

"La doctrina Carney consiste en un liberalismo nacional que no renuncia a la apertura económica, pero asume que la globalización se ha vuelto un lugar más áspero"Canadá no se levantó de la mesa por orgullo. Había ofrecido mucho. El acuerdo contemplaba rebajar los aranceles estadounidenses al automóvil canadiense del 25% al 15%, con recortes sustanciales en acero y aluminio. La ruptura llegó cuando Washington cambió las reglas a mitad de partida e introdujo dos exigencias de otra naturaleza. La primera, según las informaciones disponibles, pretendía dar a Washington capacidad de condicionar futuros acuerdos comerciales canadienses. La segunda, según informaciones de prensa que ni Ottawa ni Washington han confirmado, reclamaba un derecho de tanteo sobre los minerales críticos canadienses. Ninguna de las dos es arancelaria. La negociación había pasado de centrarse en las condiciones del comercio a focalizarse en quién fija estas condiciones de manera soberana. Para Carney esa era la línea roja y por ese motivo se levantó de la mesa.
"En 2025, Canadá destinaba todavía el 72% de sus exportaciones de bienes a EE. UU., con un comercio bilateral de bienes y servicios superior a 870.000 millones de dólares"El golpe es serio y aun así acotado. Afecta aproximadamente al 5% de las exportaciones canadienses a los EE. UU. Y el propio decreto revela las prioridades de Washington y los límites de su coerción, pues quedan exentos la energía, la potasa y los minerales críticos, es decir, exactamente aquello que la economía estadounidense necesita comprar a Canadá. El arancel sirve para exhibir dureza ante su electorado, mientras la lista de exenciones muestra dónde está la dependencia real. Los números tampoco sostienen la queja que dio origen a esta guerra comercial. El déficit estadounidense con Canadá en bienes rondó en 2025 los 48.000 millones de dólares (apenas un 0,2% del PIB americano y menos de la mitad si se cuentan los servicios, donde EE. UU. tiene superávit) y se debe por entero a la energía. Si se excluyen el petróleo y el gas, EE. UU. vende a Canadá más de lo que le compra, con un superávit de tamaño similar. Dicho de otro modo, el "déficit" del que Trump se queja consiste en que Canadá vende petróleo con descuento a las refinerías del Medio Oeste. Pocas guerras comerciales se han declarado por un agravio tan endeble.
"El «liberalismo nacional» de Carney no es autarquía ni proteccionismo clásico, sino el intento de mantener una economía abierta podando las concentraciones que estrechan la capacidad de decisión del Estado"Sin embargo, cambiar la dependencia de Washington por la de Pekín no resuelve la situación, porque China practica exactamente el tipo de coerción económica que Ottawa denuncia ahora en su vecino, y su control de ciertas cadenas de suministro es una vulnerabilidad para todo Occidente. Para una potencia media, la estrategia sensata no consiste en elegir de quién depender, sino en no depender demasiado de nadie. Ahí reside lo más relevante del "liberalismo nacional" de Carney, que no es autarquía ni proteccionismo clásico, sino el intento de mantener una economía abierta podando las concentraciones que estrechan la capacidad de decisión del Estado. La dependencia, además, no va en un solo sentido. Canadá depende del mercado estadounidense, pero posee petróleo, gas, potasa, electricidad y minerales que los EE. UU. no pueden sustituir a corto plazo, como reconocen, implícitamente, las exenciones del propio decreto arancelario.
"Canadá debe organizarse no a la espera del regreso del socio previsible, sino asumiendo que la incertidumbre estadounidense llegó para quedarse"El calendario electoral estadounidense añade su propia ironía. Las elecciones de mitad de mandato se celebran el 3 de noviembre y Trump llega tocado. La encuesta de Reuters/Ipsos del 17 de agosto situaba su aprobación en el 33%, mínimo de su presidencia, con los demócratas ligeramente por delante en gestión económica. Una Casa Blanca con poca paciencia para negociaciones prolongadas y necesitada de mantener movilizado a su electorado busca obtener victorias escenificables. Pero esa misma presión juega a favor de Ottawa. Trump ya contribuyó decisivamente a la victoria electoral de Carney de 2025 al juguetear con la fantasía de anexionar Canadá, y la nueva escalada vuelve a cerrar filas en Canadá. Los conservadores de Pierre Poilievre no piden a Carney que ceda; antes de la ruptura de las negociaciones le reprochaban haber cedido demasiado. Sobre las líneas rojas frente a Washington, en Ottawa hay más consenso que sobre casi cualquier otro asunto.
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