
.jpg)
"Cuando, en 2025, Trump amenazó con invadir Groenlandia, el Gobierno islandés reabrió la «cuestión europea». Planteó que el sistema internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial había cambiado"Si para Islandia la adhesión a la Unión Europea no era vista como una necesidad imperiosa, la negativa del electorado islandés tampoco supone una derrota dramática para la propia UE. El valor de incorporar a Islandia hubiera sido más simbólico —mostrar al mundo que, diez años después del brexit, la UE seguía siendo atractiva— que práctico. Retomar el proceso de adhesión hubiera requerido unas complejas negociaciones sobre la pesca. En el mejor de los casos, estas negociaciones hubieran conllevado el ingreso de una economía relativamente pequeña (su PIB sería el segundo menor de la UE, superando solamente a Malta) que, además, ya coopera con la UE tanto en política económica (mediante la AELC) como de seguridad y defensa (a través de la OTAN).
"El «no» islandés tampoco es dramático porque sirve para recordar, precisamente, que Europa es más que la propia Unión Europea"Para empezar, la Unión Europea tiene una deuda política con unos países —tan europeos como cualquiera de los veintisiete que ya integran la Unión— que aguardan su ingreso desde hace décadas. En muchos casos, el proceso de adhesión ha conllevado un elevado coste político para sus distintos gobiernos, que se han visto obligados a realizar reformas políticas, institucionales y económicas de gran calado a cambio de una adhesión que nunca termina de llegar. En segundo lugar, incorporar a estos países a la Unión reduciría el poder de los cantos de sirena rusos, contribuyendo a reforzar la seguridad de la UE. Por último, enfrentarse a una adhesión también obligaría a la Unión Europea a replantearse su propia arquitectura institucional, llevando a cabo reformas para agilizar, por ejemplo, sus procesos de toma de decisiones en cuestiones de política exterior.
"Existen muchas formas de integrar a Canadá en la estructura de la Unión Europea que no requieren su adhesión formal"La integración económica con Canadá —un país de una enorme complejidad política, con un territorio parecido al de la UE y separado de Europa por 6.000 km de océano— plantearía muchos retos políticos, económicos e incluso logísticos. Sin embargo, también podría suponer un cambio de paradigma para una Unión Europea que, de una tacada, reforzaría su independencia económica frente a EE. UU., ganaría un aliado fundamental y mostraría al mundo que puede seguir jugando un papel importante en el tablero económico.

Recibe nuestro análisis diario en tu correo
Recibe una alerta diaria en tu teléfono