Martes, 6 de octubre de 2026
ANÁLISIS ELECTORAL

29N: Empieza el baile

"El resultado del PP se aguanta por la debilidad del PSOE más que por su propio desempeño, que no es para nada brillante". Oriol Bartomeus, director académico y de investigación del Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS), analiza el escenario abierto ante las elecciones del 29N: el trasvase de voto hacia Vox, las opciones de remontada del PSOE y una campaña en la que la movilización puede alterar el punto de partida.

Oriol Bartomeus Oriol Bartomeus 6 de octubre de 2026
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Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press
Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press
Finalmente, se despejó la incógnita. Tendremos elecciones generales anticipadas y serán el próximo 29 de noviembre, como todo apuntaba desde que el pasado viernes la mayoría del Congreso tumbó los dos decretos que había llevado el Gobierno a la cámara en respuesta a la situación creada a raíz del desahucio de Maricarmen Abascal. La convocatoria Maricarmen por parte del presidente del Gobierno central, que es el único que tiene la potestad de disolver las Cortes, y que pretende estirar la coyuntura para enmarcar los comicios en una lógica favorable a sus intereses.

El partido empieza ahora

Lo visto hasta aquí sirve de portal, pero no aventura qué puede suceder en los cincuenta y cinco días que faltan hasta el 29N. La posición de salida que nos dibujan las encuestas es la de un escenario estable, con el PP en cabeza, aunque en una posición nada holgada. Su resultado puede llegar a ser inferior al de 2023, con lo que ello implica. Vox ha sido capaz, a lo largo de la legislatura, de llevarse una porción importante del voto popular. Según los últimos datos, estaríamos hablando de un millón de votos. Un millón de electores que votaron a Feijóo en 2023, pero que esta vez se muestran dispuestos a optar por Abascal. El PP no parece capaz de recuperar esos votos que marchan a Vox con la aportación de otras fuerzas. En este sentido, los votos que consigue en el flanco moderado del electorado del PSOE (unos 400.000) no cubrirían las bajas sufridas por el lado derecho. El resultado del PP se aguanta por la debilidad del PSOE más que por su propio desempeño, que no es para nada brillante.

"El PP no parece capaz de recuperar esos votos que marchan a Vox con la aportación de otras fuerzas"
Los socialistas pueden decir lo mismo, pero de ellos no se espera un gran resultado. La legislatura ha sido un calvario para los de Sánchez, que llegan a la recta final faltos de oxígeno, pero no muertos. Las desafecciones socialistas son cuantiosas (más de un millón y cuarto) y no se recuperan con nuevas incorporaciones, a pesar de la respiración asistida que le proporciona al PSOE el trasvase de votantes desde su izquierda (unos 400.000). En total, un número insuficiente para recortar una ventaja del PP que se cifra en un millón de votos. Esa es la clave. El PSOE necesita una carambola para acortar ese millón: recuperar voto moderado, fidelizar indecisos y movilizar abstencionistas, sin que todo ello mueva hacia arriba el voto de la derecha. No es imposible, teniendo en cuenta que las huestes de PP y Vox están al tope de su movilización desde que Ayuso lanzó su particular fatwa contra Sánchez en 2021.

Dos marcos

La primera batalla del 29N (y posiblemente la principal) va a ser definir de qué van estas elecciones. Enmarcarlas. Sánchez, en su exposición de los motivos que le han llevado a disolver las Cortes, ha expuesto su marco: izquierda contra derecha, los desposeídos frente a los poderosos, a rebufo del clamor popular sobre la vivienda. Feijóo, por su parte, ha repetido el mantra que lleva proclamando el PP desde 2023: hay que echar a Sánchez si se quiere salvar a España. No es tanto que el que consiga imponer su marco se lleve la elección, puesto que cada uno habla a una facción.

