La sociedad española es indudablemente proeuropea.
Una de las más proeuropeas del club. Así lo muestran diversas encuestas. Ese europeísmo tiene raíces profundas, que incluyen
la aspiración de la sociedad española a integrarse en Europa como broche final a la transición hacia la democracia. Muchos españoles eran los primeros que sospechaban que aquel tópico de que Europa terminaba en los Pirineos era real. Integrarse en las Comunidades Europeas significaba por fin romper esa idea y entrar en la modernidad.
España ha pagado esa visión idealizada, acrítica y aspiracional de la Unión Europea a lo largo de las últimas décadas con un débil y poco trabajado debate europeo dentro del país.
Sin embargo, en la última década,
una serie de crisis han ido afectando y potencialmente transformando la visión que los españoles tienen de Europa, un fenómeno que ha sido transversal y ha afectado a casi todo el arco ideológico de España, de la izquierda a la derecha. En las encuestas, la
confianza de los españoles en la Unión ha vuelto a alcanzar los niveles previos a esta época de crisis. Pero bajo la capa de las encuestas, cada familia política ha acumulado en los últimos años cuentas pendientes y resentimientos de diferentes tipos con Europa. En la mayoría de los casos, eso no se está transformando en un discurso euroescéptico, porque
la sociedad española sigue siendo profundamente proeuropea: sencillamente modifica el discurso que se tiene de la Unión.
"Cada familia política ha acumulado en los últimos años cuentas pendientes y resentimientos de diferentes tipos con Europa"
Algunas de estas crisis han sido transversales. Aunque los ajustes impuestos por la
troika afectaron políticamente más al discurso del ala izquierda,
el trato de algunos líderes europeos y medios de comunicación de otros Estados miembros hacia España ha tenido efectos negativos horizontales. Llamar
pigs (cerdos) a Portugal, Italia, Grecia y España no ha salido gratis a la Unión Europea.
Tras el impacto muy negativo de la crisis financiera y de su gestión política y económica posterior, la imagen de Europa tuvo unos años de respiro en España. Hasta hace cerca de una década.
Muchas de las crisis posteriores han impactado de forma asimétrica. Así,
la crisis desatada en 2017 a raíz del referéndum ilegal de independencia de Catalunya provocó un fuerte impacto en sectores independentistas catalanes, que esperaban un respaldo de las instituciones europeas que en realidad no recibieron. A su vez, sectores conservadores esperaban una respuesta más contundente de apoyo a España que la que ofrecieron algunos líderes europeos, que se mostraron críticos con el uso de la fuerza de la policía durante el 1 de octubre.
Todo el mundo acumuló cuentas pendientes en aquellos días de 2017.
La huida posterior a Bélgica de Carles Puigdemont, expresident de la Generalitat, abrió otra herida.
Las negativas de la justicia belga a extraditar al líder independentista buscado en España por el Tribunal Supremo, pero también de las justicias de Alemania o Italia, fueron un shock para buena parte de los votantes españoles. En general, el
procés ha dejado muchas grietas en la visión de Europa, tanto en la derecha como en el independentismo.
Las decisiones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que han fallado en muchas ocasiones a favor de los intereses de los líderes independentistas, también han provocado escozor y críticas.
"En general, el 'procés' ha dejado muchas grietas en la visión de Europa, tanto en la derecha como en el independentismo"
Esa serie de crisis vinculadas al
procés culminó con la
ley de amnistía.
La negativa de la Comisión Europea a intervenir públicamente en el proceso, a pesar de que estableció líneas rojas al Gobierno durante el diseño de la norma, y la reciente decisión del TJUE han provocado también fuertes críticas en sectores conservadores, que consideran que Bruselas ha sido demasiado débil con el Ejecutivo de Pedro Sánchez. También afean a la Comisión
lo que consideran un doble rasero con el Estado de derecho en España.
La izquierda ha tenido su propia ración de desencantos. Uno de los más importantes ha tenido que ver con
el posicionamiento de la Unión Europea y de muchas figuras políticas europeas respecto a la guerra de Gaza desatada por Israel después de los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023. La parálisis de las instituciones y los posicionamientos de algunas personas como Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en una sociedad que de manera muy mayoritaria exigía medidas contra Israel, pasan factura.
El propio Gobierno de España, que se ha mostrado, desde que Sánchez llegara a la Moncloa en 2018, totalmente alineado con las instituciones europeas, ha sido especialmente crítico con la Comisión, con Von der Leyen y con otros líderes europeos por la falta de medidas contra el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu.
Otro, muy reciente, ha tenido que ver con la
crisis de Ceuta.
Las críticas de algunos líderes europeos y la carta que veintidós jefes de Gobierno enviaron a Von der Leyen abordando la situación y amenazando con tomar las medidas que tenían a su alcance dentro de Schengen, apuntando así de forma poco velada a restricciones fronterizas, han provocado una sensación de soledad. En sus comunicaciones iniciales, la presidenta de la Comisión no mostró solidaridad con España o con Ceuta, concentrándose únicamente en el riesgo de que los inmigrantes ilegales hubieran entrado en territorio europeo.
El Gobierno no ocultó su enfado. En otra carta enviada a Von der Leyen y también a António Costa, presidente del Consejo Europeo, Sánchez se mostró muy crítico con los líderes europeos que habían atacado a Madrid por su gestión de la crisis.
"Las críticas de algunos líderes europeos y la carta que veintidós jefes de Gobierno enviaron a Von der Leyen [...] han provocado una sensación de soledad"
Estos diferentes desencantos con Europa se producen, en muchas ocasiones,
sobre la base del europeísmo de la sociedad española y de cómo cada sector social califica ese europeísmo. Europa es un estándar, en ocasiones, un ideal heredado de las generaciones y las décadas pasadas, y
es contra dicha imagen contra la que la izquierda y la derecha comparan la realidad del día a día.