Miércoles, 29 de julio de 2026
ANÁLISIS

La derrota de Le Pen en Francia salva a la UE de la parálisis

Los votantes franceses, con una participación masiva para este tipo de elecciones y con una profesión de fe republicana sorprendente para propios y extraños, han dado la vuelta a los presagios. lemania había alertado del riesgo que suponía para el funcionamiento del eje franco-alemán una victoria ultra en París. Las capitales de Europa central y del este que se sienten amenazadas por Rusia temían encontrarse con una aliada del Kremlin en la retaguardia. Para Ucrania, su propia supervivencia estaba en juego.

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 7 de julio de 2024
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El presidente de Francia , Emmanuel Macron, en una imagen durante una reunión del Consejo Europeo, en la sede de la Unión Europea en Bruselas. | HATIM KAGHAT / Belga Press / ContactoPhoto
El presidente de Francia , Emmanuel Macron, en una imagen durante una reunión del Consejo Europeo, en la sede de la Unión Europea en Bruselas. | HATIM KAGHAT / Belga Press / ContactoPhoto
Paradojas y beneficios colaterales de la política. La derrota del partido euroescéptico de Marine Le Pen, Reagrupamiento Nacional (RN), en las elecciones legislativas de este 7 de julio salva de la parálisis a la Unión Europea, al menos en el futuro inmediato. El resultado electoral quizá aboque a Francia a un período de interinidad gubernamental, hasta que se resuelva una difícil convivencia entre la victoriosa coalición de izquierdas (Nuevo Frente Popular o NFP) y el presidente francés, el liberal Emmanuel Macron. Francia puede entrar en un período de inestabilidad potencialmente perjudicial para la Unión y no se puede descartar una crisis política de gran envergadura a corto o medio plazo. Pero en todo caso, con un gobierno en funciones o con una coalición con plenos poderes, Francia podrá seguir ejerciendo en Bruselas el imprescindible papel de motor político y económico, aunque se vea obligada a girar en la capital comunitaria a menos revoluciones que de costumbre.

“La derrota del partido euroescéptico de Le Pen deja a los gobiernos ultraconservadores de la UE sin la fuerza necesaria para bloquear cualquier iniciativa comunitaria ni para cambiar la posición del club en asuntos tan vitales como la guerra de Ucrania, las relaciones con Moscú o Pekín, o los avances en la integración europea”


El escenario más temido por Bruselas, una holgada victoria de RN que hubiera permitido a los de Le Pen formar gobierno, ha quedado neutralizado con el éxito del cordón sanitario electoral tejido por la coalición de izquierdas y por los partidarios de Macron. Y ese éxito tiene una repercusión directa en el día a día de la Unión Europea. El alivio llega en un momento particularmente sensible para la UE, porque está a punto de comenzar una nueva legislatura europea y la presencia en París de un gobierno ultranacionalista hubiera complicado el arranque. 

Por lo pronto, Macron podrá designar a su candidato a comisario europeo (previsiblemente, Thierry Breton por segunda vez), una elección que Le Pen ya había rechazado. Y la nueva Comisión Europea podrá contar con una Francia europeísta en el inicio de su programa legislativo y en los primeros tanteos para un nuevo marco presupuestario de la UE que será clave una posible ampliación del club. Le Pen y sus aliados en otras capitales europeas podrían haber abortado todos esos proyectos desde su inicio. Con el resultado del 7-J, Bruselas puede seguir en marcha.


Y es que la derrota del partido euroescéptico de Le Pen deja a los gobiernos ultraconservadores de la UE sin la fuerza necesaria para bloquear cualquier iniciativa comunitaria ni para cambiar la posición del club en asuntos tan vitales como la guerra de Ucrania, las relaciones con Moscú o Pekín, o los avances en la integración europea.


La victoria de Le Pen, por mayoría absoluta o relativa, se daba por descontada en los principales cuarteles de invierno de la eurofobia, tanto dentro de la UE (como en Roma o Budapest) como fuera (Moscú). La configuración de los grupos ultraconservadores en el Parlamento Europeo, pendiente desde las elecciones europeas del 9 de junio, también había quedado aplazada hasta conocer el desenlace de las legislativas francesas. 

