Martes, 28 de julio de 2026
UN NUEVO SISTEMA

La república que le gustaría a Meloni

¿Qué quiere hacer Giorgia Meloni con el sistema político italiano? Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat, catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona, sostiene que la líder de Fratelli d'Italia no parece querer "desnaturalizar" la democracia liberal, sino "reforzar en su seno todo lo que se pueda al poder del Ejecutivo". El 'premierato' y la reforma electoral concentran ahora esa batalla.

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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, durante su última visita oficial a Alemania. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, durante su última visita oficial a Alemania. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / Europa Press
El histórico triunfo electoral de Fratelli d'Italia (FdI) en 2022 encerraba un proyecto de fondo para revisar en profundidad el sistema político italiano con la intención manifiesta de reforzar los poderes ejecutivos del Gobierno. De entrada, Giorgia Meloni adoptó algunas medidas restrictivas de derechos, anunció un ambicioso proyecto de premierato, impulsó una polémica reforma judicial —malograda por su fracaso en el referéndum constitucional—, pareció aceptar la tesis de la Lega del regionalismo diferenciado y se ha centrado ahora de nuevo en el enésimo cambio normativo electoral. Todo esto forma parte de su preferencia por otro modelo de Estado representativo y la duda que se suscita es si Meloni persigue en el fondo un desenlace iliberal.

Para entender el trasfondo y el alcance de este diseño —más abierto e indefinido de lo que puede parecer a primera vista, pero con el claro objetivo de reforzar en cualquier caso al Ejecutivo— es de interés la conceptualización académica sobre el carácter de FdI: ¿es un partido de derecha conservadora o de derecha radical? En el primer sentido se pronuncian, por ejemplo, Salvatore Vassallo y Rinaldo Vignati, en Fratelli di Giorgia, y, en el segundo, Davide Vampa, en Brothers of Italy, y lo cierto es que este partido presenta elementos de las dos caracterizaciones: por su "pragmatismo", FdI parecería encajar mejor con la primera tipología, pero por su ideario tendencialmente autoritario —pese a su plena aceptación de la democracia procedimental—, su organización caudillista y piramidal y sus bases activistas bastante radicales se ubica en la segunda. Lo cierto es que Meloni no ha dado paso a un régimen iliberal en Italia, no solo porque no puede (no toda su coalición apoyaría tal desenlace, la oposición es bastante sólida y algunos mecanismos institucionales de reequilibrio funcionan), sino porque tampoco parece desearlo. En efecto, Meloni ha entendido el crucial resultado de las elecciones en Hungría, que derrotaron a Viktor Orbán, que parecía imbatible. Por tanto, parece claro que Meloni apuesta no tanto por "desnaturalizar" la democracia liberal como por reforzar en su seno todo lo que se pueda al poder del Ejecutivo.

"Meloni apuesta no tanto por «desnaturalizar» la democracia liberal como por reforzar en su seno todo lo que se pueda al poder del Ejecutivo"
Su pragmatismo es visible tanto en su asunción de cierto europeísmo instrumental como en su acercamiento al Partido Popular Europeo y en su atlantismo. Al respecto, es de mucho interés el distanciamiento que ha tenido que adoptar ahora frente a Donald Trump: pese a los intentos de Meloni por ser su interlocutora privilegiada en Europa, las críticas y descalificaciones del presidente estadounidense han mostrado que en Europa es tóxico ser su incondicional. Ahora bien, el supuesto moderantismo de Meloni no esconde algunas pulsiones autoritarias ni su proyecto de una "nueva" República para Italia. De entrada, cabe recordar que el séptimo informe anual sobre el Estado de derecho en Europa de la red Civil Liberties Union for Europe incluye a Italia en el grupo de los países que han deteriorado su calidad democrática por algunas medidas restrictivas. El Decreto de Seguridad de 2025 ha ampliado las posibilidades de espiar a activistas y periodistas; el Decreto Penitenciario ha agravado las condiciones de los encarcelados, que ya no eran buenas antes, y el Decreto Caivano ha reforzado las sanciones en los centros de detención juvenil. Además, el Gobierno de Meloni ha extendido un mayor control sobre la RAI y no deja de presionar a la prensa crítica, todo ello por no mencionar su reaccionaria política de externalización de inmigrantes irregulares (la operación Albania, dificultada por los jueces italianos, o las deportaciones a Estados tan poco seguros como Libia y Túnez). En este ámbito, no deja de ser una grave involución el reciente triunfo en el Parlamento Europeo de estas tesis con la aprobación del Reglamento de Retornos, en total sintonía precisamente con las tesis del Gobierno de Meloni.

