

En esta era de polarización política, la mesa sigue servida. En Míchigan, el Partido Demócrata acaba de vivir una sacudida que parece escrita para subrayar las tensiones de su tiempo. Abdul El-Sayed, médico, hijo de inmigrantes egipcios, musulmán y defensor de la sanidad pública universal, venció a Haley Stevens —que representaba al ala más moderada dentro del partido azul— en las primarias para el Senado. ¿Cuál es la gran relevancia de este hecho? Que Míchigan es un estado clave de cara a las midterms, ya que es pendular, es decir, en las elecciones recientes se ha decantado tanto por los demócratas como por los republicanos. De Trump a Biden, y de Biden a Trump, así de simple.
Como lo abordamos la semana pasada en este medio, el Partido Demócrata vive una transformación interna que, grosso modo, ha dejado dos claras vertientes políticas: los moderados, que responden a las praxis tradicionales de esa formación; y, por otro lado, los más radicales, es decir, una generación que apuesta por los cambios estructurales, no solo en el partido sino en la sociedad estadounidense. Y, en este caso, la polaridad se ha acrecentado gracias al triunfo —cabe destacar que fue por un estrecho margen— de El-Sayed.
"Míchigan es un laboratorio donde, en tiempos recientes, se han ido expresando las distintas formas en las que los estadounidenses se quieren ver"Resulta que no solo derrotó a la candidata del establishment, sino que lo hizo en un territorio particular. Míchigan es, de alguna forma, un laboratorio donde, en tiempos recientes, se han ido expresando las distintas formas en las que los estadounidenses se quieren ver. En 2016, el voto fue para Donald Trump; después, en 2020, la apuesta fue por Biden; en 2024 el pasado republicano volvió y dio su confianza al actual presidente. Es, dicho de otro modo, una suerte de espejo en el que se reflejan todas las aparentes contradicciones de Estados Unidos, pero que no es otra cosa que una expresión, en toda regla, del ejercicio democrático.
En Estados Unidos, la enfermedad, además de lo obvio, también representa muchas otras cosas: la exclusión social, la ruina económica y un negocio privado altamente lucrativo. Dicho de otro modo, la sanidad es un privilegio más que un derecho. Entonces, el triunfo de El-Sayed, quien ha insistido en que el sistema sanitario actual no es viable ni sano (social y políticamente hablando) ni representa el discurso de las políticas sociales de su país, pone al Partido Demócrata frente a un dilema: seguir siendo la formación de las reformas tímidas o arriesgarse a consolidar un cambio estructural en materia sanitaria sin precedentes.
"Míchigan se ha convertido en un ejemplo de que los tiempos cambian y que las formaciones progresistas, igual que las conservadoras, tienen muchos adeptos que quieren apostar fuerte por los cambios urgentes y radicales"Cabe destacar que Stevens, la derrotada, no era una figura menor. Ella representaba la continuidad, el pragmatismo, el cálculo de quienes creen que para ganar hay que parecer seguros y presentar proyectos consolidados. Para sus seguidores, la principal arma política de cara a las elecciones de noviembre era ser previsibles, políticamente correctos. No obstante, Míchigan se ha convertido en otro ejemplo —como ya lo hizo Nueva York— de que los tiempos cambian y que las formaciones progresistas, igual que las conservadoras, tienen muchos adeptos que quieren apostar fuerte por los cambios urgentes y radicales.
Una de las grandes críticas que recibió Joe Biden durante la primera parte de la campaña presidencial de 2024 —antes de que se retirara, dejando así a Kamala Harris como candidata— es que el Partido Demócrata, que, en teoría, abandera al progresismo, estuviese representado por un candidato que muy poco tenía que ver con las exigencias y necesidades de las nuevas generaciones de estadounidenses (las críticas que recibió después del debate con Donald Trump, en junio de 2024, expresaron el descontento generalizado de los votantes demócratas).
"Su origen árabe, su juventud y su insistencia en que la salud no debe ser un privilegio lo convierten en un símbolo de relevo generacional y cultural que incomoda a quienes prefieren que la política sea un ejercicio de contención"Lo mismo que Zohran Kwame Mamdani, El-Sayed encarna la posibilidad de que el Partido Demócrata —y la política estadounidense— se atreva a ser otra cosa: un partido que no solo administre el presente, sino que tenga sus miras puestas en disputarse el futuro. En términos muy claros, su origen árabe, su juventud y su insistencia en que la salud no debe ser un privilegio lo convierten en un símbolo de relevo generacional y cultural, uno, claro está, que incomoda a quienes prefieren que la política sea un ejercicio de contención. Desafortunadamente para él, lo mismo que para el alcalde neoyorquino, en sus figuras se cruzan las ansiedades colectivas de un país que, a día de hoy, no termina de decidir si quiere ser más justo o más seguro.

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