"La legislatura ha sido un calvario para los de Sánchez, que llegan a la recta final faltos de oxígeno, pero no muertos"
La diferencia con lo que veníamos observando a lo largo de la legislatura es que ahora parece que la parte del PSOE ha conseguido armar un marco reconocible por su gente, y más allá. El PP tenía movilizado su espacio desde hacía años, pero los socialistas no habían conseguido articular una respuesta a la pregunta clave de cualquier elección: ¿por qué te tengo que votar? Sánchez, en su intervención, ha dado una respuesta a esa pregunta. La incógnita es si la respuesta será creíble para un número suficiente de votantes de su espacio.

La campaña, como ya pasó en 2023, va a consistir en el juego del gato y el ratón, con Sánchez intentando que Feijóo desvele sus planes de gobierno (si es que los tiene), para poder confrontar su proyecto de socialdemocracia clásica frente a un más que posible gobierno de coalición entre PP y Vox.

Radicales libres: Vox

Los secundarios juegan, y esta vez lo van a hacer a fondo. Como mínimo Vox, que está llamado a ocupar un lugar destacado en la campaña, más de lo que ya hizo en 2023. Aunque se equivocaría el PSOE si hace de los de Abascal el centro de sus ataques. El miedo a los ultras está más que asumido y posiblemente moverá poco voto. Pero Vox necesita acelerar en esta campaña, porque no es lo mismo ser el socio menor de un PP fuerte que ser el primo de Zumosol de un PP estancado. La diferencia entre uno y otro escenario son unos cuantos ministerios, con sus correspondientes presupuestos, y una proyección (aquí y en Europa) muy diferente.

"Vox necesita acelerar en esta campaña, porque no es lo mismo ser el socio menor de un PP fuerte que ser el primo de Zumosol de un PP estancado"
Vox va a jugar, y lo hará a fondo y en contra del PP, que es su principal suministrador de voto, además de los abstencionistas y los nuevos votantes (sobre todo medio millón de hombres que van a votar por primera vez). En los contextos más favorables, Vox ha sido capaz de robarle hasta 1,4 millones de votos al PP. No es lo mismo para Vox quedarse a diez puntos del PP que a cinco. Esa es la franja en la que se mueven los dos aliados.

… y Puigdemont

Curiosamente, a Vox le puede ser de gran ayuda un actor insospechado. La vuelta del expresident fugado puede coincidir con la campaña electoral, lo cual regala a la derecha un tema que le es electoralmente muy favorable. Ya se demostró en la repetición de los comicios de 2019, cuando la publicación de la sentencia a los líderes del procés y las consiguientes movilizaciones en Barcelona (y la repetición de imágenes de violencia en las pantallas de los hogares de toda España) llevaron a Vox a su mejor resultado, cincuenta y dos escaños.

"La vuelta del expresident fugado puede coincidir con la campaña electoral, lo cual regala a la derecha un tema que le es electoralmente muy favorable"
Esta vez podría suceder algo similar, lo cual vendría a confirmar la unidad de intereses entre Junts, PP y Vox, algo que ya se ha ido poniendo de manifiesto, votación tras votación, en la última mitad de esta legislatura, hasta llegar a la sesión decisiva en la que los votos negativos de las tres fuerzas tumbaron los decretos y aceleraron la convocatoria electoral.

La posible vuelta de Puigdemont va a ser utilizada como arma de campaña, tanto por Junts (obviamente) como por PP y Vox. Sobre todo, por parte de estos últimos.

La izquierda

Hay secundarios que roban escenas a los protagonistas, secundarios de lujo, actores con carácter y luego está la izquierda. A los partidos que componen este espacio les ha vuelto a pillar la convocatoria electoral con el trabajo a medio hacer, en medio de divagaciones sobre cómo articularse y quién podría liderar la posible unión de fuerzas. En febrero, Yolanda Díaz anunció que no sería la cabeza de lista. Han pasado casi ocho meses. En la política actual, esto equivale a una vida. Y la izquierda sigue sin definir quién la va a encabezar. Entremedio, el lío. La propuesta de Rufián, los movimientos de Podemos, las derrotas sucesivas en las elecciones autonómicas y el silencio programático.

