Miércoles, 12 de agosto de 2026
MOMENTO AMÉRICA

El-Sayed gana en Míchigan: el laboratorio demócrata dividido entre radicales y moderados

El Partido Demócrata de Estados Unidos vive una revolución interna. 'Grosso modo', la formación azul está entre dos caminos: la radicalidad y la moderación tradicional. "El triunfo de El-Sayed representa no solo un cambio político, sino uno estructural, sin precedentes en ese país. Solo falta ver cómo responderán a esta apuesta los votantes en noviembre. De ello dependerán los dos próximos años, políticamente hablando", afirma el periodista Mauricio Hdez. Cervantes.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 11 de agosto de 2026
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El exdirector de Salud del condado de Wayne, Abdul El-Sayed, interviene durante una fiesta electoral en Detroit (Míchigan). | Andrew Roth / Zuma Press / Europa Press
El exdirector de Salud del condado de Wayne, Abdul El-Sayed, interviene durante una fiesta electoral en Detroit (Míchigan). | Andrew Roth / Zuma Press / Europa Press

En esta era de polarización política, la mesa sigue servida. En Míchigan, el Partido Demócrata acaba de vivir una sacudida que parece escrita para subrayar las tensiones de su tiempo. Abdul El-Sayed, médico, hijo de inmigrantes egipcios, musulmán y defensor de la sanidad pública universal, venció a Haley Stevens —que representaba al ala más moderada dentro del partido azul— en las primarias para el Senado. ¿Cuál es la gran relevancia de este hecho? Que Míchigan es un estado clave de cara a las midterms, ya que es pendular, es decir, en las elecciones recientes se ha decantado tanto por los demócratas como por los republicanos. De Trump a Biden, y de Biden a Trump, así de simple.

Como lo abordamos la semana pasada en este medio, el Partido Demócrata vive una transformación interna que, grosso modo, ha dejado dos claras vertientes políticas: los moderados, que responden a las praxis tradicionales de esa formación; y, por otro lado, los más radicales, es decir, una generación que apuesta por los cambios estructurales, no solo en el partido sino en la sociedad estadounidense. Y, en este caso, la polaridad se ha acrecentado gracias al triunfo —cabe destacar que fue por un estrecho margen— de El-Sayed.

"Míchigan es un laboratorio donde, en tiempos recientes, se han ido expresando las distintas formas en las que los estadounidenses se quieren ver"
Resulta que no solo derrotó a la candidata del establishment, sino que lo hizo en un territorio particular. Míchigan es, de alguna forma, un laboratorio donde, en tiempos recientes, se han ido expresando las distintas formas en las que los estadounidenses se quieren ver. En 2016, el voto fue para Donald Trump; después, en 2020, la apuesta fue por Biden; en 2024 el pasado republicano volvió y dio su confianza al actual presidente. Es, dicho de otro modo, una suerte de espejo en el que se reflejan todas las aparentes contradicciones de Estados Unidos, pero que no es otra cosa que una expresión, en toda regla, del ejercicio democrático.

Ahora bien, ¿qué significa su triunfo? Es algo más que una victoria personal: es la irrupción de un discurso progresista (muy potente) en un partido que aún duda entre abrazar la radicalidad de una parte de sus bases y refugiarse en la moderación que promete gobernabilidad. También es otra muestra de que, independientemente de la formación, no son tiempos buenos para los discursos conciliadores ni para la moderación tradicional: la gente en Estados Unidos quiere posturas firmes, contundentes, "cueste lo que cueste".

Faltan poco menos de tres meses para las elecciones de medio término, momento en el que se decidirá, prácticamente, el futuro político de Estados Unidos para los próximos dos años. Es difícil rastrear en los anales de la historia un momento de tanta crispación política interna —por lo menos, uno tan extendido— en ese país y que esa misma polarización esté teniendo tanto impacto internacional. Hace dos años regresó Trump al poder y cambió, como quizá ningún otro presidente en la historia de Estados Unidos, las reglas, las alianzas y las dimensiones del tablero geopolítico en tan corto tiempo y de formas que muy difícilmente alguien pudo prever.

¿Qué significa, entonces, el avance de la radicalidad dentro del Partido Demócrata? ¿Será esa efracción ideológica un movimiento fortalecedor en esa formación de cara a un escrutinio legislativo que definirá la hoja de ruta política para el resto del mandato trumpista? Es pronto, quizá, para hacer predicciones, ya que, como es sabido —y como así nos lo han dejado ver elecciones como las de 2008, 2016 y 2024—, en la recta final de las campañas electorales en Estados Unidos todo puede suceder. No obstante, quizá es ya demasiado tarde para ser tan ambiguo y no ver que esta grieta interna en el Partido Demócrata puede ser determinante para revertir las encuestas que, por el momento, sugieren una ligera ventaja para el partido azul.

