Francia ha ejercido históricamente como motor de la Unión Europea, pero también como obstáculo infranqueable para el proceso de integración en algunos momentos cruciales. El parlamento galo abortó ya en 1954 el primer intento de forjar tras la Segunda Guerra Mundial una Comunidad europea de la Defensa. Y en 2005, Francia dio al traste, vía referéndum con el primer proyecto de Constitución europea, un texto que aspiraba a encarnar las aspiraciones de integración política más allá de la unidad económica y de mercado.
Cuando Francia dice No, la Unión se para.
La sombra del hexágono vuelve ahora a proyectarse sobre el futuro de la UE. Y esta vez lo hace con el amenazante perfil de Marine Le Pen y su ascendiente partido Reagrupamiento Nacional (RN), una formación de aires trumpistas que se propone acabar con el liderazgo europeísta del actual y ya caduco presidente francés, Emmanuel Macron.
"Fuentes alemanas interpretan la victoria del partido de Le Pen como una bofetada a la cooperación entre París y Berlín, pero también a la Unión Europea".
Le Pen aboga por un soberanismo bajo el lema de “Francia primero” difícilmente compatible con el espíritu y los valores de la Unión Europea. El mensaje de RN suena en otras capitales como “Francia antes que nada”, lo que previsiblemente puede provocar una cascada de reflejos nacionalistas que hagan olvidar la búsqueda del interés común. Este mismo domingo, tras el éxito electoral de la ultraderecha en la primera ronda de las legislativas francesas, fuentes alemanas interpretaron la victoria del partido de Le Pen como una bofetada a la cooperación entre París y Berlín, pero también a la Unión Europea.
La segunda ronda de las legislativas, el próximo 7 de julio, decidirá la fuerza electoral con la que cuenta Le Pen para impulsar su proyecto de repliegue nacional o si el presunto “frente republicano”, amalgama heterogénea de izquierda y centro, logra impedir la llegada de la ultraderecha al poder. Pero la progresión de RN en los comicios celebrados desde que Macron llegó al poder en 2017 indica que el voto ultra ha dejado de ser un tabú para la mayor parte de la opinión pública francesa y que el cordón sanitario en torno a la extrema derecha se ha resquebrajado y prácticamente no aguanta.
El partido de Le Pen multiplicó por 11 el número de escaños en las legislativas de 2022, hasta los 89. Y cosechó más de cuatro millones de votos en primera vuelta y 3,5 millones en la segunda. En las elecciones europeas del pasado 9 de junio logró la victoria con 7,7 millones de votos. Y en las de este domingo, algunas estimaciones apuntan a que habría superado los 10 millones, convirtiéndose en una fuerza capaz de derribar casi cualquier dique.
"La reacción de la Comisión Europea ha sido de un discreto silencio, ante el convencimiento de que cualquier intervención comunitaria solo podría alentar el voto soberanista y euroescéptico".
La posible llegada al poder de Le Pen ha pillado por sorpresa a Bruselas. Nadie, ni en la capital comunitaria ni en París, preveía un adelanto electoral en Francia como resultado del seísmo del 9-J, cuando RN sacó el doble de votos que el partido del presidente Macron. La reacción de la Comisión Europea ha sido de un discreto silencio, ante el convencimiento de que cualquier intervención comunitaria solo podría alentar el voto soberanista y euroescéptico.
Pero fuentes diplomáticas y políticas se han prodigado en los últimos días sobre las temibles consecuencias de una victoria ultra para el proceso de integración europea. Como se ha comprobado otras veces en la historia del club, el No de Francia es casi imposible de esquivar. La UE ha capeado con mayores o menores dificultades el soberanismo de capitales como Varsovia o Budapest. Incluso la Italia de Meloni parece digerible.
Pero Francia es un pilar esencial en la construcción europea sin el cual el edificio amenaza ruina. País fundador de un club basado en la reconciliación franco-alemana, contribuyente neto al presupuesto comunitario (con una aportación de 26.000 millones de euros y un saldo en su contra de 9.000 millones en 2022) o artífice de la Política Agrícola Común.
"Pensar que una victoria ultra en Francia es tan soluble para los intereses de la UE como la de cualquier otro país es inocente y temerario".
Tras la salida de Reino Unido es, además, la única potencia nuclear del club, con el ejército más poderoso de la Unión y el único socio con asiento permanente en el Consejo de seguridad de la ONU. Pensar que una victoria ultra en Francia es tan soluble para los intereses de la UE como la de cualquier otro país es inocente y temerario.
La posible formación de un Gobierno ultra en París llegaría, además, en un momento en que las fuerzas nacionalistas ganan peso en muchos socios de la Unión, con Italia y Países Bajos como los últimos en sumarse a la ofensiva soberanista. Los diferentes partidos ultras han sido incapaces hasta ahora de coordinarse porque sus proclamas de “mi país primero” provoca que choquen sus agendas. Pero la potencia de un liderazgo francés podría servir de catalizador para unas fuerzas dispuestas, como mínimo, a paralizar la UE y a reducir drásticamente su peso en la escena mundial. De todos es conocido que destruir es mucho más rápido y fácil que construir.
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.