"En febrero, Yolanda Díaz anunció que no sería la cabeza de lista. Han pasado casi ocho meses. En la política actual, esto equivale a una vida"
La izquierda se encuentra con estas elecciones en una paradoja terrible para sus intereses particulares. Las opciones del PSOE para ganar las elecciones pasan probablemente por el sacrificio ritual de su izquierda. Lo curioso del caso es que las fuerzas que representan este espacio parecen estar decididas a lanzarse a la hoguera, no tanto para favorecer a los socialistas, sino por una incapacidad congénita de aprovechar las circunstancias. Lo racional en una situación como la actual sería plantear un acuerdo para conformar listas conjuntas de toda la izquierda (PSOE incluido) o negociar la incorporación de personas en las listas socialistas en aquellas circunscripciones en las que la izquierda no tiene ninguna posibilidad de conseguir escaño. Ahora bien, lo racional no acostumbra a abundar en un espacio que parece preferir el suicidio colectivo (en el que muy pocos electores parecen querer participar).

¿Consenso demoscópico?

Las posibilidades de una sorpresa electoral descansan en un punto clave: la convicción de que esta es posible. A esto parecía apelar Sánchez con su media sonrisa en la comparecencia del lunes. El líder socialista sabe que solo se alinearán los astros a su favor si es capaz de convencer a sus votantes de que es posible ganar las elecciones. El votante de la izquierda tiende a ser más tacaño con su voto que el de la derecha. El primero solo acude a votar cuando entiende que ese acto va a servir para algo. Para perder, nadie se levanta del sofá.

"El primero solo acude a votar cuando entiende que ese acto va a servir para algo. Para perder, nadie se levanta del sofá"
De ahí que ahora empiece la batalla por ese relato. Y aquí van a tener un papel las encuestas, como ya lo tuvieron en 2023. Entonces se publicaron 146 en menos de dos meses, a razón de casi tres sondeos por día. Una enorme inversión de dinero para apuntalar una idea: el triunfo de la derecha era inapelable. Ergo, no hacía falta que el votante de la izquierda dejara la comodidad de su sofá, puesto que su esfuerzo sería estéril.

Vamos a ver si en esta convocatoria vuelve a aparecer el "consenso demoscópico" de entonces. Lo veremos pronto. Desde 2023, hemos bajado la frecuencia de publicación de encuestas hasta las ocho mensuales de media.

Bajo radar

El problema con las predicciones es que cada vez más se producen movimientos bajo el radar que son muy difíciles, si no imposibles, de captar. No es que nuestros instrumentos hayan quedado obsoletos (que quizás), es que cada vez más electores tienden a decidirse más tarde, con lo que no es posible aventurar su actuación. En 2023 se produjo este fenómeno. Antes de la última semana de campaña, Feijóo ganaba las elecciones con holgura. En esa semana, sin embargo, se produjo un movimiento no previsto de electores (electoras, de hecho) que hasta ese momento habían mostrado poco interés en participar. Esa movilización de última hora es la que condujo a los resultados que permitieron a Sánchez conservar el Gobierno.

"Cada vez más electores tienden a decidirse más tarde, con lo que no es posible aventurar su actuación"
¿Es posible que se vuelvan a producir este tipo de movimientos? No solo es posible. Es evidente que se van a producir, porque tenemos un cuerpo electoral que ha aprendido a decidirse a última hora, a esperar hasta el último minuto (de hecho, hasta el último segundo) para aparecer en terreno de juego. Esto deja abierto el escenario hasta cierto punto y obliga a los partidos a actuar en una niebla espesa, lanzando sondas que no saben si van a ser recibidas y, en caso afirmativo, si van a tener efecto.
Oriol Bartomeus
Oriol Bartomeus
Politólogo y profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat de Barcelona
Participación