

"Meloni apuesta no tanto por «desnaturalizar» la democracia liberal como por reforzar en su seno todo lo que se pueda al poder del Ejecutivo"Su pragmatismo es visible tanto en su asunción de cierto europeísmo instrumental como en su acercamiento al Partido Popular Europeo y en su atlantismo. Al respecto, es de mucho interés el distanciamiento que ha tenido que adoptar ahora frente a Donald Trump: pese a los intentos de Meloni por ser su interlocutora privilegiada en Europa, las críticas y descalificaciones del presidente estadounidense han mostrado que en Europa es tóxico ser su incondicional. Ahora bien, el supuesto moderantismo de Meloni no esconde algunas pulsiones autoritarias ni su proyecto de una "nueva" República para Italia. De entrada, cabe recordar que el séptimo informe anual sobre el Estado de derecho en Europa de la red Civil Liberties Union for Europe incluye a Italia en el grupo de los países que han deteriorado su calidad democrática por algunas medidas restrictivas. El Decreto de Seguridad de 2025 ha ampliado las posibilidades de espiar a activistas y periodistas; el Decreto Penitenciario ha agravado las condiciones de los encarcelados, que ya no eran buenas antes, y el Decreto Caivano ha reforzado las sanciones en los centros de detención juvenil. Además, el Gobierno de Meloni ha extendido un mayor control sobre la RAI y no deja de presionar a la prensa crítica, todo ello por no mencionar su reaccionaria política de externalización de inmigrantes irregulares (la operación Albania, dificultada por los jueces italianos, o las deportaciones a Estados tan poco seguros como Libia y Túnez). En este ámbito, no deja de ser una grave involución el reciente triunfo en el Parlamento Europeo de estas tesis con la aprobación del Reglamento de Retornos, en total sintonía precisamente con las tesis del Gobierno de Meloni.
"El proyecto va en la línea de sacrificar la representatividad y reducir la proporcionalidad en aras de la eficacia gubernamental"En consecuencia, la batalla inmediata va a ser la de la reforma electoral: la propuesta del Stabilicum (febrero de 2026), con el endeble argumento de asegurar la estabilidad de una coalición que ha batido récords de duración. El proyecto va en la línea de sacrificar la representatividad y reducir la proporcionalidad en aras de la eficacia gubernamental. La propuesta de Meloni otorga un desorbitado premio a la coalición vencedora: 70 diputados y 35 senadores más para la coalición que alcance el 40%, con lo que obtendría el 55% de los escaños; elimina la cuota uninominal del actual Rosatellum y establece listas cerradas y bloqueadas, lo que refuerza a los aparatos de los partidos.

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