Con una elevada participación (77%), las bases de ERC han avalado el pacto acordado con el PSC para investir a Salvador Illa Presidente de la Generalitat (53,5% a favor, 44,8% en contra). El sentido del resultado no sorprende excesivamente, dada la intensa implicación de los líderes y cuadros del partido en la defensa del acuerdo.
En un momento de fuerte división interna (una crisis faccional de naturaleza puramente orgánica, sin apenas trasfondo ideológico: se discute quién debe dirigir el partido, no para qué),
los principales representantes de las facciones enfrentadas defendieron internamente pactar con el PSC para evitar elecciones. Todos eran conscientes de la situación crítica a la que ERC se enfrentaba en el caso de tener que repetir elecciones.
"¿Para qué abrir la incertidumbre por un voto de las bases en una decisión tan arriesgada para el partido? ¿Deben decidir un puñado de afiliados el futuro de un país?"
Una vez más los partidos someten decisiones importantes a la aprobación de sus afiliados. Algo que genera argumentos críticos y de incomprensión recurrentes: ¿para qué abrir la incertidumbre por un voto de las bases en una decisión tan arriesgada para el partido? ¿Deben decidir un puñado de afiliados el futuro de un país? El valor de la democracia interna en los partidos no refuta necesariamente estos interrogantes. Pero sí nos recuerda la
necesidad de mantener hoy la legitimidad interna y externa en sus decisiones y actuaciones, algo que no se espera de ningún otro agente político. Es una exigencia que los líderes de partidos del pasado no conocieron y algunos pretenden seguir desconociendo.
La votación de este viernes fue la culminación de un proceso de debate interno intenso y extendido entre sus agrupaciones.
Esa mezcla de deliberación y plebiscito aporta a la dirección de ERC, y a través de ella, a la elección de Illa, un grado de solidez y legitimidad social mayor.
Y ahí radica la utilidad de estas consultas internas. En la medida en que reflejen acertadamente el estado de cohesión interno de un partido, estas consultas garantizan que las decisiones clave de los partidos tendrán cierto recorrido.
¿De qué valdría aceptar la investidura de Illa si esta fuera en contra de la opinión mayoritaria de quienes tendrán que apoyarla y sostenerla?
"El voto de las bases de ERC representa con bastante cercanía la opinión de quienes les han votado recientemente"
El problema de la democracia interna surge cuando la opinión de los afiliados y militantes se aparta excesivamente de la de sus votantes,
como alertaba el politólogo John D. May. En este caso, el voto de las bases de ERC representa con bastante cercanía la opinión de quienes les han votado recientemente.
La encuesta pre-electoral de Cluster 17 para Agenda Pública señalaba que los votantes de ERC favorables a un gobierno de Illa eran más que los que preferían un gobierno encabezado por Puigdemont, en unas proporciones muy parecidas a lo expresado por sus bases. Otras encuestas internas apuntan en esa misma dirección. Además, según el CIS, los votantes de ERC valoran mejor a Illa que a Carles Puigdemont (el cual genera más rechazo) y son más favorables a la actuación del PSC en los últimos años que a la de Junts (41,9% vs 20,8%). En numerosos estudios, como los del CEO, la predisposición de votantes de ERC a pasarse al PSC es mayor que la de hacerlo a Junts.
Con este nivel de participación, las cifras resultan muy representativas del estado de opinión interno de las bases del partido. Y con ello, de los sentimientos contrapuestos que les genera investir a Illa. Para muchos independentistas, el líder del PSC es un símbolo de lo que más han rechazado en la última década: el 155, la oposición dura al independentismo, la falta de empatía del PSC ante la prisión de sus líderes, y la voluntad de impulsar una enmienda a la totalidad a los años del procés. El nivel de rechazo a Illa entre los independentistas comprometidos es solo equiparable al que el líder del PSC experimenta entre los sectores de la derecha extrema en el resto de España. Es cierto que, al menos, el independentismo no le han presentado querellas ni solicitudes de prisión, como sí ha hecho Vox.
Por estos motivos,
la consulta de ERC ayudará a la dirección del partido a tener más fuerza para dar los pasos a los que les vienen encaminando sus votantes (y parte de la sociedad catalana) desde hace un tiempo: enterrar el procés y hacer balance de todo ello de cara al futuro. Al fin y al cabo, las bases de ERC han asumido lo que el electorado catalán expresó en las últimas elecciones: el fin de la mayoría independentista, al menos por un tiempo.
En realidad, la pérdida de esa mayoría parlamentaria del independentismo fue anticipada por la decisión de Junts de dejar a ERC sola en el gobierno y con una minoría insostenible meses después de haber alcanzado una acuerdo agónico (nada que ver con la negociación actual con el PSC), una decisión que también fue avalada por las bases del partido de Puigdemont (curiosamente,
con unas cifras de participación y apoyo muy similares a la votación de hoy en ERC).
"Puigdemont será, probablemente, el más perjudicado en el nuevo escenario que se abre con la investidura del candidato socialista. Puigdemont se comprometió abandonar la política si no lograba ser presidente"
Aquel movimiento, impulsado por el entorno de Puigdemont, se gira hoy contra su partido, porque será probablemente el más perjudicado en el nuevo escenario que se abre con la investidura del candidato socialista. Puigdemont se comprometió abandonar la política si no lograba ser presidente.
Esto deja a Junts en una situación muy complicada, pendiente todavía de su institucionalización como organización (esto es, demostrar que puede sobrevivir al líder que la ha creado), y muy limitada en el corto plazo en su política de alianzas en Barcelona, en Madrid y en muchos municipios, donde solo puede sostener muchos de sus gobiernos con los apoyos de ERC o PSC. Su único recurso estratégico será tratar de negociar mejor los acuerdos entre el PSOE y ERC en el Congreso. Pero con un límite.
Apenas tendrán margen para dejar caer al gobierno de Sánchez, porque si llegara a forzar la alternancia en Madrid, podría encontrarse con el peor de los escenarios: una mayoría del PP y Vox con Junts en la oposición en el Parlament.
Y sin duda, estas consideraciones estratégicas han pesado tanto en el ánimo de los dirigentes de Esquerra como el valor de los acuerdos alcanzados. Quizá también en la opinión de sus militantes. No está tan claro que esta lectura se haya hecho en el resto la política española.