Quién es Abdul El-Sayed y qué representa su victoria en Míchigan

En Estados Unidos, la enfermedad, además de lo obvio, también representa muchas otras cosas: la exclusión social, la ruina económica y un negocio privado altamente lucrativo. Dicho de otro modo, la sanidad es un privilegio más que un derecho. Entonces, el triunfo de El-Sayed, quien ha insistido en que el sistema sanitario actual no es viable ni sano (social y políticamente hablando) ni representa el discurso de las políticas sociales de su país, pone al Partido Demócrata frente a un dilema: seguir siendo la formación de las reformas tímidas o arriesgarse a consolidar un cambio estructural en materia sanitaria sin precedentes.

"Míchigan se ha convertido en un ejemplo de que los tiempos cambian y que las formaciones progresistas, igual que las conservadoras, tienen muchos adeptos que quieren apostar fuerte por los cambios urgentes y radicales"
Cabe destacar que Stevens, la derrotada, no era una figura menor. Ella representaba la continuidad, el pragmatismo, el cálculo de quienes creen que para ganar hay que parecer seguros y presentar proyectos consolidados. Para sus seguidores, la principal arma política de cara a las elecciones de noviembre era ser previsibles, políticamente correctos. No obstante, Míchigan se ha convertido en otro ejemplo —como ya lo hizo Nueva York— de que los tiempos cambian y que las formaciones progresistas, igual que las conservadoras, tienen muchos adeptos que quieren apostar fuerte por los cambios urgentes y radicales.

Ahora bien, desde finales del año pasado, ya en la "era Trump 2.0", y principios de este, la figura de Israel también ha trastocado el tablero geopolítico. Los papeles de Epstein y la guerra contra Irán han polarizado la imagen tanto del Gobierno israelí como de su líder, Benjamín Netanyahu. Y Míchigan no ha sido ajena a este fenómeno global. Además de que las primarias se convirtieron en una de las contiendas demócratas al Senado más caras de la memoria reciente, el tema de la influencia de Israel en la política estadounidense también fue determinante para el resultado. Como así lo sostiene el medio International Business Times, Stevens gastó decenas de millones de dólares en publicidad y parte de esos fondos los recibió como apoyo de organizaciones afiliadas al Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC, por sus siglas en inglés). En contraparte, El-Sayed armó un discurso de campaña con la sanidad pública como uno de sus estandartes, además de subrayar que está en contra de la desigualdad económica, así como a favor de la reducción del impacto de los fondos externos en la política. Visto desde ese ángulo, resulta muy difícil creer que las posturas de El-Sayed y las de Stevens contendían para representar a un mismo partido dentro de un mismo estado.

El relevo generacional que divide al Partido Demócrata

Una de las grandes críticas que recibió Joe Biden durante la primera parte de la campaña presidencial de 2024 —antes de que se retirara, dejando así a Kamala Harris como candidata— es que el Partido Demócrata, que, en teoría, abandera al progresismo, estuviese representado por un candidato que muy poco tenía que ver con las exigencias y necesidades de las nuevas generaciones de estadounidenses (las críticas que recibió después del debate con Donald Trump, en junio de 2024, expresaron el descontento generalizado de los votantes demócratas).

"Su origen árabe, su juventud y su insistencia en que la salud no debe ser un privilegio lo convierten en un símbolo de relevo generacional y cultural que incomoda a quienes prefieren que la política sea un ejercicio de contención"
Lo mismo que Zohran Kwame Mamdani, El-Sayed encarna la posibilidad de que el Partido Demócrata —y la política estadounidense— se atreva a ser otra cosa: un partido que no solo administre el presente, sino que tenga sus miras puestas en disputarse el futuro. En términos muy claros, su origen árabe, su juventud y su insistencia en que la salud no debe ser un privilegio lo convierten en un símbolo de relevo generacional y cultural, uno, claro está, que incomoda a quienes prefieren que la política sea un ejercicio de contención. Desafortunadamente para él, lo mismo que para el alcalde neoyorquino, en sus figuras se cruzan las ansiedades colectivas de un país que, a día de hoy, no termina de decidir si quiere ser más justo o más seguro.

En pocas palabras, lo que ha sucedido en Míchigan, el estado que ha oscilado entre republicanos y demócratas, se ha convertido en un laboratorio de la disputa progresista: como si lo que ha sucedido en las primarias recientemente celebradas fuese un resumen detallado de lo que está pasando internamente en el partido azul a nivel nacional. ¿Deberán (podrán) los demócratas arriesgarse a cambiarlo todo sin perder su identidad? ¿O deberán apostar por lo seguro como una línea política de contención, como una consolidación de un discurso único, frente a la narrativa incendiaria de los republicanos? En la tensión resultante de estos interrogantes tan abiertos, los demócratas se juegan no solo una elección, sino la identidad de un partido que se está debatiendo entre ser el refugio de lo posible o convertirse en el motor de lo necesario.

Por lo pronto, el triunfo de El-Sayed representa no solo un cambio político, sino uno estructural sin precedentes en ese país. Lo único que queda por ver es cómo responderán a esta apuesta en noviembre los votantes. De ello, sin duda, dependerán los dos próximos años en Estados Unidos, políticamente hablando.

Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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