Martes, 28 de julio de 2026
INVESTIGACIÓN

¿Ha servido el permiso de paternidad para reducir la discriminación laboral?

Igualar la duración del permiso no ha reducido la discriminación hacia las madres: solo la ha repartido también entre los padres, según muestran las investigadoras de la Universitat de Barcelona Dani Marinova y Gabriela de Carvalho. Además de ello, apuntan a que "los trabajadores más precarios, ante la posibilidad de que tomar el permiso les perjudique, optan por acortarlo o renunciar a él directamente".

Dani MarinovaGabriela de Carvalho
Dani Marinova, Gabriela de Carvalho 22 de julio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
La cuestión del permiso de paternidad ha generado un amplio debate en los últimos años en España y otros países. | Vuk Valcic / Zuma Press / Europa Press
La cuestión del permiso de paternidad ha generado un amplio debate en los últimos años en España y otros países. | Vuk Valcic / Zuma Press / Europa Press
¿Puede una reforma pensada para proteger a las madres acabar generando un nuevo tipo de discriminación contra los padres? Es la pregunta que deja planteada la equiparación del permiso de paternidad en España, aprobada con la promesa de repartir mejor las responsabilidades de cuidado entre hombres y mujeres y reducir la discriminación laboral que sufren las madres. Nuestra investigación, basada en una encuesta a casi 4.000 madres y padres recientes, muestra un resultado más complicado de lo previsto: la discriminación hacia las madres no ha bajado, pero sí ha aparecido un nuevo frente de discriminación hacia los padres.

Para entender el punto de partida, conviene mirar primero cómo perciben este problema madres y padres en toda Europa. Según la Encuesta Social Europea de 2022, menos del 5% de los hombres en España dicen haber sufrido un trato injusto en el trabajo —a la hora de conseguir un puesto, en el sueldo o en un ascenso— por ser hombres en los últimos cinco años. En cambio, casi una de cada cuatro mujeres españolas (23,5%) dice haber vivido esta misma experiencia por ser mujer. Este patrón se repite en toda Europa, aunque la diferencia entre hombres y mujeres es más grande en unos países que en otros.

Estos datos de percepción tienen respaldo en un estudio experimental sobre la discriminación hacia madres y padres en España. Los investigadores enviaron currículums ficticios a ofertas de trabajo reales para medir cuántas empresas respondían y llamaban a entrevista. El resultado: si una madre y un padre tienen exactamente la misma formación y experiencia laboral, a ella la llaman la mitad de las veces que a él. Y comparada con una mujer sin hijos, una madre tiene un 26% menos de posibilidades de que la llamen.
 

El Gobierno aprobó una reforma que prometía resolver este problema: equiparó el permiso de paternidad al de maternidad, ampliándolo poco a poco de cuatro a dieciséis semanas. El objetivo era que, al pasar más tiempo cuidando a sus hijos, los padres se hicieran visibles como cuidadores ante los empleadores y que esto cambiara la forma en que las empresas ven el cuidado infantil, reduciendo así la discriminación hacia las madres. El uso del permiso, de hecho, creció notablemente tras la reforma, aunque de forma desigual: se concentró sobre todo entre los padres con empleos más estables, mientras que quienes tenían contratos temporales o trabajaban por cuenta propia quedaron rezagados.

"Este tipo de casos, impensables hace unos años, podría apuntar a una nueva forma de reacción empresarial ante los padres que sí ejercen su derecho al permiso"
Las primeras evidencias obtenidas tras la aprobación de esta ley fueron inesperadas. En lugar de frenar la discriminación hacia las madres, empezaron a aparecer en los medios casos de discriminación laboral contra los padres. En 2022 y 2024, tribunales españoles les dieron la razón a trabajadores que fueron despedidos después de avisar de que iban a tomar su permiso de paternidad. Este tipo de casos, impensables hace unos años, podría apuntar a una nueva forma de reacción empresarial ante los padres que sí ejercen su derecho al permiso.

Nuestro estudio: diseño y alcance

Para averiguar si esta discriminación hacia los padres era un caso aislado o un problema más extendido, encuestamos a 3.950 madres y padres con hijos nacidos entre 2018 (cuando el permiso era de cuatro semanas) y 2022 (cuando ya era de dieciséis semanas). Combinamos respuestas obtenidas en línea con entrevistas cara a cara en parques infantiles de barrios de renta baja del área metropolitana de Barcelona. Usamos esta segunda estrategia porque las encuestas en línea suelen tener más respuestas de personas con estudios superiores, y así quisimos asegurarnos de escuchar también a otros grupos.

El cuestionario incluía dos preguntas centrales: si los encuestados habían sentido que los discriminaban o los trataban mal en el trabajo antes de coger el permiso y si les había pasado lo mismo después, a causa de sus responsabilidades de cuidado de los hijos. En ambos casos, también les preguntamos en qué ámbito concreto había ocurrido: al buscar trabajo, al ser despedidos, al pedir un ascenso, en el sueldo, al acceder a formación o en el trato por parte de sus compañeros.

Nuestro estudio aprovecha un detalle clave: según el año en que nació su hijo, cada padre encuestado tenía derecho a un permiso de paternidad distinto, que iba desde las cuatro semanas de antes de la reforma hasta las dieciséis semanas de después de que se aplicara por completo. Esto nos permitió comparar la experiencia de discriminación de padres y madres según cuántas semanas de permiso existían en ese momento, y así medir si más semanas de permiso para los padres cambiaban lo que vivían las madres y los padres en el trabajo.

Principales resultados

Al igual que estudios anteriores, nuestra encuesta muestra que las madres sufren mucha más discriminación que los padres: aproximadamente una de cada cuatro madres dice haberla sufrido durante el embarazo y una de cada tres después de dar a luz. En los padres, las cifras son bastante más bajas —alrededor del 16-17% en ambos momentos—, pero no son nada despreciables.