El calendario ultra apuntaba a una victoria electoral de RN en Francia para anunciar después la creación de un gran grupo parlamentario en torno a las fuerzas de Le Pen, del húngaro Viktor Orbán, del holandés Geert Wilders, del español Santiago Abascal o del italiano Matteo Salvini, entre otros. Esas formaciones todavía pueden aspirar a convertirse en la tercera fuerza parlamentaria en la Eurocámara, por detrás de populares y socialistas. Pero el inesperado y humillante tropiezo de Le Pen les empañará el comienzo de una legislatura que preveían como la del asalto al poder de la UE. “Si todo pasa como está previsto y el buen Dios nos ayuda, de aquí a fin de año los patriotas serán mayoría en todo el mundo occidental”, auguraba Orbán hace una semana en alusión a la previsible victoria de Le Pen en Francia y a la de Donald Trump en noviembre en EE UU. La fiesta ultra tendrá que esperar.

El patinazo de Le Pen es aún más significativo para el equilibrio de fuerzas en el Consejo de la UE, el foro co-legislativo de la UE, junto al Parlamento Europeo, donde se sientan los gobiernos. La llegada de un gobierno de Jordan Bardella, el ariete elegido por Le Pen como posible primer ministro, hubiera permitido formar un frente contrario a la integración europea muy difícil de esquivar. 

“En la línea de resistencia euroescéptica militan, por ahora, Italia, Países Bajos, Hungría y Eslovaquia, pero esos países suman un 20,58% de la población de la UE, lejos del 35% que permite bloquear los proyectos legislativos o decisiones que requieren el visto bueno de al menso 15 socios que sumen el 65% del total de la población”


En esa línea de resistencia euroescéptica militan, por ahora, Italia, Países Bajos, Hungría y Eslovaquia, pero esos países suman un 20,58% de la población de la UE, lejos del 35% que permite bloquear los proyectos legislativos o decisiones que requieren el visto bueno de al menso 15 socios que sumen el 65% del total de la población. Con Francia, se supera el umbral del bloqueo (35,69%), lo que daría a los gobiernos ultras la posibilidad de coordinarse para frenar cualquier avance.

El indudable peso político de Francia, muy superior al de otros socios y solo comparable al de Alemania, hubiera permitido a un gobierno de Le Pen erigirse en líder de un grupo de países dispuesto a socavar la unidad de la UE, a cuestionar la autoridad y legitimidad de las instituciones comunitarias -desde la Comisión Europea al Tribunal de Justicia, pasando por el BCE- y a debilitar la posición de la Unión en la escena internacional.

Esa amenaza no es teórica, sino muy real, como acaba de demostrar el primer ministro húngaro. A Hungría, que asumió la presidencia rotatoria del Consejo de la UE el pasado 1 de julio, le ha bastado una semana para dejar en evidencia a la Unión, con una visita de Orbán a Rusia para reunirse con Vladimir Putin, interpretada por Bruselas como una traición a la posición europea. La derrota de Le Pen no acaba con ese peligro. Los caballos de Troya continúan dentro de la Unión. Pero sin Francia al frente de la cuádriga su potencial devastador es mucho menor.

El alivio de Bruselas y de los gobiernos europeístas es evidente. Alemania había alertado del riesgo que suponía para el funcionamiento del eje franco-alemán una victoria ultra en París. Las capitales de Europa central y del este que se sienten amenazadas por Rusia temían encontrarse con una aliada del Kremlin en la retaguardia. Para Ucrania, su propia supervivencia estaba en juego. Pero los votantes franceses, con una participación masiva para este tipo de elecciones y con una profesión de fe republicana sorprendente para propios y extraños, han dado la vuelta a los presagios. “En París, entusiasmo; decepción en Moscú; alivio en Kyiv. Suficiente para estar felices en Varsovia”, resumió el primer ministro polaco, el conservador Donald Tusk.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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