

"La decisión de la FIFA es errónea. Una tarjeta roja acarrea una suspensión inmediata en el siguiente partido, más allá de que se imponga una sanción más grave"Que la suspensión de la tarjeta roja a Balogun era más que una cuestión técnica quedó claro cuando, pocos minutos después del comunicado, Donald Trump expresó, en sus redes sociales, su agradecimiento a la FIFA por haber tomado una decisión "justa". Esa misma tarde trascendió que, pocos días antes de la decisión, el propio Trump había mantenido una llamada telefónica con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, en la que había pedido a Infantino que revisara la expulsión de su futbolista. En la tarde del lunes, el propio Trump confirmó esta injerencia política, que desembocó en una decisión disciplinaria con muy pocos precedentes en la historia del fútbol.
"La decisión de la FIFA no es sino la punta del enorme iceberg que, desde hace años, acecha al fútbol mundial"La regulación del deporte siempre ha sido un tema sensible para los gobiernos, que han preferido pasar de puntillas por un campo que, al despertar tantas pasiones, conlleva un gran coste político. Durante muchas décadas, la FIFA ha aprovechado estas reservas para predicar la importancia de separar el fútbol de la política; una falacia que desmiente cualquier estudio serio de la historia del siglo XX. Sin embargo, esta ficción convenía a ambas partes: la FIFA podía seguir clamando por su independencia, amenazando a aquellos gobiernos que se atrevieran a plantearse regular el fútbol; y los gobiernos podían citar la necesidad de separar fútbol y política para justificar su inacción. Con la presidencia de Infantino, ha sido la propia FIFA la que se ha quitado la máscara de la neutralidad.
"Las federaciones deportivas siempre han sido actores políticos y, por lo tanto, deben ser tratadas como tales"Más allá de la dimensión económica, el segundo eje de este marco regulatorio ha de ser de naturaleza política. Las federaciones deportivas siempre han sido actores políticos y, por lo tanto, deben ser tratadas como tales. Esto es aún más importante en el actual contexto geopolítico. Por una parte, las federaciones deportivas deben estar sometidas a normas de transparencia, democracia interna y buen gobierno; por otra, han de someterse a la normativa europea diseñada para proteger nuestras democracias frente a la desinformación, las injerencias extranjeras, el blanqueo de capitales o la corrupción.
"El comunicado de la FIFA y la injerencia de Trump en la Copa del Mundo de 2026 deberían suponer un punto de inflexión"El fútbol, decía Arrigo Sacchi, "es lo más importante de las cosas menos importantes". Es, por lo tanto, un bien público, como también lo es el deporte en general: un juego que es propiedad de todo el mundo, cuyo legado forma parte de nuestra historia y cuya importancia social y cultural va mucho más allá del negocio y las asociaciones que lo gobiernan. Por eso, precisamente, es importante protegerlo. El comunicado de la FIFA y la injerencia de Trump en la Copa del Mundo de 2026 deberían suponer un punto de inflexión para todo poder público que se tome en serio su propia soberanía —y que valore el deporte en sí mismo—.

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