Sábado, 12 de septiembre de 2026
AUTONOMÍA ESTRATÉGICA

Tierras raras: Europa no necesita ser autosuficiente

Frente a la búsqueda de autosuficiencia en tierras raras y minerales críticos, Enrique Chueca y Kilian Wirthwein, del 'think tank' AVANZA, defienden una estrategia distinta para España y Europa: especializarse allí donde puedan ser indispensables y construir "una interdependencia equilibrada, donde nosotros dependemos de otros y otros dependen de nosotros".

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Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo y comisario de Mercado Interior de la Comisión Europea, es uno de los responsables de la estrategia europea en minerales críticos. | Nicolas Landemard / Zuma Press / Europa Press
Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo y comisario de Mercado Interior de la Comisión Europea, es uno de los responsables de la estrategia europea en minerales críticos. | Nicolas Landemard / Zuma Press / Europa Press
Existe una creciente idea de que, cuando hablamos de minerales críticos y tierras raras, lo que necesita Europa es una autonomía estratégica. Sin embargo, el nuevo informe sobre Tierras raras en España y Europa que presentamos el 7 de septiembre en el Ateneo de Madrid argumenta justamente que la apuesta debería ser otra: el objetivo no debería ser la autosuficiencia ni parcial ni completa, sino construir interdependencias equilibradas. Es decir, al contrario de lo que se ha argumentado frecuentemente en los últimos años, nuestras vulnerabilidades económicas en este sector no nacen de la interdependencia. Más bien, nacen de la falta de una interdependencia real, puesto que nos encontramos en una situación de dependencia neta en casi todos los minerales críticos.

"Nuestras vulnerabilidades económicas en este sector no nacen de la interdependencia. Más bien, nacen de la falta de una interdependencia real"
Todas las economías avanzadas necesitan de esta interdependencia y el problema en Europa es la asimetría que se ha generado durante décadas. Europa depende de otros continentes, mientras que casi nadie depende de nosotros para su abastecimiento de minerales críticos, que son cada vez más claves para las grandes transformaciones, como la digital y la ecológica, así como para sectores como la seguridad nacional y la defensa.
 

El espejismo de la autonomía estratégica

El estado actual de las explotaciones mineras de estos materiales en Europa es limitado. En paralelo, la localización de los recursos necesarios para sustituir la demanda interna de estos insumos para la manufactura de productos de consumo (componentes electrónicos, etc.) no se concentra tampoco dentro del continente. Las explotaciones europeas tienden a tener un coste elevado y, una vez extraído el mineral en bruto, en muchos casos no existe otro refinador que China para procesarlo. Esta situación cuestiona la idea de que una autonomía estratégica completa sea posible y pone el foco en la necesidad de centrarnos en mitigar los cuellos de botella de estos procesos.

Sin embargo, para actuar de forma realista, hemos de reconocer que no se trata de producirlo todo en Europa y preguntarnos: ¿qué puede aportar España para la autonomía? Más bien, se trata de reducir aquellas dependencias que pueden convertirse en vulnerabilidades políticas y económicas. El objetivo no es la producción exclusivamente autóctona, sino un sistema equilibrado que mitigue las vulnerabilidades estratégicas. A este fin, España puede aportar la existencia de algunos yacimientos donde comenzar a generar demanda interna de tecnologías de extracción y refino que ahora mismo domina China, dando oportunidades a pequeñas empresas locales y europeas de desarrollar soluciones a estos problemas y desarrollar modelos de negocio viables que permitan retener la capacidad de acceso y refino a estos materiales de forma autónoma y poder exportarlos. Pero lo que señala nuestro informe es que estamos enfocando la cuestión desde una mirada estratégica incompleta y poco realista con nuestras posibilidades y capacidades.