Estas cifras, además, no son iguales para todos los padres. Cuando observamos cómo cambia esta penalización según cuántas semanas de permiso de paternidad tuvo cada padre, aparece un patrón sorprendente, que se ve en el siguiente gráfico.
 

Fuente: Encuesta FAIRLEAVE. Elaboración propia.


El patrón revela una dinámica completamente asimétrica según el período y el género. En el período previo al nacimiento —medido a partir del trato al buscar empleo o al anunciar el embarazo, cuando empleadores y trabajadores ya anticipan que se tomará el permiso—, la discriminación sube de forma constante y significativa a medida que aumentan las semanas de su permiso de paternidad. Los padres que tuvieron entre cuatro y cinco semanas lo declaran en menos del 10% de los casos; los que tuvieron dieciséis semanas declaran casi un 70% más. Y si miramos con más detalle, vemos que esta subida ocurre al contratar, al despedir y en el trato de los compañeros de trabajo, mientras que no hay cambios importantes en ascensos, sueldo o acceso a formación. Las madres, en cambio, mantienen tasas estables de alrededor del 22-24%, sin importar el año en que nació su hijo o hija.

"La discriminación sube de forma constante y significativa a medida que aumentan las semanas de su permiso de paternidad"
Un análisis por tipo de contrato revela que esta penalización se concentra sobre todo entre quienes tienen contrato fijo, es decir, entre quienes tienen más probabilidades de tomar el permiso completo y, por tanto, de hacerse visibles ante su empresa como padres cuidadores. Esto sugiere que los trabajadores más precarios, ante la posibilidad de que tomar el permiso les perjudique, optan por acortarlo o renunciar a él directamente.

Todo cambia cuando miramos el período posterior al nacimiento, esto es, cuando analizamos el trato desigual vinculado al cuidado de los hijos. Aquí, ni las madres ni los padres muestran cambios según las semanas de permiso de paternidad disponibles. Las madres declaran tasas de entre el 27% y el 30% de forma constante, mientras que los padres se mantienen entre el 14,5% y el 16%. La diferencia entre ambos —unos 14 puntos porcentuales— se mantiene igual en todas las cohortes. En otras palabras, la reforma no parece tener ningún efecto en la discriminación que ocurre después del nacimiento.

Una posible interpretación de este resultado es que tomarse el permiso no es suficiente para que un padre sea percibido como cuidador principal a largo plazo: son las madres quienes siguen solicitando la inmensa mayoría de las excedencias y reducciones de jornada por cuidado de hijos, y podrían ser estas ausencias prolongadas, y no el permiso de nacimiento, las que generan la discriminación asociada al cuidado después del nacimiento.

Estos resultados indican que la reforma solo tiene consecuencias en la discriminación hacia los hombres en el momento en que el permiso futuro se puede anticipar y no una vez que el permiso ya se ha disfrutado. Una posible explicación tiene que ver con el fraccionamiento del permiso de paternidad y los costes organizativos de gestionar estas ausencias. Muchos padres españoles fraccionan su permiso en varios períodos distintos a lo largo del primer año, lo que obliga a las empresas a cubrir su puesto no una, sino varias veces. Esta fragmentación puede ser más disruptiva que la ausencia continua de una madre, lo que quizás ayude a explicar por qué los empleadores penalizan a los padres en la contratación y en el despido: reaccionan a la previsión de tener que gestionar estas interrupciones repetidas.

"La reforma solo tiene consecuencias en la discriminación hacia los hombres en el momento en que el permiso futuro se puede anticipar y no una vez que el permiso ya se ha disfrutado"
¿Podría tratarse simplemente de que los padres son ahora más conscientes de la discriminación, y no de que sufran más? Un dato lo descarta: las madres, expuestas al mismo contexto social y mediático, no muestran ningún cambio en sus respuestas en todo el período; si se tratara de mayor conciencia general, también ellas reportarían más discriminación con el tiempo. El aumento, además, es gradual y coincide con cada ampliación del permiso —de cuatro a ocho, de ocho a doce, de doce a dieciséis semanas—, no con los momentos de mayor cobertura mediática (2019, 2021).

Reflexiones finales

Estos resultados no implican necesariamente un fracaso de la reforma. Son, más bien, una medida de cuánto le queda a la cultura de las empresas para alcanzar la igualdad que la ley ya reconoce. Nuestros resultados dejan claro que igualar la duración de los permisos entre padres y madres no es suficiente para frenar la discriminación laboral. De momento, las empresas están respondiendo al cambio legal extendiendo a los padres parte de la penalización laboral que antes recaía en las madres. Todo apunta a que el resultado es una brecha que se agranda, no tanto entre padres y madres, sino entre quienes tienen hijos y quienes no: ambos progenitores pagan ahora un coste laboral por serlo. Cerrar esta brecha entre lo que la ley ya garantiza y lo que los trabajadores pueden ejercer sin miedo a represalias requiere aplicar las protecciones legales frente a la discriminación, tanto para padres como para madres, y prestar especial atención a los trabajadores con empleos más precarios, que son quienes menos margen tienen para ejercer estos derechos.
Dani Marinova
Dani Marinova
Profesora Serra Húnter en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona
Su investigación se centra en el comportamiento político, la economía política y los estudios de género, con especial atención a cómo los contextos políticos y económicos influyen en el voto y en la representación democrática.
Gabriela de Carvalho
Gabriela de Carvalho
Investigadora postdoctoral en el Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la UAB
Es investigadora postdoctoral en el Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la Universitat Autònoma de Barcelona. Es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Bremen.
Participación