Desde el punto de vista institucional, el principal objetivo de Meloni es dar paso a un sistema de premierato siguiendo el fallido modelo semiparlamentario que ensayó Israel entre 1996 y 2001. La propuesta de elección popular del premier se hace con el argumento de que este corresponda siempre a los deseos de los electores y no a oscuras maniobras de las cúpulas partidistas, pero, al margen de lo disfuncional que resultó la experiencia citada, el propósito es reducir la Presidencia de la República a un cargo casi solo honorífico. Un cambio de esta envergadura requeriría con casi total seguridad convocar un referéndum (solo evitable, según el artículo 138 de la Constitución, si dos tercios de los parlamentarios aprobaran tal reforma) y está claro que tal tipo de consulta resulta muy arriesgada. En efecto, la derrota de Meloni en el referéndum sobre la justicia del 22 y 23 de marzo para separar las carreras judicial y fiscal y, sobre todo, para controlar al Consiglio Superiore della Magistratura —que hoy no sintoniza con el Gobierno— resulta disuasoria para intentar repetir esta vía.

El regionalismo diferenciado es, a primera vista, lo más chocante en el proyecto de Meloni porque resulta contradictorio con su discurso nacionalista italiano. En realidad, se trató de una concesión retórica de aquella a Matteo Salvini para que este se sumara a su propuesta de premierato. La fórmula consistiría en permitir que las quince regiones ordinarias no solo asumieran más competencias exclusivas y prácticamente se equipararan a las cinco especiales, sino que también pudieran diferenciarse en términos de financiación, toda vez que las "virtuosas" que ahorrasen se verían premiadas fiscalmente. Obviamente, no se trata de un asunto técnico, sino profundamente político y que podría agravar el foso norte-sur. No obstante, Meloni no tiene en realidad la menor intención de implementar este cambio, sobre todo desde que Roberto Vannacci podría superar a la Lega.

"El proyecto va en la línea de sacrificar la representatividad y reducir la proporcionalidad en aras de la eficacia gubernamental"
En consecuencia, la batalla inmediata va a ser la de la reforma electoral: la propuesta del Stabilicum (febrero de 2026), con el endeble argumento de asegurar la estabilidad de una coalición que ha batido récords de duración. El proyecto va en la línea de sacrificar la representatividad y reducir la proporcionalidad en aras de la eficacia gubernamental. La propuesta de Meloni otorga un desorbitado premio a la coalición vencedora: 70 diputados y 35 senadores más para la coalición que alcance el 40%, con lo que obtendría el 55% de los escaños; elimina la cuota uninominal del actual Rosatellum y establece listas cerradas y bloqueadas, lo que refuerza a los aparatos de los partidos.


En conclusión, todo el proyecto de dar paso a una eventual Tercera República ha quedado tocado por el fracaso del primer gran objetivo, la reforma de la justicia. De ahí que ahora Meloni no haya tenido más remedio que modularlo. En otras palabras, la cuestión del regionalismo diferenciado es irrelevante por la crisis de la Lega y no se reactivará y, en consecuencia, Meloni centrará todos sus esfuerzos en intentar impulsar el premierato —pese al inconveniente del referéndum— y en la reforma electoral, ahora mismo la clave del futuro político italiano más próximo, y ahí se va a focalizar el debate partidista inmediato.
Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat
Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat
Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona
Participación