La respuesta española: una lógica boutique

España no dispone ni de los recursos financieros ni de la escala industrial ni de la dotación geológica necesarios para competir a la vez en todas las materias primas críticas que la Unión Europea considera estratégicas. Intentarlo llevaría a abarcar mucho y conseguir poco de forma efectiva. Por eso debemos centrar los esfuerzos y adoptar una lógica boutique que permita conseguir estos objetivos mediante una especialización selectiva. España necesita seleccionar aquellos materiales y aquellos segmentos de la cadena de valor en los que pueda desarrollar capacidades difíciles de sustituir y que minimicen la potencial presión coercitiva externa. Los candidatos más razonables, a la luz del territorio y de los proyectos ya en marcha, son el wolframio, el litio, el cobre y algunas tierras raras concretas como el neodimio o el praseodimio, entre otros. Una postura inteligente sería enfocarse justamente en desarrollar esta ventaja y volvernos un actor indispensable en estos ámbitos.

"España puede aportar la existencia de algunos yacimientos donde comenzar a generar demanda interna de tecnologías de extracción y refino que ahora mismo domina China"
De este modo, es ilusorio pensar que sea posible desarrollar una ventaja competitiva en todos los materiales críticos. Así, España debe apostar, a nivel de política industrial, por una mirada boutique que analice cuáles son los pocos sectores estratégicos y cuáles son los minerales fundamentales más prometedores para generar una situación donde España tenga posibilidades reales de convertirse en un actor clave en la cadena de valor. Así se podría construir una interdependencia equilibrada, donde nosotros dependemos de otros y otros dependen de nosotros. En este planteamiento, la cooperación es necesaria y nadie puede imponer términos abusivos ni explotar vulnerabilidades de manera anticompetitiva. Este debe ser el objetivo, puesto que la autosuficiencia conduce a ineficiencias económicas.
 

Ser indispensable es más importante que ser autosuficiente

Si España construye una capacidad europea relevante en determinados minerales, en su procesamiento o en las tecnologías asociadas, estas capacidades pueden ser exportadas y diversificar de esta forma el acceso a estos minerales en yacimientos exteriores, pudiendo incluso aportar capacidades y servicios de extracción en países terceros como lo hacen otras compañías mineras alrededor del mundo. Esto es algo muy común, por ejemplo, en el caso de las compañías canadienses o australianas.

Asimismo, esta construcción de capacidades no solo debe estar enfocada en la extracción del recurso, que continuaría exponiéndonos al monopsonio de compra que se da típicamente en las tierras raras. Seguimos atrapados en una estructura de dependencia. El wolframio es un buen ejemplo: es el único de estos materiales en el que España es exportadora neta y, aun así, lo vende como concentrado sin realizar otras fases superiores de refino. Para evitar esto, se debe pensar en la diversificación y retención de la capacidad de refino. Se trata de una fase todavía más concentrada de la cadena de valor del material que no siempre ocurre en el punto de origen. Este tipo de instalaciones requiere una alta concentración de capital humano especializado y monetario para su construcción y operación. Aquí Europa cuenta con la ventaja estratégica de tener las capacidades técnicas y las instituciones financieras para poder llevar a cabo este tipo de inversión a largo plazo con instituciones como el Banco Europeo de Inversiones o el KfW.

El objetivo base es que las inversiones en refinamiento sean sostenibles de forma independiente y preservar nuestra autonomía estratégica mediante la diversificación de los puntos de origen de los materiales sin refinar a través de contratos de compra de volúmenes o acuerdos de explotación. En este sentido, la clave es siempre identificar en qué combinaciones material-eslabón podemos construir una ventaja estratégica de tal manera que ayude a generar una interdependencia equilibrada, en la que logremos un mayor peso y se entienda la interconexión entre los objetivos políticos y los económicos en la formulación de los intereses nacionales y de propuestas inteligentes de política industrial.
Enrique Chueca Montuenga
Enrique Chueca Montuenga
Consultor del Grupo del Banco Mundial en energía e infraestructura
'Fellow' en AVANZA. Es consultor del Grupo del Banco Mundial en energía e infraestructura y exanalista del FMI. Ha trabajado como Energy Economist Consultant en el Banco Interamericano de Desarrollo. Ingeniero industrial por la Universidad Carlos III y MSc por el King’s College London.
Kilian Wirthwein Vega
Kilian Wirthwein Vega
Profesor de Geopolítica en el American College of the Mediterranean
Participación