se quejan algunos políticos catalanes no es ajeno a otras partes del territorio. Valencia, Sevilla o Málaga han intentado ser contrapeso, pero en ausencia de Barcelona y ante la deslealtad de una determinada clase política catalana, la única opción real de éxito ha seguido siendo Madrid.

También ha estado ausente Catalunya de su rol tradicional como vaso comunicante con la innovación europea, con el pulso continental, con las nuevas tendencias de la “Mitteleuropa”. Nunca tuvo sentido querer reclamar la herencia francoalemana y hacerlo de espaldas a España. La Europa oficial ha acabado puenteando a la Catalunya “enfant terrible”. En ese camino, se han perdido vertebración, ideas y energías.

Sin embargo, y aunque cueste creerlo, hemos llegado finalmente a una situación de cambio de paradigma, en la que es posible una Catalunya que vuelva a marcar goles para ese equipo llamado España. Habló de ello el previsiblemente futuro President de la Generalitat, Salvador Illa, durante la Eurocopa, cuando afirmó que “cada gol de Lamine Yamal (..) es un gol a los que quieren una Europa, una España y una Catalunya cerradas”. La historia personal de uno de los máximos goleadores de la selección nacional, desde su mágica vinculación con Messi hasta su infancia en uno de los barrios más pobres de Mataró, es un relato de los importantes cambios demográficos que afectan al continente. El deporte lo convirtió en un relato de éxito. La suma de españoles de todos los lares, algunos de toda la vida, otros recién llegados; algunos del norte, otros del sur, pero todos españoles, al fin y al cabo, hizo de nuestra selección aquella suma diversa de talentos que nos llevó a la victoria. Con muchos goles catalanes, para goce y disfrute del respetable público, y sufrimiento del contrario. Con pantallas gigantes en muchos municipios, también en Barcelona y otros municipios catalanes. Algo parecido se puede repetir con los Juegos Olímpicos.

Existe la Catalunya que ha pasado página, en la que la Reina de España fue recibida como es debido en el Ayuntamiento de Barcelona y por el alcalde Jaume Collboni, en el marco de un encuentro de Directores de la red de Institutos Cervantes, auspiciada por el Ministro de Cultura, Ernest Urtasun. En ella se hablaría, entre otras cosas, de multilingüismo. La prestigiosa institución se hacía suyo el cometido constitucional y lo trasladaba a su presencia global. La red es una herramienta privilegiada para la diplomacia cultural y el fomento del español, nuestro universal idioma.

"Más allá de los iniciales apoyos, por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, Catalunya contará con un Gobierno no nacionalista. Habrá llegado el momento de contarle al mundo que estamos ante una nueva etapa"


El anuncio de un pacto para la investidura de Salvador Illa es una excelente noticia. También en lo que conlleva que un determinado independentismo actúe de forma responsable y fomente la gobernabilidad. Si finalmente y como es de esperar, el líder socialista toma posesión como nuevo President, lo hará después de unas elecciones en las que la voluntad popular relegó a los independentistas a una minoría en votos y escaños. Más allá de los iniciales apoyos, por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, Catalunya contará con un Gobierno no nacionalista. Habrá llegado el momento de contarle al mundo que estamos ante una nueva etapa. Ese relato será bueno y tendrá repercusiones positivas para el conjunto de España.

Es posible que durante algún tiempo siga habiendo ruido de fondo. Los políticos de unos y otros colores deberán mostrar coraje cívico y sentido de Estado. Con el tiempo, el riesgo-país catalán, y por ende español, habrán bajado sustancialmente.

Tenemos ante nosotros la oportunidad de vislumbrar una España que no esté marcada por los agravios, sino por la solidaridad, el dinamismo y la competitividad. El conjunto podría beneficiarse mucho de la capacidad de innovación, creatividad y generación de talento de aquellos que en su día fueron respetados y admirados por todos. Las nuevas dinámicas favorecerían al atractivo de España en el marco europeo y global, acelerando su capacidad de captación de inversiones e iniciativas estratégicas.

En su día y desde el Real Instituto Elcano, Ignacio Molina me contaba que en España debemos estar orgullosos de haberlo hecho mejor que otros. Nunca fuimos Yugoslavia, ni lo seremos. Un diplomático esloveno, que hasta el último momento lo fue de Yugoslavia, me confesaba en su día y con cierta amargura la siguiente historia: “Nuestros abuelos hablaban alemán y tenían acceso a un importante mercado centroeuropeo. Nuestros padres hablaban serbocroata y tuvieron acceso al mercado yugoslavo. Nuestros hijos, si quieren ir a Croacia, o a Austria, tienen que hablar en inglés. El esloveno goza de una salud inmejorable, pero no nos entiende nadie. Sin embargo, no tuvimos más remedio que irnos”.

Sin duda, los catalanes seguirán teniendo personalidad propia, en una España diversa en beneficio de todos. Precisamente, esa España que garantiza desde su marco constitucional el derecho a la diversidad y nuestro régimen de libertades, es en realidad el único marco viable en el que Catalunya puede desarrollarse y crecer de una forma satisfactoria, lejos de temerarias aventuras de resultado incierto y sin ningún tipo de garantías.

En esa España acogedora y abierta, los nacionalismos habrán perdido la partida y dejarán de ser percibidos como una amenaza. No nos pasaremos el día hablando de identidades y banderas, y finalmente podremos dedicarnos a lo que de verdad importa. Esa es la España que estará preparada para hacer frente a los inmensos retos que nos esperan; en futuras crisis estructurales, climáticas, geoestratégicas o pandémicas.

Queda mucho por hacer, pero ahora, y a pesar del ruido de fondo, sabemos que estamos cambiando de paradigma y que vamos en la buena dirección. Previsiblemente, pronto Catalunya volverá a marcar goles para ese equipo llamado España.
Adam Casals
Adam Casals
Experto en geoestrategia y asesor en relaciones internacionales
CEO de Casals' Company. Fue delegado de la Generalitat de Catalunya en Austria y Europa Central. Ha publicado recientemente en 'Vozpopuli', 'El Confidencial', 'La Vanguardia', 'ABC', 'Crónica Global/El Español', 'Medium', 'Ara', 'Blockchain Economía', 'Círculo de Economía y El Món de Demà' y 'Política & Prosa' en España, con 'The European' en Alemania, 'Die Presse' en Austria, 'Delo' en Eslovenia y 'Limes, Rivista Italiana di Geopolitica'. Colabora con la 'Cadena SER'.
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